Hacia una ética obligatoria para la cuarta transformación. Autora: Emma Rubio

Cruces rosas

Me gustaría comenzar con una frase del gran Walter Benjamin: “La crítica es un asunto moral”. Yo cambiaría el concepto de moral por el de ética, pero, en efecto, es nuestro deber como ciudadanos hacer críticas pero desde esta línea y no desde la falta de moralidad promoviendo un pensamiento de odio (como lo señalaba en la columna pasada). Este discurso de odio tan sólo fomenta la normalización de una violencia que ya ha hecho demasiado daño en nuestro país. Es tiempo de decir ¡basta! Pero de modo pacífico. Y hablaré desde dos vías, desde la experiencial y desde la teórica. Desde la experiencial en mi calidad de mujer, vivo en una ciudad en la que la violencia ha ido in crescendo, una ciudad que se encuentra en alerta de género y en la cual debo andar con un móvil que contenga una aplicación que se llama “ No estoy sola”, y sí, confieso que cada vez es más el miedo que tenemos las mujeres de salir solas y no llegar a casa, tan sólo la semana pasada asesinaron a tres mujeres. ¿Esto no es normalizar la violencia?

Por ello, apelo al pensamiento de una gran filósofa y gran maestra mía, Dora Elvira García, quien nos propone indagar posibles alternativas desde una imaginación de carácter ético, dejando de lado la idea utópica de que las propuestas pacifistas no tienen cabida en el ámbito público y político.

Esta normalización de la violencia ya lo decía desde hace años Theodor Adorno, es fruto de una educación enraizada en la competencia; ya que esto es el principio opuesto a una educación humana. Se ha fomentado tanto el instinto de competencia, de tal modo que no se ha formado a personas libres de barbarie. La competencia ha sido convertida en una motivación sin formas que ya somos testigos de que encierra algo de inhumano. Tal parece que aún no ha tomado un cuerpo efectivo la vergüenza por la brutalidad que acaece en nuestros tiempos e incluso desde el inicio de la humanidad. La tolerancia que vivimos frente a las agresiones que enfrentamos son el paso hacia la pérdida de algo verdaderamente vergonzoso, a la falta de humanidad misma.

La imaginación ética que propone la doctora Dora Elvira[1] va en aras de anular o superar esta aparente e imperceptible realidad y nos preguntaremos ¿cómo funciona tal mecanismo? Dándonos la posibilidad de pensar como si estuviéramos en el lugar de los demás, de modo tal que se promueva una concordia. Así las cosas, toda violencia legitimada y justificada será rechazada desde una perspectiva crítica y trascendida mediante el recurso ético imaginativo. Johan Galtung, filósofo de paz, considera que si se utilizan medios convenientes como el uso de la empatía, la creatividad y la no violencia, es posible la transformación de los conflictos, lo cual hará de los conflictos algo constructivo. (Galtung 2003:19).

La historia de la paz ha sido invisible y silenciosa, dice Galtung, ya es tiempo de darle visibilidad como exigencia ética así como es un requerimiento ético (dice Dora Elvira) visibilizar la violencia. Estoy en total acuerdo con ella, ya es tiempo de auscultar la memoria colectiva y ver que hay de ello dentro de nuestra propia historia, es tiempo de reavivar el concepto de paz como algo universal, que nos lleve hacia nuevos horizontes de sentidos sobre los cuales debemos comenzar a implementar un paradigma ético que nos permita devolver la dignidad a nuestras calles, que nos devuelva la libertad, que nos permita sentirnos orgullosos de ser parte de un país rico en cultura y recursos y no tengamos miedo de decir que somos mexicanos por temor a que nos tilden de narcos y/o corruptos. Es esto lo que hemos permitido, sin embargo, estamos en un momento histórico de cambio, es el momento preciso para abogar por este tipo de propuestas que nos permitan recuperar nuestra esencia humana y que podamos en verdad generar un cambio desde la más auténtica praxis ya no desde la pasividad o el cliché de luchador social de pantalla. Es tiempo de tener voz y voto, tomémonos en serio nuestro papel activo, permítaseme a mi y a todas las mujeres y todo aquello que represente lo femenino, tener paz, vivir sin ningún tipo de “estrategia” para salvaguardar nuestras vidas porque somos muchas las que hemos sido lastimadas, y muchas las que ya hoy no existen.

Dice Dora Elvira que buscar la paz es portar de confianza al ser humano, por lo cual, las normas éticas no pueden escapar del testimonio de la realidad. Así pues, es momento de permear nuestra realidad de ética. Ayudémonos como comunidad a creer en nosotros mismos de nuevo, independiente de tu ideología o si eres o no partidario del actual presidente, lo que importa hoy es lo venidero y en ello podemos trabajar conjuntamente como sociedad, no esperes que el gobierno sea el único que cuide de tus hijas, hermanas o esposa. Cuidémonos entre todas y todos, no buscando “parches sociales” sino exigiendo por normas más justas y conformando una sociedad ética en la que hagamos de lado nuestros propios intereses e ideales; porque la ética no es cuestión de ideología, es cuestión de respeto por la vida.


[1] Cfr. GARCÍA González Dora Elvira, Una aproximación al ideal de la paz desde la imaginación ética, Signos Filosóficos, vol. XVI, núm. 32, julio-diciembre, 2014, pp. 104-124, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa
, Ciudad de México

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