Por: Ivonne Acuña Murillo
Ante un Zócalo lleno, como es costumbre, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, pronunció su sexto y último Informe de Gobierno. En esta ocasión, 1 de septiembre de 2024, no lo hizo tras los muros de Palacio Nacional sino de cara al pueblo, en el espacio que desde hace décadas ha sido testigo de la relación que el primer mandatario sostiene con quienes lo consideran su líder. Que mejor escenario para una despedida que aquel que ha sido testigo de los avatares que hubo que enfrentar para que el pueblo contara por fin con un presidente que sí le represente. Sirvieron igualmente, el Zócalo y el Informe, para reafirmar el traspaso simbólico del poder a quien será la primera mujer presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
Con seguridad desde muy temprano, sino es que desde la noche anterior, la gente llegó al Zócalo buscando la mejor colocación para ver, lo más de cerca posible, a quien el 1 de octubre dejará de ser su presidente y no volverá, como ha prometido, a hacer presentaciones públicas. Había que estar con él, como tantas otras veces, para acompañarle, gritarle “presidente” y corear a todo pulmón: “Es un honor estar con Obrador”.
Nada importaron las horas de espera ni las otras poco más de dos, bajo el rayo del sol, que duró la alocución de un presidente amado por el pueblo como ningún otro. Y digo como ningún otro porque, como se sabe, la historia está hecha de trozos únicos e irrepetibles. Ciertamente, Benito Juárez García, Lázaro Cárdenas del Río y Gustavo I. Madero, son los presidentes más recordados y también amados por la gente que vio y ve en ellos a los mejores presidentes que ha tenido México. Sin embargo, vivieron momentos históricos distintos y aunque cada uno estuvo a la altura de sus circunstancias, ninguno tuvo oportunidad de acercarse a la gente como lo ha hecho López Obrador.
Por más de 40 años, el todavía presidente de la República, ha caminado, comido, dormido, luchado, sentido, soñado de la mano de un pueblo con el que se tenía una deuda enorme. Con un pueblo ávido de ser mirado, de ser tenido en cuenta, de ser escuchado, de ser atendido, de ser tocado, de ser abrazado. No tuvo empacho López Obrador para tocar y dejarse tocar, para acercarse a la gente sin el temor de ser rechazado, agredido, insultado como ocurrió con otros primeros mandatarios de triste memoria que después de robarse la presidencia pretendieron ser reconocidos como legítimos, necesitados y de ser posible amados. Todo simulado, todo pagado, todo obtenido no por la fuerza de las urnas, sino a billetazos, con amenazas y mentiras.
Por primera vez desde que se instauró en el país lo que ha sido llamado “El Nuevo Sistema Político”, un presidente llegó a la silla presidencial gracias al apoyo popular, por decisión de 56 millones, 611 mil, 027 electores, el 53.19% de la votación total y sin tener una estructura gubernamental que le apoyara, que convenciera, que presionara, que le asegurara el triunfo. Llegó, por el contrario, apoyado por un movimiento social, el de Regeneración Nacional, formado a pulso, recorriendo el país, escuchando a la gente, organizando a sus seguidores, construyendo un proyecto alternativo de Nación.
Una pequeña parte de esos millones de seguidores se dio cita este 1 de septiembre para estar presente en la última etapa de un líder que supo ganarse su fidelidad, su confianza, su amor y convertirse en la esperanza de un cambio verdadero.
Se podrá argumentar que, a diferencia de Juárez, Cárdenas y Madero, AMLO contó con las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (Tic’s) para darse a conocer y hacerse oír, que eso es jugar con cartas marcadas. Eso es cierto, parcialmente. Antes que echar mano de los grandes medios de comunicación para llegar a millones de personas, López Obrador caminó el país, se acercó a la gente, vivió con ella sus penas, luchas y sinsabores. Lo de los medios fue después del fraude electoral de 2006, cuando AMLO comprendió su importancia y se dio cuenta que no bastaba con las campañas de tierra, que era necesario hacer presencia en los medios de comunicación tradicionales: la prensa escrita, la radio y la televisión. Las “benditas redes sociales” vinieron después y permitieron, a través de los influencers decididamente “amlovers”, dar a conocer la propuesta del líder que ya se había ganado, desde abajo, el apoyo popular.
No se puede negar que hoy la vida pública pasa por los medios de comunicación y que sin estos casi podría afirmarse que “la política no existe”. Parafraseando a Carlos Hank González -político mexiquense que, a base de corrupción, se convirtió en uno de los priistas más ricos e influyentes de México-, se podría decir que: “un político sin medios de comunicación es un pobre político”.
Seguramente, no proyectó López Obrador convertirse en el presidente más amado que ha tenido México, aunque sí sumarse a la lista de los mejores presidentes. No cabe duda, él mismo lo dijo. Se podría decir que logró ambas cosas y no por las cartas marcadas, sino porque, como los presidentes citados, ha estado a la altura de las circunstancias y ha sabido utilizar los recursos a su alcance, mismos que han servido a sus seguidores para sobrepasar el “cerco mediático” del que fue objeto y dar a conocer un nuevo proyecto de país, desvirtuado hasta la necedad por sus detractores. Pero, sobre todo, porque genuinamente ha amado al pueblo al que se empeñó en servir y pues “amor con amor se paga”.
En este punto cabe decir que no sólo ha utilizado los recursos a su alcance sino que ha construido los propios, es el caso de las conferencias de prensa conocidas como “Las Mañaneras”, las cuales le han dado la posibilidad de continuar con su pedagogía política, formar e informar al “pueblo bueno” de aquello que debe hacerse para mantener vigentes los avances logrados una vez él haya dejado la presidencia.
Los pasos dados durante su administración (2018-2024), a través de las conferencias matutinas, ya habían sido planeados y practicados con mucha antelación. Un buen ejemplo lo ofrece en su libro No decir adiós a la esperanza, publicado en 2012 por Grijalbo, en el que sostiene que “no es fácil lograr este proceso virtuoso de toma de conciencia y participación ciudadana” (posición 1238, libro en versión digital) y “No se trata de llegar al poder y que la gente siga pensando igual, sino que la transformación sea asimilada, producida, aplicada y defendida por el pueblo” (posiciones 1217-1218).
Pueblo que en la plancha del Zócalo presenció, tal vez por última vez, a su líder en acción, informando sobre lo hecho a lo largo de su administración. Por tratarse del último Informe de Gobierno, el presidente López Obrador debía dar cuenta de sus logros principales por lo que una hora no fue suficiente.
Por poco más de dos horas el presidente mantuvo la atención de sus seguidores, les informó, les preguntó, les incluyó, los invitó a votar a mano alzada sobre si debían elegirse o no los magistrados del Poder Judicial. Se tomó el tiempo para responder a las críticas que desde Estados Unidos se han hecho al respecto y para pedir ovaciones para la próxima presidenta de México.
Pero, sobre todo, dedicó la mayor parte del discurso a resaltar los logros de su administración, a saber: reducción de la pobreza con 9.5 millones de personas que dejaron de ser pobres; aumento del 48% al salario mínimo; un crecimiento económico sostenido del PIB al pasar la economía mexicana del lugar 15 al 12, en este rubro resaltó que el país ha superado a China y Canadá como el principal socio comercial de Estados Unidos; el aumento en la inversión extranjera directa con niveles récord alcanzados durante su mandato; expansión de la educación pública con la creación de 202 Universidades para el Bienestar ‘Benito Juárez’, ubicadas en zonas marginadas y el otorgamiento de becas a estudiantes de todos los niveles educativos; avances en el sistema de salud a través de la ampliación del IMSS Bienestar, de la infraestructura hospitalaria y la contratación de más personal médico; el fortalecimiento de la soberanía energética a partir de la rehabilitación de refinerías, la construcción de la Refinería Dos Bocas y la adquisición de la refinería Deer Park en Texas; la propuesta de reformas al Poder Judicial para garantizar una justicia más cercana a la gente; reformas en temas de seguridad, la reducción de la incidencia de delitos como el homicidio, el robo de vehículos y el secuestro gracias al fortalecimiento de la Guardia Nacional y al despliegue de las Fuerzas Armadas en diversas regiones del país.
No dejó AMLO de hablar del futuro, haciendo un llamado a continuar su proyecto de transformación, afirmando que las bases para un México más justo y equitativo ya están sentadas. Reiteró su confianza en el pueblo de México y en que su sucesora, Claudia Sheinbaum, a quien llamó a corear “presidenta, presidenta” en varias ocasiones, será una gran mandataria y que en sus manos la continuidad de los cambios se hará realidad.
Había mucho que decir, pero conviene, para cerrar esta parte, retomar las últimas frases de dicho informe, las cuales dan cuenta de los sujetos del cambio, de la revolución de las conciencias, de lo que falta y del futuro. Un adiós sin amargura por lo no hecho, sin pesar por no haberlo dado todo, sin remordimientos por no haberlo intentado.
Me retiro con el honor de haber servido a un pueblo trabajador y honesto, heredero de grandes valores de tantos héroes y heroínas (…) Se hizo mucho entre todos y desde abajo, es indudable que avanzamos en la revolución de las conciencias y se avanzó en las bases para atender a los de abajo. Dejamos de manifiesto que el poder solo tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás. Aún es notorio el atraso que padecemos por el periodo en el que el gobierno estuvo a manos de insensibles que nunca se preocuparon por el bien del pueblo… Por lo mismo, es indispensable seguir luchando por lo alcanzado para tener una patria nueva, generosa, eterna. Tengamos presente que la vida es demasiado corta para desperdiciarla en cosas que no valen la pena, que la felicidad no reside en el dinero, en los títulos ni en la fama, ni en la búsqueda del poder. La felicidad es estar bien con uno mismo, con nuestra conciencia y con el prójimo. Por último, gracias, de corazón, que viva el pueblo de México ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!
No quiero dejar fuera que durante la transmisión en vivo del informe, en el canal de YouTube de Los Periodistas, hubo personas que expresaron su apoyo incondicional al presidente López Obrador, que le dijeron adiós y le dieron las gracias como puede leerse enseguida:
“Increíble la convocatoria, increíble lo que se ha logrado en 6 años! Inimaginable tener al mejor presidente en México! Orgullo en el haber presenciado y vivido este sexenio! Gracias presidente! Gracias AMLO por el amor a nuestro hermoso México! 🇲🇽 Más mexicana que nunca, más patriota que nunca! Nunca paraste, siempre resististe, jamás te detuviste! Vamos por más! (@mondyghislainereyesaguilar7433).
“HASTA SIEMPRE QUERIDO PRESIDENTE, MERECES DESCANSAR, MUCHO HA SIDO TU LUCHA, TRABAJO, POR SACAR ADELANTE A NUESTRO QUERIDO MEXICO. SIEMPRE ESTARAS EN NUESTRO CORAZON… GRACIAS,GRACIAS,GRACIAS” (@josefinanietoavila8008).
#HASTASIEMPRE PRESIDENTE (@saravallejo6381).
No podía ser de otra manera. Así se vivió el Sexto Informe de AMLO: un líder frente a su pueblo.
Mirada desencantada
Por supuesto que no existe un gobierno perfecto, ni el de AMLO lo fue. Quedaron temas pendientes relacionados con la violencia y la inseguridad, con los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, con el mejoramiento de los servicios de salud (ya iniciado), con…lo que me digan y manden. No son suficientes 6 años para resarcir el daño causado, tanto en materia económica como social y política, tras más de cuatro décadas de gobiernos corruptos formados por saqueadores cuyo único objetivo fue el enriquecimiento personal y de grupo.
Con toda seguridad, en los próximos meses y años los agentes de las élites políticas y económicas desplazadas por el obradorismo se dedicarán a enfatizar los faltantes en lugar de reconocer los múltiples logros obtenidos gracias a la voluntad de un hombre, decidido a ser contado entre los mejores presidentes de México, que soñó con hacer del país un lugar mejor para que “los pobres”, puestos en primer lugar, pudieran disfrutar de un mejor nivel de vida.
Para lograrlo, AMLO deja como legado: una economía sana y en crecimiento, aunque moderado dado el contexto internacional y debido a una pandemia que afectó a todo el mundo; múltiples obras de infraestructura que detonarán el desarrollo especialmente de las zonas deprimidas económicamente, olvidadas durante décadas, incluso siglos, como el sureste mexicano; una enorme dispersión de recursos dirigidos a grupos vulnerables como las personas de la tercera edad, las madres solteras, las y los jóvenes, las y los campesinos, las y los trabajadores; el desmantelamiento de una estructura de poder montada para hacer del país el botín de unos cuantos; la desarticulación de una estructura económica que permitía la corrupción y el desvió de recursos y la formación de enormes fortunas como la que operaba en el sector salud con el contubernio del gobierno, farmacéuticas y grandes laboratorios; el ataque directo a la corrupción gubernamental y la redistribución de millones de pesos en favor del pueblo, etcétera, etcétera, etcétera.
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