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Mirada desencantada | Primer debate confirma tendencias electorales: Claudia gana, Xóchitl pierde y Máynez sonríe. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Foto: Cuartoscuro

Por: Ivonne Acuña Murillo

No cabe duda, se dice que los números no mienten y, en esta ocasión, la actitud y el rostro de las candidatas y el candidato a la presidencia de la República, los confirmaron: Claudia Sheinbaum Pardo gana, Xóchitl Gálvez Ruíz pierde y Jorge Álvarez Máynez sonríe. Este último no resulta derrotado porque al ser un candidato meramente testimonial, sin posibilidad de acercarse al segundo lugar, el sólo hecho de participar en un debate presidencial y darse a conocer a nivel nacional es ya una ganancia. A diferencia de Máynez, Xóchitl sí sufrió una contundente derrota al mostrarse insegura, poco asertiva e incapaz de manejar al mismo tiempo el ataque y la propuesta. Contrario de la postura de Claudia, quien en todo momento se vio sonriente, tranquila, segura de sí misma, de sus propuestas, de su proyecto de país y de su triunfo.

Esos números que no mienten colocan a Sheinbaum, de acuerdo con sondeos recientes, en la primera posición con: 63% de intención de voto, 33% para Gálvez y 4% para Máynez (Enkoll – 4 de marzo); 63% Claudia, 15% para Gálvez y 2% para Máynez (De las Heras – 17 de marzo); 60% para Claudia, 36% para Xóchitl y 5% para Máynez (El País – 17 de marzo), por mencionar sólo a algunas casas encuestadoras. Estos resultados se vieron claramente reflejados en el debate.

Intentó Xóchitl hacer ver a Claudia como “una mujer de hielo, fría y sin corazón”. Para lograrlo intentó ligarla a las y los muertos del Colegio Rébsamen, del accidente de la Línea Dorada y de la pandemia y señaló entre el público a supuestas víctimas o familiares de víctimas que acudieron con ella al debate, como hace cuando tiene oportunidad en algunas de sus presentaciones de campaña en las que aprovecha el dolor ajeno para lucrar políticamente haciéndose acompañar de alguna madre buscadora, como bien le hizo ver Sheinbaum.

Tan embebida estaba Xóchitl en seguir con la misma lógica de su campaña de golpear, golpear y golpear que por momentos se olvidó de responder a lo que la moderadora Denise Maerker, colaboradora de Televisa, y el moderador Manuel López San Martín, colaborador de Televisión Azteca, le preguntaban en relación con los temas acordados para este primer debate, a saber: Salud, Educación, Combate a la corrupción, Transparencia, No discriminación y grupos vulnerables y Violencia contra las mujeres. Tal fue su confusión que en más de una ocasión hubo que repetirle la pregunta, una de esas veces ella misma solicitó “¿me puede repetir la pregunta?”

Por su parte, Claudia se centró no sólo en presentar las propuestas relacionadas con los temas planteados sino en ampliar su exposición más allá de las preguntas esbozadas y aún indicarle a Maerker, la moderadora, que no estaba de acuerdo con ella. Contestó, sí, algunos de los cuestionamientos de Gálvez, aquellos que consideró necesario aclarar, y dejó pasar otros que con seguridad le parecieron irrelevantes o provocaciones sin fundamento, como aquello de su familia aparecía en las listas de los “Panamá Papers”, que la misma Xóchitl dijo esta mañana en entrevista con Gabriela Warkentin y Javier Risco que sacó de un reportaje pero que no tenía pruebas, y que sólo servirían para restar tiempo a sus propuestas. Como parte de su estrategia, Sheinbaum se ocupó de dejar sentado que Gálvez es una persona que acostumbra a mentir, como ha quedado de manifiesto en más de una ocasión. No pretendió, al revés, de su adversaria, achacarle características que no tiene, como eso de la mujer de hielo o sin alma. Ciertamente, Claudia es una persona mucho más cerebral que Xóchitl, más analítica, disciplinada y teórica, ni duda cabe. Pero de eso a ser una persona “desalmada” hay un océano de distancia. Tal vez, ese mismo pensamiento entrenado permitió a la candidata de “Sigamos Haciendo Historia”, coalición formada por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Partido del Trabajo (PT) y Partido Verde Ecologista de México (PVEM), mostrarse ecuánime durante el debate y distribuir mejor su tiempo que la candidata de “Fuerza y Corazón por México”.

Pudo Claudia aludir con orgullo al presidente de la República, a un proyecto de Nación y a los partidos que la postulan. No pudo Xóchitl hacer lo mismo cuando Claudia y el mismo Máynez le recordaron, una y otra vez, el pasado corrupto de los partidos que la apoyan: Partido Acción Nacional (PAN) y Partido Revolucionario Institucional (PRI); por cierto, del Partido de la Revolución Democrática (PRD) nadie se acordó.

Incómoda, insegura, molesta al tratar de deslindarse, a medias, de los partidos que la postulan, Gálvez veía a Claudia, después de asestar un golpe, con la cara de quien puede recibir un golpe mayor. Es como si tácitamente aceptara la superioridad moral, intelectual e ideológica de su adversaria. Claudia por su parte, trató a Xóchitl como a quien ocupa el segundo lugar en las encuestas y no podrá alcanzarla. Se vio presidenciable, como alguien que se cree capaz de llegar, mientras que Xóchitl parecía dubitativa en torno a sí misma.

Curioso que durante el debate haya sido Claudia la que soltó divertida una ocurrencia, en referencia a lo mal que se estaba contando el tiempo a cada candidatura, al decir que Xóchitl se robaba hasta el tiempo. En este sentido, a lo de mentirosa agregó Claudia la asociación con la corrupción y los conflictos de interés que de Xóchitl se han evidenciado, a partir de su trabajo como delegada de la Miguel Hidalgo y los contratos millonarios firmados entre el gobierno y sus empresas familiares.

Para rematar, leyó Xóchitl su cierre al final del debate y no conforme con no atreverse a decir de memoria, o sin leer, unas cuantas palabras mostró ante las cámaras el Escudo Nacional, bordado sobre lo que parecía ser una bandera, de cabeza. De cabeza como una campaña que no levanta, de cabeza como una candidata sin proyecto de país, de cabeza como la coalición que la postula, de cabeza como la candidata improvisada que es Gálvez, de cabeza como sus esfuerzos por acercarse siquiera a quien ocupa el primer lugar lanzando lodo a diestra y siniestra.

Desperdició Xóchitl una oportunidad de oro para hacer un cierre espectacular, al ser la última en hablar, para mover emociones y ganar voluntades que más tarde podrían traducirse en votos.

Dicen las y los expertos en materia electoral que los debates sirven más para observar las actitudes de las y los candidatos a ocupar un puesto de elección popular que para escuchar atentamente sus propuestas. La estudiosa de la UNAM Yolanda Meyenberg, en su texto “Imagen mediática: la influencia de la comunicación en la definición de nuevos formas de liderazgo político”, incluido en el libro colectivo Democracia y medios de comunicación (2004), afirma que la legitimidad de las y los políticos se ha trasladado de la autoridad (estudios, carrera, experiencia de gobierno) del personaje a la imagen que los medios proyectan de ellos. Si esto es así, no cabe duda que una centrada y asertiva Claudia le ganó a una Xóchitl nerviosa, insegura y fuera de lugar.

Durante el debate, no se permitió Gálvez la arenga fácil, sensiblera, altisonante que acostumbra en las plazas públicas. No se dijo a sí misma “Xingona”, no pegó su chicle en la silla del Instituto Nacional Electoral (INE), o al menos eso es lo que se cree, no dijo que en su gobierno no habría “güevones, rateros, ni pendejos”. No se dijo a sí misma, “la pendejié”, aunque de seguro ya le habrán dicho que mostró el Escudo Nacional al revés. No se le desconectó el telepronter, no salieron volando, como las casas de campaña de Gilberto Lozano en el Zócalo, sus hojas. Tal vez fue la falta de estos factores lo que le impidió verse auténtica, entrona, dicharachera, retadora.

Por su parte, Máynez se vio seguro, asertivo, bueno no cuando intentó hablar en lenguaje de señas, cosa que francamente pone a pensar quién le habrá aconsejado semejante desfiguro. Se puede preguntar exactamente lo mismo de su sonrisa excesiva por lo que ya hay memes en los que se le compara con El Guasón. Está bien que las y los candidatos deben sonreír durante un debate, pero de manera natural y no impostada o falsa. Sin embargo, se puede decir que Máynez hizo un buen debate, centrado en su experiencia política anterior y en propuestas, que aunque generales, tenían de pronto más coherencia que las de Xóchitl, aunque se sabe que la lucha, por decirlo de alguna manera, es entre Claudia y Xóchitl. Digo “de alguna manera” porque Claudia va sola al frente incluso de las encuestas levantadas por personajes o empresas más afines a la derecha que a la izquierda.

Supo también Máynez dirigir fuertes golpes a la mandíbula de Gálvez, haciendo parte del trabajo sucio que beneficia a Claudia.

Tal vez influyeron en el ánimo de Xóchitl Gálvez el video que ha recorrido las redes sociales en las que puede verse a su hijo Juan Pablo Sánchez Gálvez en estado de ebriedad intentando entrar a la fuerza a un antro. Al no lograrlo, se dedicó a lanzar insultos clasistas a quienes le cerraron el paso. Igualmente, la investigación de Daniela Barragán, titulada “El acertijo Gálvez”, publicada en el sitio de Sin Embargo y expuesta en el programa de “Los Periodistas” del viernes 5 de abril en el que se da a conocer que la hija de Xóchitl tiene dos actas de nacimiento y dos CURP’s con nombres diferentes: en unos documentos aparece como Diana Vega Gálvez y en otros como Diana Llamas Gálvez, sin que a la fecha ninguno de los documentos hayan sido cancelados con intención de asumir una sola identidad, sino que, de acuerdo con la investigación de Barragán, la hija los ha usado indistintamente en asuntos de tipo legal. Igualmente, en la investigación se consigna que la misma Xóchitl aparece en varios documentos como casada y en otros como soltera, dependiendo de la conveniencia de la candidata. Tal vez, a esto hacía referencia Sheinbaum, durante el debate, al tacharla de “mentirosa” y “corrupta”.

En fin, se sabe que es difícil que un debate mueva la intención del voto, pues a estas alturas se asume que ya la mayoría sabe por quién votará. Sin embargo, esto no quita que Xóchitl haya perdido el debate, que Claudia haya ganado y que Máynez siga sonriendo.

Mirada desencantada

Mala perdedora es Xóchitl Gálvez quien, una vez terminado el debate, y en entrevistas matutinas, trató de cubrir su derrota afirmando que el formato no le favoreció, que se requiere algo más fluido, con más tiempo para responder, pues 5 minutos (no menos, 10) no fueron suficientes para exponer “todas las propuestas que ella traía en materia de salud y educación”. También dijo que a propósito presentó el escudo al revés para decir que así estaba México y que después lo voltearía para sostener que así estaría el país de ganar ella. Igualmente, declaró, sin fundamento y contrario a lo dicho por Sheinbaum y Máynez, que las tres candidaturas estaban algo frustradas por el formato y los cambios de último minuto. Todo con tal de no reconocer abiertamente sus fallas en el debate. Con seguridad irá a visitar a “su amiga” Guadalupe Taddei, consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), para “sugerirle” cambiar el formato por uno que le sea más favorable y si no le responde rápido lo hará ella misma en la plataforma de “X”.

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