Jean Baudrillard dijo: “Hemos caído en el pánico inmoral de la indiferenciación, de la confusión de todos los criterios”. Y no se equivocó el pensador francés. Si hoy fuese testigo del surrealismo político de México tendría mucho material para seguir profundizando sobre la realidad delirante que siempre observó. El panorama político de México se me antoja delirante. Tenemos un gobierno que busca plantear las bases de una transformación pues ya el sistema capitalista neoliberal no tenía para dónde hacerse, estamos atrapados entre la desgracia y la negación pues como dice Slavoj Zizek: “Nuestro principal problema, incluso ahora, es que nos resulta más sencillo imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. México hoy atraviesa un proceso de transformación y quiero pensar que lo que vivimos actualmente no es más que el curso natural que implica toda transformación. Cada que hay cambios radicales en cualquier esfera de la humanidad, suelen tener rupturas, pérdidas y una exigencia de adaptación que de uno u otro modo duelen. Sin embargo, hoy estamos siendo testigos de un fenómeno por demás curioso e interesante a nivel antropológico y filosófico.
El actual gobierno realmente tiene dos oposiciones y me explico:
La primera es la que per se, se autodenomina como tal, una oposición que de modo involuntario se presenta como un verdadero chiste. Primero se unen todos en contra del actual gobierno, luego algunos se acercan a buscar diálogo con el presidente, pero le quieren hacer creer a sus aliados que es mera estrategia, otros se van al extremo y comienzan a delirar. Simplemente en este mes tuvimos un golpe de Estado, un dictador que replicó (en sus delirantes mentes) el movimiento del 68 con los del CIDE y no conforme con ello, nuestro presidente terminó siendo un líder de ultraderecha fascista. La oposición de mentiritas es ya una mofa para la política.
La segunda oposición me parece más significativa y peligrosa porque es la que está dentro del mismo movimiento, pues hay que reconocer que dentro de los que apoyamos al presidente hay una gran diversidad. Y así como están los de ultraderecha puritanos que no soportan que el presidente pueda tener un iphone, están los que aman al presidente por encima de todo indicio de razón. En el inframundo de las redes sociales se les conoce como la “sekta”. Son “amlovers” que no soportan ningún tipo de comentario que suene a crítica hacia todo lo que tenga que ver con Andrés Manuel.
Terminan siendo tan delirantes como los de FRENA con todo y su “María purísima”. Ésta oposición la cual se encuentra dentro del mismo movimiento; es realmente una oposición que lejos de ayudar al presidente terminan saboteando todo intento de racionalidad.
Al final, ambas oposiciones convergen en el punto de estropear el proceso de madurez de la ciudadanía. Ambos extremos son idénticamente pueriles. La oposición contraria está tan desesperada y perdida que acabará creyendo que unirse a Morena será la mejor estrategia. Y la oposición del mismo movimiento terminará por aniquilar todo proceso de transformación si siguen comiéndose unos a otros. Finalmente todas las bases que está dejando Andrés Manuel correrán peligro de haber sido en vano y quedarse como meros indicios de una transformación radical.
Hay un sector de la población que considera que el presidente no ha hecho nada y que México está peor que nunca porque a lo mejor pensaron que una transformación es como un cambio de imagen, quizá por eso, es que se enfocan más en el hecho de si el presidente se abrocha bien el saco o si trae limpios o no los zapatos. Tan obscenas me resultan sus prioridades. Los medios cada día muestran más la ineptitud que tienen, era de esperarse ya que jamás habían hecho realmente un trabajo de análisis, simplemente se dedicaban a trabajar en una especie de maquila de falacias. Y también hay medios que sin crítica alguna solo aplauden al presidente. Por lo tanto, aquellos que osan pensar, analizar y ser objetivos, son los que terminan padeciendo el escarnio público de ambos lados.
La realidad pues, está siendo secuestrada por seres irracionales que ante su lucha antagónica innecesaria y narcisista se olvidan de que la realidad existe para que podamos especular sobre ella y no para vivir de ese hedonismo suave que tanto extrañan los que odian al presidente y ni tampoco para meramente enaltecer sin crítica alguna. La miopía mental que padecen unos y otros es preocupante.






