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La pasarela de la indignación: La coreografía de la vanidad en las cúpulas del activismo. Autora: Marcela Ortiz Aznar

agosto 26, 2026
La pasarela de la indignación: La coreografía de la vanidad en las cúpulas del activismo. Autora: Marcela Ortiz Aznar

Por Marcela Ortiz Aznar

[18 de mayo de 2026]

Sobra decir que urge la liberación del pueblo palestino. Detener la barbarie que llevan viviendo por décadas es una tarea que convoca a cualquier ser humano con un mínimo de empatía. Tarde o temprano, la historia pondrá a cada quien en su lugar y castigará a los responsables, eso es inevitable.

Sin embargo, en medio del dolor, la desesperación y frustración, es imposible ignorar un fenómeno profundamente humano pero éticamente cuestionable: el oportunismo de cúpula. Dentro de las personalidades que convergen en los movimientos sociales, siempre convive un abanico de intenciones que va desde el deseo genuino de ayudar hasta la amoralidad de quien se monta en la causa para sacar provecho propio. En las condiciones ideales del ecosistema digital actual, el “provecho” se traduce en múltiples monedas de cambio.

El primer beneficio es la sobreexposición en el mundo cibernético. No hablamos de coberturas en medios convencionales, sino de las tecnologías del hoy: transmisiones en vivo, narrativas en video y la viralidad de las plataformas modernas. Esta cacería de seguidores no es inofensiva; busca edificar un capital de atención para relanzar en el futuro negocios personales (servicios, productos con envoltura de “venta con causa”), o mutar directamente en influencers en busca de patrocinios y apoyos económicos.

Luego vienen las relaciones públicas. El activismo transnacional funciona hoy como una agencia de colocación y “conectes”, la palanca perfecta que abre puertas inaccesibles para el ciudadano de a pie: desde conseguir favores materiales ordinarios hasta lograr el puente con el amigo del amigo de un influyente. Para otros, es el escaparate ideal que infla el ego, sana patologías de reconocimiento o teje alianzas con la prensa para golpear a figuras rivales.

El modus operandi financiero de estas cúpulas siempre despierta sospechas legítimas. En estos colectivos es común ver liderazgos que se autodenominan “representantes únicos” o “avalados”, ya sea por cuestiones de edad o porque supuestamente fueron elegidos por mandos superiores. Somos testigos de constantes traslados y estancias en el extranjero que no se financian (o no del todo) con ventas o eventos solidarios o recaudaciones conscientes, las matemáticas operativas desmienten el mito: el costo de una agenda con eventos continuos, vuelos nacionales e internacionales, viáticos, exige fondos que las bases de a pie simplemente no poseen.

La realidad suele apuntar a inversiones iniciales muy astutas, así lo considero, pues es exactamente como un negocio piramidal: primero compras el paquete, haces una inversión algo considerable y después la vas recuperando. Los “liderazgos” con ciertos recursos o con un “tarjetazo” pagan para figurar en la primera línea cuando un movimiento va cobrando más fuerza, lo hacen cuando detectan que es el escenario ideal para capitalizar después. Hasta eso estas personas tienen buen olfato, se acercan a los actores clave, sean políticos, artistas, o a las dirigencias a nivel internacional, se hacen presentes de forma constante y son así validados. A la par van tejiendo una red de seguidores para después irse apropiando de los movimientos a nivel local, los siguientes beneficios corren por cortesía de las macro-organizaciones y el opaco tablero geopolítico, donde conviven depositantes que pueden ser muy transparentes, pero otros sumamente oscuros. Vemos también cómo operan los viáticos selectivos dentro de los círculos de confianza, la lógica utilitaria de “la amiga de mi amiga”, mientras a quienes sostienen las pancartas en las marchas se les imponen formatos digitales de registro para acceder a las misiones —pantomima que simula esos concursos de carrera pero que en el fondo funcionan con “dedazo”—, los elegidos viajan gratis para hacer lobby político, la base (muchos con gran experiencia) se queda en la oficina contestando mensajes de soporte o recibiendo chorros de agua durante alguna manifestación.

Nadie exige un purismo absoluto en los grupos humanos, pero es alarmante cómo las dinámicas autoritarias, retorcidas y corruptas que tanto criticamos en los partidos tradicionales se agudizan en los movimientos sociales. No por nada en el medio de los derechos humanos existe la cruda máxima popular de que algunas organizaciones no traen la paz, sino la pura “guerra”, enlodando la causa con grillas, celos y el absurdo miedo de perder “el puesto”. No es en el silencio cómo lograremos un cambio sino cuestionando estos comportamientos nocivos. 

[ACTUALIZACIÓN: 25 de agosto de 2026]

El tiempo transcurrido desde la primavera en que escribí la primera parte de este texto ha confirmado el diagnóstico: la forma es fondo. Tarde o temprano todo sale a la luz y se revela el ADN de quienes buscan manipular y usar a los otros como carne de cañón para su beneficio personal. Hoy día comprobamos que no existió una recta intención y que detrás de ciertas figuras hay vínculos con partidos, con actores políticos que dejan mucho que desear; silencios ensordecedores de otras tantas que prefieren “nadar de muertito”. Para muestra está Thiago Ávila, activista brasileño carismático y muy empático con los que sufren, hoy día en campaña para ganar una diputación federal en el gigante sudamericano. Nada tengo en contra de Thiago, le deseo el bien y me sigue generando algo de ruido su decisión. Pienso que se agradecería la honestidad de admitir lo que en el fondo muchas de estas “figuras” ciudadanas desean y buscan. Escalaron en la estructura para ganar una postulación o un programa de televisión; lo intolerable es la simulación, el uso de la gente y de las causas.

Frente a esta coreografía de la vanidad y la manipulación el verdadero activismo de desobediencia civil opera en el más absoluto y digno anonimato, lejos de la alharaca mediática. Mientras las cúpulas viajan, el mundo apenas se entera ahora, debido a los juicios que enfrentan, de las acciones de colectivos juveniles como los Ulm 5, que arriesgan su propia libertad en Europa boicoteando directamente fábricas de armamento para desmantelar la maquinaria bélica. Otros jóvenes se han encadenado silenciosamente a las vías de los trenes logísticos en Róterdam. Ellos no hacen uso del espacio digital para una explotación estética de la intimidad familiar o el drama, ni posan frente a las cámaras con la kufiya del día que combina con el labial, ni con uniformes limpios e inmaculados bajo la lógica de la “propaganda de escombros” para blanquear agendas particulares. No se necesita ser un soldado para incurrir en esa misma simulación utilitaria: tanto el uniformado como el civil que explotan la tragedia humana persiguen el mismo fin de relaciones públicas.
Al igual que en el arte independiente, alternativo y autogestivo, al cual pertenezco desde hace casi veinticinco años, el verdadero talento y la convicción pura rara vez son vistos por las masas; el sistema prefiere visibilizar el lip-sync estridente de las grandes producciones que generan ganancias rápidas, o con el dinero del erario se le da difusión a los “cuates” artistas del gobierno en turno. Ciertos partidos y gobiernos impulsan a estos personajes de aparador porque les son coyunturalmente convenientes para simular simpatía social, acercarse a ciertos sectores, tener más audiencia, votos, y cuando el viento político cambia de dirección son arrojados al bote de basura. Para hacer política activa se requiere templanza, contención y salud mental; la congruencia no se mide en las millas de viajero frecuente de quienes usan causas tan dolorosas como una franquicia de colocación personal sino en los pequeños actos del día a día.

  • Marcela Ortiz Aznar es cantante, cuenta con cinco producciones independientes así como con varios sencillos; es locutora, ha trabajado en radio. También se ha desempeñado en el área de comunicación social dentro del servicio público. Tras una pausa, ha reactivado su espacio autónomo de música y opinión en: http://marcelaoa.com

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