Un Estado autoritario y corporativo espera que los intelectuales le sirvan. Es más, los intelectuales tienen una misión social y propagandística. Pensemos en la extinta URSS: los escritores no eran tanto artistas como “forjadores del alma soviética”, y si un escritor se salía del guión, lo podía pagar muy caro en los Gulags. Impensable que un intelectual hablara mal del partido o que criticara al máximo líder. Pero si el intelectual “coadyuvaba” a la grandeza de la Unión, tenía una recompensa. Así, en la URSS, a pesar de ser supuestamente una sociedad “sin clases”, se crearon estratos claramente diferenciados: por un lado la Nomenklatura, es decir, los gobernantes, todos ellos miembros del partido; por otro lado, el Proletariat, los trabajadores, las fuerzas productivas; y, finalmente, la Intelligentsia, o sea, los intelectuales.
¿Qué es un intelectual? Un intelectual es un miembro de la Intelligentsia, la clase pensante, los trabajadores de la mente. Y si seguimos el modelo soviético, que es el que adoptó este concepto, diremos que hay tres tipos de intelectuales: los que hacen ciencia (matemáticos, físicos, químicos, biólogos), los que cultivan estudios sociales (filósofos, economistas, historiadores, sociólogos, politólogos) y los que crean arte (músicos, poetas, escritores, pintores). ¿Un contador, un administrador, un abogado o un ingeniero, son miembros de la Intelligentsia? En estricto sentido no podríamos decir que son intelectuales, y esto no debe ser peyorativo, pues en la Unión Soviética se pretendió acabar con las clases, de modo que tan importante era un humilde obrero de la industria del acero, como el más grande compositor o el comisario del partido. Esto al menos en teoría, porque el hecho de que los intelectuales sirvieran al régimen creó un lazo de dependencia y un círculo vicioso: si el Estado espera ser ensalzado por sus intelectuales, surgen inevitablemente los intelectuales orgánicos.
México sólo pudo salir de la violenta dinámica de la revolución hasta que fue capaz de convertirse en un Estado corporativo y autoritario, sin caudillos (el último fue Lázaro Cárdenas). El PRI creó ese monstruoso aparato estatal que lo controlaba todo y que mantenía contentos a todos, por las buenas o por las malas. Si los líderes obreros se alinearon al PRI, fue porque recibieron una tajada grande del pastel. Las centrales obreras sabían que contaban con un determinado número de curules en el senado y en la cámara de diputados, para que se perpetuaran sus líderes y pudieran hacer todo tipo de corrupciones bajo el amparo del fuero constitucional. Se crearon los sectores obrero, campesino y popular, que el Estado administraba dosificando hábilmente feudos de poder y ámbitos de corrupción. Los empresarios, por su parte, pudieron prosperar al amparo del Estado; gracias a una política de ostracismo económico, no tuvieron que competir: su enriquecimiento estaba garantizado. ¿Para qué invertir, si el Estado me protege? Era inevitable que el Estado omniabarcante reclamara su cuota de intelectuales. Y los tuvo siempre: pintores, escritores, compositores y poetas que ensalzaron al régimen y que fueron agasajados por el Estado.
Los intelectuales a los que se refiere el presidente López Obrador como orgánicos, y que son los mismos que firmaron una especie de manifiesto crítico contra su gobierno, están estrechamente vinculados a otras administraciones. Es por todos conocida la cercanía y afinidad de personajes como Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín con administraciones pasadas. Y no es ningún pecado, nadie debería espantarse ni sorprenderse. No se puede negar que los anteriores gobiernos tenían cierta influencia sobre varios intelectuales: la copiosa publicidad gubernamental que recibían algunas de sus publicaciones, y que se traducía en un flujo generoso de dinero, es indicio de ello –lo mismo puede decirse de algunos periodistas–. No estoy diciendo que los sobornara; simplemente los beneficiaba contratando publicidad oficial, y eso, admítase o no, es también una forma de control. Pero, insisto, esto no debe escandalizar a nadie. Siempre que prevalezca el autoritarismo o el corporativismo en un Estado, éste reclamará los servicios de sus intelectuales.
Cuando López Obrador celebra que los intelectuales orgánicos, ahora conocidos como “los abajofirmantes” luego de avalar el manifiesto “Contra la deriva autoritaria y por la defensa de la democracia”, se hayan quitado la máscara, está diciendo una verdad de perogrullo. Todos los que no están de acuerdo con el gobierno de López Obrador saben que la única forma de contrarrestar su gran poder es ganando la mayoría en la cámara de diputados en las elecciones de 2021. Los únicos que parecen no saberlo son el PRI y el PAN, que siguen en shock y en parálisis tras la tremenda paliza que sufrieron en 2018, y por eso los intelectuales los urgen a que se unan en un gran frente opositor, cosa que debieron hacer desde 2017, pero estaban ciegos y ebrios en su orgía de prebendas, expolios y soberbia, creyéndose eternos. De eso se trata, y no tiene absolutamente nada de malo ni de inmoral, es política pura: todos los grupos quieren el poder y su naturaleza es estar en pugna y en combate. Todos los grupos, incluido el del presidente. AMLO sabe que su discurso de identificar al PRI y al PAN como una y la misma cosa (PRIAN) y atribuirles todo lo malo que ha sucedido y actualmente sucede en México, es sumamente redituable. Vaya, sus seguidores lo creerán toda la vida. Y tampoco nos hagamos los ingenuos: este país ha sido terriblemente gobernado desde siempre. Mucha gente ve con malos ojos que el PRI y el PAN, pero particularmente el PRI, tengan la desvergüenza de querer recuperar el poder. En efecto, para los seguidores de López Obrador, esta pretensión significa la restauración del antiguo régimen, la restauración del horror. Será difícil convencerlos de que ahora sí el PRI y el PAN son buenos y de nobles sentimientos, que ya escarmentaron y que quieren el poder para beneficio de los mexicanos.
Con todo, los intelectuales que están en desacuerdo con el nuevo régimen tienen el total derecho de oponerse y llamar a los ciudadanos a unirse y votar contra Morena a través de un gran bloque opositor. Por su parte, los morenistas tienen todo el derecho de hacer lo que esté a su alcance, siempre en el marco de la ley, para arrasar en 2021. Nosotros, los ciudadanos comunes, estamos en medio de un fuego cruzado, pero tendremos la última palabra.
Es connatural a la dinámica estatal producir intelectuales que le sirvan. Andrés Manuel López Obrador los ha tenido siempre. ¿Cuál es la diferencia entre Héctor Aguilar Camín y Paco Ignacio Taibo II, por mencionar a dos intelectuales que cultivan las Letras? ¿O la diferencia entre Enrique Krauze y Enrique Semo, por hablar de dos intelectuales que cultivan la Historia? La mera pregunta ofende por igual a los que adoran a Krauze y a Camín, por un lado, y a los que adoran a Taibo II y a Semo, por otro lado: «¡cómo van a comparar a mi prócer con semejantes sátrapas –dirían indignadas ambas facciones–, si no somos iguales!» Pero en esencia sabemos que ambas facciones son idénticas en soberbia y en intolerancia y que critican en el otro sus propios vicios y defectos. Estos cuatro intelectuales que acabo de mencionar a manera de ejemplo, tienen credenciales y méritos incontrovertibles en sus áreas; tienen ideas distintas de lo que debería ser un gobierno, tienen posiciones políticas encontradas y compromisos bien definidos, pero eso en nada los demerita como intelectuales.
Toda vez que las administraciones a las que apoyaron Krauze y Camín ya no están en ejercicio, en estricto sentido los intelectuales orgánicos de ahora son gente como Taibo II y Semo. Siempre habrá intelectuales al servicio del poder.
@VenusReyJr





Cómo no acordarme del maestro Venustiano Reyes de CD. Mendoza Veracruz, líder de los músicos priísta, veo q si permeo en ti sus enseñanzas
Saludos, espero q no todo sea en blanco o negro, para mí el decir orgánico es sinónimo de visceral y no co.o tu lo tomas
¿Venus Rey jr.? De ser hijo de Venus Rey, líder de músicos, es mejor que tenga cordura y guarde silencio. Su padre fue abusivo y corrupto. No se detenía, por nada, para vetar a músicos que no fueran de su agrado o peligro para su cargo. Ay Venusitos, no opines.
Si, nada más que por el lado de los ” intelectuales orgánicos”, ni uno cultiva las letras, ni el otro cultiva la historia, ambos dos cultivan desde sexenios anteriores el chayoterismo descarado, esa es la gran diferencia abismal.