Por Luis Brito

MEXICALI, México, 20 nov (Xinhua) — Les faltaban recorrer casi 150 kilómetros por el desierto para llegar a la ciudad de Tijuana, en la frontera de México con Estados Unidos, pero ya sentían que estaban sólo a unos pasos.

Después de recorrer todo México en caravana, el hondureño Josué y su novia caminaban apresurados por la orilla de la autopista 2D que atraviesa el desértico paisaje del norte mexicano y lleva a la ciudad fronteriza ubicada en el noroeste del país.

Habían dormido en Mexicali, Baja California, pero salieron temprano de esa ciudad para encarar el último tramo de su larga travesía alimentada por el deseo de pedir asilo en Estados Unidos.

“Diario caminamos 10 o 11 horas. Así hemos caminado desde Honduras, caminamos, nos estacionamos en un puesto, ahí descansamos”, relató, sin perder el paso, el hombre de 27 años quien era guardia de seguridad en Honduras.

Detrás de la pareja, a varios kilómetros de distancia, avanza otro reducido grupo de hondureños con mochila al hombro, aunque en su caso se detenía a ratos aguardando que algún camión se frenara para subirlos.

“Nuestra meta era llegar a Tijuana y sí lo vamos a lograr. Allí estaremos”, dijo confiado y sonriente uno de los integrantes del grupo, quien era cocinero en su país.

Todos ellos son parte de la caravana de centroamericanos que todavía están en camino a Tijuana, la ciudad a la que el inédito flujo masivo de personas se propuso llegar para pedir desde su paso fronterizo asilo a Estados Unidos.

Desde el pasado 11 de noviembre y hasta el lunes, casi 2.700 migrantes habían arribado a la ciudad y descansaban en un albergue habilitado en un centro deportivo frente a la cerca que separa a México de la ciudad de California.

Pero también el lunes, alrededor de 2.800 miembros más de la caravana se encontraban ya en Mexicali, la última escala rumbo a Tijuana, tras llegar a pie o en autobuses durante los últimos días, según informaron las autoridades locales.

La masiva caravana se mantuvo relativamente compacta desde que entró a México por su frontera sur con Guatemala, el pasado 19 de octubre, hasta que transitó por el oeste del país, cuando se fragmentó debido a que muchas personas comenzaron a avanzar más rápido en camiones.

Los centroamericanos, la mayoría hondureños y en menor número salvadoreños y guatemaltecos, se alojaron en Mexicali en refugios para migrantes mexicanos deportados de Estados Unidos, aunque varios dormían en banquetas porque el cupo se vio rebasado.

“Aquí estoy, sana. Aquí estoy con mi hijo, bien sano”, expresó Zaire, una hondureña de la localidad de Siguatepeque, tras responder que fue difícil el recorrido de más de 3.200 kilómetros por México.

En un patio del albergue para migrantes “Alfa y Omega”, la mujer de 35 años señaló que se unió junto con su hijo adolescente a la caravana desde que salió el 13 de octubre de Honduras porque vivía en pobreza y la comida cada vez costaba más.

“Ya casi ni siento los pies, como si estuviera volando”, describió la madre soltera, quien agregó que buscará entrar a Estados Unidos para emplearse en cualquier trabajo.

Sólo el albergue “Alfa y Omega”, en la céntrica avenida Juárez de la también fronteriza ciudad, alojaba el lunes a 650 integrantes de la caravana cuando normalmente recibe de 150 a 200 migrantes mexicanos deportados, según explicó a Xinhua su director, Roberto Ramírez.

Habitantes de Mexicali han donado agua y otros productos para apoyar en la atención de la caravana, a cuyos miembros, Ramírez observa cansados o fastidiados por el largo periplo que hicieron.

“Nos falta espacio. Estamos saturados, estamos llenos”, apuntó el encargado del albergue abierto hace más de seis años.

Aunque unos planeaban permanecer en Mexicali más días o buscar allí trabajo, otros migrantes de la retaguardia de la caravana se alistaban para reanudar desde hoy martes el trayecto rumbo a Tijuana, ya fuera caminando o pidiendo “aventón” a los autobuses.

Autoridades locales han reiterado en los dos últimos días su preocupación ante el número de personas que están y que van en camino a Tijuana por la atención que requieren, tras calificar la situación como “extraordinaria”.

Tanto el gobernador de Baja California, Francisco Vega, como el alcalde de Tijuana, Juan Manuel Gastélum, declararon, por separado, que plantearían al gobierno mexicano que los que aún no entran al estado sean enviados a ciudades en otras porciones de la frontera.

La espera para pedir asilo a Estados Unidos por su frontera con Tijuana tarda por lo menos de tres a cuatro semanas, lo que supone que los centroamericanos permanecerán un largo tiempo en la ciudad mexicana.

“¿Por qué a Tijuana?”, cuestionó el lunes el alcalde Gastélum en entrevista con la prensa local.

En el albergue, Tania, una salvadoreña que viaja con su esposo y sus dos pequeños hijos, expresó que siente felicidad de estar a “unos pasos” de la ciudad a la que se propusieron llegar, pero a la vez miedo de no saber si podrán entrar a Estados Unidos.

“(Siento) nervios, porque estamos a punto de llegar a donde queríamos llegar (…) Aparte de salir de la violencia queremos una mejor vida para los niños, sobre todo, que van creciendo”, dijo la madre de 24 años

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