Fuga de Cerebros | Día del Maestro: La revalorización de la docencia en tiempos de pandemia. Autor: Angel E. Santamaría Navarro

FOTO: MICHAEL BALAM/CUARTOSCURO.COM

Por Angel E. Santamaría Navarro[1]

Este 15 de mayo celebremos a maestras y maestros apasionados por la enseñanza y el aprendizaje. La educación es un derecho que da acceso a otros derechos, y la docencia es una profesión en la que las y los educadores facilitan la creación de otras profesiones, y promueven el desarrollo.

El objetivo final de la educación no es solo enseñar a los estudiantes a leer y escribir, sino también a cómo vivir y convivir con hábitos que hacen posible la vida democrática y a actuar e interactuar como miembros de una sociedad colectiva, con una fuerte cultura cívica.

La pedagogía de Paulo Freire propone que la educación es un proceso mutuo de liberación a través del aprendizaje en comunidad con maestros y estudiantes, a partir de textos, contextos, eventos y acciones potenciales, notando los desafíos económicos y sociopolíticos en la sociedad. Además, el aprendizaje por medio del diálogo debe visibilizar la heterogeneidad de identidades, permitiendo el autodescubrimiento consciente según el contexto y entorno.

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Es fundamental que el docente sea capacitado continuamente para que obtenga las herramientas necesarias para fomentar el aprendizaje, el conocimiento, las competencias y generar habilidades emocionales en los estudiantes, que les permitan integrarse digna y plenamente a la sociedad.

El fomento de la imaginación y la creatividad, del pensamiento crítico, así como del trabajo en equipo y las relaciones empáticas, son habilidades transversales fundamentales que permiten un cambio de conciencia. El mundo atraviesa profundas transformaciones que requieren de mayor comprensión, entendimiento, tolerancia, dialogo y conciencia propia y sobre los demás.

Entender cómo las y los alumnos se sienten y ven el mundo, permite que los docentes transmitan el conocimiento de una mejor manera, les ayuda a construir y formar capacidades y habilidades, al tiempo que promueve un mejor entorno escolar.

El manejo de la pandemia por Covid-19 ha expuesto las vulnerabilidades del sistema educativo, pero también ha revelado cuál es la esencia misma de ser docente: el vínculo y las relaciones con los estudiantes. Contar con una conexión significativa o puente afectivo estudiante-docente suele ser de gran relevancia para el desempeño escolar.

Las emociones de profesores y alumnos influyen en el aula y en el proceso de enseñanza-aprendizaje. La salud mental de las y los docentes, y su habilidad para propiciar climas generativos de crecimiento y entornos positivos en el aula es un aspecto fundamental. ¿Quién le está preguntando a las y los maestros cómo se sienten en general, y cómo se sienten respecto al regreso a clases presenciales?

El estudiante suele ser el reflejo de familiares y maestros en cuanto a emociones, servicio y entrega a causas de la humanidad; y el docente es un elemento decisivo en el aula. El docente debe ser consciente de que se encuentra en permanente crecimiento y aprendizaje, en conjunto con sus alumnos; y debe realizar constantemente un análisis crítico acerca de sus perspectivas, de su misión en entornos educativos, así como del rol que juega en el crecimiento integral de sus estudiantes.

La evidencia sugiere que las iniciativas educativas deben integrar el aprendizaje socioemocional tanto para docentes como para estudiantes. Sin embargo, los libros de texto y los planes de estudio no preparan a los profesores para las experiencias afectivas. Además, para que estas habilidades se conviertan en un hábito, deben ser constantes, lo que significa que deben incluirse tanto en la formación del profesorado en formación inicial como en la formación continua.

Dado que las y los docentes tienden a compartir sus actitudes y valores, y sus disposiciones es un factor relevante a tener en cuenta, deben estar capacitados para generar el diálogo y, al mismo tiempo, cuidar los sesgos presentes en los espacios de aprendizaje que reproducen métodos dominantes de análisis, discusión e interpretación de los hechos. Es importante también abordar el reto de la imparcialidad en algunos temas controversiales y del activismo en discusiones en el aula, por ejemplo, sobre los derechos humanos universales.

Las prácticas pedagógicas permiten estimar las actitudes y habilidades de la niñez. Las personas docentes suelen ser modelos a seguir dentro del aula y tienen una influencia significativa en el proceso de aprendizaje.

Las y los maestros tienen una parte crucial en el modelado y la promoción de las competencias socioemocionales, pero primero deben adquirirlas para enseñarlas a niñas y niños. Sin embargo, la investigación muestra que la formación de docentes en México y el mundo generalmente no proporciona formación teórica o práctica sobre el aprendizaje socioemocional o la salud mental.

Es clave que familias, sociedad civil, el propio profesorado y todos los integrantes de la comunidad educativa entiendan y apoyen la labor docente. Los procesos de aprendizaje y de enseñanza son emocionales. Las escuelas son espacios sociales y el aprendizaje debe entenderse en ese contexto. En regiones con desigualdades y asimetrías agudas, los entornos escolares son la principal fuente de aprendizaje, posicionado a las y los docentes en el centro de este proceso.

Se requiere establecer un plan de capacitación para que maestras y maestros estén preparados para atender el rezago generado por la pandemia y sus efectos con la reducción de espacios de convivencia y socialización; definir claramente herramientas para la inclusión y el desarrollo de habilidades socioemocionales en la oferta de formación inicial y continua de docentes; e incentivar la creación de equipos docentes de investigación y desarrollo de proyectos de innovación curricular y calidad de la instrucción.

Se estima que, en unos años, México no tendrá suficientes docentes a nivel de educación básica. Al tratarse de una profesión altamente politizada, desprestigiada y poco competitiva en términos salariales y condiciones laborales, muchos estudiantes no la consideran una opción atractiva para su futuro profesional.  La docencia, responsable de formar en gran medida al resto de las profesiones, debe ser respetada y valorada. Esto implica proteger la financiación de la educación, invertir en una formación de alta calidad y generar los incentivos para el desarrollo profesional de la fuerza laboral docente.

Este próximo regreso a clases a nivel nacional, reflexionemos acerca de las experiencias vividas tanto por estudiantes como por docentes. Debemos pensar más allá de la pandemia por Covid-19 y trabajar para construir una mayor resiliencia en nuestros sistemas educativos, de modo que podamos responder rápida y eficazmente a esta y otras crisis que requieran respuestas inmediatas y colectivas similares. Es fundamental dialogar acerca de las habilidades y las emociones de quienes forman parte de la comunidad educativa.


[1] Angel Santamaría es internacionalista por el ITAM y maestro en política social y desarrollo por la London School of Economics and Political Science (LSE). Twitter: @ae_santamaria

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