Fuga de Cerebros | Las Cinco Claves de una Elección Dividida. Autor: Diego Marroquín Bitar

Imagen ilustrativa. Foto: Xinhua.

Por Diego Marroquín Bitar1

Hace dos semanas se celebraron las elecciones más grandes e importantes de la historia moderna de México. Más de 47 millones de votantes fueron a las urnas en medio de una crisis económica, de seguridad y de salud. Mucho cambió en la noche del 6 de junio y, sin embargo, el status quo político del país sigue pareciéndose a lo que vimos en 2018 (plus ça change, plus c’est la même chose). Morena conservó la mayoría simple en el congreso federal y ganó la mayoría de las gubernaturas en disputa; los partidos satélite no alcanzaron el umbral mínimo para mantener el registro y la coalición de oposición sigue sin ofrecer un proyecto alternativo que vaya más allá del rechazo al nacionalismo energético, romanticismo bucólico, militarización y megaproyectos de infraestructura avanzados por AMLO y Morena.

En términos generales, las últimas elecciones no representan un cambio significativo en la historia de México. Sin embargo, cinco nuevos elementos clave merecen ser estudiados con particular atención por sus implicaciones sobre el futuro del país. Es 2021 y nos encontramos nuevamente frente a un gobierno dividido entre el partido en el poder y la oposición, aunque las implicaciones son muy diferentes a las de finales del siglo pasado.

Primero, el INE fue validado como el pilar institucional más importante de nuestra democracia y como una de los organismos más sólidos y confiables de México. Sin mayores contratiempos y anomalías, el INE organizó exitosamente a candidatos, partidos y sociedad civil en un exitoso ejercicio del voto. A pesar de ser continuamente criticados desde Palacio Nacional, consejeros, escrutadores y demás voluntarios demostraron la madurez y la integridad de nuestro sistema de elecciones. A diferencia de otras democracias en la región, la creación del INE representa uno de los grandes triunfos del México democrático, ya que supuso la construcción de una cultura cívica basada en la inclusión y en el orgullo de los mexicanos al contar, vigilar y ayudar a otros ciudadanos a votar de manera transparente y ordenada. Regresar la administración de elecciones a gobernación sería un grave retroceso para la democracia.

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Segundo, las coaliciones sí suman y están aquí para quedarse. Después de la implosión del sistema de partidos en 2018, las asociaciones políticas heterogéneas han reemplazado al sistema partidos con ideologías definidas. Por ejemplo, a pesar de contar con menores proporciones de voto en comparación con partidos que fueron en solitario (Movimiento Ciudadano), partidos como el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde (PVEM) tendrán una representación significativamente mayor en el nuevo Congreso. De la misma forma, la diferencia entre el PT y Partido Encuentro Solidario (PES) no fue mayor a 200,000 votos (.5% del total) y sin embargo el segundo perdió nuevamente el registro. Es decir, podría argumentarse que la supervivencia electoral del PT se debió en gran parte a su alianza con Morena y el PVEM. En el caso del partido del presidente, al perder la mayoría calificada, la continuidad de su agenda de “transformación” dependerá en gran parte del PVEM, un partido político que violó de manera abierta la veda electoral y que es conocido por cambiar de alianzas cuando los vientos políticos no le favorecen. En otras palabras, las alianzas ideológicamente heterogéneas y políticamente inestables son el nuevo orden del día en el México post intermedias.

Tercero, el crimen organizado y la violencia política controlan amplios sectores de la vida del país. Durante las elecciones intermedias, múltiples candidatos tuvieron casos abiertos por posibles nexos con el narco. En 2021, las organizaciones criminales apoyaron abiertamente a algunos candidatos y amenazaron con violencia física a los que les incomodaron. La factura: más de 90 políticos perdieron la vida durante el periodo de campañas, convirtiéndose en las elecciones más violentas de nuestra historia moderna.

Más allá de los cambios en la policromía política nacional, la infiltración de las organizaciones criminales en las elecciones se aceleró en las intermedias de 2021 y es una tendencia que muy probablemente continuará de cara a la presidencial de 2024. De acuerdo con las cifras de DataInt, después de las elecciones, Morena gobernará 7 de los 10 estados más violentos del país.

Cuarto, a pesar de la violencia y pandemia, más mexicanos salieron a las urnas a definir el futuro del país. La participación electoral del 6 de junio superó por casi 8 millones de votos al número de votantes de las intermedias de 2015. ¿Qué quiere decir esto? 52% del electorado salió de sus casas para decidir sobre el futuro de nuestros contrapesos y para evaluar a sus representantes. La tarea de los partidos sobrevivientes seguirá siendo la de convencer a ese 48% que no se siente representado por ninguna plataforma política.

Por último, el patente desinterés de Estados Unidos por lo que pasa en México. Vale la pena preguntarse por qué el principal socio comercial de Estados Unidos no fue mencionado en la rueda de prensa de la Casa Blanca el día después de la elección. Ninguno de los temas clave para la agenda bilateral fueron tratados a pesar de la importancia de las intermedias y de la reciente visita de la vicepresidenta Harris a México.

Los resultados de las elecciones representan cambios importantes al mismo tiempo que son más de lo mismo. La verdadera prueba del 2021 se encontrará en la capacidad de mediar y de convencer (no de imponer) de las principales fuerzas políticas del país. En gobiernos compartidos, las oportunidades para trabajar en beneficio de todos los mexicanos existen y van más allá de filias y fobias partidistas. Entre la nostalgia y el rechazo al personalismo político existen espacios para servir y para persuadir a las y los mexicanos. Sean 30 millones de votantes en 2018 o 15 millones en 2021 que respaldaron un proyecto político, será necesario negociar e impulsar propuestas basadas en argumentos. La ruta hacia adelante no está en la división.


1 Maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Georgetown. Consultor del Mexico Institute en el Woodrow Wilson Center for International Scholars. Twitter (@Cerebros_Fuga).

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