Por: Ivonne Acuña Murillo
Era un día como cualquier otro, María se levantó a las seis para preparar el desayuno de Juan, su marido, y Lupita y Juanito, la hija y el hijo que ambos habían procreado. Como otras tantas veces tuvo que cubrir los moretones de su cuerpo con pantalones y blusa de manga larga, y los de la cara con maquillaje, no quería tener que explicar, como en otras ocasiones, que se había caído de la escalera, que se había golpeado al abrir la puerta del closet, que había tropezado sin querer con un juguete de sus hijos, etc. Debía verse bien pues por la tarde iría a la misa de las seis como todos los jueves, a pesar de que ese día se sentía más adolorida que otras veces, pues Juan llegó más enojado que de costumbre.
Cuando era niña su padre golpeaba a su madre con frecuencia, las razones: no le gustaba la comida que ella preparaba; la camisa que él quería no estaba limpia y planchada, sin importar que se la hubiera puesto el día anterior, incluso ese mismo día; no había cervezas o refrescos fríos; los niños necesitaban cosas y él no tenía dinero ese día; lo habían maltratado en el trabajo y había tenido que aguantarse pues no podría darse el lujo de renunciar teniendo una familia que mantener, incluida una esposa inútil y buena para nada; ese día no estaba de humor porque el camión se tardó en llegar y cuando lo hizo venía “hasta el gorro”; su madre se tardó diez minutos más en el mercado; la sopa estaba demasiado caliente, tibia o fría, salada o desabrida…, en fin la lista parecía interminable. El motivo no importaba, siempre encontraba uno para agredir a su madre. Al principio María sentía compasión por su madre, con el paso del tiempo esa compasión se convirtió en desprecio, para finalmente, terminar en indiferencia.
Cuando era jovencita y comenzaba a fijarse en los muchachos imaginaba ser una princesa esperando ser rescatada por un príncipe azul. No existían castillos ni dragones, pero estaba su papá que poco a poco había comenzado a volcar parte de su ira en ella y su hermano, quien se fugó de su casa a los 16 años, para no volver nunca. Lo último que María supo de él es que vivía con una mujer a la que golpeaba de tiempo en tiempo.
Al año siguiente María, después de cumplir 15 años, conoció a un jovencito, dos años mayor que ella de quien se enamoró, o al menos eso creía ella. Al principio todo fue romance, salidas a pasear, de vez en cuando al cine a ver la última película de amor, a platicar con amigas y amigos. Poco a poco, él fue llenando su tiempo, su espacio, comenzó a celarla, a controlar su forma de hablar, de vestir, a sus amistades, el tiempo para cada cosa, pero ella cría que eso “si era amor” que él la quería tanto que no soportaba que otros la miraran, le hablaran, se le acercaran. Una noche, su padre no conforme con golpear a su madre arremetió contra ella, por suerte logró salir corriendo de casa, llamó a su novio y le pidió que la viera en un parque cercano, él llegó pronto y la convenció de pasar la noche con él mientras las cosas se calmaban en su casa. La llevó a un hotel donde finalmente la convenció de tener relaciones sexuales.
Después de ese día la vida de María no volvió a ser la misma, a los dos meses se dio cuenta que estaba embarazada, trató de ocultárselo a sus padres pero fue inútil, cuando su padre lo supo la golpeó e insultó sin preocuparse por su estado, su madre aterrada en un rincón sólo observaba, rogando a Dios que su marido descargara toda su ira en contra de su hija y no siguiera luego con ella. Por supuesto, sus ruegos no fueron escuchados, una vez que María estaba en el suelo adolorida y sangrando por la nariz, Juan se volvió contra ella, mientras la golpeaba la acusaba de no haber sabido educar a su hija, de haber hecho de ella una malagradecida, una cualquiera, una puta.
Días después, finalmente su padre logró que María le dijera el nombre del muchacho que la había “mancillado”, después de golpearlo los obligó a casarse. Desde entonces María y Juan comenzaron a vivir juntos, el amor de los primeros meses se transformó en obligaciones, hastío, rencor. Juan la culpaba de haberse embarazado, de haberle quitado su libertad, de asfixiarlo, de ser una carga, incluso, a pesar de que sabía que él fue el primero con quien ella tuvo relaciones sexuales, la acusó de estar embarazada de otro.
Al año comenzó a pegarle, al igual que a su padre no le faltaban pretextos. Durante 5 años María soportó insultos, humillaciones, hambre, golpes, incluso violaciones por parte de Juan quien consideraba que ella no podía negarse a satisfacerlo sexualmente pues para eso estaba. María pensó que si a su madre, a ella, y a muchas otras mujeres que ella conocía les había pasado lo mismo sólo podía ser porque “Dios, así lo quiso”. Dios determinó que las mujeres fueran inferiores a los hombres y que éstos a su vez tuvieran el derecho de subordinarlas, encerrarlas, atarlas, golpearlas, violarlas, incluso matarlas. No podía ser de otra manera, todo a su alrededor confirmaba esa idea.
Con frecuencia se enteraba de mujeres que sufrían resignadamente lo mismo que ella. Todos en su calle sabían que su marido la golpeaba y nadie hacía algo para detenerlo, por el contrario se comportaban como si nada pasara, saludaban a su esposo con deferencia como si se tratará de un gran hombre, un gran padre, un gran esposo. Su madre, por supuesto no podía ayudarla, no podría ni siquiera darle un buen consejo, la primera vez que Juan le pegó fue a refugiarse con su madre quien le dijo, aguanta hija esa es tu cruz y no es que él no te quiera es sólo que los hombres no pueden contener el impulso de usar la fuerza en contra de las mujeres, “está en su naturaleza”, pero eso no quiere decir que no te quiera o que sea malo, ya ves tu papá, a veces también me trae regalos, me pide perdón, se arrepiente, pero no puede evitarlo, también será que es mi culpa por provocarlo, por ser tan torpe, tan fea, de cualquier manera nada puedes hacer pues Dios así lo quiere. Por su parte, cuando su padre se enteró que Juan le pegaba, lo primero que hizo fue preguntarle ¿qué le había hecho?, para luego rematar con un ¡que bueno que te pegue para que te eduques y no andes por ahí de cuzca! Seguro saliste a tu madre, igual de tonta y loca.
Con ese contexto de fondo, María permitió que Juan cometiera todo tipo de abusos contra ella, incluso estuvo a punto de hacerla tener relaciones sexuales con sus amigos, se arrepintió porque uno de ellos no quiso y le dijo que era un infeliz. Y no fue el llanto de María ni sus súplicas lo que lo hicieron cambiar de idea, sino la voz de otro hombre reprobando su acción. Pero, finalmente, sólo era cuestión de tiempo, Juan volvería a intentarlo y esta vez podría salirse con la suya.
Hacía tiempo que María no se conformaba con la explicación de que “Dios así lo quiere”, no se sentía convencida de que las cosas tuvieran que ser así; sin embargo, como buena cristiana, no se atrevía a cuestionar los designios divinos. Pero ese día todo iba a cambiar, al caer la noche, María esperó a Juan atrás de la puerta, al entrar éste y sin previo aviso le propinó una serie de golpes con el palo con el que atrancaban la puerta. Él, sorprendido por la repentina agresión de María, quien no sólo no le había levantado la mano jamás sino que ni siquiera era capaz de escapar al castigo que él le propinaba, volteó azorado a preguntarle por qué lo golpeaba. María lo miró y con total decisión le dijo que los golpes que le había dado la noche anterior eran los últimos, que jamás volvería a permitir que la golpeara ni abusara de ella de ninguna forma, que había estado en la Iglesia y durante el sermón el padre había dicho que ¡Dios no manda que los hombres le peguen a las mujeres!
Mirada desencantada
Después de leer esta historia verídica y que yo sólo dramatice, pero no inventé, ¿qué piensas? ¿eres una de las tantas Marías que andan por el mundo dejándose abusar porque creen que Dios así lo quiere? O ¿eres una María como la de esta historia que se cuestiona y duda que las cosas deban ser así, que no se siente cómoda con su relación de pareja y cree merecer una vida mejor? Si esa eres tú, lucha por cambiar, busca ayuda, no enfrentes sola una situación de violencia. Pero sobre todo, recuerda que si tú no cambias, no rompes el patrón, tu pareja no sentirá la necesidad de cambiar, ¿para qué si le tocó lo que considera la mejor parte?
Alberto “N” es trasladado al penal de La Pila y The Crash lo retira de su cartelera (nota de Carlos Ventura en OEM-Informex)
“El Patrón” estuvo recluido en las celdas de la Policía de Investigación, pero al cumplirse las 48 horas de su detención, ya fue trasladado y la FGESLP solicitará la vinculación a proceso Carlos Ventura | OEM-Informex El gladiador potosino Alberto “N” dejó las celdas de la Policía de Investigación para ser trasladado al penal de…
Así fueron los últimos momentos de Leyla Monserrat, antes de ser asesinada por sus amigas (nota de Abigail Saucedo en Quinto Poder)
El caso de Leyla Monserrat revela cómo fue engañada y asesinada por sus amigas; el crimen grabado desató indignación y debate sobre justicia. Abigail Saucedo Castro | Quinto Poder El feminicidio de Leyla Monserrat, una adolescente de 15 años en Sonora, sigue generando conmoción en todo México, especialmente tras revelarse detalles sobre sus últimos momentos con vida. La…
Así fue el brutal ataque de Israel a Líbano: más de 250 muertos y caos en las calles (nota de Miguel Vázquez en Quinto Poder)
Israel lanzó una ofensiva masiva contra Líbano con bombardeos simultáneos que dejaron más de 250 muertos y miles de heridos. Miguel Vázquez | Quinto Poder La aparente calma que trajo la tregua entre Estados Unidos e Irán duró apenas horas. Israel lanzó una ofensiva aérea sin precedentes sobre Líbano en lo que ya es considerado el ataque más intenso de esta nueva fase del conflicto. De acuerdo con reportes internacionales,…






