Fuga de Cerebros | La elección reitera que existen varios Méxicos. Autor: Pedro Pablo Cortés

FOTO: VÍCTOR MEDINA/CUARTOSCURO.COM

Por Pedro Pablo Cortés[1]

La histórica elección del 6 de junio reitera que existen varios Méxicos, es decir, regiones con sus propias dinámicas políticas, identidades e intereses.

Aunque es posible inducir narrativas nacionales, los resultados reafirman lo obsoleto que es construir un discurso centralista para explicar lo ocurrido y sus implicaciones.

Aun así, hay analistas que insisten en una visión arcaica que sobredimensiona el proceso de Ciudad de México e invisibiliza a votantes de otras regiones del país.

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“La capital es la ciudad mejor informada, más politizada y de mayor nivel educativo de todo el país, e influye en el país como ninguna otra localidad”, escribió Jorge Castañeda en Nexos, en un artículo en el que sostuvo que los resultados de Ciudad de México muestran que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, perdió un “referendo”.

Esta perspectiva caduca la ha promovido también el propio mandatario para justificar la debacle que padeció en la capital.

“Aquí hay más bombardeo de medios de información, aquí es donde se resiente más la guerra sucia, aquí es donde se puede leer la revista esta del Reino Unido, The Economist, o sea, aquí está todo”, comentó el presidente en la mañanera posterior a las votaciones.

Si bien el resultado de Ciudad de México es simbólico por ser la cuna del lopezobradorismo, tanto estos analistas que se oponen a López Obrador como el mandatario pecan de simplismo e ignorancia de las dinámicas regionales.

Cuando la capital respaldó a su exjefe de Gobierno en 2006 y 2012, regiones enteras, en particular en el norte del país, le dieron la espalda, mientras que ahora fueron los norteños quienes acogieron el proyecto del presidente pese al rechazo de los capitalinos.

Impulsada por la zona libre de impuestos, la alianza de partidos del presidente, por ejemplo, se llevó todos los distritos federales de la frontera norte, salvo dos: el de Delicias, Chihuahua, donde se desató el conflicto del agua, y el de Monclova, Coahuila, donde el PRI tiene arraigo.

Basta ver el resultado de las gubernaturas de norte a sur: 11 de las 15 en disputa fueron para el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y otra más, San Luis Potosí, será para los aliados del Partido Verde (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT).

A pesar de la tragedia de la Línea 12 del Metro de Ciudad de México, que dejó 26 muertes y acaparó los medios capitalinos desde principios de mayo, la mayoría de los votantes de estas regiones no lo vieron como un hecho cercano que definiese su voto.

En el noroeste del país, una región con una identidad completamente propia, Baja California apoyó a la popular alcaldesa de su capital para seguir con Morena, que también sorprendió en Baja California Sur, se afianzó en Sinaloa y Nayarit, y en Sonora aceptó el regreso de su hijo pródigo, Alfonso Durazo.

En tanto, la elección de Nuevo León, donde se impuso Samuel García, de Movimiento Ciudadano (MC), muestra que fuera de Ciudad de México hay estados y ciudades con un ecosistema mediático propio.

Pese a que nivel nacional MC se promueve como un partido socialdemócrata, su consolidación en Jalisco y Nuevo León se debe a una apuesta por liderazgos locales.

Una mención especial merece Campeche, donde la morenista Layda Sansores ganó la gubernatura, pero en una apretada votación con una participación de más del 60% en la que los campechanos hicieron una elección muy consciente entre ella, el popular alcalde de su capital, Eliseo Fernández (MC), y el sobrino del presidente del PRI, Christian Castro.

Región tras región muestra una dinámica propia alejada de las narrativas centralistas.

El análisis fácil es asumir que la derrota de Morena en Ciudad de México muestra una hecatombe para el proyecto del presidente que después se expandirá al resto del país.

Pero la realidad es más compleja, ni la alianza opositora ni el lopezobradorismo cumplieron sus mejores escenarios.

Morena y sus aliados perdieron la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, pero se llevaron casi todas las gubernaturas y ahora controlarán la mitad de los estados del país.

Para la perdurabilidad de la 4T esto podría ser tan o más trascendental que el Congreso, pues muchos habitantes no saben quién es su diputado o en qué distrito viven, pero sí conocen a su gobernador o gobernadora.

En la mayoría de los estados, a diferencia de Ciudad de México, el Gobierno federal se siente ausente y el principal nexo es con el Gobierno estatal o con el municipio.

Impulsar la idea de que si el proyecto del presidente cae en la capital, caerá en el resto del país, no es solo simplista, sino que no coincide con la historia reciente del país.

Es momento de aceptar y apreciar las realidades políticas de los varios Méxicos.


[1] Periodista. Maestro en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid y en Desarrollo de América Latina por King’s College London. @PPabloCortes de (@Cerebros_Fuga)

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