Mary Juana saldrá del clóset. Monsanto y Coca Cola detrás del negocio de la mariguana legal. Autor: Iván Uranga

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Mariguana

La discusión seria sobre la legalización de la producción y consumo de cannabis que pusieron en la mesa la ex ministra de Justicia, senadora y próxima secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, al presentar su proyecto de Ley General para la Regulación y Control de Cannabis al Congreso de la Unión y el amparo otorgado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación a favor de Zara Snapp Hartman, María Teresa Cecilia Autrique Escobar y Fernando Ramos Casas para que puedan consumir cannabis y sus derivados de forma lúdica, asegura que será aprobado su consumo público a mediados de 2019 y abre un extenso abanico de temas que se deben considerar y que sin duda es necesario que los ciudadanos comencemos el debate sobre esto que es de suma importancia para todos.

El origen del consumo de cannabis data de hace por lo menos cinco mil años y en la actualidad existen alrededor de 2 mil 500 variedades, resultado de las mezclas de las subespecies s.sativa, s.índica, y s.rudealis, sin duda es una planta que ha acompañado a los seres humanos a lo largo de su historia y que merece, con mucho, el calificativo de “planta sagrada”. Existe evidencia de su consumo en muchas de las religiones antiguas, como el sintoísmo, el budismo y el sufismo, así como entre las tribus bantúes, pigmeas, zulúes y hotenotes de África. Varias religiones modernas como el rastafari, practican todavía el consumo ceremonial de cannabis psicoactivo, y muchas personas “alternativas” y “holísticas” la consumen hoy y la veneran como “planta de poder”; es un símbolo de fuerza, pureza o bienestar. Estas religiones, grupos e individuos cultivan desde siempre sus propias plantas para consumo personal y no tienden a comercializarla por su carácter ritual y sagrado, situación que hace de su uso, por su calidad de sacro, algo altamente respetable.

Pero el consumo lúdico de la mariguana es un severo problema de seguridad nacional, humana y de salud pública, son millones de personas en el mundo que la producen, comercializan y consumen, se calcula que sólo en México, existen 12 millones de consumidores y que cerca de 200 mil mexicanos están involucrados en su producción, cuidado y tráfico. La ciudadanía en general ha disminuido el miedo y daño que ocasiona su consumo, ya que durante los últimos cinco años bajó esta percepción de 62 por ciento a 26 por ciento según la última Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2017 realizada por la Comisión Nacional contra las Adicciones, en donde también se establece que los consumidores de cannabis vieron afectadas sus funciones sociales, laborales y académicas al no poder asistir a ellas en un alarmante promedio de 32 días hábiles al año, y que 28 por ciento de los consumidores presenta ya dependencia. Es decir, en México hay más de 4 millones de adictos a la mariguana, que si lo comparamos con los 30 millones de adictos que tiene Estados Unidos parecieran un problema menor, pero no es así. En lo personal, como docente, he tenido que experimentar con mis alumnos consumidores, para demostrarles cómo baja considerablemente su rendimiento académico antes y después de consumir cannabis, para establecer códigos dentro del espacio educativo que nos permitan el aprendizaje.

El principal problema es el narcotráfico y toda la subcultura que se da a su alrededor. El tráfico de la mariguana ha traído de la mano la corrupción total de las instituciones del Estado, trafican con otras substancias altamente peligrosas, armas, la trata de personas, el secuestro, tortura, esclavismo, desaparición, feminicidios y decenas de miles de asesinatos, como el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, donde todo indica que las autoridades civiles, policiacas y militares coludidas con las mafias de narcotraficantes, son los responsables de esta histórica tragedia que aún no termina.  El juicio de Joaquín El Chapo Guzmán en Estados Unidos nos muestra el tamaño de lo que enfrentamos, donde vemos que Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto y sus gobiernos, han sido acusados de complicidad con el narcotráfico durante este proceso.

La historia nos dice que la barbarie terminará cuando se legalice, como sucedió en la primera mitad del Siglo XX con la prohibición del alcohol en EU, que dio origen al mito y realidad de las mafias en América, y que ahora el consumo legal del alcohol deja en nuestro país, según la Organización Mundial de la Salud, 25 mil muertes al año. En esto de las adicciones tenemos que sumar también a las 4 mil personas que mueren al año por consumo de tabaco en México.

La problemática actual que viven los países como Holanda, en donde desde hace muchos años ya es legal el consumo de cannabis, también nos pone en alerta, porque recientemente acusan al gobierno de tener el control legal e ilegal y que son los responsables de la especulación e incluso comienzan a llamarle “narcogobierno” al gobierno holandés. Situación que dada la larga experiencia corruptiva del poder político y los gobiernos en México sería muy fácil que se diera incluso de inicio y a la par de la legalización.

Monsanto, Coca Cola, Wall Street y varias cerveceras están ya en el macronegocio oficial de la mariguana. La mariguana ya cotiza en la bolsa de valores de Norteamérica, The Coca Cola Company se encuentra investigando bebidas con este compuesto y la perversión de Monsanto, (ahora filial de la farmacéutica Bayer) lo ha llevado a controlar ya la producción y comercialización de cannabis en el mundo “legal”, obviamente transgénica, y uno de sus fines es modificar genéticamente la planta para que produzca efectos específicos que seguramente después controlarán con alguna aspirina de Bayer; hecho que desde mi punto de vista explica perfectamente la inclusión del incondicional de Monsanto, el agrónomo doctorado en genética Víctor Villalobos, como titular de la Secretaría de Agricultura del nuevo gobierno que comenzará el 1 de diciembre en México. El negocio de cannabis legal ha dejado sólo en Los Ángeles, California, durante el último año, 200 mil millones de dólares, es decir, el total del presupuesto anual de la federación en México.

Los mexicanos tendremos que considerar todas estas aristas, poniendo candados muy sólidos para evitar que el gobierno participe en la producción y comercialización de la cannabis, como sucede actualmente con el tabaco y el alcohol, en tanto que su consumo debe considerarse sin duda un problema de salud pública, no sólo por la narcodependencia, sino por la deficiencia que provoca en el desarrollo cognitivo, la pérdida de la memoria, los daños al feto durante el embarazo, y el daño al desarrollo físico y psicosocial de los niños. Para los ex consumidores el principal problema es que se vuelven emocionalmente permeables, generan una obsesión por su consumo, la pérdida total de la realidad concreta y la imposibilidad de ver o proyectar su vida. En sus palabras, “matan su futuro”.

Por lo que hace a su consumo público, debe ser considerado de riesgo e impedir por ley –por ejemplo– que conduzcan automóviles mientras tienen los efectos del ácido tetrahidrocannabinólico (THC) principal activo de la cannabis, porque provoca ceguera cognitiva, la reducción de la capacidad motora y sentimientos de paranoia o ansiedad que podrían devenir en accidentes que dañen a terceros, así como la prohibición de fumarla en espacios públicos por contaminación al “consumidor pasivo”. Aunque su consumo no se reduce a fumar, porque existen tantas formas de consumirla como las que la imaginación humana sea capaz de concebir. No se espanten si a finales del próximo año vemos ciudadanos remitidos a “El Torito” por no pasar el “mariguanómetro”.

Defendemos el derecho inalienable de cada persona a hacer y consumir lo que le venga en gana, pero afirmamos que la libertad sin responsabilidad no cabe dentro de ninguna sociedad. Que esta ley y la Constitución Moral  que pretende el nuevo gobierno, deben surgir de un amplio debate de toda la sociedad, en tanto que se trata de un nuevo acuerdo valorativo nacional, en el que todos debemos participar, porque esto es nada más y ni nada menos que los Principios de la Nación.

Hace algunos años se experimentó con un grupo de primates el consumo de drogas y se descubrió que mientras más alto están en la pirámide de roles en su sociedad es menor el consumo de éstas, a tal grado que el “alfa” de la manada aunque tenía acceso a las drogas igual que todos, no consumía ninguna. El que saquemos del clóset, de lo “oscurito”, toda la subcultura de la mariguana es urgente y necesario para una nación que debe reconocer de inicio este grave problema de seguridad, salud pública y humana. El consumo moderado y consciente de cualquier substancia que altere la percepción de nuestra realidad de forma lúdica, a veces es la única forma de respirar ante una sociedad cada vez más violenta. Pero quedarse ahí “en el viaje” sólo muestra nuestra incapacidad de transformar nuestro entorno en el hábitat en el que queremos vivir.

Esperamos que cuando se apruebe su producción se considere obligatorio que sea orgánica y no un agronegocio que dañe a la Madre Tierra con monocultivos transgénicos y que además dañe aún más a sus consumidores. Así como Al Capone vivió sus mejores días cuando el alcohol era ilegal, El Chapo y sus socios tendrán ahora que cambiar de giro comercial. A estas alturas, la Mary Juana Boogie de la extraordinaria película Zoot Suit (Fiebre Latina) es tan sólo un tierno recuerdo.

Iván Uranga

@CompaRevolucion

iuranga@cnpm.mx

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