La actual lucha de clases: la migración. Autora: Emma Rubio

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Los migrantes no sólo huyen de sus países asolados por la guerra sino también por un cierto sueño o, incluso, por una necesidad que es la de vivir mejor. Todos los días vemos un peregrinar en las fronteras donde podemos observar la paradoja de la utopía: precisamente cuando las personas se ven en una situación extrema, angustia y peligro uno esperaría que se conformaran con un mínimo de seguridad y bienestar, estalla la utopía absoluta. La funesta lección que aprenden los migrantes es que el sueño no existe, tendrán que aprender a censurarlos y centrarse en cambiar la realidad.

Los migrantes se toman en serio el principio proclamado por Estados Unidos de la “libertad” pero hay que ser muy específicos, no a todos nos es dada tal libertad de movimiento, si bien todo mundo tiene derecho a instalarse donde quiera y satisfacer sus necesidades, la realidad es que los migrantes siempre terminan siendo ciudadanos de segunda a donde quiera que vayan, nunca dejan de ser extranjeros. En nuestro mundo global, es más fácil que las mercancías circulen libremente, incluso las drogas, pero no las personas, por lo que están surgiendo nuevas formas de apartheid. Ese tópico de los muros porosos, de la amenaza que acaece tras la llegada de extranjeros, es estrictamente inmanente al capitalismo global que constituye un índice de falsedad de la globalización capitalista en donde las personas son arrancadas de su vida comunitaria para poder irse y encontrar empleo donde se les explota. La manera que el capital se relaciona con la libertad de movimiento de los individuos, lo que es contradictorio de manera inherente, pues se necesitan individuos “libres” como mano de obra barata, pero al mismo tiempo se necesita controlar sus movimientos, pues no se les pueden permitir las mismas libertades y derechos.

En el texto de Thomas Frank sobre el auge del fundamentalismo cristiano en Estados Unidos, describe de modo atinado la paradoja del conservadurismo populista, cuya premisa básica es la brecha entre los intereses económicos y las cuestiones “morales”, esto es, que la verdadera oposición económica de clases se traslada/codifica a la oposición entre verdaderos americanos, cristianos, honestos y esforzados trabajadores, y los liberales decadentes que toman café latte, defienden el aborto, conducen autos extranjeros, y también defienden la homosexualidad, se burlan del sacrificio patriótico y del modo de vida provinciano, por lo cual, para el conservadurismo el enemigo es el “liberal” que a través de sus intervenciones estatales federales socava el auténtico estilo de vida americano. La idea económica que se deriva de este estilo consiste en liberarse de ese poderoso Estado que grava a la clase trabajadora y esforzada a fin de financiar sus intervenciones reguladoras y programa económico de mínimos que se resume en menos impuestos, menos regulación. Por lo que en realidad lo que hacen los conservadores, es votar por su propia ruina económica. Pues menos impuesto y menos regulación significa más libertad para que las grandes compañías sigan arruinando a los pobres, menos intervención estatal es menos ayuda federal. A ojo de los populistas evangélicos de Estados Unidos, el Estado representa una potencia extranjera el cual elimina la libertad del creyente cristiano y lo libera de responsabilidad moral de la Administración, con lo cual, debilita la moral individualista que convierte a cada uno en arquitectos de su propia salvación. Y no es de extrañar que las grandes empresas acepten encantadas esos ataques evangélicos al Estado. La suprema ironía de la historia consiste en que el individualismo radical sirve de justificación ideológica al poder ilimitado de lo que la gran mayoría de individuos experimentan como un inmenso sistema anónimo que regula sus vidas.

Aunque la clase dirigente está en desacuerdo con el programa moral populista, tolera su “guerra moral” para mantener a raya a las clases bajas, es decir, les permite expresar su furia sin que esto interfiera en sus intereses económicos, Lo cual significa que la guerra cultural es una guerra de clases desplazada.

Lo cual nos hace preguntarnos si el desplazamiento de los hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, pero principalmente de los primeros, ¿no responde más bien a otras necesidades que van más allá de las individuales? Cierto es que Honduras es el país más pobre del continente después de Haití, pero desde 1920 Estados Unidos ha sido amo de Honduras; en 1980, Honduras, según el periodista e historiador argentino Gregorio Selser, se convirtió “en una república alquilada al imperio, el portaviones estadounidense en América Central”. El presidente José Arcona expresó en una ocasión que Honduras era un país tan pequeño que no podía permitirse la dignidad y al modo de Estados Unidos, en 2009 dieron un golpe de estado a Manuel Zelaya, quien simpatizaba con Hugo Chávez, quedando Juan Orlando Hernández como el presidente impuesto por Washington, generándose una crisis social, política y económica, por lo que cabe preguntarse ¿quién está financiando esta migración? ¿a quién le interesa generar desestabilización? ¿por qué tanto terror a los migrantes? Hay quienes dicen que quizás el magnate George Soros ha financiado la coalición de invasión refugiada llamada ‘Soros Express’ basado en las revoluciones que promovió como la primavera árabe, entre otras, si esto es así, ¿por qué provocar un caos en el inicio del mandato de Andrés Manuel?, quizá porque todo cambio implica una desestabilización, lo cual genera vulnerabilidad y máxime si estamos enfrentando una polarización interna, sumando a las próximas elecciones norteamericanas y la intención de volver a ser presidente Donald Trump. Vaya complejidad de la situación que estamos enfrentando, pero lo que me queda claro es que hoy más que nunca tenemos que unirnos como ciudadanía y dejarnos de polarizaciones absurdas, pues de lo contrario, México se verá rebasado por sus luchas internas y externas, para lo cual se necesita algo más que el simple espectáculo patético de solidaridad de todos nosotros, “gente libre, democrática y civilizada”, con los “grandes criminales y monstruos” llamados migrantes. Todos somos humanos y queremos lo mismo, vivir en paz.

@Hadacosquillas

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