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Más allá de Taddei. Autor: Felipe León López

noviembre 4, 2026
Más allá de Taddei. Autor: Felipe León López

Autor: Felipe León López

En la guerra y en el amor, dice el lugar común, todo se vale y nada es casualidad. En la política mexicana, además, todo se comenta y casi nada se comprueba antes de dictar sentencia. El caso de Guadalupe Taddei, expresidenta del INE, vuelve a ofrecer el escenario perfecto: señalamientos por presuntas irregularidades, filtraciones y una discusión pública donde el expediente corre el riesgo de convertirse en libreto de una nueva serie de streaming. La democracia, faltaba más, ya tiene otra cita con el apocalipsis pronosticado por la oposición monotemática de México.

¿Cómo llegó? ¿Quién la respaldó? ¿Es cuota de Morena o herencia del PRIAN? ¿Es tuya, es mía? ¿Es de todos los mexicanos fundados en la filosofía del “que no tranza no avanza”? Las preguntas se atropellan y las respuestas suelen llegar con camiseta partidista y culpas al pasado. Y, por supuesto, no falta quien pase del escrutinio del ejercicio de la función pública a una excursión por la vida privada de los involucrados, porque en estas tramas, el amor y el desamor suelen ser malas jugadas.

El problema no consiste en prohibir las preguntas incómodas, sino en formular las pertinentes. ¿Quién autorizó las contrataciones? ¿Qué controles fallaron? ¿Quiénes se beneficiaron y qué autoridades dejaron pasar las alertas? En lugar de respuestas verificables, abundan las insinuaciones. Unos se disfrazan de fiscales; otros, de defensores de la autonomía. Y todos parecen confiar en que el ruido sustituya a las pruebas.

¿Hay conveniencia? ¿Es plan con maña? ¿Por qué tantos distractores de los partidos aliados en la 4T y también de los opositores, que prefieren irse por las ramas y no llamar a una conciliación nacional en evitar el colapso del órgano electoral?

La discusión, sin embargo, es más antigua que Taddei. El instituto electoral surgió de una larga disputa por sacar al gobierno de la organización de los comicios y construir un árbitro confiable. Su autonomía fue una conquista de los ciudadanos, no una concesión del régimen, ni un certificado perpetuo de virtud. Con el tiempo, los partidos encontraron formas de disputar los nombramientos y las cuotas de influencia para imponernos la “partidocracia” excluyendo a los ciudadanos. En principio, PRI, PAN, alianzas opositoras y ahora Morena han participado, desde distintas posiciones, en esa pelea por el control. La alternancia cambió a los beneficiarios; no necesariamente corrigió los incentivos.

¿Qué debe hacerse para retomar el objetivo de tener un instituto electoral ciudadano, imparcial, equilibrado, ejemplar y con credibilidad? Porque estos anteriores elementos son los que han venido a complicarse desde hace varios años y nomás no se ve por dónde recuperarlos, porque la partidocracia se niega a abandonar sus posiciones.

La partidocracia dominante es la que sigue definiendo la composición y la integración de su consejo general, antes del PRI, luego del PAN, luego PRIAN y ahora Morena. Los equilibrios han fallado y la discrecionalidad ha facilitado la corrupción.

Por eso resulta tan pintoresca la discusión actual. Hay quienes proponen desmantelar al INE como si devolver la organización electoral al poder político fuera una receta de imparcialidad. Del otro lado, algunos invocan su rescate con nostalgia de una edad dorada en la que, por supuesto, nadie negociaba cargos ni repartía favores. Ni demolición oportunista ni canonización retrospectiva: la institución merece una defensa que también se atreva a fiscalizarla.

Los datos hasta ahora conocidos obligan a tomarse el asunto muy en serio. El Órgano Interno de Control informó sobre cinco empresas vinculadas entre sí que, según sus hallazgos, concentraron contratos por alrededor de 2 mil 461 millones de pesos entre 2014 y 2025, en el INE y organismos electorales locales. También reportó 18 expedientes relacionados con contrataciones de la gestión de Taddei: 13 en investigación y cinco en procedimiento de responsabilidades. Para colmo, la ASF dice que meterá mano a todos los contratos desde el 2000, ¿o sea? Son hallazgos e indagatorias, no sentencias firmes. Precisamente por eso hay que exigir que avancen, en vez de convertirlos en munición para la tertulia partidista.

Las investigaciones apuntan a posibles simulaciones de competencia y conflictos de interés. Corresponde a las autoridades determinar qué ocurrió, quién participó y qué responsabilidades pueden acreditarse. Una filtración no sustituye una auditoría; una sospecha no equivale a una condena. Pero tampoco basta pronunciar solemnemente «debido proceso» para que desaparezcan las preguntas sobre contratos, proveedores y omisiones de vigilancia.

La pregunta de fondo, entonces, no es quién protagoniza el escándalo, sino qué controles deben impedir que una institución dependa de la buena conducta que sus integrantes se atribuyen. La autonomía no debería funcionar como certificado de inocencia, del mismo modo que una acusación no debería servir de permiso para demolerla. Conviene defender al árbitro, sí; pero sin confundir la defensa de las reglas con una ovación automática a quien lleva el silbato.

La salida de Taddei, formalizada en octubre, tampoco resuelve por arte de magia las fallas institucionales. Mientras el Consejo General opera con una presidencia provisional y la Cámara de Diputados prepara el relevo, la pregunta decisiva es qué garantías habrá para impedir que el siguiente nombramiento se convierta en otra negociación de cuotas con envoltura de mérito ciudadano. Cambiar de rostro sin cambiar las reglas sería una renovación de escenografía, no una reforma.

Ir más allá de Taddei exige salir del reparto de héroes y villanos, pues ya la Constitución abre posibilidad de juicio político durante el año siguiente a su salida, probar si sus actos u omisiones dañaron gravemente el interés público y, si se acredita responsabilidad. Menos adivinación de alcoba y más revisión de expedientes a profundidad, con seriedad y con valor y voluntad política para reconocer errores, recomendaciones equivocadas y en su debido caso, declinar. Porque, si la democracia necesita algo, no es otro funeral con invitados de primera fila: es vigilancia constante, incluso cuando ya se apagaron las cámaras y el escándalo dejó de cotizar.

Contacto: feleon_2000@yahoo.com

Felipe León López
Felipe León López

Analista político, egresado de la FCPyS UNAM, con especialidad en estudios prospectivos. Es coautor de El Video poder en México (1995), Una Historia hecha de Sonidos (2004), Historia y Remembranzas de Radio Educación (2008) y Días de Radio (2017). Ha sido colaborador de portales, diarios y revistas de cultura, política y educación. Contacto feleon_2000@yahoo.com X: @FelipeLeonLopez

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