Por Eduardo León García

“El enemigo público número uno de Estados Unidos es el abuso de drogas” Nixon
Esta fue la frase más destacada que pronunció Richard Nixon (presidente estadounidense de 1969 a 1974) durante un discurso televisado hacía todos sus compatriotas. Proponía erradicar a este enemigo con programas sociales internos y con miras al extranjero. Más tarde, mandó un mensaje al congreso con el fin de que se aprobaran una serie de medidas, acompañadas del deseo de un aumento presupuestario. Al día siguiente los periódicos señalaron que “Nixon había declarado la guerra contra las drogas.”.
Pienso que vale la pena preguntarnos ¿Qué alimentó a esta idea de que las drogas eran enemigas públicas?, dado que este fenómeno ha perdurado, con claras transformaciones a lo largo de los años, pero con un ímpetu avasallante.
Un poco de historia.
Una de las épocas más turbulentas en la historia del mundo fue la década de los años sesenta. Se entrecruzan procesos y eventos en el contexto de la guerra fría, como lo fueron la crisis de los misiles en Cuba y la guerra de Vietnam, relacionados a diversos conflictos internacionales; protestas en distintas partes del mundo, como las de 1968, aunque sin olvidar las de los derechos civiles. Es en esta época donde se configura un imaginario del que Nixon hablaba en su discurso.
El mayor fenómeno relacionado a las drogas lo encontramos en Estados Unidos con la contracultura caracterizada por los hippies y demás representantes de la rebeldíapor ser “asiduos consumidores de marihuana”. Aunque también escandalizaba que su consumo fuera a plena luz pública, como lo fue el polémico festival de música de Woodstock. Por otro lado, hubo un crecimiento de adictos a la droga para héroes de guerra (la heroína), que se había propagado entre los combatientes en Vietnam y muchos años antes con los participantes de la Segunda Guerra Mundial. Además, si comparamos cuantas personas eran asiduas consumidoras de alguna sustancia a inicios y a finales de la década, hallamos que hubo un fuerte aumento.
Si nos ponemos en los zapatos de alguien de esta época pensaríamos que todo estaba cambiando, aunque hay que pensar que no todos están dispuestos a cambiar. En respuesta a este fenómeno de impacto nacional, se configuró un discurso sumamente agresivo contra las drogas, que se venía llevando a cabo desde las primeras décadas del siglo XX, por parte de un sector conservador ligado a una herencia cultural protestante que veía con malos ojos el consumo de sustancias que alteraran la consciencia. Establecían que las drogas estaban directamente asociadas a actitudes violentas y delictivas, y que a su vez, eran agentes de degradación moral y social de lo que representaba ser “un buen americano”.
Este descontento en relación con las drogas lo aprovechó Richard Nixon, candidato a la presidencia por parte del Partido Republicano, englobándolo dentro de un complejo de disconformidades gestadas en los sesenta relacionados con las grandes movilizaciones y a la criminalidad. Como contestación al recelo por las revueltas ocurridas en aquellos años, surgió la consigna de “Law and Order”( Ley y Orden)[1], que prometía traer de vuelta la tranquilidad que se había perdido en el régimen demócrata. El político californiano ganó en una elección reñida y en 1969 asumió el poder presidencial.
Las drogas continuaron en el imaginario de ser debilitadoras de la sociedad estadounidense. Una sustancia que debilitaba a la gente y a sus instituciones. Esto ponía a Estados Unidos en un lugar vulnerable ante las diversas amenazas que podían destruir al mundo que conocían. La respuesta era cerrar filas y centrarse en ser una colectividad “fuerte” con miras a erradicar a este enemigo.
Desenlace
Richard Nixon habló de las drogas con un lenguaje de guerra, como si se tratara de vencer a Vietnam del Norte o a demás países socialistas. Se apoyó en la idea del enemigo para impulsar medidas tanto dentro, como fuera de suelo estadounidense. Porque, ¿Qué mejor impulsora de acciones que una enemistad declarada?
Las políticas internas destacaron por criminalizar a minorías y a personas de origen extranjero; a su vez, se trató el tema como si poseer 4 onzas de narcóticos fuera merecedor a la misma pena de homicidio de segundo grado, pensando en el caso de Nueva York de los setenta. Otro aspecto interesante es que en su periodo surgió la DEA con el fin de ser organismo encargado de controlar el trasiego y el consumo de drogas, que ha liderado la política antidrogas hasta nuestros días.
Pareciera que es una guerra sin fin, que es un combate perpetuo. Yo me pregunto ¿algún día se vencerán a las drogas o es un “conflicto” que no conviene que se acabe?, ¿Cuál es la salida a este problema?
[1] Todas las traducciones de este texto fueron realizadas por el autor
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