La imparable expansión de Morena: ¿Ganará el 2024, sobrevivirá sin AMLO? Autor: José Reyes Doria

Foto: Cuartoscuro

Autor: José Reyes Doria

El fenómeno político-cultural de la implantación de Morena en mapa electoral es espectacular. En 2018, la estructura y la militancia del partido eran muy reducidas, al grado de que, al no tener el número suficiente de candidatos, tuvieron que ofrecer candidaturas a personas que estaban cómodamente sentadas en sus casas sin el menor interés en la política. Muchos aceptaron ser registrados como candidatos, pero no hicieron campaña ni nada de proselitismo. Vino la ola de López Obrador y de la nada se convirtieron en legisladores, alcaldes, regidores, etcétera. Ahí empezó el proceso de “morenización” de la vida político-electoral en México.

El proceso se da en dos vertientes. La primera, es obvia y típica en culturas políticas como la mexicana: los liderazgos y dirigentes que toda la vida militaron en PAN, PRI, PRD, en gran medida se fueron a Morena porque ahí está el poder. En muchas ocasiones sin justificar su cambio de camiseta, empezaron a ocupar candidaturas a gobernadores, diputados, alcaldes en las elecciones que se han realizado en 2019, 2020 y, sobre todo 2021.

La segunda vertiente del proceso de “morenización” es la más interesante, sobre la cual hacen falta estudios profundos con nuevas perspectivas de análisis para explicar y entender el fenómeno. De pronto, en un lapso de tiempo inusitadamente corto, el país se ha vestido de los colores de Morena en las gubernaturas, presidencias municipales y los Poderes Legislativos federal y locales. Este 2022 Morena puede acumular 22 gubernaturas, en un proceso francamente espectacular que se puede ilustrar con numerosos casos. Por ejemplo, las tendencias electorales rumbo a la elección de gobernador en estados como Tamaulipas: Morena tiene una intención de voto de más del 50% en una tierra donde jamás la izquierda tuvo presencia, donde PRI y PAN se repartían el poder desde hace años (claro, el candidato a gobernador de Morena es de cuna priista de abolengo, pero; aunque fuera otra persona, la tendencia sería similar).

Lo mismo podría decirse de los casos de Sonora o Sinaloa en las elecciones del año pasado, donde la izquierda nunca había tenido presencia significativa. Recordemos que cuando el PAN ganó la presidencia de la República en el año 2000 con Fox, no se dio un proceso de “panificación” del mapa político-electoral mexicano; al contrario, el PAN frenó su cosecha de gubernaturas y en las elecciones intermedias perdió ante el PRI. Con el gobierno de Felipe Calderón, continúo la decadencia del PAN. Es decir, la incursión del PAN en el poder presidencial no se tradujo en una migración masiva al partido blanquiazul.

Entonces, ¿por qué en esta alternancia encabezada por AMLO y Morena sí está ocurriendo un vuelco espectacular del mapa electoral, implantado una dominación imparable del nuevo partido oficial? En mi opinión, este fenómeno obedece a dos factores: el primer factor consiste en el profundo desgaste de PRI y PAN. En 2018, la condena social hacia los gobiernos priistas y panistas era clamorosa, el grueso del electorado decidió no solo votar en contra de los partidos tradicionales, sino condenarlos a la desaparición o relegarlos a una dimensión muy reducida, sin posibilidad de darles otra oportunidad ni en elecciones federales ni en elecciones locales.

Nuevamente, el segundo factor que explica la expansión de Morena es el más interesante. A reserva, insisto, de que el proceso se estudie a profundidad, lo que se observa es un eficiente proceso de transferencia de operación político-electoral y de identidad partidista de PAN-PRI hacia Morena. En los estados, en las regiones, en las comunidades, la maquinaria y la oferta política de PRI y PAN tenía un modus operandi que dependía sustancialmente de los recursos y la expectativa del poder. Los dirigentes y líderes tenían “amarradas” a las bases del voto duro, en cada elección se activaba la maquinaria con base en prebendas garantizadas para los operadores y para las bases del voto duro que se movilizaban para convencer a los vecinos de votar por PRI o por PAN. En numerosas ocasiones, sobre todo a partir de la alternancia del año 2000, se observaba que los operadores políticos podían cambiar de cachucha y hacer campaña por otro partido, a cambio de canonjías, y que tenían la capacidad de convencer a las bases del presunto voto duro para votar por otro partido (claro, garantizándole a estas bases prebendas específicas y facilitando que esas bases tuvieran recursos para estimular a los vecinos a votar por otro partico; siempre por el PRI, ahora por el PAN, o viceversa).

La cantidad de votos que se pueden movilizar a partir de estos procedimientos es incierta, porque algunos estudios indican que una gran franja de los votantes no se deja influenciar por las bases del voto duro de ningún partido, sino que votan a partir de lo que les indica la coyuntura. Sin embargo, los votos promovidos por la maquinaria de operadores y las bases de voto duro, son considerables, capaces de definir una elección.

En este contexto, la “morenización” del país se explica en buena medida, porque los operadores electorales en estados, regiones y comunidades, ante la debacle de PRI y PAN en 2018, han decidido o han sido convencidos por Morena de sumarse a la ola guinda, a cambio de garantizarles las mismas prebendas de antes e incluso incrementarlas en algunos casos. Gran parte de los operadores electorales antes de PAN y PRI comprobaron que la expectativa de poder está con Morena y no han tenido el menor empacho en cambiar de colores partidistas y, con los recursos que les han garantizado, han podido convencer a las bases del voto duro antes PRIANISTA, de votar y promover el voto ahora por Morena. Es la dinámica centrípeta del poder, gran parte de la población mexicana ha sustentado por décadas sus preferencias e identidad partidista no en programas o idearios, sino en el poder del candidato o el gobernante para darle a la gente algún bien material durante la campaña (desde dinero, hasta láminas, tinacos, trastes, camisetas, etcétera). Y apoyos directos ya en el gobierno.

 De esta forma, se explica buena parte del fenómeno de la avalancha morenista que puede derivar en que, en las elecciones presidenciales de 2024, Morena llegue con 23-25 gubernaturas, situación inédita desde el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988). Desde luego, el fenómeno de “morenización” se explica también a partir del voto convencido y hasta libertario de mucha gente que, siendo votante tradicional del PRIAN, ante la aparición del Morena y el fenómeno AMLO, ya no quiere volver a votar por PAN-PRI. No sabemos si Morena tendrá el tiempo, el talento y la oportunidad de hacer duradera en el tiempo esta dominación, pero ese ya es otro tema.

La gran pregunta es si este posicionamiento de Morena y los sostenidamente altos niveles de popularidad de López Obrador garantizan un triunfo cómodo en la presidencial de 2024. La respuesta inmediata, permeada de confianza y triunfalismo, sería que sí, que Morena ganará “caminando” en 2024. Sin embargo, es previsible que entren en juego múltiples factores que pongan en riesgo esa ruta aparentemente tranquila. En las elecciones de 2024, al estar en juego la presidencia de la República y el Congreso de la Unión, los diversos poderes fácticos que cada vez hacen más pública su confrontación con la llamada Cuarta Transformación, que se sumen activamente a la campaña, apoyando a la oposición y minando al candidato oficial. También es importante que el bloque gobernante evite rupturas, tanto en la definición de la candidatura presidencial, como en la distribución de poder entre los gobernadores morenistas, porque si AMLO cae en la tentación de dar por sentada la sumisión de los poderes locales morenistas y les impone candidatos y condiciones, se puede descomponer el cuadro.

José Reyes Doria
José Reyes Doria

Politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com

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