Más que estancamiento con inflación, habrá recesión con inflación. Autor: Arturo Huerta González

Los bancos centrales están aumentando la tasa de interés para frenar la actividad económica, incrementar el desempleo, reducir la demanda y así las presiones inflacionarias, y dicen que ello no ocasionará un contexto como en los años setenta, donde se contrajo la economía y hubo presiones inflacionarias.

En días pasados Agustín Carstens, gerente general del Banco de Pagos Internacionales (el banco de los bancos centrales), presentó su Informe 2022 y señaló que “habrá que procurar minimizar el impacto que tiene el alza de la tasa de interés en la economía, salvaguardando con ello la estabilidad financiera”. Cabría preguntarle, cómo van a lograr ello, si el alza de la tasa de interés encarece el crédito, así como la deuda acumulada, lo que reduce el consumo e inversión y por lo tanto la actividad económica. Esto contrae el ingreso de empresas e individuos y su capacidad para hacer frente al pago de su deuda, lo que tiende a desestabilizar al sector bancario.

Según Carstens, la recesión se evitaría por “los marcos macro prudenciales, las mejoras en la política monetaria y la menor dependencia energética”. El problema es que esos macro prudenciales de equilibrios fiscales (o reducción del déficit fiscal), así como las altas tasas de interés dirigidas a mantener estable el tipo de cambio, atentan sobre la actividad productiva y el crecimiento económico. Además, por más que los países europeos tratan de reducir su dependencia energética, ello no ha reducido el precio del petróleo, ni del gas y sigue la inflación mundial. Agustín Carstens también mencionó que “las ventajas de salvaguardar la estabilidad para hogares y empresas superan a más largo plazo cualquier coste en que se incurra a corto plazo”. Según él, el costo recesivo y de mayor desempleo para bajar la inflación que se ocasione en el corto plazo, traerá beneficios a largo plazo a los trabajadores. Se equivoca dicho economista. La realidad demuestra todo lo contrario. Las políticas de reducción de la inflación a través de altas tasas de interés y austeridad fiscal han contraído la actividad económica, e incrementado el desempleo, bajado salarios e incrementado la desigualdad del ingreso. En el caso de la economía mexicana venimos creciendo cada vez menos, sin que la reducción de la inflación mejore el producto interno bruto per-cápita, ni el bienestar de la población. Antes del neoliberalismo el PIB per cápita creció de 1950 a 1981 en 3.15% promedio anual. De 1982 al 2000 en 0.66% promedio anual, y del 2001 al 2021 en 0.34% promedio anual, a pesar de la baja inflación.

Carstens señaló que se debe evitar que “los aumentos en el coste de la vida den lugar a aumentos desproporcionados de márgenes y salarios”. Esa ha sido siempre la postura de dicho funcionario desde que era gobernador de Banxico. Siempre se opuso al incremento de salarios para evitar la inflación. Hace recaer el costo de la baja inflación en el deterioro del poder adquisitivo de los asalariados. Es decir, en la menor participación de los salarios en el ingreso nacional. Ello ha reducido el consumo y por ende la demanda y la actividad económica y de ahí el contexto de estancamiento que viene enfrentando la economía nacional desde los años ochenta a la fecha.

Carstens reconoció que el “aterrizaje suave es todo un reto”. Es decir, evitar la recesión. Señaló que “los aterrizajes bruscos son más probables cuando las medidas de los bancos centrales están precedidas de una acumulación de vulnerabilidades financieras”. Pero lo que no reconoció es que el alza de las tasas de interés que están realizando los bancos centrales, está ocasionando salidas de capitales y vulnerabilidad en el mercado de divisas y de capitales. Ello lleva a los bancos centrales y gobiernos a reaccionar con mayores alzas de tasas de interés y recortes presupuestales que están contrayendo la actividad económica y la demanda, sin que se reduzca la inflación, lo que nos lleva a la recesión con inflación, y no a un estancamiento con inflación como él predice.

Reconoce Carstens que “un crecimiento más rápido del crédito en relación con el PIB antes de un episodio de ajuste es asociado con aterrizajes bruscos” y esto de hecho es lo que está aconteciendo. El hecho de que la tasa de interés en los países desarrollados estuvo cercana a cero por varios años, aumentó los niveles de endeudamiento de empresas y familias, por lo que al incrementarse la tasa de interés, ahora están enfrentando problemas financieros que les obliga a disminuir consumo e inversión para el pago de su deuda, lo que llevará a la recesión económica, es decir a un aterrizaje brusco.

De hecho, en su ponencia Carstens reconoció que “en el entorno actual de vulnerabilidades financieras, como un elevado endeudamiento y activos sobrevalorados, podría amplificar cualquier desaceleración”. De ahí, que no tiene por qué hacer un llamado a los bancos centrales para que “actúen con prontitud y determinación antes de que la estanflación se afiance”. Tal política monetaria restrictiva acentuará la vulnerabilidad, la recesión, que desembocará en crisis.

Por más que los monetaristas temen que se repita lo de la década de los años setenta de inflación y estancamiento, situación que se dio por el alza del precio del petróleo, la mayoría de las economías se encamina a dicha situación. De ahí que tratan de evitar que se dé la espiral precios-salarios, por lo que con el alza de la tasa de interés incrementarán el desempleo para debilitar el poder de negociación de los sindicatos y trabajadores para que no se reajusten los salarios. El problema es que el alza de la tasa de interés generalizada no erradicará el impacto negativo de la nueva ola del Covid, ni el conflicto Rusia-Ucrania, ni reducirá el alza de precios del petróleo, del gas, de los alimentos. Con dicha política, menos tendrán capacidad los gobiernos y el sector privado de aumentar la inversión productiva para evitar la recesión económica y encarar los rezagos productivos que presionan sobre la inflación.

Arturo Huerta González
Arturo Huerta González

Economista heterodoxo. Autor de diversos libros, el más reciente titulado Austeridad Fiscal: Causas y Consecuencias, Editorial UNAM.
Profesor de Economía, UNAM. Miembro del SNI Nivel III.

Comenta

Deja un comentario