México, el país de los remedios. Autor: Iván Uranga

0
1197

La salud alternativa es una alternativa
para la salud.

La principal causa de muerte en México es el sistema de salud, las condiciones de los servicios de salud no son  malas, son ¡deplorables! en términos de cobertura, pero sobre todo de calidad de los servicios brindados. Su incompetencia debe más vidas que todas las guerras juntas de nuestra historia.

Resultado de las sucesivas reformas que se han impulsado en el sector, sobre todo a partir de los años noventa del siglo pasado, tenemos el marco entero de un conjunto de decisiones que han sido sumamente equívocas y que han comprometido la capacidad del Estado, pero también del sector privado, para empeorar la atención en materia de salud.

La descentralización se terminó de concretar durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Ahora la centralización es la propuesta de Andrés Manuel López Obrador.

Vicente Fox Quesada impulsó el Seguro Popular, que siendo un pésimo servicio –como todos los demás que dependen del Estado– en el inconsciente colectivo de los más desamparados, se construyó como su sistema de seguridad social, es decir, para un pobre o miserable tener seguro popular se equipara (ba) a tener IMSS, ISSSTE o Pemex. Hasta hoy que lo elimina AMLO y a cambio ofrece muchas promesas, mientras que miles seguirán muriendo.  

El sistema de salud en México es sólo 10 años más viejo que nuestro actual presidente y desde su fundación ha sido un fracaso. El problema es que estos 75 años de existencia han modificado el comportamiento milenario de muchos de los mexicanos con respecto a su salud. Ha destruido el principio de sanar para imponer el de curar, y millones de mexicanos esperanzados en un sistema ineficiente han muerto por enfermedades perfectamente tratables, mucho por la corrupción y mucho por la ignorancia de creer que la “ciencia médica” es superior a la medicina tradicional milenaria, los médicos no saben u ocultan que todos y cada uno de los medicamentos que usan vienen de nuestros antiguos, de su conocimiento y de sus plantas, que ahora vorazmente patentan para comerciarlas y prostituir lo más sagrado que es la vida y la salud.

El neoliberalismo se apropió del concepto y el marcado de la comida y de la salud, para ellos somos “ganado”, producen basura comestible por millones, que nos mata poco a poco y producen los medicamentos que nos curan parcialmente las enfermedades que sus alimentos provocan. Trabajamos para ellos, ellos nos dan el dinero inventado por ellos (dinero que nos rentan caro y nos piden impuestos e intereses por su uso), para pagarles la comida que ellos producen y que nos enferma, por lo que tenemos que comprarles los medicamentos que ellos producen. Esta medicina y comida chatarra han penetrado las raíces de lo más profundo de nuestra cultura.

Las frituras, los refrescos o gaseosas, las sopas instantáneas, las harinas procesadas, los alimentos refinados, está comprobado que son veneno y los preparamos y servimos nosotros a nuestras familias, a nuestros hijos. Se necesitarían miles de páginas para describir la cantidad de veneno que nos hacen consumir, sólo por poner un ejemplo:

  • La sal refinada que tiene usted ahora en su mesa; los “científicos” consideraron que debían quitarle a la sal pura (a la de mar) todas las “impurezas” y dejar sólo el cloruro de sodio, así que le quitaron a la sal todos los demás minerales que la madre naturaleza le dio y que son exactamente los mismo que contiene el cuerpo humano, y le quitaron el calcio, el fósforo, el magnesio, el hierro, el zinc, el potasio, entre muchos otros. Ahora nos venden vitaminas que contienen estos elementos que ya no consumimos y son fundamentales desde la gestación. Para lograr su científica proeza de quitarle los minerales esenciales al sodio, le agregaron a la sal refinada yodo, flúor y aluminio. El yoduro de cianógeno que usan cuando toca el agua se convierte en cianuro de hidrógeno. El flúor (ese que también tiene su pasta dental) daña directamente el sistema nervioso central y calcifica a la glándula pineal. El aluminio (ese que tienen sus bonitas ollas que se va desprendiendo poco a poco en su comida) no es un metal que se encuentre en ningún elemento de la naturaleza, fue inventado, su consumo elimina los efectos de todas las vitaminas de los alimentos y sustituye el calcio en nuestro organismo. Es decir, la sal refinada es veneno puro y un asesino silencioso progresivo y mortal. Es legal, se permite su comercialización y distribución y es usted quien la pone en sus alimentos y en la mesa de su casa para que con amor su familia muera poco a poco.

Esto sólo es muy pequeño ejemplo de hasta dónde han penetrado en nuestra cultura gastronómica, Ahora hay quien afirma que comer mole sin coca cola no sabe igual. Y les recuerdo para aquellos que todavía puedan leer, que se demostró que el consumo de refrescos disminuye la masa encefálica.

Estas empresas son las mismas que pagan grandes investigaciones “científicas” para curar las enfermedades que producen, por ejemplo las empresas que invierten miles de millones en la cura del cáncer de pulmón son las tabacaleras. Este es el gran negocio de la salud. En México en 2001 fue creada la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) que se ha encargado de prohibir el uso de las plantas medicinales con las que nuestro pueblo se ha curado durante miles de años para promover el consumo de su modelo de salud. Y aunque usted no lo crea están prohibidas entre cientos: el árnica, el ajenjo, el gordolobo, la ruda, la consuelda, el estafiate bueno hasta la manzanilla, el perejil y el epazote. Obviamente hasta ahora no han tenido mucho éxito en eliminar una cultura de sanación milenaria.

Escuchamos al Ejecutivo hoy hablar de “invertir” miles de millones de pesos en “mejorar” un sistema de salud conceptualmente equivocado desde su inicio. En países como China, Japón e incluso Francia, son obligadas las técnicas tradicionales milenarias de la medicina, ahora llamada alternativa. En México han sido muy pocos los esfuerzos por reconocernos en lo que somos como Nación. Somos un conjunto de saberes milenarios que no podemos desechar, debemos incorporar las ciencias y las tecnologías a estos conocimientos para comenzar a sanar como sociedad. Las parteras comunitarias atienden millones de partos al año, las y los médicos tradicionales ayudan a sanar a millones de mexicanos cotidianamente. Pero sobre todo la inversión más importante en salud se debe dar en el control de los productos de las empresas criminales que han operado impunemente y en complicidad con el Estado, esa es la función principal de un gobierno democrático y humano proteger realmente a su pueblo. Muchas de las actitudes violentas que hoy se combaten a costa de miles de vidas tienen su origen en lo que hemos consumido, en el aire, el agua, la tierra, los medios de comunicación y la comida. ¡Basta ya!

El concepto de salud alternativa que la Organización Mundial de la Salud reconoce y promueve es todo el conjunto de conocimientos, aptitudes y prácticas basados en teorías, creencias y experiencias indígenas de las diferentes culturas, usados para el mantenimiento de la salud, así como para la prevención, el diagnóstico, la mejora o el tratamiento de enfermedades físicas o mentales, que no sólo es la trasmisión del conocimiento y habilidades a los responsables de la salud comunitaria, sino que también va desde la selección de las semillas, el cuidado de la tierra, la siembra, el cuidado de las plantas, la armonía en la cosecha y la intención amorosa en todo el proceso, hasta el preparado de los remedios y su aplicación.

Lo que planteamos es diseñar un modelo de salud alternativa complementaria que coadyuve a mejorar la vida de las y los mexicanos, incorporando al Sistema de Salud del Estado a nuestras y nuestros médicos tradicionales y parteras. Y que se invierta en el desarrollo de nuestros remedios como remedio a la corrupción física, económica y moral de los medicamentos químicos.

No hay mejor remedio que comer autonomía, es decir; de nuestros alimentos sembrados, cuidados y cosechados por nuestras manos, sin transgénicos, sin agroquímicos, sin el estrés de la violencia y sin alimentos chatarras, en armonía con la Tierra y si algo nos hace daño nada nos alivia mejor que un té preparado con el amor y la sabiduría de nuestros antiguos, llevado con ternura por nuestros seres queridos. Debemos cambiar el concepto del salud por el de sanar.

Iván Uranga

@CompaRevolución

Anuncios

Deja un comentario