Internacionalismo o Extinción/La respuesta de la humanidad ante el coronavirus demostró que tenemos la capacidad para emprender acciones globales emergentes contra el cambio climático que detengan nuestra extinción.* Autor: Iván Uranga

¿Qué melodía van a recordar nuestros ríos si las aves olvidan cómo cantar?
Sheniz Janmohamed

Nadie duda sobre el cambio geopolítico y ecológico que se gestará el día después del virus, cuando el mundo tome conciencia de la necesidad de apartarse de la comida chatarra, de los agroquímicos, de los transgénicos en los alimentos y de necesidad vital de reducir drásticamente la contaminación del planeta por simple sobrevivencia.

La diferencia radica en cómo debe darse este cambio; magnates, políticos, religiosos, activistas y científicos tienen diferentes propuestas, muchas contradictorias entre sí. Esto sin contar a los millones de opiniones sin fundamento expresadas en la redes sociales como verdades absolutas. En este río de conjeturas sobre el nuevo curso del mundo, científicos de todo el mundo registraron hechos positivos de la paralización forzada por la supervivencia.

Encontraron que por pequeños periodos en las diferentes regiones del mundo han caído drásticamente las emisiones que provocan el calentamiento global. La paralización del transporte, fábricas, comercios masivos y servicios prescindibles, llevaron a una reducción de la demanda de combustibles sin precedentes. En Europa los trenes no circulan y el suministro eléctrico se redujo a la generación nuclear y la sustentable, además de muy pocas termoeléctricas. Con calles y autopistas vacías, puertos y amarraderos que albergan desde cruceros hasta buques mercantes, más la cancelación de unas decenas de miles de vuelos internacionales diarios que depositan a 10,000 metros de altura los peores gases contaminantes, es fácil suponer que el planeta respira mejor. Nuestras acciones de vida, no tienen recompensas ni castigos, sólo tienen consecuencias.

Ante este panorama, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, advirtió que si bien la pandemia puede causar una caída temporal de las emisiones de efecto invernadero, la emergencia sanitaria no podría resolver la crisis ambiental, de manera que toda la atención que se presta para combatir el coronavirus no debe distraernos de la necesidad de evitar una catástrofe climática. Este año hemos registrado las mayores temperaturas en la historia de la humanidad, causando calamidades y otras alteraciones en los ecosistemas terrestres y marinos.

  • La ONU tiene una página en donde registra todos estos cambios a causa del Calentamiento Global. https://news.un.org/es/news/topic/climate-change.
  • Por primera vez este 2020 por acuerdo de la Asamblea General de ONU se celebra el 7 de septiembre como el Día Internacional del Aire Limpio.

La respuesta de la humanidad ante el coronavirus demostró que los gobiernos y los ciudadanos tenemos la capacidad para emprender acciones coordinadas emergentes e inmediatas contra el cambio climático que detengan nuestra extinción.

“Cuando planteo que la del cambio climático es una batalla entre el capitalismo y el planeta, no estoy diciendo nada que no sepamos ya. La batalla ya se está librando y, ahora mismo, el capitalismo la está ganando con holgura. La gana cada vez que se usa la necesidad de crecimiento económico como excusa para aplazar una vez más la muy necesaria acción contra el cambio climático, o para romper los compromisos de reducción de emisiones que ya se habían alcanzado.”
– Naomi Klein

Más allá de corrientes ideológicas, nuestra supervivencia está íntimamente ligada al aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que comemos, los lugares que habitamos, así que la primera tarea es que nuestro planeta siga siendo habitable para nuestra especie y para las demás especies que tuvieron el infortunio de convivir con la nuestra. El cambio climático hace saltar por los aires el andamiaje ideológico que sostiene al conservadurismo de izquierda y de derecha contemporáneo que gobierna en nuestros países. El cambio climático plantea un reto muy profundo para ese doble centrismo cauteloso, porque las medidas tibias ya no sirven para solucionarlo. Para ello necesitamos romper de ya con la apatía ciudadana y participar activamente no sólo en las resistencias autónomas que construyen pequeños reductos libres de capitalismo, y las luchas científicas, legales y públicas contra el calentamiento global; hoy la sobrevivencia nos obliga a participar activamente en los procesos electorales, para postular opciones de candidatos que permitan ganar las diferentes instancias de los gobiernos para que sean dirigidos por personas para las que sea más importante el medio ambiente que el dinero, el ego o el poder.

Si realmente crees que el medio ambiente es menos importante que la economía,
intenta aguantar la respiración mientras cuentas tu dinero
.
Guy R. McPherson

Existe una contradicción ontológica entre medio ambiente y capitalismo; los dos no pueden coexistir en un mismo espacio físico. Cada uno de los aspectos del capitalismo son contrarios a la vida, no sólo la explotación del esfuerzo de los seres humanos, sino y mucho más importante la explotación de las demás especies y de las riquezas de la Tierra a través de decenas de miles de proyectos extractivistas en todo el planeta para beneficio económico del uno por ciento de la población mundial.

Las medidas de salud emergentes que se tomaron durante la pandemia, detuvieron la macroeconomía y el consumismo de un solo golpe, y pudimos ver a miles de millones de humanos consumiendo únicamente lo indispensable, dejando a un lado por primera vez en su vida, los productos que la publicidad posicionó como indispensables para la vida y que ya nos dimos cuenta que no lo son. También pudimos observar que el modelo económico actual es una economía superficial, en donde los verdaderos generadores de la riqueza, los que trabajan la tierra, deben cargar en sus hombros a todos los demás que no producen nada indispensable para el sustento de vida y pudimos ver, en la primera etapa de la pandemia a la elite económica del mundo sumamente preocupados porque fueron los primeros contagiados, pero también pudimos ver, que en cuanto se sintieron a salvo, comenzaron a exigir que se continuara con la explotación.

Y fue en ese pequeño lapso, cuando el 30% más privilegiado estuvo guardado, cuando las fábricas de los dueños del dinero pararon por un segundo, cuando los automóviles que poseen solo el 10% de la población dejaron de circular, que la Tierra respiró. El otro 70% tuvo que seguir exponiéndose en la calle, porque si no trabajan un día no comen, porque son prescindibles, porque su aspiración en esta economía criminal es poder pagar la renta, la luz, el gas y la comida. Son a los que les espera una mala vejez, porque ellos no pueden ahorrar para pagar su libertad de producir.

La palabra ahorro viene del árabe حُرّ (hurr = “libre”). De ahí salió el arabismo horro que se empleaba en la Edad Media para denominar a los esclavos que habían juntado lo necesario para pagar su libertad y se convirtió en sinónimo de “libre, o el que no es esclavo” en algún momento significó “desnudarse” ahorra era liberarse de las ropas. Hasta llegar a la definición actual en donde los dueños del dinero incrementan sus ganancias con tu esfuerzo y te esclavizan ahora con sus bancos, y te piden que ahorres para que ellos inviertan tu dinero en contaminar al planeta y ganen más otra vez con tu esfuerzo, y si te quieres liberar debes ahorrar para tu retiro y poder –como en un principio– pagar tu libertad.  

  • La macroeconomía promoverá el uso de la energía solar, como tabla de salvación para el mundo, el día que encuentren la forma de ser dueños del sol.

Así que no hay más salida; o matamos al capitalismo o matamos al planeta.

No podemos seguir tratando a la Tierra como si fuera un negocio en liquidación. La naturaleza se encargó de mostrarnos el camino, nos obligó a reflexionar, mientras se tomaba unas pequeñas vacaciones de nosotros. El problema hoy es el rebote, no del virus, el rebote del capitalismo-consumista criminal, porque los dueños del dinero quieren recuperar lo que consideran pérdidas de la pandemia, la explotación del esfuerzo humano hoy es más fácil que nunca porque millones perdieron sus empleos y pueden encontrar mano de obra barata, y los que tienen capacidad de consumo, salieron del encierro desesperados a comprar ropa, comprar zapatos, comprar autos, comprar, comprar, comprar lo que sea, rescatar un poco de la comodidad perdida, porque consumir se ha convertido en una necesidad psicológica de los seres humanos convertidos en clientes que creen que universo está obligado a estar en perfecta armonía con la ambición humana.

  • Los humanos somos una enfermedad mucho más mortal que la Covid-19 para el planeta.

Por lo que el problema más importante sobre el medio ambiente es uno que rara vez se menciona, y es la falta de ética de nuestra especie. La crisis ambiental es la crisis de todo el modelo civilizatorio. Es la crisis de un modelo económico, tecnológico y cultural que ha depredado a la naturaleza y negado a las culturas, a las naciones y las especies no hegemónicas. El modelo civilizatorio dominante degrada el ambiente, subvalora la diversidad cultural y desconoce al otro (a las demás especies, al indígena, al pobre, a la mujer, al negro, al Sur) mientras privilegia un modo de producción y un estilo de vida insustentables que se han vuelto hegemónicos en el proceso de globalización y es la única crisis de nuestro tiempo, porque ya no hay tiempo para más, o dejamos de calentar al planeta o nos extinguimos todos.

Para salvar a la tierra moribunda, cualquier gobierno que no sea ambientalista se tiene que ir
porque hay miles de gobiernos pero sólo hay una tierra.

Mehmet Murat Ildan

Por esto el origen del calentamiento global es ético; porque es el resultado de una visión mecanicista del mundo que, ignorando los límites biofísicos de la naturaleza y los estilos de vida de las diferentes culturas, está acelerando el calentamiento global del planeta. La crisis ambiental es una crisis moral de la necesidad enferma de poseer, de las instituciones políticas.

Si un producto no se puede reutilizar, reparar, reconstruir, restaurar, reciclar o abonar; entonces no debe ser producido. Las autopistas, los trenes, los aviones, las grandes fábricas, majestuosos edificios y ciudades de concreto; todo lo que el ser humano llama desarrollo es un paso más a la involución que nos lleva irremediablemente a la extinción.

Para cambiar este modelo de desarrollo debemos comenzar por reforzar política, técnica y presupuestariamente a las áreas que hoy sabemos que son prioritarias para la vida, no para la economía.

En primer lugar, es preciso un programa de recaudación fiscal en donde de forma progresiva paguen más los que más ganancias obtienen del esfuerzo de todos y que paguen mucho menos los trabajadores que producen las riquezas para los dueños de las empresas.

Impulsar nuevos modelos de gestión de la vivienda en bioconstrucción a través de cooperativas comunitarias.

Es urgente un cambio de modelo energético, favoreciendo el transporte público y la movilidad no contaminante, así como la generación de energías renovables a través de la promoción de cooperativas de iniciativa social y las comunidades de energía.

Activar la producción agroecológica local para fomentar una alimentación saludable y sostenible a través de cooperativas.

Impulsar las economías comunitarias: huertos urbanos, mercados de trueque, bancos del tiempo que permitan economías locales saludables.

Desarrollar una política de Residuos Cero, no hay pretexto para seguir produciendo basura.

Crear circuitos cortos de comercio de proximidad local y limitando la expansión de megaempresas y de grandes superficies comerciales.

Regular el comercio justo a través de una nueva Ley de Economía Social y Solidaria.

Cuando el último árbol haya sido talado, el último río envenenado y el último pez haya sido pescado,
te darás cuenta que no puedes comer dinero
.
– Jefe Indio Noah Sealth

Salvaguardar los bienes naturales comunes a través de la identificación y protección. Estos deben ser gestionados de manera pública, social y comunitaria y la promoción de la custodia y protección del territorio. Un primer paso es otorgar las garantías que tienen los pueblos originarios a través de OIT a las comunidades multiculturales organizadas por territorios a través de la economía social y solidaria.

Integrar un Plan Internacional de Desarrollo Alternativo que elimine el actual concepto de Producto Interno Bruto y se fundamente en la integración de los diversos planes estratégicos de desarrollo alternativo por comunidades organizadas y regiones que incluya objetivos de desarrollo desde una perspectiva social, ecológica y sin patriarcados.

Realizar auditorías públicas y participativas de la gestión pública y económica de las instituciones y sus funcionarios, garantizando instrumentos de control y transparencia, así como utilización de indicadores de auditoría social para la medición del desarrollo local y la adecuación de las políticas públicas al servicio del bien común.

Eliminar la deuda de los países y las personas empobrecidos por los neoliberales.

Eliminar la publicidad y restringir la venta de productos chatarra y de un solo uso, así como el concepto de “lujo”.

Y para comenzar la Revolución Ética debemos penalizar el favor.

El calentamiento global provocado por el capitalismo no respeta fronteras, así que o lo enfrentamos internacionalmente o nos extinguimos. -Piénselo-

*Este artículo contiene el planteamiento que expondré y defenderé en el foro virtual de la Internacional Progresista “Internacionalismo o Extinción” el próximo Viernes, 18 de septiembre de 2020 a las 16:00 (CEST), ante Noam Chomsky, Naomi Klein, Luis Arce y Yanis Varoufakis entre otros. Aquí la liga para registrase y poder ver el evento.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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