Por: Ivonne Acuña Murillo
Cuando se dice “señora” a una mujer, no siempre se hace con la intención de mostrar respeto y cortesía o de reconocer algún tipo de mérito, categoría, dignidad social o estado civil. Por el contrario, bien puede utilizarse este sustantivo para humillar, descalificar o minimizar. Así puede interpretarse la forma en la que el “señor” Marcelo Ebrard Casaubón y el “señor” Joaquín López Dóriga utilizaron el término al referirse a Claudia Sheinbaum Pardo y a Clara Brugada Molina, respectivamente. No puede faltar en este recuento de misoginias el expresidente Vicente Fox Quesada quien, con menos sutileza llamó “dama de compañía” a la influencer Mariana Rodríguez Cantú, esposa del gobernador con licencia de Nuevo León, Samuel García Sepúlveda.
Se podría afirmar que ya es mucho buscarle, que utilizar la palabra “señora” no supone en absoluto ninguna doble intención. A los hechos me remito. Hace años tuve la oportunidad de escuchar en México a la filósofa española Celia Amorós, autora entre otros muchos textos del libro Hacia una crítica de la razón patriarcal (1985), en el cual se dio a la tarea de iniciar una relectura de la historia de la filosofía, del pensamiento y de la cultura cuestionando algunos de los argumentos patriarcales, que desde una supuesta racionalidad universal, han configurado una ideología sexista y discriminatoria en contra de las mujeres. Al mismo tiempo, buscaba reivindicar al feminismo como crítica ética de esta razón patriarcal. Cabe acotar que su reflexión no se quedó sólo en el mundo de las abstracciones, sino que se alimentó de cuestiones propias de la práctica social.
En aquella ocasión, explicó cómo los hombres utilizan en contra de las mujeres el sustantivo “señora” para recordarles, por si acaso lo han olvidado, cuál es su lugar en el mundo. Desde el hombre más encumbrado hasta el de menor nivel social, puede hacer uso de esta estrategia haciendo valer la supuesta superioridad que le concede la sociedad patriarcal bigenérica.
Como ocurre con otros pares de palabras puede no significar lo mismo “señor” que “señora”. La primera hace referencia a la dignidad alcanzada o asignada a un hombre a quien se da un trato especial dada cierta superioridad social. Baste con un ejemplo. En la época medieval, el “señor feudal” era identificado por sus posesiones, autoridad y poder sobre un número importante de personas cercanas a él socialmente o muy alejadas en la escala social al punto de requerir de su protección y cuidado, como los llamados siervos. Eso explica la cantidad de sinónimos que tiene esta palabra, a saber: varón, hombre, noble, caballero, aristócrata, hidalgo, rey, soberano, príncipe, amo, dueño, propietario, patrono, autoridad, cacique, jefe, patrón, superior, cabeza, hacendado, terrateniente.
Y ¿qué pasa con la segunda palabra? Pues si se tiene la curiosidad de buscar sinónimos se encuentra: mujer, hembra, dama, matrona, madre, madama, dueña, mujer, esposa, cónyuge, compañera, pareja, consorte, costilla. Si existiera igualdad entre los sexos sólo habría que poner en femenino los sinónimos de “señor”, pero si se observa con cuidado no es el caso, de tal suerte que puede utilizarse el término para recordarle a una mujer que tan sólo es “una señora”, la que limpia la casa, cuida a niños, niñas, personas ancianas y enfermos, la esposa, pareja o costilla de alguien más.
Al respecto, recuerdo a un compañero de la universidad que con frecuencia me preguntaba por mi novio en los siguientes términos: ¿y, tu señor? en clara alusión a la doble significación que supone que ser “la señora de alguien”, es decir su propiedad, y señor como aquel que se ubica por encima de alguien, como su dueño.
Lo mismo ocurre con otras diadas como “zorro-zorra”: llamar zorro a un hombre es reconocer en él cualidades como astucia y habilidad. En cambio, cuando se llama “zorra” a una mujer se le está calificando de promiscua, suripanta, fácil, cascos ligeros, huila, de la vida galante, come hombres y demás. La pareja “brujo-bruja”: cuando se dice de un hombre que es un “brujo”, se hace referencia a cierta capacidad para hechizar, que es atractivo e irresistible; por el contrario, nombrar “bruja” a una mujer es decirle fea, manipuladora, malvada, loca, maldita, repulsiva, mal portada, más específicamente: “mujer fea, que tiene poderes mágicos y vuela montada sobre una escoba”.
Igual, las palabras “patrimonio” y “matrimonio” han dado lugar a un chiste misógino de acuerdo con el cual el patrimonio se define como “conjunto de bienes” y el matrimonio como “conjunto de males”.
Una vez dicho esto, toca el turno a un pequeño análisis del uso que Marcelo Ebrard dio al término “señora”. El 6 de septiembre de 2023, previo a que se diera a conocer que Claudia Sheinbaum sería la coordinadora de la defensa de la Cuarta Transformación (4T), Marcelo vociferó ante su equipo de trabajo y periodistas del diario español El País, que: “No nos vamos a someter a esa señora”. Nótese cómo agrega el pronombre demostrativo “esa” para darle más fuerza al sustantivo “señora” y denotar desprecio o hacer referencia a una situación frente a la que se tiene una reacción negativa.
No tuvo Marcelo ganas de nombrar a “esa señora” por su grado académico, doctora; por su más reciente cargo público, ex jefa de gobierno de la Ciudad de México; por su actividad, científica o política; por el encargo que la coloca como precandidata a la presidencia de la República, coordinadora nacional de la defensa de la Cuarta Transformación; por su afiliación, morenista; por su militancia común, correligionaria.
Al final, con “esa señora” tuvo que hablar Ebrard una vez que, a la vuelta de sus vacaciones, decidió seguir en Morena. Anunció el lunes 13 de noviembre, qué suerte que no fue ni martes ni viernes por aquello de la mala suerte y el terror, que había hecho un pacto político con “Claudia”, a quien ahora sí llamó “compañera de gabinete”. Sin embargo, aunque reconoció, no muy convencido, que ella tenía el bastón de mando, no le levantó la mano ni dijo que haría todo lo posible por apoyarla en su camino a la presidencia. Más bien, hizo hincapié en lo a él le interesa que Claudia entienda y asuma, textualmente:
En reunión con Claudia hice mis reflexiones políticas, mi preocupación principal es, número uno, ¿cuál es la estrategia política? o sea, ¿vamos a seguir en un antagonismo sin fin? Cualquier persona en Morena que piense diferente ¿de veras la vamos a expulsar? ¿De verdad, todas las personas que piensen distinto hay que perseguirlas? […] Si vamos a ir a una línea política que es ‘tú representas una idea distinta pero eres parte de nuestro movimiento y tienes todo el derecho a decirlo’, o sea, si vamos a ser un país en donde la gobernanza, la gobernabilidad del país va a descansar en reducir el antagonismo y aumentar la cohesión pues entonces si cuenta conmigo.
Esto es, Marcelo no se plegó a quien podría convertirse en la líder máxima de su partido y el movimiento social que lo sostiene, sino que espera que sea ella quien se pliegue a su idea de país y de gobierno. Pues, ¿que no es ella la precandidata de Morena a la presidencia de la República? Con soberbia masculina Marcelo trata de imponer condiciones a “esa señora” para no irse del partido, como si su capital político fuese tan grande como para poner en riesgo la candidatura de Claudia o si solo él entendiera el rumbo que debe seguir el país. Parece que no le quedó claro quien ganó la precandidatura.
En el mismo sentido, pretende le sea reconocido a él y su grupo la categoría de segunda fuerza a nivel nacional, para desde ahí ocupar posiciones de poder e influencia y esperar que en 2024 le sea concedida la candidatura a la presidencia. La respuesta de Sheinbaum al respecto fue contundente, sin negar las anomalías ocurridas y denunciadas por Ebrard durante el proceso de selección interna, le aclaró al exsecretario de Relaciones Exteriores que en Morena no existen las segundas fuerzas, ni las primeras, ni las terceras. Lo mismo dijo Mario Delgado Carrillo, presidente nacional de Morena. A partir de esta respuesta, las pretensiones de Marcelo deberían dirigirse a demostrar su supuesta fuerza política usando parámetros diferentes al resultado de las encuestas que lo llevaron al segundo lugar. Contradicción evidente: se negó a reconocer el primer lugar para Claudia, pero no el segundo para él cuando de ser segunda fuerza se trata.
¡Vaya, vaya! Soberbia masculina que lleva al experimentado político a tropezarse y caer en aquello que ha comenzado a denominarse mansplaining, palabra que se deriva de man, hombre, y de explaining, explicar, y que desde el feminismo se utiliza para señalar la actitud masculina, generalmente condescendiente, para revelar a las mujeres aquello que, por su condición subordinada, no están capacitadas para entender. Por si no quedó claro, se puede esquematizar esta actitud con la frase: “a ver tontita cómo te explico lo que no entiendes”.
Por ambos caminos transitó el conocido conductor de noticias Joaquín López Dóriga en entrevista con la precandidata a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México (CDMX) Clara Brugada, el miércoles 22 de noviembre.
En términos futbolísticos podría decirse que el conductor entró “con los tacos por delante”. Después de aclarar a la política morenista que el proceso interno del partido fue ya el de precampañas y que virtualmente ella ya es la candidata de Morena a la jefatura de la CDMX, López Dóriga dijo: “Déjeme hacer esta pregunta que es de puro sentido común. ¿Cómo cree usted o cómo piensa ganar la Ciudad de México cuando no pudo ganar la encuesta de los suyos propios de Morena? Aludiendo por supuesto al triunfo de Omar García Harfuch en la encuesta interna con un 40.5%, contra 26.7% de Clara.
Sin perder la calma, recalco, sin perder la calma, la exalcaldesa de Iztapalapa respondió:
Pues dos cosas te quiero decir allí. La primera que la encuesta que importa justamente es la que ahorita se está dando y en la que estoy ganando mucho, mucho […] En todos los careos […] con cualquier contrincante del PRIAN ganábamos […] Y quiero decirte que no caigas en la relatoría de la misoginia como del tema de que ganamos por género. Fíjate bien, hubo dos criterios, encuestas y además paridad de género y en la paridad de género nos cuesta a las mujeres mucho, mucho trabajo siempre ser reconocidas. La encuesta que tuvimos en el resultado de Morena fue la fotografía también de un momento que tuvimos y después yo seguí creciendo y creciendo mucho, pero mira la paridad de género no es un acto de eh… caballerosidad o que los hombres nos regalen (“Por supuesto que no”, reviró él). Es un acto de justicia hacia las mujeres (continuó ella).
Bueno, una vez lanzada la piedra el conductor no tuvo la misma calma para recibir la respuesta, de inmediato se alteró, haciendo las delicias de quienes ven en él a un defensor a ultranza de los privilegiados del pasado reciente, y comenzó a “señorear” a la coordinadora de la defensa de la 4T en la capital del país en los siguientes términos: “Clara dos cosas, a mí no me puede señalar de misoginia ¿sí? Bueno pues porque no, no, no, no, yo le estoy hablando de un hecho nada más […] Déjeme terminar, haber déjeme terminar a mí primero porque no me lo merezco ¿sí? porque nunca lo he sido” a lo que Clara respondió “Bueno…” enardeciendo más a López Dóriga quien reclamó “No me diga ‘bueno’”.
Ella continuó: “Entonces no caigamos en los relatos que dicen que ganar por género no es lo importante, lo dejamos aclarado.
Pero él siguió trepado en su enojo y afirmó: “Yo nunca he caído en eso ¡SEÑORA! No, yo nunca he caído en eso, con todo respeto no le permito que a mí me califique de misógino ¿sí?”
Ella: “Yo no estoy diciendo que usted, dije no caigamos en relatos de misoginia”.
Él: “Dicho lo cual ‘señora’, porque nadie me ha podido señalar nunca porque nunca lo he sido ‘señora’, yo soy producto de la ocasión de mi madre ¿sí?”
Ella, “Pues cada quien ¿no? defiende con sus actos, con sus palabras, en fin”.
Él, “No, no ‘señora’. Oiga ¿usted viene a discutir, a debatir conmigo o no?”
Ella, “Oiga yo vengo a responder lo que usted me pregunta”.
Después de este intercambio, llamó Clara a Joaquín a recuperar la calma diciéndole “no nos enojemos, no se enoje estamos platicando con todos, vamos que la gente me conozca avancemos, sabemos que representamos…”.
Pero Joaquín seguía montado en su macho, como dicen, y la acusó ante la cámara para que la audiencia la viera: “Véanla”, a lo que ella reaccionó diciendo “No, no véanla. No se vale eso tampoco […], si usted me dice yo contesto”. Por fin, Joaquín concedió no sin soltar un “señora” más: “Mire ‘señora’ vamos a reiniciar esta entrevista, de acuerdo, lo que le quiero decir es que la encuesta que hizo Morena para elegir a los candidatos en la Ciudad de México… retomó la misma pregunta con que inició todo, pero reformulada.
Destaca el hecho de que Brugada comenzó hablando de tú a Joaquín y que durante el duro intercambio se refirió a él de usted para volver a tutearlo una vez se había calmado, él por supuesto. En este punto, demostró tener más control de sí misma ella que él.
Una vez retomada la entrevista, Brugada pudo exponer lo hecho por ella en Iztapalapa y lo que podría hacerse extensivo a la ciudad. Lo anterior ocurrió, con interrupciones del comunicador en las que pretendía “explicar” (mansplaining) a la experimentada política lo que debía hacerse o tomarse en cuenta en relación con aquello que ya ella había hecho en Iztapalapa en materia de género y otros asuntos.
En ambos casos, el de Ebrard y el de López Dóriga, el desprecio hacia Sheinbaum y Brugada, por su condición de mujeres, fue palpable. Lo positivo, también en ambos casos, es que ninguna de las dos cedió a las pretensiones de sus “explicadores” varones, colocando a cada cual en su sitio.
Remata este pequeño compendio de misoginias lo escrito en la plataforma de “X”, el 25 de noviembre, por el expresidente Vicente Fox Quesada en contra de Mariana Rodríguez a quien describió como la “dama de compañía” de su esposo Samuel García. En la misma plataforma Mariana le respondió: “Señor (otro), no soy una dama de compañía. Soy una mujer, soy licenciada, soy empresaria, soy esposa y soy madre. No le permito que me hable a mí así, ni a ninguna otra mujer. No somos accesorios, ni objetos, ni puede faltarnos al respeto, y menos de esa forma tan vulgar”.
Ni tardo ni perezoso Vicente, ofendido igual que Joaquín, respondió: “No soy ningún machin y a las pruebas me remito. La ondanada (sic) probocada (sic) por influencer pierde su objetividad. Al ofendido verdadero disculpas, al entendido de lo que se trata, sigamos adelante. México es primero!!”. Cabe hacer notar que Fox ofende a Mariana y se disculpa con alguien más, tal vez un amigo imaginario, con seguridad otro hombre. Como a la vieja usanza cuando una mujer era violada y el ofendido era su padre, su marido, su hermano, su tío. Todos menos ella pues las mujeres eran depositarias del honor masculino en la familia. Contrario a lo que Fox esperaba le cayó encima una “ondonada” de críticas, incluso de Xóchitl Gálvez Ruiz quien condenó sus señalamientos.
Qué manera de arrastrar la figura presidencial y sumirla en el absurdo del desvarío. A veces me dan ganas de decirle a Fox “calladito te ves más bonito”, pero me acuerdo de que no está bonito y de que sería caer en lo mismo que se critica y, no, no crea que se me quitan.
Mirada desencantada
Como ironía y constatación, lo referido hasta aquí ocurrió alrededor del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer. Qué difícil ha sido para las mujeres avanzar y hacerse un lugar en los espacios monopolizados por los hombres. La soberbia masculina de algunos de ellos no tiene límite, los desborda y evidencía. Tratan como “señoras” a quienes no consideran sus iguales y a quienes quisieran ver todavía dedicadas a las “labores propias de su sexo”, pero no son capaces de comportarse con la dignidad de un “señor” que se hace a un lado cuando ha perdido la partida.
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