Mirada desencantada: “Decálogo para la hija viva que pretende seguir viva”. Autora: Ivonne Acuña Murillo

woman in black leggings while walking on brown road
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Por: Ivonne Acuña Murillo

Pensarás que soy una madre castrante, que te cuido demasiado, que exagero, que no te dejo crecer, que te asfixio. Cierto y no tienes idea de cómo duele. Duele no verte ir sola por la vida con toda la seguridad de que eres capaz; duele comparar tu vida con la mía y concluir que yo fui mucho más libre e independiente de lo que tú eres ahora y no por ti sino porque el mundo se ha vuelto un lugar inhóspito; duele no dejarte extender las alas tan amplio como puedas y tener que cuidarte como si no pudieras hacerlo sola.

Duele y retumban en mi mente las preguntas: ¿cuándo será tiempo de hacerme a un lado y dejarte ir y volver a donde quieras, con quien desees y a la hora que te dé la gana? ¿cuándo será el momento de decirte “no tienes que pedir permiso ni avisarme a dónde o quién sales”? ¿cuándo podré estar tranquila sabiendo que, estés donde estés, te encontrarás bien?

Desde que naciste, la conciencia y el conocimiento de cómo se fue deteriorando la seguridad en este país, en especial en relación con las niñas, adolescentes y mujeres jóvenes, me pusieron en alerta, me quitaron la calma y la certidumbre de un futuro seguro.

Especialmente desde 1993 cuando en Ciudad Juárez comenzaron a aparecer en el desierto restos, huesos, partes de cuerpos de mujeres jóvenes, algunas menores de edad, que en vida habían sido terriblemente violentadas sexualmente para luego ser asesinadas y “tiradas” en el desierto o en algún campo algodonero como se avienta un deshecho, algo que ya no sirve. (“‘Campo Algodonero’: Caso González y otras vs. México” https://www.cndh.org.mx/noticia/campo-algodonero-caso-gonzalez-y-otras-vs-mexico), tan solo por ser mujeres (Ivonne Acuña Murillo, “Por ser mujeres”, Periódico Humanidades de la UNAM, números 268, 269 y 279, 2004 https://www.academia.edu/796408/Por_ser_mujeres)

Así lo consignó en su libro Huesos en el desierto (México, Anagrama, 2002) el periodista ya fallecido a quien tuve la suerte de tener como profesor, Sergio Gutiérrez Rodríguez, quien a partir de su investigación encontró un patrón en todos estos crímenes, al tiempo que ofreció datos y pistas sobre posibles hombres de las élites política y económica involucrados en lo que parecía ser una horrible práctica (violación, mutilación, asesinato) llevada a cabo en una especie de ritual ejecutado para el entretenimiento de una hermandad masculina.

Igualmente, como recogió otro gran periodista, cuya amistad me precio de tener, Víctor Ronquillo, en su trabajo Las muertas de Juárez (México, Planeta, 1999), texto del que años atrás extraje la cita: “La sudadera era de color rosa, un deslavado rosa que resaltaba sobre la tierra, que la cubría casi por completo. La prenda era el vestigio de un crimen. A más de 20 metros de donde fue encontrada aparecieron los restos de la columna vertebral, un rosario de huesos desarticulados. El cráneo estaba a flor de tierra, tras unos huizaches. Una dosis más de horror: el detalle de un diente de platino con una letra R grabada.”

Nunca olvidaré aquel día en que, como parte de un evento que organicé y del que fui maestra de ceremonias en relación con esas mismas “Muertas de Juárez” (llamadas así para no asumir la responsabilidad de su espantoso destino), se llevó a cabo la escenificación (por la mañana y por la tarde) de una hija asesinada que desde el desierto llamaba a la madre que la buscaba desesperadamente y que en la soledad de la muerte recordaba sus años infantiles, sus juegos, sus sueños, sus proyectos de vida, y yo no podía dejar de llorar al ponerme en los zapatos de aquella madre huérfana (por decirlo de algún modo) de hija. Lo anterior, por supuesto, dificultó mi función como presentadora.

Los años han pasado y esa terrible realidad no solo no ha cambiado, sino que, para horror de todas y todos se ha multiplicado. Ya no son únicamente Ciudad Juárez y las mujeres que trabajan en la maquila, el norte del país o las colonias donde habitan mujeres de escasos recursos, sino todo México. Son el sur, el norte, el centro, el este y el oeste; las pobres y las de clase media y media alta; las morenas y las blancas; las niñas, las jóvenes y las adultas; las casadas y las solteras; con pareja o sin ella; las madres y las sin hijas o hijos; las que trabajan y las que no; las altas, las medianas y las chaparritas; las gruesas y las delgadas… El único requisito: “ser mujer”.

Y como mujer debes tener siempre presente las siguientes Certezas y el Decálogo que las precede.

Certezas

Las mujeres estamos en estado de pie de lucha permanente en contra de los diversos tipos de violencia que se ejercen en nuestra contra pues:

No hay gobierno, poder o autoridad en el país o fuera de este que pueda garantizar a todas las mujeres que volverán a casa en las mismas condiciones en que salieron.

No hay gobierno, poder o autoridad en el país o fuera de este que pueda garantizar a todas las mujeres que volverán a casa una vez que han salido.

No hay gobierno, poder o autoridad en el país o fuera de este que pueda garantizar a todas las mujeres que estarán seguras aún en su propia casa.

No hay gobierno, poder o autoridad en el país o fuera de este que pueda garantizar a todas las mujeres su integridad física y patrimonial.

No hay gobierno, poder o autoridad en el país o fuera de este que pueda garantizar a todas las mujeres una vida libre de violencia.

Decálogo

Uno, recuerda siempre que tú eres la primera responsable de tu seguridad y que debes observar todas aquellas conductas encaminadas a protegerte y a evitar situaciones de riesgo.

Dos, ten presente que son pocas las personas en quienes puedes confiar y debes aprender a “leerlas” para no poner en las manos equivocadas tu seguridad emocional, física o sexual, en caso de ser necesario.

Tres, confía en tu intuición y la de quien te ama (como tu madre, padre, familia, amigas, amigos) para detectar aquellas situaciones en que tu integridad pueda estar en peligro.

Cuatro, está siempre pendiente, sin llegar a la obsesión, de toda aquella información que puede prevenirte sobre lugares, personas, horarios, situaciones, fenómenos en los que el riesgo de una agresión es alto.

Cinco, si buscas trabajo, un servicio o producto nunca acudas a lugares (como cafeterías, tiendas, parques, calles), que no tengan nada que ver con el asunto de que se trata.

Seis, si sales tarde de trabajar, estudiar, divertirte procura siempre no hacerlo sola. Si no hay manera de ir acompañada mira siempre sobre tu hombro que nadie te siga, procura ir pegada a la acera y por lugares iluminados, camina de prisa y atenta a toda persona o vehículo que pueda acercarse demasiado a ti.

Siete, no camines de manera descuidada mirando tu celular o enviando algún mensaje, en lugar de estar atenta a tu entorno y a todo aquello fuera de lugar que puede darte un indicio de que algo no anda bien o que indique que algo malo puede pasarte.

Ocho, no pierdas de vista las bebidas o comida que consumes en establecimientos comerciales, especialmente en aquellos en que se sirven bebidas alcohólicas o se ofrecen drogas, pues es probable que incluso la o las personas con que te encuentras podrían adulterarlas buscando un efecto que les permita abusar de ti de alguna manera.

Nueve, no ofrezcas en redes sociales o de manera presencial-verbal datos (horarios, rutas, direcciones) de los lugares que acostumbras a frecuentar o de las personas con quienes lo haces.

Diez, no asumas riesgos innecesarios para demostrarte o dejarle saber a alguien más que eres muy valiente y no temes a nada ni a nadie y completa este catálogo con todas aquellas estrategias relacionadas con tu vida y actividades cotidianas para evitar todos aquellos riesgos que te pongan en peligro.

Para lectoras(es) en general:

No se infiera, a partir de este decálogo, que se “está echando” a las mujeres la culpa de lo que les pasa, por el contrario, se reconoce y denuncia la incapacidad del Estado, gobierno y de toda autoridad para brindarles seguridad, por lo que son las mujeres quienes deben organizarse, de manera individual y colectiva, para hacer lo que estas instituciones, al parecer, no pueden: ¡protegerlas!

No se asuma tampoco que las mujeres son débiles por naturaleza y en función de eso requieren ser protegidas. Desde la cultura patriarcal misógina y machista vigente se las ha vuelto vulnerables en la medida que se permite, justifica e incluso premia el ejercicio de múltiples violencias en su contra.

Antes de concluir, debo decirle a mi hija y a todas las hijas vivas que pretenden seguir vivas que, como Sarah Connor, perdonarán la referencia cinéfila, deben hacer todo lo necesario para preservar su vida e integridad física y sexual.

Mirada desencanta

El “hubiera” no existe y nadie puede afirmar, con certeza y verdad que, si Debanhi Escobar Bazaldúa hubiera escuchado los ruegos de su madre y la advertencia de su padre, previo a su salida la noche en que desapareció, hoy estaría viva. Sin embargo, puede sostenerse que la probabilidad hubiera aumentado, pues ellos estaban ciertos del contexto de inseguridad prevaleciente en Nuevo León, entidad en la cual han aumentado de manera preocupante los casos de mujeres desaparecidas y asesinadas.

Pero, como el “hubiera” no existe, solo queda el eco de las palabras que su padre, Carlos Escobar, y su madre, Dolores Bazaldúa, pronunciaron la última vez que la vieron con vida, de acuerdo con lo dicho por el primero, en entrevista con Lety Benavides, en INFO7, de Azteca Noticias: “No te vayas mijita, no salgas (dijo su madre). Le enseño yo (el padre) la foto del que estaba circulando de las 16 desaparecidas o 15 o 14 no sé. ‘Mira mijita no salgas hombre, para qué te vas, aquí quédate con nosotros’. Dieciocho años, se quieren comer el mundo […] y ellos fue peor porque tuvieron dos años de pandemia, la tuvimos dos años encerrada, detonó […] y no la vimos regresar, nunca más, yo todavía espero que entre por esa puerta, por la puerta de mi casa, yo todavía espero verla llegar, mi esposa también pero yo sé que no va a llegar. Afortunadamente, gracias a las redes sociales, a la presión social ya tenemos un lugar donde llorarle a mi hija”.  (https://www.youtube.com/watch?v=hudBuvbUz_E)

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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