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Mirada desencantada | Reductos de la misoginia y el machismo en Internet en pleno Siglo XXI. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Imagen ilustrativa.

Muchos hombres han encontrado en videojuegos y plataformas de Internet la manera de reproducir los estereotipos que condenan a las mujeres a ser sujetas de múltiples violencias.

Por Ivonne Acuña Murillo

Alta o bajita, delgada o con muchas curvas, con nalgas abultadas y senos altos apuntando al frente, rubia, pelirroja o castaña, morena o blanca, de caderas anchas o estrechas; con mirada de ángel o de vampiresa; vestida como monja o mujer fatal; sensible, sumisa, dependiente, pasiva; algo tonta para que no proteste cuando se abuse de ella; callada, porque así se ve más bonita; con baja autoestima para que no se defienda y acepte el maltrato pensando que lo merece; y, al mismo tiempo, buena para tener, cuidar y educar niñes, lavar la ropa, limpiar la casa, preparar alimentos, cuidar enfermos, tener encuentros sexuales cuando se le demande y, en general, capaz de hacer todo aquello que supone el “deber ser de la femineidad” heteropatriarcal. Esto es lo que en pleno Siglo XXI se espera “aún” de las mujeres en las sociedades a pesar del avance femenino y de lo mucho que las cosas han cambiado. En este punto, muchos hombres han encontrado en videojuegos y plataformas de Internet la manera de reproducir los estereotipos que condenan a las mujeres a ser sujetas de múltiples violencias.

Estereotipos construidos socialmente a partir del “deber ser de la masculinidad”, de acuerdo con el cual las mujeres son todo lo que los hombres no son; esto es, el referente universal de ser humano se basa en las supuestas características de los hombres blancos (por extensión de todos los hombres) heterosexuales.

Cabe acotar que las características físicas dependen de la cultura y la época, aunque siempre relacionadas con los gustos y las necesidades masculinas y con el tipo de relación que los hombres buscan en cada momento de su vida: mujeres para casarse y tener una familia, para un encuentro sexual casual, para tener por largo tiempo una opción sexual diferente a la esposa, lo que se conoce como “la catedral y las capillitas”, para sentirse más hombre frente a otros hombres, etcétera.

Desde esta postura se construye la cultura que convierte las diferencias biológicas evidentes entre mujeres y hombres en toda una malla de desigualdades sociales. Esta malla incluye a la familia, la comunidad, la escuela, los partidos políticos, los medios de comunicación, las empresas que ofrecen diversos productos de belleza y moda, las nuevas y grandes empresas de videojuegos en línea. Todas estas instancias y muchas más refuerzan al infinito los estereotipos (formas de ser, pensar, actuar, sentir) femenino y masculino.

Aunque es cierto que en el último tercio del siglo XX y el primero del XXI la lucha de las mujeres por cambiar el estatus quo heteropatriarcal, aumentando su participación tanto en lo social, como en lo económico y lo político, ha dado frutos que permiten hablar del surgimiento de nuevas mujeres (la cuarta ola del feminismo) representadas por aquellas que toman las calles cada 8 de marzo y 25 de noviembre, no pueden dejar de observarse todas aquellas acciones de resistencia al cambio que pretenden devolver a las mujeres al hogar y a ocupar el sitio que desde el patriarcado “les fue asignado”.

La más visible de estas acciones son las diversas violencias cometidas en contra de todas las mujeres, sean feministas o no, “modernas o tradicionales”, tanto dentro como fuera de casa, en el matrimonio o en el noviazgo, en el trabajo o en la comunidad. Violencia familiar, escolar, verbal, psicológica, económica, patrimonial, sexual, física, llegando esta última, en su forma más extrema, al feminicidio. En la gran mayoría de los casos estas formas de agresión se dan de manera “natural” y sin cuestionamiento en contra de quien se concibe como un ser de segunda, siempre subordinado al más fuerte (física, económica, laboral o políticamente hablando). Sin embargo, muchas de las agresiones tienen, sea consciente o no, el objetivo de cobrar a las mujeres el atrevimiento de salir de la cocina y ocupar los espacios reservados, durante siglos, a los hombres.

Actualmente, se vive una especie de crisis civilizatoria en la que las mujeres están cambiando, abriéndose paso de manera firme en esos espacios masculinos; mientras que, por su parte, los hombres ya no saben qué esperar de las mujeres ni cómo comportarse frente a ellas. En este escenario, es posible observar tendencias que apuntan a la preservación parcial del estereotipo femenino como la “cosmeticorexia”, definida como “el uso excesivo de productos de belleza y de cuidado para la piel del rostro”, la cual se está presentando sobre todo en niñas y mujeres adolescentes, quienes se ven motivadas a aplicarse artículos con sustancias químicas como el retinol para combatir arrugas, el ácido glicólico para eliminar manchas o la niacinamida para dar luminosidad a la piel, entre otros.

Esta motivación llega a ellas a través de elaboradas rutinas de skincare en las que otras jovencitas les recomiendan este tipo de productos y cómo aplicarlos. Aprender a maquillarse para ocultar supuestos defectos de la piel y la forma de la cara (pómulos, ojos, cejas, boca) parece ser ahora la nueva manera de presentarse al mundo buscando la aprobación de quien las mira, sean estos hombres o mujeres. Estos consejos pueden encontrarse en cientos o miles de videos que circulan en redes sociales, como TikTok.

Igualmente, estos contenidos pueden ser consumidos en juegos para dispositivos personales, en los que es posible “ayudar” a jóvenes mujeres que no saben cómo “arreglarse”, desde el maquillaje, el cabello, la ropa y los zapatos. Así pueden encontrarse juegos como: Proyect Makeover, Love Paradise, Blue Girls Makeup, Reina del hielo: maquillaje de belleza, por mencionar sólo algunos de los muchos, muchos juegos que se centran en la apariencia física femenina.

A este tipo de videojuegos se suma el hecho de que el objetivo prioritario de las mujeres que “son apoyadas” con su arreglo por las niñas, jovencitas o mujeres adultas que bajan el juego a sus dispositivos personales, es agradar a los hombres y en algunos casos a la madre de estos, reforzando de manera contundente los estereotipos de género.

En estos pueden observarse escenas en las cuales el joven hombre presenta a su madre a su futura esposa, la cual no es del agrado de la primera pues aparece con el maquillaje corrido, el cabello muy corto y vestida como chica rebelde. Lo siguiente es que la madre le lance un portafolio con dinero para que lo invierta en su arreglo si quiere casarse con su hijo, reforzando con ello no sólo valores sexistas sino de clase, humillando a la mujer sin recursos económicos y carente del roce social que supondría un arreglo personal diferente.

Pero no sólo este tipo de violencia se reproduce en estos “juegos”, en otro puede verse como un hombre lanza a su pareja mujer del balcón por tener mal aliento. Pero, no os preocupéis, abajo está otro que la recibe en brazos y con quien ella se refugia en una casa en ruinas. En uno más, el marido lleva a casa a una mujer bella “bien maquillada y vestida” y echa a la calle a su esposa quien, por supuesto, “está echa una facha” o arreglada como cualquiera dentro de su domicilio. No faltan las expresiones ofensivas en contra de la mujer que no “sabe como ser una mujer atractiva”.

A lo anterior se suman los videojuegos en los que los avatares femeninos son cosificados y estereotipados por los masculinos y en los cuales se ejerce todo tipo de violencias contra las mujeres, llegando incluso a la violación, no sólo en los juegos para adultos sino en los infantiles como ocurrió con la violación del avatar de una niña de 7 años por avatares masculinos adultos, como denunció la madre de la niña quien dijo al periódico El País “”No podía creer lo que estaba viendo, el personaje virtual de mi hija estaba sufriendo una violación grupal” (Francesco Rodella, “Polémica por violación del avatar de una niña de siete años en un popular videojuego”, 6 de julio de 2018).

No se crea que esto es algo poco común en este tipo de “divertimentos” pues basta con escribir en la barra de búsqueda “avatar de mujer violado en videojuego o metaverso” para encontrar muchos casos más.

Así visto, Internet y muchas de sus aplicaciones y plataformas se han convertido, en pleno siglo XXI, en reductos del machismo, la misoginia y las violencias en contra de las mujeres sumando a las agresiones que ocurren en el “mundo real” aquellas que se replican en el “mundo virtual” socializando a las nuevas generaciones, niñas, niños y adolescentes, en la reproducción de la cultura heteropatriarcal.

Mirada desencantada

En ocasión del 8M Día de las Mujeres, la casa encuestadora Enkoll dio a conocer, en su informe “8M Derechos e igualdad”, publicado el 4 de marzo de 2025, los siguientes datos: el 30% de las personas entrevistadas opina que el principal problema que enfrentan las mujeres es la violencia en general; el 44% de las mujeres afirmó haber sido víctima de acoso o agresión sexual, 31% en la calle, 29% en el transporte, 18% en el trabajo, 8% en la casa o la escuela; el 24% afirma haber sido violentada en su hogar, 46% por su pareja, 16% por su padre, 10% por su familia, 6% por su hermano. Este y otros datos se encuentran para consulta libre en: https://www.enkoll.com/wp-content/uploads/2025/03/8M-DERECHOS-E-IGUALDAD-040325.pdf

En lo referente a la violencia sexual por parte de un familiar destaca la denuncia hecha en Astillero Informa, el día 7 de marzo de 2025, por Julia Santibáñez ,quien sostuvo: “Fui víctima de abuso sexual por parte de mi hermano”. Afirmó haber estado en terapia psicológica y trabajado mucho esta agresión, sin embargo, faltaba decir públicamente el nombre de su agresor, lo cual no había hecho por no causar un daño irreparable a la madre de ambes. Su testimonio puede verse completo en la emisión mencionada a partir del minuto 40:00 en el canal de YouTube del periodista Julio Hernández López: https://www.youtube.com/watch?v=HjQxLzsRGUM&t=4s

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales. X: @ivonneam

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