Lozoya: corrupción e impunidad. Autor: Israel López Monsivais

Imagen ilustrativa. El exdirector de Petróleos Mexicanos (PEMEX), Emilio Lozoya. Foto: Xinhua/Francisco Cañedo.

Emilio Lozoya Austin es el emblema de la corrupción durante la administración de Enrique Peña Nieto (2012-2018). Su próxima extradición es una buena noticia para la justicia mexicana. Lozoya es miembro de la generación “Nuevo PRI”[1] que tanto presumía Peña Nieto como candidato en una entrevista con Tercer Grado. Recordemos la fotografía de diciembre de 2018, diecinueve mandatarios estatales eran priistas, diez de ellos enfrentaron o son juzgados por supuestos actos de corrupción, varios cumplen penas en prisión.

Sin lugar a dudas, la última gestión priísta es de las más corruptas de la historia contemporánea, ampliamente documentada en investigaciones periodísticas, de la Casa Blanca a la Estafa Maestra. Defraudaron a su militancia y simpatizantes. Los abusos del poder los llevaron a la irrelevancia electoral, de gobernar a buscar la supervivencia en 2021.

A pesar de las denuncias e investigaciones tal parece que en la narrativa de la actual administración se han olvido de este periodo. Desde el púlpito mañanero, Andrés Manuel López Obrador omite denunciar los excesos de su antecesor, quien permitió de forma pasiva la corrupción de funcionarios y gobernadores tricolores. Actualmente persiste el pacto de impunidad presidencial.

Desde mi perspectiva, el pacto de impunidad nació con Miguel Alemán Valdés, presidente de 1946 a 1952, en su sexenio se institucionalizaron los negocios al amparo del poder político. En esta etapa se consolidó el PRI como partido único hegemónico, un régimen autoritario, la presidencia imperial en palabras de Enrique Krauze, que concluyó con la transición en el 2000.

La corrupción de Alemán Valdés inclinó la balanza a favor de Adolfo Ruiz Cortines, político honesto, que gobernó de 1952 a 1958. No bastó la honestidad de Ruiz Cortines para limpiarle la cara a la presidencia, con él nació el pacto de impunidad donde no se le investiga al presidente saliente, se le respeta en su retiro. Este arreglo se ha cumplido a cabalidad hasta la fecha.

Vicente Fox prefirió negociar con los priistas que investigarlos, Felipe Calderón arregló su salida con Peña Nieto[2] y todo indica que Obrador no quiere terminar con esta tradición. Si López Obrador quiere de verdad combatir la corrupción está obligado a ponerle fin al pacto de impunidad. El caso de Lozoya es la oportunidad inmejorable para romperlo.

Desde el encarcelamiento de Jorge Díaz Serrano, ex director de Pemex, no había habido una detención tan importante que evidenciara la corrupción de la empresa pública. Durante décadas los directores priistas de Petróleos Mexicanos abusaron de su posición, en las administraciones panistas continuó el saqueo[3]. El Nuevo PRI prometió una reforma energética, la concretó con sus socios panistas, sin embargo, la implementación y apertura trajo como consecuencia mayor corrupción. El problema no es la apertura al capital privado, uno de los inconvenientes son los casos de corrupción como el de Lozoya. Desde que comenzaron las privatizaciones en México los políticos mexicanos han aprovechado para hacer negocios al margen de la ley.

Emilio Lozoya tiene un acuerdo de colaboración con la fiscalía, los señalamientos apuntan a sus superiores. Es necesario que desde el Poder Ejecutivo se colabore y denuncie lo pertinente. López Obrador puede aprender de Ruiz Cortines, no basta con ser honesto y austero para ser un buen presidente, está obligado a terminar con el pacto de impunidad. De lo contrario es necesario preguntarnos, ¿cuál es su deuda con Enrique Peña Nieto? 

Aguijón: he leído y me han comentado que dejemos de hablar del pasado reciente. No podemos ni debemos abandonar la construcción de una memoria histórica contra la corrupción. Mientras prevalezca el pacto de impunidad y veamos que ex funcionarios y ex presidentes no rinden cuentas sólo nos queda la palabra escrita para recordarles cómo se beneficiaron del poder.

Twitter: @LmElizondo


[1] https://www.youtube.com/watch?v=2vkLqBUJvxg

[2] Véase El Amasiato, de Álvaro Delgado, se explican los acuerdos de Calderón y Peña Nieto.

[3] Véase Camisas azules manos negras: el saqueo de Pemex desde Los Pinos, de Ana Lilia Pérez. 

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