Kondo y el huachicol. Autora: Pilar Torres Anguiano

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Había una vez un lugar en el que los huachicoleros no eran sino los que rebajaban el pulque y el aguardiente con agua. Más o menos cerca de la universidad había una pulquería, La peor es nada, se llamaba. La prima de una amiga y sus amigos en alguna(s) ocasión(es) fueron saliendo de clases a la degustación. Antes, mucho antes de que los millenials convirtieran al tlachicotón o baba de oso en algo cool.

—“Quihubo, güero, ¿le servimos un curado de coco?”

—“Órale, pero que no esté huachicoleado”.  

Esa fue la última vez que la prima de mi amiga escuchó ese término con esa connotación. Hoy, es un tema en el que todos nos volvimos expertos o, al menos, del que todos nos hemos formado una opinión en días recientes.

La opinión, doxa en griego, es un modo de conocimiento vinculado a la experiencia y la percepción; por lo tanto, parcial. La intolerancia a la frustración que hemos desarrollado hoy en día se manifiesta porque de inmediato respondemos a la defensiva frente a la posibilidad de enriquecernos con una opinión ajena; todo un tema de análisis.

Lo ideal es que una opinión sea emitida como resultado de un razonamiento lógico. Sin embargo, en contraste con el conocimiento científico, la opinión puede ser cierta en algunos casos, pero falsa en otros. A veces, la opinión es el resultado de una mera acumulación de información. Sea cual sea el caso, una opinión versa sobre las experiencias, la representación, los miedos, las ocurrencias, o bien, sobre las tendencias. Así, por más que en twitter todos nos creamos expertos y mandemos a las señoras a sentarse y a los viejos lesbianos a callarse, una opinión suele ser asistemática.

Lo mismo nos encontramos gente cuya opinión es que, quienes se quejan del desabasto de gasolina, están en favor del huachicol, y que deberían aprovechar para disfrutar la ciudad, sacar las bicicletas y caminar de sus casas a sus trabajos (aunque vivan en Ciudad Neza y trabajen en Santa Fe). Otros apoyamos la medida de cerrar los ductos de combustible para combatir el robo, pero esperamos una solución pronta porque, con todo respeto para los ecologistas ocasionales, nadie puede vivir sin combustible. Ni si quiera las comunidades amish o las menonitas.

Opiniones van y vienen, pero lo que resulta preocupante es que la autoridad competente niegue la existencia de un problema que se les puede salir de las manos. Sobre todo, tomando en cuenta que un problema es el planteamiento de una situación cuya respuesta desconocida debe obtenerse a través de un método adecuado. Por lo tanto, el primer punto para resolverlo es aceptar que existe. De lo contrario es prácticamente imposible generar una solución. Todos lo percibimos, es innegable.

Al respecto, un influencer comentó esta semana –a manera de chascarrillo– que los mexicanos deberíamos traer a Marie Kondo a arreglar el estiercolero que está hecho el país, lógicamente, refiriéndose al presidente a quien tanto odia el tal @chumibebé. No se dio cuenta, pero –con una pequeña ayuda– su opinión podría inclusive, ser valiosa, nada más que en contra de su propio argumento.

El método de la autora japonesa de moda, sugiere que la organización otorga la felicidad y que, cuando las personas nos enfrentamos a todo lo que tenemos, nos damos cuenta de lo que realmente ocupamos. Lo anterior significa admitir que estamos llenos de cosas que no necesitamos, dejando así que el desorden y el caos nos rijan. La tranquilidad empieza reflexionando sobre el valor que tiene cada objeto y el lugar que debe ocupar. Se me ocurre pensar que, si nos molestan más las largas filas que el robo sistemático, algo hay en nuestras vidas que no nos da paz. Por eso somos tan propensos a la histeria colectiva.

Si los mexicanos aprendiéramos a priorizar en vez de almacenar, no se habrían visto las lamentables escenas de personas llevando sus tinacos Rotoplas a las gasolineras o llegando a los golpes por unos cuantos litros de gasolina.

Lo confieso, a riesgo de ser tachada de pro huachicol: en esta semana sí me desesperó un poco no conseguir gasolina. Ante los conspiracionismos de uno y otro lado, los ciudadanos estamos en medio. Mejor tomarlo con filosofía. Y no. No apoyo el huachicol en su acepción original, mucho menos en la de hoy en día.

El desabasto nos afecta a todos, desordena un poco nuestras vidas. Nos preocupa, nos molesta. Pero no estaría de más comentar, por cierto, que Marie Kondo también dice que: “para ordenar realmente, primero hay que desordenar”. Por el bien de México, ojalá que tenga razón.

@vasconceliana

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