México mestizo. ¡¿Viva la Independencia?! Autor: Iván Uranga

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Vicente Guerrero, primer presidente negro de América.
Mestizaje es colonización permanente
Misiones Culturales
AMLO reduce 70% el presupuesto a los pueblos indígenas
Resistencia a megaproyectos organizada

Si la palabra indígena etimológicamente significa “nacido allí” u “originario”
–palabra que proviene del latín: indi- (de allí) y gen- (nacido)–
todos somos indígenas de algún lado.

I.U.

El 27 de septiembre de 1821 el Ejército Trigarante entra triunfante a la Ciudad de México, lo que significó el fin de la lucha por independizarnos de España, iniciada 11 años atrás el 16 de septiembre por el pueblo náhuatl y otomí de Dolores, convocados por el cura Miguel Hidalgo y Costilla. En esas fechas en México 70% de la población hablaba alguna de las 300 lenguas originarias, es decir; después de 300 años del brutal colonialismo español, sólo habían podido erradicar 30% del lenguaje original de la población, tal vez por eso es que el primer presidente náhuatl-afromexicano fue el hablante de náhuatl Vicente Guerrero en 1829, considerado el primero presidente negro de América, hijo de un afrodescendiente y de una náhuatl y principal responsable de la integración y el triunfo del ejército que derrotó al imperio español y de que hoy podamos festejar esta extraña independencia, en donde importamos más de la mitad de nuestros alimentos; el mayor ingreso económico es gracias a nuestros migrantes esclavizados en el extranjero y nuestras exportaciones dependen de tener contento al patrón del norte.

Ahora, a 200 años de ser México, sólo 6% de la población habla alguna de las 68 lenguas originarias que todavía sobreviven y es por la simple razón de la imposición del Estado mexicano sobre todas la naciones que lo habitan, y no es que la población originaria desapareciera, sólo es que fueron “desindigenizados”, les quitaron su idioma, su vestimenta y sus costumbres para que dejaran de pertenecer a su nación y pasaran a ser mexicanos. Hace poco documenté el caso de Tantoyuca, Veracruz, en donde después de la declaratoria de “Ciudad “en 1901 el presidente municipal decretó que nadie podía vestir ropa de indígena, ni hablar en tenek y se comenzó una cacería de teneks; a los que si se les encontraba portando su vestimenta, eran lazados como cochinos y arrastrados por mitad del pueblo.

Por lo que el discurso de responsabilizar a los españoles de la aniquilación de nuestros pueblos originarios se debe reconfigurar para hacer responsables históricos en una mayor medida al México posindependiente, y especialmente al México posrevolucionario, porque fue hasta entonces que el Estado asumió la tarea de que todos los niños y las niñas debían ser alfabetizados en español, y fue exactamente 100 años después de la entrada del Ejército Trigarante en el año 1921 (hace 98 años) durante la presidencia de Álvaro Obregón, justo el 12 de octubre, que José Vasconcelos fue nombrado secretario de Educación Pública y realizó la primera Reforma Educativa de México; desde esa posición inició un ambicioso proyecto de difusión cultural en el país, con programas de alfabetización, escuelas rurales, edición de libros y promoción del arte y la cultura; hizo de los maestros de las escuelas rurales un ejército de paz y de cada profesor un «apóstol de la educación» según su propia metáfora de raíz católica, inspirada en el sacrificio de los misioneros del periodo colonial. Al trabajo de los maestros rurales, sumó un apoyo nunca antes visto en México, editando masivamente algunas de las más grandes obras del pensamiento europeo y occidental (igual que lo hace ahora el Fondo de Cultura Económica), que fueron distribuidas por todos los rincones del país, a lo que Vasconcelos no dudó llamar “Misiones Culturales” a su cruzada, (el mismo nombre que usa hoy el gobierno de López Obrador para su proyecto cultural) por lo que Vasconcelos fue nombrado “El Apóstol de la Educación” y “El Maestro de América”.

Al mismo tiempo que eliminaba la lengua madre de cada una de las niñas y niños de las comunidades originarias, Vasconcelos apoyado por uno de sus principales cómplices, el ingeniero Félix F. Palavicini, director del diario El Universal, comienzan un programa nacional de eugenesia porque querían “mejorar la raza” bajo el argumento de que “dado que el mundo le debía más a los blancos que a otras razas, México debía potenciar la inmigración de éstos, y conseguir cruzamientos favorables a nuestra raza con ellos (…) Por el contrario, deberían evitarse las uniones con hombres de raza amarilla y negra” y pugnó por mejorar las condiciones ambientales, por la profilaxis social mediante la higiene y la educación, y la intervención del Estado para el establecimiento de campañas sanitarias y la formulación de políticas públicas para la protección materno-infantil. Para que junto con el “cruzamiento favorable con los blancos” la población se incrementara en condiciones saludables y al mismo tiempo se corregirían vicios sociales como el alcoholismo y la prostitución, vinculados a las razas dominadas. La ignorancia de Vasconcelos y sus racistas aliados, no les permitía ver que la prostitución y el alcoholismo de algunas personas negras o de comunidades originarias era una respuesta al sometimiento antropológico y la pobreza que sufrieron por generaciones. Y las prácticas de esterilización forzada a mujeres de comunidades originarias fue suspendida hasta 2014 –hace sólo 5 años– (léase “México Racista”). Por lo que podemos afirmar que los pueblos originarios en México no son minoría, sino que fueron minorizados sistemáticamente por el Estado, y que la negritud no fue reconocida, a tal grado, que héroes nacionales como Vicente Guerrero (al que sus enemigos llamaban “El Negro”) fueron blanqueados en los retratos y cromos oficiales que conocemos hasta la fecha.

Todas las políticas públicas son diseñadas por el Estado para los mestizos y el mestizaje a partir de las formas culturales europeas asimiladas durante la Conquista, por lo que toda percepción de “desarrollo” implica formas de producción basadas en la explotación capitalista de las personas y la tierra, y este desarrollo es totalmente contrario a la convivencia solidaria de nuestra especie con la naturaleza en equilibro, en la que se fundamentan las culturas originales, por lo que su mestización total para el capitalismo es necesaria, porque si se pierde la identidad y el arraigo antropológico a su cultura, se deja de ver el territorio y sus riquezas como una extensión del ser y deja de defenderse con la vida para convertirse en un bien material con el que se puede comerciar.

El asumirse como indígena actualmente no sólo es un grado superior de identidad cultural, sino todo un posicionamiento político contra los embates del capitalismo extractivista y la forma más digna de decir no sólo “de aquí soy” sino mucho más importante de decir “esto soy”, y hay que gritarlo en español, porque en ninguna de las lenguas originarias existe de origen la palabra indígena, son ellos y los otros, su pueblo y los que no son de su pueblo, es absurdo decir “indígena náhuatl” si eres náhuatl de ahí eres, eso eres, es como decirles indígenas españoles nacidos en España o indígena coyoacanense a los nacidos en Coyoacán.

En el español hay colores de seres humanos y clases de seres humanos. Dice la pensadora, escritora y activista maya Aura Cumes (hasta) “el feminismo tendría que plantearse la reflexión colonial, que muchas veces no sucede. En el momento en que se establece el colonialismo, las mujeres, blancas e indígenas, son racializadas. Es decir, si bien antes del contacto las mujeres eran mujeres, con la colonización se convierten en mujeres blancas [y las indígenas]. Y si bien las blancas mantienen una relación de opresión con el hombre blanco, también hay un pacto racial. Eso debe estar claro”. Miles de personas como el maestro Francisco Toledo han trabajado para defender la autonomía cultural de los pueblos y pugnar por programas reales de alfabetización en las lenguas originarias de cada comunidad, creando literatura en las diferentes lenguas que permita tener un acercamiento directo con su cultura a través de la palabra escrita (aunque sea con ideogramas árabes-españoles).

Las culturas originarias en México actualmente son el suvenir de la nación para el turismo nacional y extranjero, son la curiosidad, que debe mantenerse en una extrema minoría, para seguir siendo curiosidad que permita grandes inversiones en lujosos hoteles, trenes mayas e infraestructura turística que simbolice el desarrollo, genere empleo y grandes ganancias a los capitalistas que invirtieron para que el mundo venga a ver a nuestros indígenas, su cultura y disfrute de sus riquezas naturales. Y también son usadas porque es políticamente correcto que existan, y porque justifican el discurso nacionalista de poder contar con un país de “raíces profundas”; toda la “cultura mexicana” está basada en las formas culturales de los pueblos originarios y son absurdamente “la identidad de la patria”, una patria con sólo 200 años que los ha minorizado hasta el punto del exterminio. El territorio que actualmente ocupa México ha sido habitado por seres humanos hace por lo menos 40 mil años y han vivido en él por lo menos 1000 naciones antes de la llegada de los españoles, y por más de 300 desde que es México, de las cuales sobreviven poco más de 50. No podemos olvidar que a lo que llamamos México lleva existiendo menos de 1% del total de tiempo que el territorio ha sido habitado por seres humanos y que a pesar de todos los esfuerzos por eliminar a todas las naciones siguen existiendo. La lingüista, ensayista mixe Yásnaya Aguilar nos dice: “Los pueblos indígenas no somos la raíz de México, somos su negación constante”.

Los Akateko Amuzgas Awakateco Ayapaneco Chatinas Chichimeco Jonas Chinantecas Chocholtecas Ch’oles Chontales de Oaxaca Chontales de Tabasco Chuj Coras Cucapá Cuicatecas Guarijías Huaves Huicolas Ixcateco Ixil Jakalteco Kaqchikel K’iche’s Kickapoo Kiliwa Ku’ahl Kumiai Lacandón Mam Matlatzinca Maya Mayo Mazahuas Mazatecas Mixes Mixtecas Nahuas Oluteco Otomíes Paipai Pames Pápago Pimas Popolocas Popoluca de la sierra Purépecha Q’anjob’al Qato’k Q’echi’ Sayulteco Seri Tarahumaras Teko Tepehuas Tepehuano del norte Tepehuanas del sur , Tenek, Texistepequeño Tlahuica Tlapanecas Tojolabal Totonacas Triquis Tseltal Tsoltsil Yaqui Zapotecas Zoques más 364 varientes lingüísticas de estos idiomas son nuestras comunidades originarias por su idioma, (más el Plautdietsch hablado por más de 100 mil menonitas en México y cuya cultura reúne todas la características para ser contemplado como comunidad indígena). Todas estas 69 lenguas representan ahora sólo a 6% de la población nacional, pero mucho más importante es que representan a las naciones que deben ser reconocidas y respetadas por el Estado.

En la práctica, la recolonización sigue fuertemente dentro de la actual administración (lea “La recolonización silenciosa del post-neoliberalismo”) y lo demuestra el primer presupuesto elaborado por Andrés Manuel López Obrador y presentado a la Cámara de Diputados en días anteriores en donde se contempla una disminución de 40% del presupuesto al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos con respecto a 2019 que fue de 6 mil millones de pesos, ahora se plantean sólo 3 mil 500 millones de pesos. Además recorta en 70% el presupuesto que se ha destinado para el Desarrollo Integral de los Pueblos y Comunidades Indígenas que es de 87 mil 517 millones de pesos, a 26 mil 255 millones de pesos que propone para el presupuesto de 2020. En los datos históricos en este rubro del presupuesto anual podemos observar que durante todos los años anteriores en todas las administraciones siempre hubo un incremento, a excepción de 2017, año en el que Enrique Peña Nieto disminuyó en 11% el presupuesto transversal y 50% en el del INPI.

Los ingresos a la economía mexicana vienen principalmente por las remesas de los mexicanos (muchos de ellos de pueblos originarios) que radican en Estados Unidos, la segunda fuente de ingresos es el turismo que depende de las zonas arqueológicas construidas por las culturas originarias, las artesanías, comida y comunidades enriquecidas culturalmente por los pueblos originarios, porque hasta a un lugar como Cancún llegan por “la magia del pueblo maya”; la tercera fuente de ingresos es el petróleo que ha devastado los territorios de los pueblos originarios y la cuarta fuente de ingreso en México es la exportación de aguacates, que por cierto el nombre es de origen náhuatl y significa “testículos”. Así que por la explotación de nuestros indígenas en el extranjero, la prostitución de su cultura para el turismo, la devastación de sus territorios para el petróleo y por la venta de sus “aguacates” (para no decir testículos) es que México tiene una economía dinámica, por lo que sería justo corresponderles respetando sus autonomías y sus idiomas, porque para nombrar al universo y a todo lo que en él existe, cada cultura tiene una forma diferente de nombrarlas a partir de su origen, de sus sonidos, sus olores, sus sabores, de su geografía; cada una tiene una forma filosófica diferente de interpretarlos y de llamarlos. (Lea “El nombrador de las cosas”).

Por lo pronto el gobierno deberá enfrentar a estos 13 pueblos: Zapoteco, Mixe, Náhuatl, Zoque Popoluca, Mixe Popoluca, Zoque Chimalapa, Chinanteco, Mixteco, Chontal, Ikoot, Chochoco, Tsotsil y Afrodescendiente que habitan la región del Istmo de 80 municipios, 31 de Veracruz y 49 de Oaxaca, que han decidido organizarse para defender esa parte del corredor biológico mesoamericano del histórico proyecto del imperialismo capitalista y neoliberal de unir el Océano Pacífico con el Océano Atlántico a través de una vía ferroviaria y un corredor industrial que devastaría a la naturaleza y a las culturas originales que se resisten en la zona. Esperamos que la política de acercamiento para la solución de este conflicto no sea a través del grupo de golpeadores conocidos como los “paliacates azules” encabezado por Víctor Flores, líder corrupto del Sindicato de Ferrocarrileros que arribó el 12 de septiembre al municipio de Matías Romero con más de 500 de sus porros, a golpear a ancianos trabajadores jubilados que protestaban contra las medidas del nuevo gobierno y que afirma que enfrentará a todos los grupos que se atrevan a contravenir los deseos del presidente Andrés Manuel López Obrador. A las resistencias contra los proyectos de AMLO habrá que sumarle a los mayas tzeltales, tzotziles, choles y tojolabanes que se resisten al Tren Maya y al pueblo yaqui defendiendo el agua en el norte y al pueblo náhuatl de Huexca contra la Termoelectrica que ya cobró la vida de Samir Flores por las malas decisiones del Presidente y tener en cuenta que ellos sólo son un ejemplo de los cientos de pueblos que resisten a los más de 1500 proyectos extractivistas activos en México.

La libertad es la capacidad de decidir y autodefinirse, así, que si queremos un país libre debe entenderse como la suma de las naciones que lo habitan, y el respeto de cada una de sus culturas, sus formas culturales, su idioma, y su decisión, de ser lo que cada comunidad y persona quiera ser y no la identidad que le impongan desde el Estado. Muchas de nuestras comunidades indígenas han planteado a lo largo de la historia su independencia del Estado mexicano.

Lo que necesitamos ahora es dejar de considerar sujetos culturales a los pueblos originarios y que el Estado los asuma como sujetos políticos para establecer un nuevo pacto nacional que nos permita crear una confederación de naciones autónomas y coexistir en un mismo país respetando su diversidad cultural y la capacidad de cada pueblo para decidir sobre su cultura y su territorio, porque por más que argumenten “el bien común”, es de muy mal gusto meterse a decidir en casa ajena. Por el momento histórico que vivimos, por lo que somos como especie y por sobrevivencia de las demás especies, el único límite debiera ser el respeto irrestricto a la naturaleza de todas las personas y todas las naciones.

Como puede ver este México mestizo fue mestizado por decreto, con la fuerza bruta del estado y sus instituciones que hablan de la “Cultura Mexicana” como si fuera una unidad indisoluble, donde el folklor, las pirámides habitadas por antiguos reyes, sacerdotes y guerreros, sus espectaculares danzas, sus hermosas artesanías, su extraordinaria gastronomía y la sonrisa amable de habitantes de tez morena, están dispuestos para que el mundo pague por verlos y los grandes inversionistas puedan sin riesgo disponer de su territorio y sus riquezas naturales. ¡Viva México!

La vida es una construcción consciente.
Iván Uranga
@CompaRevolución
iuranga@cnpm.mx

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