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Mirada desencantada | Kamala Harris vs. Donald Trump: ¿quién mueve más emociones? (por Ivonne Acuña)

Fotos: Captura de redes sociales

Afirma el experto en comunicación política Rafael Yanes que todo político en funciones de gobierno es o podría ser un líder de opinión, para lo cual, se sostiene aquí, debería entrenarse en las lides de la comunicación. Las elecciones presidenciales en Estados Unidos nos ofrecen la oportunidad de observar de primera mano como dos líderes de opinión se enfrentan con la intención de ganar los comicios en curso: Kamala Harris, actualmente vicepresidenta del país y el expresidente Donald Trump.

Afirma también el estudioso que, de manera preponderante, los mensajes de quienes se dedican a la política apuntan a la persuasión, la cual se distingue por la formación de discursos que apelan a las emociones y no a la razón. Esto es, se trata de hacer “sentir” a quien escucha sin ofrecerle datos que le permitan reflexionar racionalmente sobre lo más conveniente para él. Por supuesto, aclara Yanes, también un candidato o candidata a un puesto de elección popular ofrece datos duros (programas de gobierno, presupuestos, estadísticas), pero definitivamente no es su mejor arma para hacer que se vote por ellos y se les siga apoyando cuando ya son gobierno.

Partiendo de esta aseveración es posible observar como Kamala Harris y Donald Trump buscan ganar la presidencia de su país apelando a las emociones de sus votantes, quien logre hacerlo de manera más efectiva ganará.

Sobre el estilo de Trump he escrito en ocasiones anteriores, sosteniendo que apela a las peores emociones: “Trump le habló al ciudadano promedio en palabras que podía entender, le hizo aflorar sentimientos que ya estaban ahí: el enojo, la frustración, el desencanto, la rabia, la nostalgia por un pasado mejor. Llenó la falta de futuro con la vuelta al pasado al ofrecer “Make America great again”, al prometer devolver a Estados Unidos los empleos perdidos, la gloria pasada, el éxito extraviado (…) Trump, el fenómeno mediático, el empresario exitoso que no paga impuestos mientras que la gran mayoría sí lo hace, el hombre misógino y cínico, el racista, el antimexicano, el antimusulmán, el constructor de muros, se edificó a sí mismo como la promesa por venir, dando la espalda a un modelo económico que hace agua por todos lados. (“El triunfo de Trump, gran paradoja de la democracia”, Prensa Ibero, 9 de noviembre 2016). 

Con su discurso estridente, con sus ideas sencillas, con su contundencia, con su desprecio hacia la política, Trump logró atrapar la atención de millones de estadunidenses que vieron en él la oportunidad de dejar salir sus peores emociones y sentimientos: el racismo, el supremacismo, la misoginia, el odio a los migrantes y en general a las minorías. Les permitió ser como él sin tener que ocultarse, avergonzarse, disculparse.

Y de nuevo, en la presente elección Trump vuelve a la carga apelando a las emociones más básicas. Saca todo su repertorio de odios, amenazas, muros, expulsión masiva de migrantes, mentiras e imprecisiones. Como sostengo en otra colaboración,  “Trump se concentra en las partes reptiliana y límbica del cerebro de sus votantes dejando de lado la parte racional. No pretende que su audiencia razone sino que sienta (…) Un buen ejemplo lo ofrece su discurso dado durante la Convención Republicana, del 15 de julio, en la que se convirtió en candidato oficial del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos. En este evento, realizado dos días después del supuesto atentado, del 13 de julio, en que fue herido en la ojera derecha, Trump no tuvo dificultad para presentarse como el arquetipo del ‘sobreviviente’, del ‘super hombre’, del ‘héroe’ capaz de vencerlo todo, más aún, del ‘protegido’ señalado por Dios para gobernar de nuevo. Pero, como se dice, para ‘bailar se necesitan dos’, la gente ahí reunida no tuvo empacho en levantar el puño derecho y corear “¡Fight!, ¡Fight! , ¡Fight!” (¡Pelea!, ¡Pelea!, ¡Pelea!), como hizo él después de ser herido.” (Mirada desencantada: Donald Trump apela a las emociones más básicas”, Julio Astillero, 22 de julio 2024).

Aprovechó muy bien Trump el supuesto atentado para mover las emociones de sus seguidores en una fiesta frenética de sentimientos, viejos y nuevos. Como lo hiciera también cuando persuadió a sus votantes, al intentar reelegirse, de que él había ganado la elección y no Joe Biden y provocó que tomaran por asalto el Capitolio el 6 de enero de 2021. Un ejemplo más de emociones y no reflexión lo ofrece la mujer, retratada por noticias del momento previo a la calificación de la elección, rezando hincada en la calle para que ganara Trump.

Pero Trump, no es el único que sabe mover emociones, Harris también puede y la muestra de ello lo da su discurso de aceptación en la Convención Nacional Demócrata que tuvo lugar el jueves 22 de agosto en la que, igual que su contrincante, prometió “un nuevo camino a seguir”.

Comenzó contándole a sus seguidores, quién es ella, de dónde viene y cuáles han sido sus sueños y esperanzas. Habló de su padre, pero sobre todo de su madre, una científica india que se empeñó en sacar a sus dos hijas adelante y cuyos sueños de una vida mejor en Estados Unidos alimentaron su carrera jurídica y política. Su madre, dijo, le enseñó a “no hacer nunca nada a medias”. Si esto no mueve emociones y provoca empatías y simpatías difícilmente algo más lo hará.

Una vez que Kamala “ablandó”, se podría decir, a sus oyentes, arremetió contra su oponente al advertir que el expresidente Donald Trump es un hombre “peligroso” y “poco serio”, cuya elección alteraría los cimientos de la democracia estadounidense, pues el magnate no atentaría solamente en contra de los de afuera sino en contra de las minorías de su propio país. Es el caso de las mujeres cuya salud reproductiva se ha visto afectada y los migrantes cuya seguridad en el país sería vulnerada. Sobre las mujeres y las leyes antiaborto afirmó: “Sencillamente, están locos (…) Estaría orgullosa de firmar una ley que protegiera el derecho al aborto.”

Una vez advertido el peligro que Trump representa, Kamala se aseguró de diferenciarse de su rival afirmando que: “Con estas elecciones, nuestra nación tiene una oportunidad preciosa y fugaz de dejar atrás la amargura, el cinismo y las batallas divisorias del pasado (…) Una oportunidad de trazar un nuevo camino hacia delante. No como miembros de un partido o facción, sino como estadounidenses”.  Con estas líneas, Harris golpeó el corazón del discurso trumpista que tiene en la confrontación una de sus principales fortalezas marcando la disyuntiva: seguir por el camino de la división interna o caminar hacia la construcción de la unidad patriota.

No perdió oportunidad para hablarle a los afroestadunidenses, a las clases medias, a los trabajadores, a las mujeres, a los migrantes ofreciendo políticas que harían asequible el ejercicio de sus derechos, entre otros avances. Se ocupó también de hablar de política exterior, de la defensa de las alianzas tradicionales, de la guerra de Ucrania y la crisis en Gaza prometiendo “poner fin a esta guerra de modo que Israel esté seguro, los rehenes sean liberados, el sufrimiento en Gaza termine y el pueblo palestino pueda hacer realidad su derecho a la dignidad, la seguridad, la libertad y la autodeterminación.”.

Asimismo, se dijo en contra de “los caprichos y los mimos a autócratas extranjeros de Trump” enfatizando que: “No adularé a tiranos y terroristas, como Kim Jong-un, quien apoya a Trump”.

No quedaron fuera de la convención los temas con los que se identifica al Partido Demócrata: el cambio climático, la justicia racial y la prevención de la violencia armada, ni los aciertos del presidente Biden y de ella como vicepresidenta.

Por supuesto, entre promesa y promesa se encargó Harris de enfatizar los que considera los excesos y errores de Trump, como su intento de anular las elecciones de 2020 y su aliento a la turba, como ya se dijo, augurando que los delitos cometidos por Trump durante su presidencia no podían presagiar más que, de haber un segundo mandato, Trump “sería mucho peor” que en su primera administración.

Cerró Harris diciendo: “Seré una presidenta que nos una en torno a nuestras más altas aspiraciones (…) Una presidenta que lidere y escuche. Realista, práctica y con sentido común, y que siempre lucha por el pueblo estadounidense.”

Se puede sostener la hipótesis en torno a que Harris lleva ventaja sobre Trump dada su imagen, su entusiasmo, su sonrisa permanente, su carisma, su energía y no es que Trump no tenga algunas de estas cualidades; sin embargo, él las enfoca de manera negativa, es agresivo, confrontativo, burlón, retador, grosero y ofensivo; mientras que ella se muestra como una persona positiva, constructiva, conciliadora, pero fuerte.

Harris y su equipo buscan enfatizar lo que podrían verse como “defectos” en Trump para enfatizar las “virtudes” de Harris, entre ellas la edad. Kamala tiene 59 años y Trump 78, me pregunto cuánto se tardarán en preguntarle a las y los votantes si quieren arriesgarse a que durante su administración Trump comience a dar señales de demencia senil como Biden, quien tuvo que abandonar sus aspiraciones reeleccionistas y ceder su lugar a su vicepresidenta.

Después de estas reflexiones, la pregunta que queda en el aire es quién logrará mover a mayor número de votantes cuyas emociones les llevarán a emitir un sufragio a su favor: ¿Kamala Harris o Donald Trump?

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales. X: @ivonneam

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