Hay más allá del Cerro de la Silla. Autor: Luis Sánchez

Hay más allá del Cerro de la Silla, decía un instructor de albañilería a quienes acudíamos al aula para aprender lo necesario del oficio de la construcción.

Nos decía la frase con afán de que aumentáramos nuestras miras, no ya en el oficio en cuestión, sino en la vida en general.

Hay más allá del Oxxo, hay más allá del Cerro de la Silla, nos decía.

Su pregón diario se me quedó más que las fórmulas de dosificación del concreto, la variedad de madera para cimbra o la varilla para estructurar.

Ver más allá del Cerro de la Silla, en un plano reflexivo, más allá del físico, (cada cabeza tendrá su referente equivalente), puede resultar no ser tan sencillo como parece, ya no hablemos de tratar de ir hacia allá.

Requiere, entre otras cosas, romper uno el cerco del prejuicio, entrar en un terreno conceptual vertiginoso de tan vasto; confrontar lo que somos con aquello que es en esos lares, lo que bien podría resultar en un choque que le remueva a uno hasta los cimientos, obligarlo a recomenzar, construir desde un nuevo cero.

Más allá del Cerro de la Silla, mucho más allá, está por ejemplo un país real que se llama Venezuela. Habrá quien lo conozca en serio.

Hay por otro lado un Venezuela que “la mayoría conocemos” más acá del cerro, muy muy acá, es un país que padece la peor de las crisis humanitarias, un país mal dirigido por un dictador que se llama Maduro, que tiene a todos sus ciudadanos en la más atroz de las miserias; un país cuyo régimen autoritario es violatorio de todos los derechos humanos; un país que merece la intervención de todos los países que son como los que conocemos más acá del Cerro de la Silla: libres, democráticos, estables, civilizados. Sobre todo, es un país criminal porque es un país comunista. Léase el término con el énfasis despectivo que usa el beato para referirse a satán. Co-mu-nis-ta (hay también las convicciones antípodas).

Toda esta concepción la hemos construido con información real entreverada con otra que no lo será. Quienes han ido más allá del cerro a su vuelta habrán proveído de aquélla, y de ésta se habrán valido entidades con intereses específicos para manipular la realidad y exacerbar los ánimos.

Aparejados así, más acá del Cerro de la Silla hemos levantado un muro de juicios, y desde esa trinchera disparamos sentencias no sólo a los dictadores de países remotos, sino a los que los defienden desde la neutralidad o la simpatía:

Maduro es tan asesino como Pinochet y todo el que se diga demócrata debería repudiarlo; cualquier cosa es mejor que ese sátrapa de Maduro; el comunismo es una plaga que aquí no estamos lejos de ver; si no eres capaz de ver la realidad tan clara es porque te han lavado el cerebro.

A poco que uno haya hecho el mínimo esfuerzo por ir más allá del Cerro de la Silla, se verá obligado por los hechos a asumir el panorama desde una nueva perspectiva. No es sabiduría mía, sino de Perogrullo. Aplica aquí la imagen de ese meme: lo que de aquí se aprecia como 6, allá se apreciará como un 9.

Acaso comprenda que a cada paso en esa dirección la elaboración de juicios resultará a su vez más difícil, los elementos para emitirlos menos claros. Por otra parte, las certezas a las que se pueda llegar quizá sean menos, pero más sustanciales, aunque siempre expuestas a variar. Depende de cuánto uno se interne en aquellos horizontes allende el Cerro de la Silla.

De hecho, corríjaseme si no, este andar accidentado es el principio con el que se ejerce toda ciencia: asumir que todos los resultados de las investigaciones tienen caducidad y serán refutados o susceptibles de modificación.

Esto lo ilustran de manera magistral los hermanos Coen en su más reciente producción cinematográfica, La balada de Buster Scrugs.

En el quinto relato de la antología, The gal who got Rattled, cuando Alice habla de su carácter inseguro como de un defecto, Billy Knapp le revira:

“Yo no creo que sea un defecto, oh no.

La inseguridad es lo más apropiado para las cuestiones de este mundo. Sólo en cuestiones de fe se nos concede seguridad.

Creo que la seguridad en cuanto a lo que podemos ver y tocar rara vez o nunca se justifica.

De tiempos pasados y remotos… ¿Qué seguridades sobreviven?

Y sin embargo nos apresuramos a crearnos nuevas. Anhelamos su consuelo.

La seguridad… ese es el camino más fácil”.

No soy apologista de ningún régimen, ideología o gobernante. No digo que sea mentira o verdad lo que la mayoría de los medios comerciales o independientes puedan llegar a decir acerca de cualquier realidad política y o socioeconómica.

Lo que digo es que son muchos los que afirman venir de más allá del Cerro de la Silla con información fidedigna, y que deberían bastar las contradicciones de esos aventureros (léase expertos, periodistas, analistas, líderes de opinión, etcétera) acerca de lo que encuentran allá para entender que las cosas no son tan contundentes como algunos nos quieren hacer ver.

Valga pues esta pequeña reflexión con extractos de sabiduría dicharachera, perogrullesca y coeneana como una invitación a la duda razonable, a tratar de ver siempre un poco más allá de la evidencia sobre la que muchos se ostentan como los campeones de la verdad irrebatible. Quizá (sería una posibilidad) nos encontremos con que más allá del Cerro de la Silla las cosas son como se concebían más acá, quizá no.

@bonsiul

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