La sucesión presidencial: radicales vs moderados. Autor: Venus Rey Jr.

Hace unos días, durante una entrevista con el diario Reforma –a quien el presidente López Obrador considera un boletín del conservadurismo– Ricardo Monreal, líder de la bancada de Morena en el Senado, criticó que la sucesión presidencial se esté adelantando y advirtió que los radicales de Morena van a destruir el país.

El 10 de enero, en la conferencia matutina, López Obrador, con la característica habilidad que tiene, contestó a Monreal y de paso lo dejó prácticamente fuera de la boleta de Morena en 2024. El presidente admitió que él sí es radical, que su movimiento es radical, porque dicho término viene de la palabra “raíz”, y de lo que se trata es arrancar de raíz a los corruptos.

Desde luego, este tipo de frases son música para los oídos de sus seguidores y simpatizantes, que son una amplia mayoría de mexicanos. El discurso le ha funcionado y parece que su efectividad no tiene fecha de caducidad. La inmensa mayoría cree que las administraciones pasadas fueron híper corruptas, y no se equivocan en esta apreciación. Los gobiernos pasados no se molestaron siquiera en dar una apariencia social a sus acciones. Daban la impresión de trabajar más para empresas como Iberdrola que para el pueblo de México; parecían más un consejo de administración que un gobierno para la gente, y los altos funcionarios más CEOs que servidores públicos. Es la verdad, y por eso el discurso de López Obrador es tan efectivo, por muy trillado que sea. Entonces, cuando dice que él sí es radical y que su movimiento es radical, porque quiere sacar de raíz, extirpar de raíz, a los corruptos y al sistema de privilegios injustos de que gozaban, los simpatizantes estallan de júbilo, a pesar de que los números de esta administración siguen siendo limitados.

Ricardo Monreal dijo en esa entrevista con el Reforma que él es social demócrata, y puso como ejemplo a los países nórdicos, en los cuales prevalece esa corriente política. Se desmarcó de los radicales y vaticinó que estos destruirán al país. Dijo que él es una persona que busca consensos, acuerdos, y que eso es lo que el país necesita. En otras palabras, se dijo moderado, pues es claro que un radical no busca acuerdos, y se definió más hacia el centro que hacia la izquierda, como todo social demócrata.

Pero lejos de recular o arredrarse, el presidente López Obrador se echó hacia adelante y llamó a la gente a tomar partido. Es claro que los tibios nunca quedan bien con nadie. Contra ellos pesa la terrible y, valga la redundancia, apocalíptica maldición de Apocalipsis 3:15-16 “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” Tremendo. No sé si el presidente sepa estas cosas del Evangelio (caray, lo que es la ironía: evangelio significa buena nueva o mensaje feliz), pero son muy eficaces. Por eso su llamado a pronunciarse, a definirse, es un llamado a la acción y no simple retórica.

Sus seguidores son pro-activos, lo sabemos. No se puede ser tibio, dice López Obrador, lo cual quiere decir que políticamente no hay que ser del centro. Es más, dijo que el neoliberalismo aconsejaba a los gobernantes moverse hacia el centro, o al menos dar esa apariencia. En otras palabras, el presidente condenó la tibieza, las medias tintas, el centro político, al que considera una postura errónea y neoliberal. Y al hacer esto, creo, acabó con las aspiraciones de Monreal quien, precisamente, se definió como centro en la ya mencionada entrevista.

Desde antes que fuera jefe de gobierno en la Ciudad de México ya hablaba de transformar la vida pública del país y de luchar contra la corrupción. Esa mañana del 10 de enero lo enfatizó, así que no está engañando a nadie y francamente no entiendo por qué mucha gente sigue sorprendida por sus acciones. En la campaña que lo llevó a la presidencia fue puntual y expresó lo que haría ya en el poder, y eso es exactamente lo que está haciendo. Si la gente votó por él, implícitamente avaló su plan, y si su popularidad sigue muy a la alza, es porque la gente sigue avalando su plan. Lo que él pretende, y lo dice siempre, es la transformación real y de raíz de la vida pública y política, y a eso lo llama la cuarta transformación. Que lo esté logrando o no, es otra cosa distinta. Yo creo que sus esfuerzos han sido insuficientes y al final del sexenio habrán también sido insuficientes. Pero la gente vive de quimeras, de sueños, de aspiraciones. Uno le cree más a una persona que percibe como honesta y franca, aunque sea poco efectiva, que a una persona que sabemos que a la primera que nos descuidemos nos va a robar la cartera. Y por eso López Obrador sigue y seguirá en la cima.

Admitámoslo: este país tenía que dejar de ser lo que era. Los candidatos y partidos que perdieron en 2018 no lo entendieron y, creo, no lo acaban de entender. No estoy diciendo que López Obrador ya haya conseguido cambiar al país –de hecho dudo que lo logre–, pero esa inercia tan nefasta y nociva que vivíamos no podía seguir bajo ninguna circunstancia. Y aunque el país sigue mal en casi todos los rubros (economía, seguridad pública, salud), e incluso peor en algunos temas, la mayoría de la gente sigue confiando en el presidente porque lo percibe como íntegro y honesto. Vaya, es casi como si se dijera: “no va a arreglar gran cosa, pero al menos es honesto y no nos va a destrozar ni abusará como lo hicieron de manera infame los anteriores.”

Y a todo esto, ¿quiénes son los radicales a que se refiere Monreal, aquellos que supuestamente van a destruir el país? Claudia Sheinbaum, principalmente. Parece que un distanciamiento entre el presidente y Monreal es inevitable. Monreal quiere ser el candidato de Morena, pero, a mi juicio, los hechos muestran con claridad que no es ni va a ser el candidato del presidente, y tanto en México como en Morena, el presidente manda, punto. Hoy por hoy, la carta fuerte de López Obrador para sucederlo es Claudia Sheinbaum. Y ojo: los motivos por los cuales el presidente está dejando a un lado a Monreal son exactamente aplicables a Ebrard. Desde la óptica de los “radicales”, Ebrard también es tibio.

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

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Un comentarios

  1. Excelente análisis, yo ya anteriormente ya habia publicado que morena hiba pelear contra morena, su principal enemigo, y eso bien o mal lo esta aprovechando la oposición, hay que recordar que la mejor estrategia es el de divide y vencerás, y en ese sentido el presidente ya cayó en su juego, se metió entre las patas de los caballos y eso es muy peligroso, porque no hay que menospreciar a ningún enemigo y si es amigo peor tantito, porque como sea y como buen sparring sabe hacer los movimientos de sombra a quien preparan, y vaya que don Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard, son muy buenos en eso, y ellos pueden anticiparse a los movimientos que pretenda hacer el presidente, y al final se quede sólo y viendo como se derrumba su partido, y su gobierno, el hecho de haber derribado la estatua del presidente en Atlacomulco es un claro mensaje que puede vaticinar algo, hay que observar y no perder fe vista a los acontecimientos, ya que habrá que ver estados unidos a quien apoya, porque ya se dieron cuenta que Lopez Obrador no es alguien cómodo para la administración Biden-Kamala, y esas cuestiones a final de cuentas también pesan, porque no hay que olvidar que ellos están haciendo sus cálculos para incendiar sl pais con algo tan simple, declarar al narcotráfico de nuestro pais como terrorismo, y doblar al presidente fácilmente cuando esté débil, y de ello nos vamos a dar cuenta.

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