Mientras la derecha avanza en América Latina, la izquierda en México se fortalece. Autor: Venus Rey Jr.

La derecha está ganando terreno en casi toda América Latina, pero no en México. En nuestro país, la izquierda está cada vez más fortalecida y no veo que esta situación se vaya a revertir, a diferencia de lo que está pasando en Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y República Dominicana. ¿Por qué?
El pasado viernes, durante mi participación en Radio Fórmula, hice ese comentario y recibí una buena cantidad de insultos. Tal vez si hubiera dicho que el movimiento a la derecha ya le toca a México y que en 2027 la derecha arrebatará el control del congreso a Morena, y que en 2030 el candidato de derecha a la presidencia vencerá, esa gente que me insultó habría estado muy contenta. Pero la verdad quizá sea otra. Uno de los televidentes me llamó imbécil y dijo que el movimiento a la derecha en América Latina echará a Morena del gobierno. Veo poco probable que en 2027 Morena pierda el control del congreso; y, a menos que algo extraordinario suceda, veo fuertes probabilidades para que en 2030 Morena gane por tercera vez consecutiva la presidencia.
Hay muchas razones que explican la impotencia del movimiento a la derecha en México. Voy a comentar solo cuatro.
Primera: Resultados
No le voy a decir que el país es una maravilla. Hay muchas áreas en las que el gobierno ha quedado a deber o de plano ha estado muy mal. A muchas personas les parecerá que el país se está cayendo a pedazos, que es un infierno, pero la gran mayoría de los mexicanos sigue respaldando al gobierno. Según datos del Inegi, la pobreza multidimensional bajó de 42% de la población a 29% entre 2018 y 2024. 13.4 millones de mexicanos salieron de esa pobreza. Por otro lado, la recuperación del salario mínimo ha sido muy exitosa, por más que algunas personas lo nieguen. La ampliación de las pensiones y transferencias ha llevado a millones de mexicanos a sentirse respaldados por el Estado. Hay estabilidad macroeconómica y el gobierno ha logrado aumentar la recaudación sin una reforma general de impuestos.
Milei pudo conquistar la presidencia en Argentina gracias al hartazgo que provocó la izquierda kirchnerista con devaluaciones bestiales, empobrecimiento generalizado y crisis eterna. En México no hay ese escenario. Un candidato como Milei muy difícilmente podría ser competitivo en nuestro país, mucho menos ganar.
Segunda: Programas sociales
Las transferencias de dinero que hace el gobierno a los beneficiarios de programas sociales ha hecho tangible la presencia del Estado en millones de hogares. A diferencia de lo que sucedía antes, el gobierno directamente transfiere el dinero, no lo hace a través de intermediarios o estructuras partidistas. Millones de mexicanos asocian al gobierno de Sheinbaum con beneficios concretos para la población. Por otro lado, diez millones de personas beneficiarias de programas sociales no votaron por Sheinbaum en 2024. Esto demuestra que ser beneficiario de un programa social no determina automáticamente el voto, lo cual desvirtúa el argumento de los programas sociales como instrumento o estructura electoral.
En general la derecha no ve por qué hay que apoyar a los menos favorecidos. “Que se pongan a trabajar”, dicen; “que no sean huevones”; o, de plano, “que se jodan”. Buena parte del espectro de la derecha es renuente a la redistribución. Otro televidente me dijo que me metiera la “redistribución” por una zona de mi cuerpo que no voy a mencionar. Muchos como él así piensan. Yo creo que están equivocados. Lo que debe hacer un Estado de bienestar es eso: con la riqueza que generamos todos los mexicanos recaudada en impuestos, debe efectuar la redistribución. ¿Por qué? Por solidaridad. Esa es la función del Estado: redistribuir. Lo hacen con gran éxito los países más ricos y prósperos de Europa y Asia. ¿Qué sentido tiene el Estado sin la redistribución? ¿Una máquina de desigualdad, como de hecho ha sucedido en nuestro país? ¿Una institución al servicio de los ricos y del capital?
Tercera: Narrativa
A usted y a muchos les podrá parecer chocante y hasta insoportable, pero la narrativa de un proyecto histórico ha funcionado al régimen. La derecha mexicana no tiene narrativa, con excepción de frases lapidarias y desesperadas. Tampoco tiene liderazgos. Quienes odian a Morena repiten y multiplican la idea de un narcogobierno cuando, desde mi óptica, la administración de Claudia Sheinbaum ha sido más exitosa en la lucha contra los grupos criminales que los cuatro gobiernos anteriores. Claro que hay funcionarios, sobre todo a nivel municipal, que están coludidos con el narco, no solo de Morena, sino de todos los partidos. ¿O a poco usted cree que en estados y municipios gobernados por el PAN, como Guanajuato o Chihuahua, con graves problemas de inseguridad y control territorial de grupos criminales, todos los funcionarios son santos y se portan bien? Tampoco voy a negar que pueda haber infiltración de los criminales en las fuerzas federales como el Ejército, la Marina o la Guardia Nacional. Con todo, el gobierno de Sheinbaum ha combatido el crimen de manera más eficaz que sus antecesores y ha abierto un canal de colaboración, cooperación y coordinación con Estados Unidos, como ningún otro presidente lo había hecho.
Cuarta: Desprestigio del PRI y del PAN
Si el obradorismo es lo que es, en gran medida se debe a la ineptitud del PRI y del PAN. El PRI arrastra un desprestigio histórico y es incapaz de constituirse como una alternativa real. Creo que cualquiera que fuera su candidato a la presidencia carecería de posibilidades, ya no digamos de vencer, sino ni siquiera de ser medianamente competitivo. El PAN no tiene base social suficiente a nivel nacional, sin negar que la pudiera tener a niveles regionales. Algunos podrán identificarse con él, pero para muchos mexicanos es un partido whitexican. La alianza entre el PRI y el PAN fue contraproducente, porque pareció dar razón a la idea de un PRIAN. A pesar de que han pasado ocho años desde Peña Nieto, la gente sigue enojada con el PRI. A pesar de que han pasado catorce años desde Calderón, mucha gente lo sigue aborreciendo.
La derecha brasileña, en cambio, logró construir un movimiento político propio, con un líder carismático, un discurso cultural coherente y una base social organizada. Eso, aunado al desgaste de Lula y a la habilidad de Flavio Bolsonaro, que con un discurso matizado ha logrado ser atractivo a los votantes de centro y centroderecha que ya no quieren a Lula, tiene al gobierno de izquierda a punto de perder. En México, PRI y PAN simplemente han sido incapaces de crear una identidad opositora que no esté asociada con su penoso pasado.
Por otro lado, el desprestigio del kirchnerismo en Argentina vino acompañado de una brutal crisis económica. No niego que exista desprestigio en Morena, incluso en la familia del mismo fundador, pero el escenario en México no es el mismo. Falta la crisis tremenda.
Desaciertos de Morena
Líneas arriba comenté algunos aciertos de las administraciones de López Obrador y Sheinbaum. En mi opinión, la administración actual es mejor. Pero también hay desaciertos y asignaturas pendientes. Y aunque sean una carga negativa, no es lo suficientemente pesada, a mi parecer, como para poner en riesgo la continuidad de Morena, ni en 2027 ni en 2030. ¿Cuáles son? Desde luego, hay muchos, pero yo voy a mencionar solo cinco.
Primero: Seguridad
Aunque se ha registrado una reducción de homicidios dolosos desde 2018, México sigue padeciendo violencia criminal, extorsión, desapariciones y control territorial de grupos delictivos.
Segundo: Salud pública
Ha sido esta una de las áreas en las que los dos gobiernos morenistas han quedado más a deber. López Obrador eliminó el Seguro Popular para crear el INSABI, que resultó un fracaso. IMSS-Bienestar ha sido incapaz de consolidar cobertura universal, y las deficiencias en el abasto de medicamentos e insumos en hospitales y clínicas públicas, concatenado a la deficiente atención médica, continúan siendo un lastre para Claudia Sheinbaum.
Tercero: Corrupción y falta de congruencia
Ha habido múltiples casos de corrupción. Segalmex es uno de los más groseros y cuantiosos. El régimen voltea al cielo y hace como si le hablara la Virgen, pero es falso que con la llegada de López Obrador se haya terminado la corrupción. Aquí Morena se comporta como en su momento se comportó el PRI y el PAN tapando y minimizando sus propios casos de corrupción. Por otro lado, la falta de congruencia: he ahí el pregón de la austeridad y de la justa medianía chocando, a veces de manera nefanda, con la afición a los lujos de muchos morenistas.
Cuarto: Pemex
A pesar del respaldo gubernamental, la empresa vive una sistemática crisis: deuda financiera que parece impagable, adeudos a proveedores, incapacidad para recuperar la producción petrolera. En 2025 Pemex cerró con una deuda de 85,200 millones de dólares. Es como un barril sin fondo. A diferencia de Noruega, que en los años setenta encontró enormes yacimientos petrolíferos que fueron motor de desarrollo, riqueza y bienestar, en México el petróleo ha sido más como una maldición por la torpeza y hasta estupidez –aquí sí de todos: PRI, PAN y Morena– de los gobiernos.
Quinto: Crecimiento económico insuficiente
La reducción de la pobreza y la recuperación salarial son avances muy importantes, pero el crecimiento económico no ha sido suficiente para resolver rezagos estructurales. México sigue enfrentando deficiencias de infraestructura, informalidad laboral y baja productividad. En este rubro no ha habido transformación. Si queremos que la calidad de vida de la generalidad de los mexicanos suba al nivel de algunos países europeos, hace falta crecimiento económico sostenido que sea capaz de crear trabajos formales bien pagados que sean suficientes para atender a los 1.3 millones de mexicanos que cada año se incorporan al mercado laboral. El crecimiento económico solo es capaz de brindar trabajo a una tercera parte de ellos. En número de personas en la economía informal sigue siendo mayor que en la formal. Mientras estas circunstancias no cambien, y aun cuando no se puede negar que la calidad de vida de millones de mexicanos ha mejorado, estaremos muy lejos de que México suba verdaderamente de nivel.
¿Puede perder Morena el poder?
Nada es eterno. Eventualmente perderá. El PRI parecía invencible, pero cayó en 2000. No veo que Morena vaya a caer en el corto plazo. Por lo menos en las siguientes dos elecciones federales (2027 y 2030), no veo cómo puedan perder, a pesar del desgaste y de los graves problemas que siguen aquejando a México. Así que si usted estaba esperanzado en que el movimiento hacia la derecha que experimenta América Latina rindiera frutos en México, siento decepcionarlo. Lo más probable es que eso no vaya a suceder. Y si por lo que pronostico usted cree que yo soy un chairo vendido, qué le puedo decir.
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