Infiltrada en universidades, Coca-Cola usó científicos para minimizar daño de refrescos en la salud, revelan correos (nota de Kennia Velazquez en POPLab)

Ilustración: Pinche Einnar/POPLab.

Luego de recibir millones de dólares, investigadores de Global Energy Balance Network concluyeron que la falta de ejercicio y no la ingesta excesiva de calorías es la razón de la obesidad, discurso que las refresqueras mexicanas repiten.

Por: Kennia Velazquez de POPLab.

El sobrepeso es consecuencia de la falta de ejercicio y no por el consumo excesivo de calorías como el que proporcionan las bebidas azucaradas, dice la Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas Carbonatadas. Esta idea la sustentan “organizaciones científicas” como la Global Energy Balance Network (GEBN), que como se ha podido constatar en más de 18 mil correos electrónicos muestran que Coca-Cola estaba detrás de ella.

Una nueva investigación reveló que la refresquera más grande del mundo financiaba investigaciones pero trataba de ocultar su relación con científicos que minimizaban el papel del azúcar en la obesidad a través del “grupo científico independiente” GEBN. Esta información se da a conocer justo cuando en México las refresqueras aseguran que no hay evidencia científica que muestre los efectos nocivos de sus productos.

La organización US Right to Know (USRTK) e investigadores de la Universidad de Oxford; la London School of Hygiene & Tropical Medicine y la Universidad de Bocconi en Milán, analizaron más de 18 mil páginas de correos electrónicos entre The Coca-Cola Company en Atlanta, la Universidad de West Virginia y la Universidad de Colorado.

Ambas universidades formaron parte de GEBN, que entre 2014 y 2015 se presentaba como una organización sin fines de lucro que estudiaba la obesidad. Pero en realidad esta red fue creada por Coca-Cola para minimizar los vínculos entre la obesidad y las bebidas azucaradas y para ello contribuyó con al menos $1.5 millones de dólares, y distribuyó varios millones más a académicos afiliados para realizar investigaciones. Su objetivo: dar forma a una agenda de investigación afín a sus intereses y la “construcción de grupos de interés” para establecer una red de investigadores y líderes de opinión clave.

GEBN impulsaba la idea de que era la falta de ejercicio, y no una mala dieta, el principal impulsor de la epidemia de obesidad en los Estados Unidos. Esto sería irrelevante si no es porque un alto funcionario de los centros para el control y prevención de enfermedades de Estados Unidos se reunió con un directivo de la refresquera para armar una estrategia que tendía como objetivo convencer a la Organización Mundial de la Salud sobre esta idea.

No es nuevo que Coca-Cola busque influir en los investigadores de salud pública y en las políticas públicas para promover sus intereses. Apenas en mayo USRTK reveló que el influyente International Life Sciences Institute (ILSI), un organismo que dice promover la salud y el bienestar del público en general, en realidad trabaja para beneficiar a la industria alimentaria y sus investigaciones suelen concluir que no hay efectos dañinos en el consumo de productos ultraprocesados.

En México, la interferencia de la refresquera tiene una larga historia, una investigación del académico del King’s College de Londres, Eduardo J. Gómez, muestra como Coca Cola y otras empresas impulsaron diversos programas y estrategias que tenían como objetivo postergar la implementación de impuestos especiales para estas bebidas y el etiquetado frontal. La investigación de Gómez detalla que la multinacional ha influido en la política mexicana, al menos, desde la administración del panista Vicente Fox Quesada y continúo hasta el sexenio de Enrique Peña Nieto, que hoy se sabe, colaboró con las empresas de comida y bebida chatarra para espiar en julio de 2016, al investigador del Instituto Nacional de Salud Pública, Simón Barquera, al entonces coordinador de ContraPESO, Luis Encarnación, y al director de El Poder del Consumidor, Alejandro Calvillo, con el programa de intrusión tecnológica Pegasus.

Las puertas giratorias entre el gobierno mexicano y Coca Cola no son raros: Mercedes Juan López, cuando fue presidenta de Funsalud ( 2009-2012) cuestionó la eficacia del impuesto especial a las bebidas azucaradas. Meses después, el gobierno de Enrique Peña Nieto la nombró Secretaria de Salud, cargo que ocupó hasta febrero de 2016. Como funcionaria pública encabezó la Estrategia para la prevención y el control del sobrepeso, la obesidad y la diabetes en 2013. Antes, había sido consejera de la refresquera. Otros políticos que han pasado del gobierno a la embotelladora son Genaro Borrego Estrada que en 2007 comenzó a trabajar para la embotelladora de Coca-Cola más grande del mundo: Femsa, donde fue director de asuntos corporativos hasta 2019. Fue sucedido por Roberto Campa Cifrián, que sigue en la refresquera. Además de estos aliados en la función pública, también cuenta con el apoyo de cámaras empresariales, organizaciones médicas y de la sociedad civil que se benefician con sus dontativos.

Pero además de su influencia con los políticos del mundo Coca Cola ha logrado penetrar en la academia por medio de financiación a investigaciones sobre los efectos de el azúcar y las bebidas azucaradas, “con evidencia de que los estudios financiados por la industria tienen más probabilidades de informar conclusiones favorables a la posición de la industria”. En su estudio, Gómez encontró que el crecimiento de la venta de estas bebidas coincide con el aumento de la obesidad y la diabetes tipo 2 en el país. En los correos electrónicos entre los funcionarios de Coca-Cola y los académicos involucrados en la investigación financiada por la refresquera se discuten temas como publicaciones recientes, reconocimientos académicos, conferencias y conferencias magistrales, entre ellos se aprecia “un fuerte espíritu de camaradería y orgullo por su colaboración científica y sus esfuerzos de investigación”, dice el reporte. Rhona Applebaum, entonces vicepresidenta y directora de ciencias y salud de la refresquera, usó el término ” correo electrónico familiar ” para describir la red.

La investigación realizada por Paulo Serodio, Gary Ruskin, Martin McKee y David Stuckler, encontró que la GEBN constantemente minimizaba el hecho de que Coca-Cola fuera donante de sus investigaciones y sobre los montos para que éstas se realizaran. En una cadena de correo electrónico, los investigadores planean inflar el número de socios y donantes para que no pareciera que Coca-Cola era el donante principal. También discutieron sobre las políticas de donativos a las universidades para evitar revelar cuánto donó Coca-Cola y si era más conveniente usar las palabras regalo o subvenciones para que no pareciera había un vínculo fuerte.

Otra estrategia de GEBN consistía en la “construcción de coaliciones”, para establecer relaciones con líderes de opinión clave y organizaciones de salud y para establecer relaciones con los responsables de la formulación de políticas públicas. Coca-Cola facilitó los contactos con otras entidades, incluidos políticos, industria y grupos comunitarios e investigadores.

Además de los apoyos a las investigaciones, los académicos integrantes de la red recibían impulsos a sus carreras para seguir creciendo. Para Gary Ruskin, director de USRTK “esta es una historia sobre cómo Coca-Cola utilizó académicos para llevar a cabo tácticas clásicas de la industria del tabaco para proteger sus ganancias. Es una advertencia sobre los peligros de aceptar fondos corporativos para el trabajo de salud pública”.

El documento también proporciona evidencia del liderazgo de Coca-Cola de un grupo de académicos de salud pública que emitió mensajes de investigación y relaciones públicas en apoyo a la refresquera.

El caso mexicano

México es el mayor consumidor de bebidas azucaradas. Al año cada mexicano toma en promedio 163 litros, más del 83 por ciento de las personas mayores a un año toman bebidas azucaradas regularmente, el 75 por ciento de la población adulta tiene sobrepeso, cada año mueren 250 mil personas de enfermedades cardiovasculares y diabetes.

La evidencia científica ha demostrado que el consumo de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas está vinculado al aumento de peso y a enfermedades cardiovasculares y diabetes. Sin embargo, la Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas Carbonatadas (ANPRAC) que representa a 120 embotelladoras mexicanas, asegura que estas bebidas no repercuten negativamente en la salud de los mexicanos ni son “el mayor contribuyente individual de calorías en la dieta de los mexicanos”. La Organización Panamericana de la Salud en el informe Alimentos y bebidas ultraprocesados en América Latina encontró que las bebidas azucaradas representan el 30 por ciento de la energía alimentaria proveniente de productos ultraprocesados.

Consumo de productos ultraprocesados en México. Fuente: OPS.

La ANPRAC descalifica los estudios realizados en distintas instituciones del mundo argumentando que no son trabajos que tomen en cuenta la genética del mexicano, pero el Instituto Nacional de Salud Pública calcula que 24 mil muertes al año son atribuibles al consumo de refresco. La Secretaría de Salud cree que la cifra puede llegar a los 40 mil.

La asociación mexicana también hace suyo el discurso de la GEBN y asegura que el sobrepeso se debe a la falta de actividad física debido al confinamiento en casa provocado por la pandemia de COVID-19.

El estudio sobre GEBN muestra los alcances de la industria refresquera que para construir credibilidad coopta científicos y con esa evidencia busca manipular no sólo la opinión pública, sino las políticas de salud.

Originadas por una defensa de intereses corporativos y grandes utilidades, hoy la pandemia del nuevo coronavirus ha venido a mostrar, entre otras cosas, que las políticas de la industria para corromper evidencia científica han terminado convertidas en una herramienta letal para la vida de las personas.

Países que ya padecían esa primera pandemia de obesidad, diabetes e hipertensión, como Estados Unidos, Brasil y México, son los que lideran las cifras de fallecimientos.

Las muertes provocadas por el Sars-CoV-2 asociado a padecimientos vinculados con la mala alimentación, hacen más urgente que nunca la necesidad de acciones firmes para frenar la voracidad de la industria.

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3 COMENTARIOS

  1. La 4T adelante aunque haya opositores que no lo ven así.
    Porque no protestaron cuando EPN dijo que era un refresco saludable sobre todo en las mañanas.
    Ahí si todos calladitos,celebrando y sus dichos.

  2. La cococola se vende a nivel mundial y ahora resulta que es más dañina que el covid, ahora hay muchos refrescos de otras marcas y jugos, entonses también son dañinos, trabaje 50 años en la industria azucarera y todos los días de zafra comía puños de azúcar y no estoy diabetico
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