Por: Ivonne Acuña Murillo
No es extraño que en una sociedad machista, el hecho de que una mujer, Claudia Sheinbaum Pardo, se convierta en presidenta de la República haga resurgir la misoginia que subyace en el fondo de una cultura heteropatriarcal. Se esperaba. No lo es tampoco que el odio hacia las mujeres por ser mujeres alcancé también a algunas de las que compartirán con ella la responsabilidad de gobernar. Es el caso de Rosa Icela Rodríguez Velázquez, próximamente secretaria de Gobernación, quien fue descalificada en redes sociales por el periodista Enrique Hernández Alcázar.
Este tipo de violencia no hace su aparición apenas hace unos días o después de que Sheinbaum logró el triunfo en la elección presidencial con 35 millones, 924 mil, 519 sufragios, el 59.7594% de la votación total, sino que viene desde el momento en que se hizo cargo del gobierno de la Ciudad de México (CDMX) y se profundizó cuando comenzó a perfilarse como la ganadora de la elección interna que la convirtió en Coordinadora de los Comités en Defensa de la Cuarta Transformación (4T), continuó durante todo el proceso electoral y se mantiene como parte del discurso de muchos de quienes se asumen como parte de la oposición al actual gobierno y su continuidad y que no encuentran mejor argumento que los roles de género para desautorizarla. No será de extrañar que, durante todo su sexenio y aún después, las descalificaciones basadas en su condición de mujer se mantengan vigentes ad infinitum.
Afortunadamente, el porcentaje de mexicanas y mexicanos que decidieron apoyarla con su voto habla de una sociedad en proceso de cambio y de una ciudadanía madura que ha trascendido un criterio sexista para dar paso a la elección de sus gobernantes en función de un proyecto político, sin importar que un segmento de la sociedad siga asumiendo los roles de género como el destino inscrito en los genes.
El argumento principal, con el que se ha pretendido y pretende descalificar la capacidad, los conocimientos y el expertise de Claudia Sheinbaum como gobernante se basa en la afirmación de que sin el apoyo del actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, en resumidas cuentas “un hombre”, ella no hubiera accedido a la jefatura del gobierno de la CDMX ni a la candidatura de la coalición “Sigamos Haciendo Historia”, formada por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y, mucho menos, a la silla presidencial. Esta idea es el eje de los ataques en su contra, y de este se derivan todos los demás.
Por principio, habrá que preguntarse si en un sistema presidencialista como el mexicano, algún político, hombre o mujer, tiene posibilidades reales de ejercer el poder sin el apoyo del mandatario en funciones, especialmente si este cuenta con la aprobación y la legitimidad que le concede el apoyo de la mayoría de la población y el poder derivado de este. Sin importar, si se trata de Sheinbaum, Marcelo Ebrard Casaubón, Adán Augusto López Hernández, Ricardo Monreal Ávila, Gerardo Fernández Noroña o cualquier otra persona, ninguna de ellas se hubiese hecho con la candidatura presidencial sin la venia de López Obrador. Lo que habría que preguntarse entonces es ¿cuáles son los méritos que llevaron a AMLO a dejar en manos de Sheinbaum la continuidad del proyecto de la 4T y no en manos de alguno de los otros políticos, de también larga trayectoria, que aspiraban a sucederlo? Es ahí donde hay que buscar las razones que llevaron a Sheinbaum a la presidencia y no a los otros. Y no se puede ir por el camino fácil y decir que “ella fue la más dócil”, “que no tiene ambiciones propias”, “que no tiene voluntad y actúa sólo bajo las órdenes expresas de López Obrador”, “que es un títere”, “que a través de ella, AMLO va a extender el ejercicio del poder otros seis años”, “que después de ella la reelección de AMLO se hará realidad” y demás afirmaciones para llegar a la conclusión de que López Obrador es un dictador que busca eternizarse en el poder y Sheinbaum es la primera pieza para lograrlo.
¿Se hubieran hecho las mismas afirmaciones si Ebrard, López Hernández, Monreal o Fernández Noroña hubiera sido el elegido del presidente? Porque no cabe duda que, sin apoyo de AMLO, ninguno de ellos lo habría logrado. Cabe entonces preguntarse de nuevo: ¿cuáles son las cualidades que AMLO vio en Claudia Sheinbaum para nombrarla su sucesora? Más allá de su preparación formal, de su desempeño como funcionaria pública durante el gobierno de López Obrador en la CDMX, como jefa de gobierno de la misma ciudad, de sus buenos resultados, etcétera, se podría afirmar que lo que inclinó la balanza hacia ella fue su fidelidad al proyecto de la 4T, su compromiso por defender las causas que enarbola y su convicción por continuar favoreciendo a las mayorías olvidadas por gobiernos anteriores. Cualidades que probablemente no sea posible encontrar en los “hombres” que no fueron seleccionados por el “hombre” más poderoso, políticamente hablando, de México.
Pero, nada de eso importa cuando se trata de descalificar a quien será la próxima presidenta de México. De manera reiterada, una minoría formada por políticos, empresarios, medios, periodistas, comunicadores, intelectuales, académicos, influencers, troll centers y granjas de bots pretende construir en la opinión pública la imagen de una “mujer manipulada y manipulable”, “incapaz para las cuestiones de gobierno”, “sin carácter ni proyecto propios” y “sin un estilo personal de gobernar”.
No conformes con dirigir ataques a quien ocupará la silla presidencial a partir del 1 de octubre, buscan ahora golpear a quien la misma virtual presidenta ha considerado idónea para encabezar la Secretaría de Gobernación.
Es el caso del periodista Enrique Hernández Alcázar, creador, conductor y director del programa radiofónico “El Weso”, transmitido por WRadio desde 2004, quien en un post del 4 de julio escribió en la plataforma “X”: “De niñera de los hijos de AMLO a Secretaria de Gobernación. Sobre la flamante futura titular de la Segob, el periodista -recientemente fallecido- José Martínez, manifestó su sorpresa cuando AMLO le encargó la seguridad del país a una de las niñeras de los chicos López”.
Destaca que Hernández Alcázar tuviera que citar a un tercero para decir lo que piensa. Posteriormente, ante las críticas que desató y al ser tachado de “misógino”, borró el post y reculó escribiendo que: “Generó mucho hate el hilo que publiqué ayer aquí. Desde anoche le envié todos mis respetos a la secretaria de Seguridad, @rosaicela_, su equipo me buscó anoche mismo. Le ofrezco esa misma disculpa también en esta red social. Quizá fue mi error no contextualizar, tal vez tuve muy mal timing y, sin duda, incurrí en una falta total de perspectiva de género. Asumo la falta, el error y borro dicho hilo para que no se siga reproduciendo. Pero, con todo respeto, también observo reclamos sesgados de quienes jamás tuvieron la misma vehemencia para señalar y condenar a sus compañeros partidistas cuando incurrieron -algunos reiteradamente y sin costo político alguno- en claras violencias de género. Les comparto más en mi columna Rosa Icela, mi error y un reclamo sesgado, que escribo en @revistafortuna.”
Más allá de si el comunicador se dio cuenta solo de su error o si alguien más se lo hizo ver, o más allá de si se disculpó, es un hecho que lo primero que llegó a su mente al comentar el futuro nombramiento de Rosa Icela como secretaria de Gobernación fue una reflexión que al mismo tiempo aludió a los tradicionales roles de género, “cuidadora de los hijos de…”, en combinación con el clasismo del periodista, quien no cree posible que una persona que trabaje al servicio de otra, dejando de lado que se haya tratado de un favor, pueda ascender en la escala social para ocupar puestos de mucha mayor responsabilidad y relevancia.
Por otro lado, no queda claro que quiso decir con eso del “timing”, por lo que podría preguntarse si lo que le preocupa al comunicador es haber publicado su comentario justo después de que la próxima presidenta comunicara su decisión de nombrar a la periodista y actual secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rodríguez Velázquez, como cabeza de la Secretaría de Gobernación, dejando la puerta abierta a pensar que hubiera estado bien publicarlo en “un momento más adecuado” sin cambiar el fondo del mensaje.
Asimismo, llama la atención que haga mención que otros antes que él, dentro de Morena, cometieron violencia de género sin que se les haya señalado, condenado y sancionado, como si eso le diera permiso para hacer lo mismo. En este punto, a lo mejor está pensando en el “no nos vamos a someter a esa señora”, dicho por Marcelo Ebrard cuando Claudia Sheinbaum le ganó el proceso interno de Morena, o a la resistencia de Adán Augusto López a participar en la campaña de su compañera de partido. No lo sabemos.
Sea como sea, lo destacable aquí es que lo publicado y después borrado por Enrique Hernández, lo dicho o hecho por Marcelo o Adán Augusto, y la multitud de discursos en los que, desde la oposición, se descalifica a la propia Claudia Sheinbaum, incluyendo los dichos misóginos de la excandidata a la presidencia de la República, Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz, quien no tiene empacho en acusar al presidente López Obrador de la violencia política de género que, a la vista de todos y todas, ella si ejerció, son evidencia de que el sexismo y, aún el clasismo, son dos fenómenos muy arraigados en la conciencia profunda de mucha gente en este país, de manera que no es de extrañar que la misoginia en contra de Sheinbaum se extienda a Rosa Icela Rodríguez, ignorando abiertamente el enorme mandato popular, soportado por casi 36 millones de votos, con el que ambas llegan al ejercicio del poder.
Mirada desencantada
Le han llamado “el sepulturero del PRI” y se apresta a reelegirse. Este domingo tuvo lugar la 24 Asamblea Nacional del Partido Revolucionario Institucional en la que el dirigente actual del partido, Alejandro Moreno Cárdenas, “Alito”, consiguió cambiar los estatutos del partido para reelegirse por otros dos periodos de cuatro años cada uno, esto lo mantendrá al frente del otrora partido hegemónico hasta 2032, ignorando la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) de acuerdo con la cual el dirigente del PRI debe abandonar su cargo al frente del Comité Nacional una vez terminado el actual proceso electoral.
En entrevista con el periodista Juan Becerra Acosta, conductor del noticiero de las 18:00 horas de Radio Fórmula, transmitido en las frecuencias 104.1 FM y 1500 AM, Dulce María Sauri Riancho -ex gobernadora de Yucatán y ex presidenta del PRI, entre otros cargos ocupados por la histórica militante del PRI-, dos días antes de la citada asamblea afirmó que: “La verdad es que es una completa y absoluta locura (…) en un partido que nació justamente al amparo de la ‘no reelección’ (…) Bueno, por si no fuera suficiente, la locura es por tres periodos consecutivos (…) Todo ello se ve además (…) adicionado, este control interno (…) por otro elemento preocupante: en el PRI los grupos parlamentarios eligen a sus coordinadores, sus coordinadoras con la decisión de cada uno de los grupos. Ahora la Comisión de Dictamen estableció que sería facultad del presidente del partido nombrar a quien coordine los grupos parlamentarios y, por lo tanto, también removerlos. Pero no solo en el Congreso; es decir, diputados federales, senadores, sino de los estados (…) (donde) la fuerza del PRI está sumamente menguada (…) Esto, además, da amplias facultades para endeudarse, para vender los bienes del partido. Es decir, la depredación total, no solo política, sino también económica se avizora lamentablemente en el horizonte del PRI (…) Esta es una usurpación en la cúpula del PRI (…) Nuestro partido se va a morir (…) a mí no me cabe duda, que si no se recompone y se reconduce el rumbo, el PRI difícilmente va a lograr llegar al 2027 con arriba del 5% de la votación y en 2030, un año después de haber cumplido el centenario, estará luchando por el mínimo para conservar el registro. El espejo del PRD es muy claro, en ese nos deberíamos de mirar”.
Baste aquí citar únicamente a Sauri Riancho como una de las tantas voces que al interior del PRI exigen la no reelección de Alejandro Moreno quien, poco a poco, se ha apoderado del partido y sus estructuras para hacer de este instituto político el instrumento de sus ambiciones personales sin importar la histórica trayectoria del partido, ideario, representación política, futuro o legado. Si lo visualizado por Sauri Riancho se cumple, no mucho después de 2030 será posible despedir al PRI y reservarle un lugar en el panteón de los recuerdos.
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