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Mirada desencantada | De cómo un chicle llegó a la política. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Captura de pantalla

Por: Ivonne Acuña Murillo

Cuenta la gente que cierta política tuvo a bien pegar su chicle. No en el sentido que imaginas; es decir, no ligó, no le echaron los perros ni se los echó a nadie, no buscaron seducirla ni sedujo a alguien, no le coquetearon ni a su vez se mostró coqueta, nadie se le insinuó ni ella se insinuó a alguien más, no tuvo un affaire ni se aventuró con nadie. En el sentido literal de la frase, esa cierta política pegó su chicle bajo una silla del Instituto Nacional Electoral (INE) cuando acudió a registrarse oficialmente como candidata de la coalición “Fuerza y Corazón por México”. Para mayores datos, la susodicha que pegó su goma de mascar tiene nombre náhuatl y este hace referencia a una flor.

Pero, esta no es la historia de la “pega chicles”, como le dicen ahora, sino de aquella especie de goma convertida en bola una vez que ha sido mascada y de cómo ha sido su vida en la política. Antes de ir al punto, vale contarte que no es la primera vez que la referida política tiene a bien sacarse el chicle y pegarlo en un lugar cercano donde supone nadie lo verá. Esto se sabe pues, en cuanto trascendió “la pegada” en la silla del INE, hubo gente que se dio a la tarea de buscar en videos e imágenes los momentos en que la dueña de la goma en cuestión tuvo a bien sacar de su boca tan pegajoso elemento.

Antes de ocuparnos de la goma de mascar que, sin proponérselo, entró a la vida política, cabe mencionar que, en cuanto su aventura se viralizó, su mascadora buscó rápidamente el medio a través del cual hacer aclaraciones y lo encontró en el espacio de Joaquín López Dóriga en el que afirmó, entre risas, que: “Primero quiero aclarar que no era chicle, pero digo desde la butaca de la secundaria no pego ninguno. Habría que revisar aquí abajo si hay alguno (entre carcajadas)”. De inmediato Joaquín terció: “Sí, no, no, no te metas sí porque como luego aquí no quiero decir quienes se sientan (entre risas y carcajadas de ambos personajes)”. Fue evidente como el comunicador buscó restarle importancia al hecho, tratando de dejar constancia de que “pegar el chicle” es una práctica habitual entre sus invitados.

Después de este intento justificatorio, mismo que puede verse desde el título del video “No era un chicle, era una pastilla para la garganta: Xóchitl Gálvez”, la candidata continuó con su aclaración: “No, pero por ejemplo era una pastilla que traía y no sabía qué hacer con ella y la puse en la orillita y luego antes de irme la fui a buscar […] Era una pastilla que me habían dado justo para que la garganta se hidrate pero no, no era chicle”. Obviamente se trataba de banalizar el hecho con el argumento de “quitarle lo solemne a la política”, pues sacarse el chicle y pegarlo en una silla, así como brincar al recibir la constancia de registro en el INE, como hiciera la dueña de la goma, son acciones entendibles en una campaña en la que pueden manifestarse ciertas reacciones y emociones pues al fin “somos seres humanos” ¿o no? concluyó López Dóriga. La mejor opinión, como se suele decir, la tienes tú.

Pero, como se escribió párrafos arriba, vayamos a la historia del chicle que llegó a la política. Su arribo ocurrió a raíz de un evento previo en el que un tal señor “X” y los líderes de los partidos políticos que forman la coalición Fuerza y Corazón por México”, Partido Acción Nacional (PAN), Partido Revolucionario Institucional (PRI), y Partido de la Revolución Democrática (PRD) pensaron “con suerte es chicle y pega” y decidieron postular como su candidata a la presidencia de la República a otra señora “X”, la del nombre de flor, a quien lanzaron como “el fenómeno”. Se puede deducir que la candidata y sus apoyadores se “pasaron el chicle”. No en sentido romántico sino a manera de conocer sus más íntimos secretos. Pero, aun así no pudieron imaginar que era mucho lo que no sabían de su elegida. Le hubieran preguntado a alguno de los chicles que ha tenido a bien olvidar en alguno de los lugares que visita.

Fue así como el chicle llegó, primero a la boca de la candidata, de ahí a la silla y de esta a la política. No se tiene noticia de cuánto tiempo estuvo en esa boca previo al hecho que lo catapultó y volvió sujeto de la opinión pública. Lo que sí podemos decir con certeza es que se supo de él cuando, una vez hubo terminado el evento mediante el cual se llevó a cabo el registro de su mascadora como candidata a la silla presidencial, comenzó a circular el video en que se observa cómo fue pegado bajo la silla en la cual ella se encontraba.

En favor de la señora “X” y como respuesta a quienes sostienen que mejor se lo hubiera tragado, puede recordarse lo que decían las abuelitas: “No te tragues el chicle porque se te va a pegar en la panza”. Yo creo que por eso la candidata prefirió pegarlo en la silla en lugar de pasárselo, lo cual hubiera sido más estético y menos llamativo y criticable. De hecho, nadie se hubiera enterado y hoy la flamante goma de mascar no sería noticia. Asimismo, se puede argumentar que mejor en la silla que saltando de la boca de la candidata en uno de los muchos momentos en que acostumbra a reír y reír, y reír pues, según un meme, sería vergonzoso dada la: “Pérdida completa de la dignidad cuando se te cae un chicle al reírte”.

Sin embargo, para el chicle fueron minutos de suma consternación y estrés al imaginar que su vida útil había terminado y que, como cualquier otra goma de mascar, había sido abandonado y condenado a la sequía y el frío al ser arrojado a la intemperie lejos de la humedad, protección y cobijo de una boca. Esas reflexiones hacía la sufriente bola, quien se creía fatalmente abandonado, cuando su dueña lo despegó de la silla y lo volvió a colocar en su boca, esta vez en forma de pastilla de menta, como ella misma afirmó, por aquello de las deconstrucciones, hoy tan de moda. Menos mal que no lo tiró al piso para luego levantarlo y volverlo a mascar o, peor aún, para deshacerse de él dejándolo a la deriva y enfrentándolo a la posibilidad de quedarse pegado por siempre en el piso o a ser levantado por la suela de un zapato, en cuyos dos casos su destino hubiera sido ser pisado una y otra vez.

Permítaseme una digresión. Cuando vi a la política pegar el chicle en la silla, recordé los años en que fui estudiante de secundaria y, con escasas excepciones, todas y todos éramos inmaduros y teníamos una enorme necesidad de ser reconocidos y aceptados. Años en los que, con seguridad, en más de una ocasión pegamos el chicle debajo del mesabanco. ¡Qué tiempos aquellos!

Regresando al tema, no se piense que los chicles no sufren, sudan o lloran (sí, sudan y lloran aún dentro de un ambiente acuoso), dudan, se sorprenden e inquietan, mostrando su capacidad para ser sujetos de las mismas emociones que las y los humanos. Lo hacen y nuestro personaje no es la excepción. En más de una ocasión se ha sentido inquieto ante aquello que sale de la boca de su huésped. Por ejemplo, le sorprendió mucho saber que ella tenía un hermano militar, general ni más ni menos, del que hasta ese momento poco se sabía. En este punto, pensó el chicle que no era descabellado esperar más revelaciones como esta y que en el futuro próximo la señora “X” hiciera público a un padre orgullosamente panista, perredista, por aquello del orgullo partidista y, a la vez, tuviera otros hermanos los cuales asumirían la identidad del grupo al que quisiera dirigirse y convencer de votar por ella.

En este punto, la goma de mascar alucinó imaginando lo que ocurrirá cuando se dirija a la comunidad LGBTTTI+, si es que algo como esto pasa dada su tendencia conservadora, y le aparezca un hermano por cada orientación sexual: lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti, intersexual y +.

También se sintió intranquilo cuando, en su primer evento de campaña en el minuto uno del primero de marzo, en la ciudad de Fresnillo Zacatecas, su huésped presentó su propuesta de gobierno basada en cinco puntos que hacen referencia sólo a una dimensión de la realidad nacional, a la cual no puede reducirse un plan de gobierno sexenal. No pudo el chicle dejar de comparar esta propuesta con los cien puntos presentados en el Zócalo de la Ciudad de México, la tarde del mismo día, por la candidata de la coalición a vencer, “Sigamos Haciendo Historia”.

La señora “X” propuso: 1. Sacar a los soldados y marinos de las tareas civiles y volverlos a su labor principal: defender a México del crimen organizado. 2. Volver a la Guardia Nacional realmente guardia y realmente nacional, aumentando su número de 150 a 300 mil elementos. 3. Fortalecer a los gobiernos estatales con recursos y la mejor tecnología para enfrentar a los criminales. 4. Apoyar a las policías municipales, devolviéndoles los fondos federales que les han quitado. 5. Cuidar a quien nos cuida, dando a los policías un salario digno así como todo aquello que supone la seguridad social. El chicle tembló cuando a estas propuestas sumó la de construir una prisión de muy alta seguridad y con tecnología de punta “para que los delincuentes tengan miedo de caer ahí y la piensen antes de cometer una atrocidad. Se les acabaron los privilegios a los delincuentes. Quien la haga, la va a pagar”. Lo anterior fue dicho con tal enjundia, que la goma tuvo que asirse como pudo de los dientes y la parte interna de las mejillas para no salir disparado y perderse, ahora sí, para siempre.

Pero no fue eso lo único que lo puso alerta, pues de inmediato pensó que la señora “X” se estaba “bukelizando”, pasando por alto entre otras cosas que México no es El Salvador, que no hay comparación entre un país y otro, comenzando por el número de pobladores, la extensión territorial, el número de bandas del narco y la delincuencia organizada en cada nación, el poder y organización de estas, etcétera, por lo que la solución implementada en el país centroamericano en relación con la inseguridad y la violencia no puede ser aplicada en un país tan grande y complejo como el nuestro.  

Sin embargo, encontró en su propuesta una ventaja en relación con los hermanos de la política y sus identidades. No pudo evitar pensar que ya tiene una hermana secuestradora a la que bien podría trasladar a su cárcel de máxima seguridad cuando esté terminada. Bueno…, en el remotísimo caso de que gane las elecciones del 2 de junio, no el 2 de julio como confundió la candidata de la Fuerza.

Un evento más que preocupó al nervioso chicle fue que la candidata que lo acoge decidiera firmar con sangre sus promesas. ¿Será que los litros que corren por sus venas le alcancen para todo aquello que ha prometido y piensa prometer?

Pero, lo que más le angustió ante la posibilidad de ser tragado fueron los cien puntos de la candidata rival, los cuales sí forman un plan de gobierno y que pueden resumirse bajo las siguientes categorías: República democrática, justa, honesta, libre, participativa y responsable; República fraterna; República educadora, humanista y científica; República lectora y cultural; República con vivienda; República de y para las mujeres; República con trabajo y salario justo; República rural, justa y soberana; República  soberana con energía sustentable;  República próspera y conectada; República protectora del medio ambiente y sus recursos naturales; República con derecho al agua; y República segura y con justicia. (El desglose de cada punto puede ser consultado en el periódico El Financiero, bajo el título “Claudia Sheinbaum presenta los 100 compromisos para su campaña presidencial”, publicado el 1 de marzo).

Por todos estos avatares y más ha tenido que pasar el famoso chicle, el cual nos lleva a reflexionar sobre todos los chicles que han estado en la boca de la señora “X” y en torno a cuántas cosas habrán visto, sabido y escuchado pegados bajo de alguna otra silla o mesa de los líderes de los tres partidos, del señor “X”, de los intelectuales, comunicadores, periodistas que han hablado con la candidata. Imagina que pudiéramos recuperarlos, de qué no nos enteraríamos. Habría que hacer una investigación exhaustiva por encontrarlos bajo sillas, mesas, sillones, puertas, asientos de coches, etcétera.

Lo anterior, me permite imaginar a la política siendo presidenta de la República y pegando su chicle (ya dijimos que de manera literal no romántica) en las sillas de la ONU, en el Vaticano, en las Cumbres de Cambio Climático, en el Foro Económico en Davos, Suiza y en muchos eventos internacionales más. Ahora sí que el nombre de México estaría en boca de todos. Deja correr por tu mente todos las primeras planas de periódicos nacionales y extranjeros donde una imagen muestre a la presidenta de tu país sacando un chicle de su boca y pegándolo en donde se pueda. Divertido, ¿no te parece?

Bueno, dada su reciente visita al Papa Francisco, bien podría iniciarse una búsqueda en las oficinas del Pontífice, ubicadas en la Catedral de San Pedro. Menos mal que no la recibió en su despacho privado, pues la intimidad del jerarca católico se hubiera visto vulnerada por una indiscreta goma de mascar.

Volviendo a la historia del chicle, no hay información suficiente para afirmar si se trata de un chicle bomba, en polvo, confitado, relleno, con o sin azúcar, o de caramelo suave. Tampoco se tiene idea de la marca: Happydent, Mentos, Orbit, Trident, Five, Bubbaloo, Boomer, Clix, Vidal, Adams o Motita. Menos se conoce la forma: rectangular, cuadrado, redondo, pequeño o del tipo rompe dientes. Igualmente, se ignora el sabor pero en este punto algunas hipótesis señalan que podría ser de fresa,  por el color rosado en las mejillas de la goma producido por el rubor que le provoca escuchar las “palabrotas” que dice su dueña, o de plátano, por aquello de que dice tener muchos, y disculparás el lenguaje, “güevos”.

Si se tratara de un chicle bomba, podría pensarse que opera como una cámara fotográfica que bien pudo haber grabado a la candidata recibiendo dinero, no se sabe si legal o ilegalmente, sobornando o dejándose sobornar por magnates inmobiliarios, planeando con su jefe de campaña la cantidad de lodo que ha de lanzar al presidente de su país y a su candidata a la presidencia. En fin, mucho se puede derivar de una goma de mascar, su marca, forma y sabor, por lo que es de comprenderse el deseo de que, en México, nunca se prohíban los chicles como en Singapur y nos dejen sin el pegajoso gusto de saber lo que habla quien le masca cuando está frente a los medios o en lo oscurito.

Las reflexiones anteriores llevan necesariamente a plantearse algunos interrogantes. Primero, ¿será que detrás de la candidata se encuentran empresas chicleras financiando su campaña? Segundo, ¿podrían estas empresas estar pensando contratarla para grabar comerciales que aumenten la venta y consumo de estos productos? Tercero, ¿puede un chicle fuera de la boca sumar millones de votos para que la aspirante a gobernar al país, que asume formado por personas que pegan su goma dondequiera, gane la elección presidencial?

No son estas preguntas lo único que puede derivarse de la odisea de la goma de mascar pegada y vuelta a mascar. Podría inferirse que existe gente que, cada vez que la señora “X” crítica al presidente de la República y a la candidata rival, piensa que se comporta como una “cuenta chicles”, parafraseando la expresión popular de “cuenta chiles”, la cual es aplicada a toda persona “avara o tacaña a la hora de dar algo a alguien en función de que lo ofrecido ya está contado”. En este caso, lo que la señora “X” ha regateado hasta el día de hoy es el reconocimiento a aquello que la administración federal ha hecho bien; por el contrario, se ha dedicado a resaltar lo que, para fines de campaña, asume está mal, o sea, ¡todo!

Esta falta de valor y generosidad para reconocer los aciertos del presidente de la República ha llegado al punto que mucha más gente le otorga a la candidata la calidad de un chicle al que “todos mascan, pero nadie traga”. ¡Qué triste! Habría que escribir la telenovela “Los chicles también lloran”, espero que en Televisa no me roben la idea.

Pero, no puede esta colaboración terminar sin dar voz al personaje central, pues se escuchó decir al chicle, con cierto dejo de orgullo, que su mascadora no era improvisada, que había hecho un diplomado en la universidad de Mascachuches (acepción española de la palabra inglesa Massachusetts).

Para finalizar, se puede sostener que seguirán los avatares del chicle que, sin pedirlo ni quererlo, fue llevado a la política. No se sabe cuánto tiempo más permanecerá en la boca de su dueña, pero ten por seguro que no lo descuidaremos así que no te pierdas el siguiente episodio de esta chicleaventura. Igual en una de esas lo pasan a otra boca en un acto de amor o venganza, nunca se sabe.

Mirada desencantada

Cuentan las malas lenguas que harto de las mentiras, exageraciones, medias verdades, guerras de lodo, vulgaridades, pegadas y despegadas de su dueña el chicle decidió darse a la fuga y saltar de la boca de su huésped haciendo caso omiso del riesgo que esto conlleva. Como suele ocurrir en estos casos, no se sabe si trata de una fake news o de una filtración de quien con seguridad busca dañar la reputación de la señora “X”, mejor conocida como la “pega chicles”.

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales. X: @ivonneam

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