La ignorancia, la peste del siglo. Autora: Emma Rubio

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Hace tan sólo unos días que nuestro país fue testigo de un acontecimiento histórico; el presidente Andrés Manuel le llama “La cuarta transformación”. Debo confesar que me pareció un poco aventurado de su parte llamarlo así, pero después caí en cuenta de que estamos acostumbrados a llamar historia a lo que ya pasó. Sin embargo, recordando a Gadamer, quien pensaba que el ser era lenguaje y por ende, el ser es historia aconteciendo. Esto es, la historia la vamos haciendo. Visto desde esta interpretación, puede resultar que la idea de una “transformación” sea legítima.

Aquí lo funesto es seguir viendo la separación que se dio en tiempos electorales. México es uno queridos ciudadanos; y si seguimos siendo arrastrados por la ola de odio de esos cuantos que cual marionetas nos manipulan, entonces debo decirles que difícilmente podremos tener capacidad de identificar cualquier tipo de transformación.

Mentes obnubiladas son las que siguen instaladas en el discurso de denostar a nuestro actual presidente, sin darse cuenta que el sexenio pasado, por muy pésimo que resultó nuestro empleado Peña Nieto, lejos de tener una ciudadanía que le ayudase a ser mejor presidente, o por lo menos el que creíamos merecer, tan sólo lo vapuleamos, al grado que jamás pensó en nosotros quienes lo empleamos y jugó el juego sucio de la corrupción cínica.

No con esto digo que el ahora ciudadano Peña Nieto es víctima y nosotros por nuestra maldad le permitirnos enriquecerse de modo obsceno junto con todos sus compañeritos de saqueo. Pero sí vale la pena cuestionarnos ¿qué hicimos realmente nosotros para impedirlo? Hace unos días tuvimos el ejemplo de Francia y su oposición masiva al precio de la gasolina. Aquí tan sólo se dedicaron a ridiculizar con memes los actos de vandalismo de cuello blanco. ¿Es culpa de ellos o de nosotros que nos empeñamos en denostar, mofarnos y ser muy creativos para eso? Cabe mi reconocimiento a esas mentes que en verdad tienen una gran creatividad, pero ¿es justo eso lo que queremos?, ¿destacarnos como el país que más se mofó de su presidente?

La cuarta transformación no compete solamente al actual presidente y su equipo, nos compete a todos. La historia de México ha sido escrita por todos los que estuvieron en esos tiempos. ¡Despierten! no estamos viendo una película ni jugando un videojuego, estamos existiendo, y si no comenzamos desde este momento a darnos cuenta de que las propuestas de este nuevo gobierno nos conciernen y que esas consultas puedes tomarlas como populismo, como lo que quieras, sin embargo, eres tú mismo quien tira por la borda tu propio derecho a decidir.

Me genera algo de preocupación ver comentarios tales como: “A ver si les cumple su presidente chairos”, “Ya verán chairos que se arrepentirán”. Yo me pregunto, ¿a qué galaxia se fueron a habitar estas personas que tan sólo aprovechan el wifi para seguir maldiciendo lo que por evidencia surge de su más auténtica ignorancia? Me da terror, lo confieso, me da terror, no que mañana seamos Venezuela, o que nos volvamos de repente todos comunistas como si se tratase de la peste. La verdadera peste es la ignorancia, parece viral, se mete sin darte cuenta y se manifiesta con los síntomas de la prepotencia, la falta de empatía y claridad, la falta de conciencia y desfase de la realidad. No se dan cuenta que no se trata de un campo de batalla, es su país, su hogar y si les va mal a los “chairos” les va mal a ellos también si siguen en este país.

Es tiempo de dejarse de tremendas sandeces y entonces trabajar en comunidad, no sólo cuando haya terremotos, huracanes, o cualquier tragedia natural. La existencia es hoy y no sabemos por cuánto, no supongamos, informémonos y tengamos un juicio propio, pero, sobre todo, tengamos una postura a favor de la vida, de la justicia, de la igualdad, de la equidad. ¿Qué ganas con seguir en una lucha que tan sólo ha sido para beneficio de minorías? Déjense ya de retórica y pongámonos a trabajar, que en efecto, estamos haciendo historia y debemos ser artífices de grandes acontecimientos y ya no testigos pasivos de grandes desgracias. Apoyemos a nuestro presidente y su equipo, que la mayoría de este país los ha elegido, así que son nuestro equipo de trabajo, la República de Platón puede no ser tan utópica si realmente mantenemos el orden y el respeto y nos dejamos de habitar en las sombras.

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