Hugo Sánchez: la temporada de 38 goles que marcó la carrera por el Pichichi

Hugo Sánchez necesitaba tres goles contra el Real Oviedo para alcanzar una marca que llevaba 39 años intacta. El 5 de mayo de 1990, ante el público del Santiago Bernabéu, el delantero mexicano consiguió el triplete que igualó los 38 tantos de Telmo Zarra en la temporada 1950-51. Cerró la Liga con un promedio de 1,09 goles por partido y su quinto Trofeo Pichichi. Aquella campaña dejó otra particularidad: sus 38 goles fueron considerados remates de primera intención, una característica que la prensa española había comenzado a investigar antes de terminar el campeonato.
Toni Polster, el rival que exigió 38 goles
El Pichichi de 1989-90 estuvo marcado por la distancia entre sus dos principales aspirantes y el resto de goleadores. Sánchez terminó con 38 tantos para el Real Madrid y Toni Polster alcanzó los 33 con el Sevilla. Baltazar, tercero con 18, quedó a 15 goles del delantero austriaco.
Polster estableció un récord de goles en una temporada liguera para el Sevilla. Aunque hoy las estadísticas de goleadores forman parte habitual de la información utilizada en las apuestas deportivas, no existen datos suficientes en la investigación para reconstruir las cuotas históricas de aquella carrera ni sus variaciones semanales.
Sánchez recuperaba un premio que había ganado cuatro veces consecutivas entre 1985 y 1988. Baltazar había interrumpido esa serie en 1988-89. El mexicano sumó así su quinto Pichichi, origen del sobrenombre Pentapichichi, pero no cinco títulos seguidos.
Los remates de primera intención que definieron su temporada
El 1 de abril de 1990, El País publicó una investigación sobre los primeros 33 goles de Sánchez. El recuento distinguía 19 remates con la izquierda, seis con la derecha, siete de cabeza y uno con el pecho. La característica compartida era la ausencia de un control deliberado antes de finalizar.
La observación tenía una salvedad. En un partido disputado en Las Gaunas, Sánchez golpeó el balón con el pie izquierdo y este rozó accidentalmente el derecho. El remate siguió considerándose de primera intención porque el segundo contacto fue involuntario.
Su capacidad de definición dependía de la posición que ocupaba antes de recibir el balón. Míchel suministraba centros desde la derecha, mientras Emilio Butragueño intervenía en combinaciones que alteraban las referencias defensivas. Sánchez acostumbraba a atacar el espacio disponible cuando el pase todavía estaba en camino.
Terminó con 25 goles en casa y 13 fuera. Su producción incluyó tres tripletes, ocho dobletes, cuatro penaltis y seis faltas directas. La distinción importa: 34 tantos no fueron penaltis, pero algunos proceden de acciones a balón parado.
El último partido y los tres goles que faltaban
Sánchez había alcanzado los 33 goles antes de abril. Una suspensión contra el Celta y varios encuentros sin marcar frenaron su progresión. Anotó dos veces frente al Logroñés, pero llegó a la jornada final con 35.
El Oviedo se adelantó en el Bernabéu con un gol de Jordi Vinyals. Tras el empate madridista, Sánchez marcó en el minuto 36 y repitió en el 46. Su tercer tanto, en el minuto 64, colocó el 4-2 provisional. El encuentro terminó 5-2.
El triplete igualó la cifra de Telmo Zarra, conseguida con el Athletic Club en 1950-51. Existía una diferencia estadística considerable: Zarra había marcado 38 goles en 30 partidos; Sánchez lo hizo en 35.
El mexicano alcanzó el récord absoluto, pero no la frecuencia goleadora de su antecesor. Tampoco consiguió el cuarto tanto que habría establecido una nueva marca.
El papel del Real Madrid de John Toshack
El registro individual se produjo en un equipo que anotó 107 goles durante el campeonato. El Real Madrid de John Toshack conquistó su quinta Liga consecutiva con una producción ofensiva que repartía la elaboración entre Míchel, Bernd Schuster, Rafael Martín Vázquez y Butragueño.
La variedad de centros, pases interiores y movimientos sin balón permitió a Sánchez recibir numerosas oportunidades de remate inmediato. Su virtud consistía en resolverlas antes de que los defensores pudieran reorganizarse.
El Madrid había asegurado matemáticamente el campeonato el 15 de abril. Frente al Oviedo, la clasificación colectiva ya estaba decidida; el récord individual todavía no.
Del quinto Pichichi a la Bota de Oro compartida
Los 38 goles situaron a Sánchez entre los máximos anotadores europeos. Hristo Stoichkov alcanzó la misma cifra con el CSKA de Sofía y ambos compartieron la Bota de Oro de 1990.
El mexicano cerró así tres cuentas diferentes: superó a Polster en la clasificación española, igualó el récord de Zarra y compartió el premio europeo con Stoichkov.
Aunque posteriormente se superó su cifra en La Liga, la temporada 1989-90 conserva un lugar particular por la combinación de 38 goles, cinco Pichichis acumulados y una técnica de definición documentada durante la propia competición.
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