Los hijos de AMLO, obligados a usar una camisa de fuerza. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Gonzalo Alfonso López Beltrán, Beatriz Gutiérrez Müller, Andrés Manuel López Obrador, José Ramón y Andrés Manuel López Beltrán. Foto: Facebook de Andrés Manuel López Obrador.

Por: Ivonne Acuña Murillo


El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se autoimpuso una visión del mundo que no necesariamente se corresponde con la vida que su familia y colaboradores imaginan para sí. Su idea de una vida austera, misma que ha observado siempre y que ha traslado al ámbito de su práctica política y gubernamental, se ha convertido en un rasero con el que sus enemigo-adversarios, la opinión pública y con ella los medios de comunicación miden la forma de vida de quien le rodea, aprestándose a juzgar y condenar a quien no vive como él mismo ha indicado. Es el caso de sus hijos José Ramón, Andrés Manuel, Gonzalo López Beltrán y el más pequeño, cuyo nombre se omite por ser menor de edad, quienes han sido severamente cuestionados por aquello que se ha juzgado como una vida de lujos.

Y no es gratuito toda vez que ha sido el mismo López Obrador quien ha incluido a la austeridad como uno de los ejes de una narrativa a partir de la cual ha determinado, después de un diagnóstico concreto, la que considera la mejor ruta a seguir en bien de la Nación. “No puede haber gobierno rico con pueblo pobre”, ha repetido en un sinnúmero de ocasiones, al tiempo que se ha comprometido a que no se darían muestras de una vida llena de lujo y ostentación en su entorno familiar y laboral, como quedara asentado en un mensaje del 31 de enero de 2015 en que ofreció: “Cuando triunfe nuestro movimiento no habrá ostentación ni derroche en el gobierno”.

Hizo lo mismo en plena campaña durante las elecciones presidenciales de 2018. “Se va a predicar con el ejemplo. El próximo presidente de México va a ganar menos de la mitad de lo que gana Peña Nieto. No vamos a actuar con fantocherías. No tengo complejos, no me a marear el poder. Voy a estar siempre anclado a la tierra […] Va a ser un gobierno austero, sobrio. El poder no es prepotencia, el poder es humildad, el poder es, sobre todo, autoridad moral que es lo que permite tener autoridad política para poner orden en el caos” (video grabado en Fortín de las Flores, Veracruz, el 7 de enero de 2018). Afirmó esto después de asegurar que no se iba a subir al avión presidencial comprado por Calderón y de prometer hacer de Los Pinos un espacio para el disfrute de las artes y la cultura. Ambas promesas se cumplieron.

Ya como presidente en funciones, en el tercer año de su gobierno, en la Mañanera del 4 de enero de 2021, después de cuestionar los gastos en estructuras paralelas como aquella de “ProMéxico” (para promover a México en el extranjero) y de organismos autónomos como el INE, reiteró: “No puede haber gobierno rico con pueblo pobre. Entonces este año (2021) tiene que ser un año destinado a seguir fortaleciendo la política de austeridad republicana. No a la corrupción y no a los lujos”.

Pocos meses después, en octubre del mismo año, el presidente López Obrador declaró que “no cabe duda” que el dinero es “la mamá y el papá del diablo” y aconsejó a los jóvenes a que se alejen lo más que puedan de lo material: “La felicidad, no hay que olvidarlo, es estar bien con uno mismo, estar bien con nuestra conciencia y estar bien con el prójimo, esa es la verdadera felicidad. No lo material, el lujo barato, las marcas, ¡no, no, no, ¡qué barbaridad! (…) la ropa, los relojes, de mal gusto […] Y que conste, que no estoy en contra de quien, con esfuerzo, con trabajo, de conformidad con la ley logran un patrimonio. Siempre lo he dicho, merecen respeto porque no todo el que tiene es malvado, pero el lujo, la ostentación, es de mal gusto, es ofensivo y si nos podemos alejar de eso, mejor”. (Hanzel Zarate, “El presidente AMLO ahora le dice a los jóvenes que ‘el lujo y la ostentación’ son de mal gusto”, MéxicoYa, 6 octubre de 2021).

Al final, estos dichos se materializaron negativamente y llevaron a renunciar a uno de los funcionarios más destacados del sexenio. Después de que se hiciera pública la “ostentosa” boda de Santiago Nieto Castillo, extitular de la Unidad de Inteligencia Financiera y la consejera electoral Carla Humphrey, en Antigua, Guatemala, Nieto presentó su renuncia.

No importó que la ceremonia fuera pagada con dinero de los contrayentes y no con fondos públicos. La opinión pública les condenó y juzgó por hacer ostentación de su desahogada situación financiera, no por corrupción. Esta boda fue calificada por el propio presidente como “un asunto escandaloso” y, nuevamente, recomendó a los funcionarios públicos actuar con austeridad”. (Lidia Arista, “’Un asunto escandaloso’, dice AMLO sobre boda de Santiago Nieto y Carla Humphrey”, Expansión política, 8 de noviembre de 2021).

El mensaje fue recibido, dentro y fuera de México. “La salida de Santiago Nieto y el encarcelamiento de Emilio Lozoya son la última muestra de que los escándalos sobre derroches y lujos no se perdonan en el bloque gobernante” (Elías Camhaji, “Tolerancia cero contra la ostentación: el mensaje de López Obrador para la 4T”, El País, 9 noviembre 2021)

Una vez abonado el terreno la cuasi ostentación o la ostentación completa se convirtieron en “pecados” que había que rechazar y la regla fue aplicada también a los hijos del presidente. La condena pública no se hizo esperar, los tenis de marca utilizados por el hijo menor del presidente un fin de semana del mes de agosto de 2020 en unas vacaciones en Acapulco, que al igual que su calzado fueron cuestionadas; una casa rentada en Houston y otras vacaciones, esta vez en Aspen, Colorado, Estados Unidos, son materia suficiente para cuestionar los “lujos” que los hijos de AMLO no se deberían permitir, no importa si los pagan con sus propios fondos, incluso si los invitan.

No hay manera de evitar que la medida fijada por el presidente sea considerada, por la opinión pública en general, y por sus enemigo-adversarios en particular, cada vez que una persona cercana a él da muestras de aquello que podría ser considerado ostentoso. Asimismo, ha quedado demostrado que el presidente no tiene el control sobre la forma de vida de su familia (con excepción de su hijo menor) menos de sus colaboradores.

Habría que decir, en descargo de los hijos de AMLO y de sus subordinados, que el dueño de un proyecto alternativo de Nación es López Obrador, que quien soñó por décadas con ser presidente de la República fue él, que quien ha hecho de la austeridad una máxima de vida también es él. Ciertamente, todos le han apoyado tratando, por años y décadas, de hacer suyo un proyecto que asumieron como propio pero que al final no forjaron en lo íntimo de su conciencia o al menos no en los mismos términos.

Y es entonces, que los hijos del presidente se ven envueltos en un proyecto ajeno, en las exigencias de una austeridad que al final mutila sus “aspiraciones” de una vida mejor, por lo que cabe preguntarse: ¿por qué las personas que rodean a AMLO deben reducir sus expectativas o privarse de disfrutar del nivel de vida que han logrado sin corromperse, sin robar y sin conflictos de interés? ¿Por qué han de ser juzgadas por hacer aquello que su esfuerzo puede permitirles?

Otra cosa muy distinta es darse una vida de lujos utilizando dinero de las arcas públicas. Eso sí que es reprobable y sancionable, pero no debería serlo el darse esa misma vida a partir del dinero ganado honradamente.

Se acomodan quienes buscan desacreditar al presidente utilizando sus propias palabras y las promesas hechas a nombre de otros y otras. La estrategia ha sido acusar a sus hijos de aquello que él mismo ha imputado a algunos de sus ricos adversarios, de hecho, siguiendo el camino que les ha enseñado por décadas. Al no poder reprocharle a él y echarle en cara un modo de vida diferente al prometido, se esfuerzan por mostrar en otros lo que en él no han podido encontrar y que mejor que sus hijos. El objetivo es siempre el mismo: deslegitimar a López Obrador y con él un proyecto de país que busca disminuir la desigualdad social y los enormes privilegios de una élite rapaz, mostrando cómo la austeridad solo es aplicable, si acaso, a él.

Sin proponérselo, sometió el presidente a su familia y cercanos obligándoles a usar una camisa de fuerza. Al hacer extensiva su exigencia personal de austeridad republicana al gobierno federal, a los organismos autónomos como el INE, a las universidades, a las organizaciones de la sociedad civil, a los altos funcionarios, a su familia, dejó a sus hijos comprometidos a vivir de acuerdo con esta.

La pregunta necesaria en este caso es: ¿están obligados los hijos del primer mandatario a vivir de acuerdo con las medidas de austeridad que su padre se ha impuesto a sí mismo?

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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