Intemperies intelectuales. Autor: Federico Anaya Gallardo

Fernando Benítez

Hace unas semanas, mencioné que cuando Fernando Benítez hizo su investigación en las regiones indias de México para La Última Frontera (Era, 1963) se encontraba “a la intemperie”. En diciembre de 1961 había dejado Novedades adonde, en los doce años previos, varios números de su suplemento cultural (México en la Cultura) habían causado escándalo. En 1962 Benítez reabriría el suplemento con el nombre La Cultura en México en la revista Siempre! Recapitulo causas y circunstancias de esa intemperie beniteztina. Ayudará a entender las relaciones entre el autoritarismo priísta y su интеллигенция (intelligentsia).

En 2012 Javier Aranda condujo una emisión de su programa “Retomando a…” en Televisa dedicada a Fernando Benítez. Entrevistó a Iván Restrepo y a Fernando Canales Lozano, aquél, colaborador en los suplementos; éste, gerente de Novedades. (Liga 1.) Canales recordó cómo los dueños de Novedades eran timoratos. Por ejemplo, se espantaron por una plana con dos huevos y la leyenda “lo que falta en este país”. Dolores Méndez Armendáriz, mujer del director, Alejandro Quijano Sánchez (1883-1957), se habría estremecido con unas ilustraciones de la pintora republicana española Elvira Gascón (1911-2000) que acompañaban la traducción por Octavio Paz (1914-1998) de unos poemas de John Donne (1572-1631). Versos e imágenes podían tener una lectura erótica. Quijano era “respetabilísimo”: presidente de la Cruz Roja Mexicana y director de la Academia Mexicana de la Lengua.

¿Qué hacía Benítez en Novedades? Ese diario había sido fundado en 1936 por Ignacio Herrerías, y había tenido bastante éxito. En 1944 Herrerías se manifestó contra la candidatura de Miguel Alemán Valdez en la elección presidencial de 1946. Esto causó una campaña contra del diario, que sufrió una serie de conflictos laborales en los cuales Herrerías perdió la vida. (Tanius Karam, “Comunicación y democracia en México”, 2000.) Su viuda trató de sostener la empresa, pero en 1949 se vio obligada a transferir el control de Novedades a Rómulo O’Farrill Silva (1897-1981), empresario poblano muy ligado al ya presidente Alemán. Esto hace aún más extraño que Benítez haya colaborado con Novedades entre 1948 y 1961 –trece largos años.

Entenderemos más si revisamos la trayectoria de Benítez. Entre 1936 y 1947 (once años) había laborado, como reportero, editorialista y finalmente como director de El Nacional –el diario del partido del gobierno (PRM). En esos años el diario oficialista era también izquierdista. (Excélsior decía en 1940 que “pro-soviético” –la locura de Gilberto Lozano es heredada…) El Nacional de Benítez alojó un suplemento cultural llamado Revista Mexicana de Cultura en el que se aprovechó la llegada de intelectuales del exilio republicano español. La salida de Benítez de El Nacional coincidió con la conversión del PRM en PRI y la llegada de Alemán al poder. Es entonces que Benítez migra a Novedades para fundar el suplemento México en la Cultura. El alemanismo no le soportaba en El Nacional, pero no lo dejaba en la calle: los aliados de Novedades reciben al expulsado.

Para diciembre de 1961, la estancia beniteztina en Novedades era ya insostenible. Aparte de las planas con huevos y los poemas eróticos de un isabelino muerto hacía tres siglos, México en la Cultura se decantó a favor de la Revolución Cubana. Cosa interesante, lo que nuestra intelligentsia recuerda es una disputa personal de Benítez contra un influyente columnista de Excélsior, Aldo Baroni, quien “se dedicaba a escribir furibundas columnas en contra de Fidel Castro y la Revolución Cubana. Benítez consiguió y publicó unos cheques que gente de Batista le hacía llegar [a Baroni] … lo cual desencadenó una gran polémica”. (Nexos, 2015,Liga 2.) De acuerdo a Ortiz Tejeda, se trató de un “singularísimo enfrentamiento de los directores de los dos periódicos más importantes del México de entonces: Excélsior y Novedades. Durante varios días la primeras páginas de ambos diarios publicaron editoriales agresivos y descalificadores, firmados nada menos por Rodrigo de Llano y [Ramón] Beteta Quintana”, los directores. (La Jornada, 2015,Liga 3.) Poniatowska recuerda que eventualmente Beteta decidió parar el pleito y llamó a Benítez a su despacho. Estalló una tempestad: “«¡Cómo se atreve usted, Beteta, a comparar al miserable bribón de Baroni con un héroe como Castro!»”, gritó Benítez fuera de sí. (La Jornada, 2015,Liga 4.) Detalle: Beteta había sido el Secretario de Hacienda del presidente Alemán durante seis años. Los dioses dan, los dioses quitan.

Así empezó la segunda intemperie de Benítez. Pero, aunque pasó parte de la misma en el frío San Cristóbal de Las Casas, aquél no fue un largo invierno: para marzo de 1962, Siempre! ya había rescatado al equipo beniteztino. Poniatowska recuerda que fue el propio presidente “Adolfo López Mateos [quien] mandaría llamar a Benítez para apoyar la conversión de México en la Cultura en La Cultura en México a la sombra de Pagés Llergo en su fea casita de brujas de Siempre!.” La revista de Pagés se ha procurado la leyenda de haber sido, durante el régimen autoritario, una fortaleza asediada que daba espacio a la disidencia. Ciertamente, en sus páginas escribían autores como José Muñoz Cota –quien había sido muy cercano Lázaro Cárdenas y luego apoyó al henriquismo. Pero la leyenda no es exacta. Pablo Cabañas Díaz nos comenta que “la «fortaleza sitiada» recibió medio millón de pesos del presidente … «suma significativa entonces», según Monsiváis (Siempre! 21/02/1962, pp.36-37). Vicente Rojo acompañó a Benítez a entrevistarse con el presidente … en diciembre de 1961, poco antes de Navidad, y fue testigo que el presidente le ofreció dinero a Benítez: «Dele usted el dinero que pensaba darme a mí. Déselo a él (a Pagés Llergo)», le dijo Benítez. Pero Emmanuel Carballo menciona que le dieron un millón de pesos a Benítez para iniciar «La Cultura en México» … No medio millón, como publicó Monsiváis. … la «fortaleza sitiada», como decía Fuentes, no parece haber estado tan «asediada». Cuando menos por el presidente…” (Forum en Línea, № 364, noviembre de 2018, Liga 5.)

Ciertamente, Benítez provocaría la cólera de su discreto pero gigante benefactor oficial cuando publicó un reportaje acerca del artero asesinato de Rubén Jaramillo Ménez y su familia en Xochicalco. Lo acompañaron en esa aventura Víctor Flores Olea y Carlos Fuentes. Este último recordaba que Benítez “organizó una expedición al estado de Morelos para investigar la muerte del dirigente zapatista … noticia que, una vez más, la prensa de la época había encubierto. Las presiones del gobierno de López Mateos contra Siempre! fueron instantáneas, Pagés Llergo no cedió”. (La Jornada, 1995-2000, Liga 6.) ¿Por qué habría de ceder algo Pagés, si apenas había recibido un generoso subsidio? De acuerdo con Ricardo Cayuela Gally, el apoyo gubernamental no se repetiría pero el éxito en ventas del suplemento persuadió a Pagés de continuar hospedando al equipo de Benítez. (La Jornada Semanal № 73, 1996.) Dada la limitada circulación de la prensa escrita, a mí me parece débil esta explicación.

Entre los excesos autoritarios del régimen priísta contra la prensa en los años 1970 se encuentra el dictum lopezportillista de “no pago para que me peguen”. Los datos aquí expuestos sobre las dos intemperies de Fernando Benítez muestran un escenario más complejo. Benítez estaba ligado a la izquierda cardenista y en 1948 abandonó El Nacional como parte del giro a la derecha de la administración Alemán. Sin embargo, lo acoge un periódico recién adquirido por los alemanistas. Es obvio que Novedades no recibió a Benítez por simpatía ideológica. Luego, cuando en 1961 esa extraña convivencia terminó, otra vez fue la Presidencia la que se movilizó para no dejar en la calle a Benítez.

Por ello, Andrés González Pagés en su ensayo “México en la Coatlicue. La Coatlicue en México (Algo sobre la cultura mexicana en los años sesenta del siglo XX)” nos explica la salida de Benítez de Novedades como “un ardid gubernamental que buscó y logró investir al grupo de Benítez como mártir y acarrearle la simpatía necesaria para volverlo el mentor de la cultura mexicana, y aun esgrimirlo como grupo políticamente avanzado, izquierdista. Muchos incurrieron en la ingenuidad de considerarlo incluso revolucionario”. (En La Perra Brava de César Espinosa y Araceli Zúñiga,2002, Liga 7.) Este durísimo juicio suena exagerado. El mismo González Pagés reconoce, párrafos adelante que el reportaje sobre el asesinato de Jaramillo mostró una “actitud histórica noble y valiente de Benítez”.

El ogro filantrópico de Octavio Paz (1979) o el comandante Barrientos de Gabriel Ripstein (2018) siempre fue generoso con su intelligentsia. Pero asegún la precaria legitimidad del régimen (recordemos que Villa perdió en Celaya) se fue esfumando, las relaciones entre burócratas e intelectuales se hicieron más tensas. El reportaje sobre Jaramillo en 1962 es un quiebre. La denuncia acerca de la situación de los indígenas en Oaxaca y Chiapas de La última frontera en 1963 es otro rompimiento. El primero se cubrió con el manto de la sacrosanta libertad de prensa, el segundo con el ideal campesinista del viejo INI. Los quiebres siguientes no serían fáciles de disimular.

Benítez y su “mafia” (de la que destacarían luego Fuentes, Monsiváis, Pacheco, Krauze y Aguilar Camín) no eran el único grupo intelectual que interactuó con el Estado posrevolucionario en el complejo y cambiante escenario de la segunda mitad del siglo XX mexicano. En su “México en la Coatlicue” González Pagés toca de paso a los católicos renovados del estilo de Vicente Leñero (en cuyo campo vemos hoy destacar a Javier Sicilia). En el otro extremo ideológico, normalistas como José Santos Valdés también lidiaron con las contradicciones de un gobierno que se decía heredero de los campesinos revolucionarios pero se esmeraba en oprimir a los nietos de esos campesinos. En junio de 1968, en su libro Madera el profesor decía: “quiero … que los partidarios de la causa de los pobres encuentren argumentos para probar que los ocho acribillados eran … hombres jóvenes y valiosos para su país”. (“Colofón”, p. 177.) En la dedicatoria de Santos Valdés a mi abuelo, Emigdio R. Gallardo, escrita en Ciudad Lerdo, el 6 de junio de 1968, añadía: “Si lo lees encontrarás que es una sólida prueba de la culpabilidad de Giner Durán”, el gobernador priísta (y exvillista) de Chihuahua. El ogro nunca dejó de ser un monstruo y comía seres humanos. Cuatro meses después de esa dedicatoria, el ogro asesinaba en Tlatelolco. Cuatro años más tarde, parte de la juventud recordaría a los acribillados de Madera bautizando a su brazo armado con la fecha de su martirio: Liga 23 de Septiembre.

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.youtube.com/watch?v=4tTHAY-LGXM

Liga 2:
https://larotativa.nexos.com.mx/?p=1035

Liga 3:
https://www.jornada.com.mx/2015/08/24/opinion/012o1pol

Liga 4:
https://www.jornada.com.mx/2017/02/26/opinion/a03a1cul

Liga 5:
http://www.forumenlinea.com/index.php/archivos1

Liga 6:
https://www.jornada.com.mx/2000/02/22/fuentes.html

Liga 7:
http://www.escaner.cl/especiales/laperrabrava/perrabrava10.htm

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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