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Fuga de Cerebros | Alza de precios: el 40% de los mexicanos no tienen para comprar la canasta básica. Autora: María Martínez Murillo

Foto: Fuga de Cerebros

Por María Martínez Murillo[1]

Sin duda, el 2021 fue un año complejo, donde además de la pandemia COVID 19, los factores climáticos continúan afectando al sector agrícola y el mundo entero ha visto un alza en precios. El paquete de estímulos fiscales en Estados Unidos permitió que la demanda por bienes y servicios no colapsara. Sin embargo, la oferta de dichos bienes y servicios enfrentaron importantes limitantes: sequías y calor extremo impactaron negativamente las cosechas de granos y productos básicos; las disrupciones en la logística y transporte de mercancías, así como el alza en precios de hidrocarburos han empujado los precios de los alimentos a la alza, llevando a niveles de inflación mucho mayores a lo proyectado por los Bancos Centrales. Tan solo en México, la inflación en 2021 cerró en 7.36%, comparado con la meta máxima del Banco de México (4%).

El mundo está observando precios de los alimentos a niveles no vistos en 10 años. En 2021, el índice de precios de los alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) alcanzó el punto más alto desde 2011. El 2021 terminó reportando precios 28% más elevados que el promedio del 2020.

Por ejemplo, los cereales alcanzaron un aumento 27% respecto del promedio de 2020 y representa el promedio anual más elevado registrado desde 2012. En 2021, los precios del maíz y el trigo fueron un 44 % y un 31% más elevados que sus respectivos promedios de 2020. Esto se debe a la fuerte demanda y a la escasez de suministros, especialmente entre los principales países exportadores de trigo.  Por su parte, el índice de precios de los aceites vegetales de la FAO aumentó  un 65.8 % desde 2020 y representa el nivel más elevado de todos los tiempos.

Fuente: https://www.fao.org/worldfoodsituation/foodpricesindex/es/

De igual forma, el COVID-19 sigue produciendo importantes cuellos de botella en las cadenas de suministro, como la escasez de contenedores, la capacidad limitada de barcos para transportar productos, y el menor flujo de aviones. Adicionalmente, los precios del petróleo se han recuperado paulatinamente, impactando la inflación a lo largo de las cadenas productivas, encareciendo desde el transporte de mercancías hasta  la producción de químicos y fertilizantes para la agricultura. Además, el brote de gripe porcina en China en 2018 mermó significativamente su hato, incrementando su demanda en el mundo por carne de cerdo y otras fuentes de proteína animal como las aves, incluido el grano para alimentarlos. La sombra de más epidemias entre el ganado incrementa la volatilidad de los mercados. Todos estos factores han contribuido al incremento de precios en los alimentos. Podemos esperar que en 2022 esas mismas fuerzas sigan causando problemas.

De acuerdo con datos del INEGI y estimaciones de ¿México cómo vamos?,  la inflación actual en México se explica mayormente por el alza en precios de los alimentos, bebidas, tabaco y productos agropecuarios. Estas son noticias alarmantes pues precios más altos afecta a los sectores más desfavorecidos que han experimentado disminución de su ingreso. Las personas más pobres naturalmente destinan un porcentaje mayor de su ingreso al gasto en alimentos y resienten de forma más brusca el impacto de la inflación en sus bolsillos.

De acuerdo con ¿México cómo vamos?, en México el 40.7% de la población se encuentra en situación de pobreza laborar, es decir, no puede adquirir la canasta básica con los ingresos laborales de su hogar. El daño que generan los precios más altos de la comida en los más pobres, se verá exacerbado por otros problemas que les afectan, como la depreciación de las monedas locales, las restricciones e interrupciones en la movilidad de las personas en contexto de pandemia, y la pérdida de ingresos familiares debido a la pandemia y sus consecuencias.

La buena noticia es que difícilmente los precios alcancen los niveles vistos durante la crisis del 2007 y 2008, cuando malas cosechas en varias partes del mundo, la creciente demanda por biocombustibles y de proteína animal, así como el nerviosismo de los países y mercados llevaron a los precios de los alimentos a niveles alarmantes.

Los precios más altos en los alimentos sin duda impactan especialmente a los consumidores de menores ingresos, pero puede ser una oportunidad para el sector agropecuario mexicano, el cual, comparado con otros sectores de la economía, ha demostrado alta resiliencia ante la pandemia y crecimiento en los últimos años, y juega un papel central para el desarrollo sostenible y la superación de la pobreza en el medio rural.

México continúa enfrentando retos mayúsculos, mayores hoy después de la pandemia. El PIB per capita es 64% menor y la productividad 69% más baja que los países de la OCDE con mejor desempeño. En México, el 20% de los hogares más pobres tan solo ganan el 5% del ingreso total.

El clima más cálido de México le permite producir ciertos productos cuando su principal socio comercial, Estados Unidos, no puede. Tenemos una alta diversidad e interesantes productos de nicho. El campo mexicano ha invertido en seguros, agricultura protegida, y tiene productos y regiones con alto valor y potencial donde es posible generar riqueza. También es una región muy vulnerable a los efectos del cambio climático.

Para incrementar el potencial del sector agrícola y evitar el incremento de las enormes disparidades ya existentes en nuestro país,  no hay duda de que se requiere mayor acceso a insumos, inversión en tecnología para aumentar la productividad, así como la infraestructura y asistencia técnica como motores del desarrollo agrícola, enfocados a distintos tipos y tamaños de productores. De acuerdo con el Panorama del Sector Agrícola 2021-2030 publicado por la OCDE y la FAO, la inversión en mejorar los rendimientos y las capacidades gerenciales de las fincas y negocios rurales, es lo que generará el crecimiento en la producción global de alimentos.[2] 


[1] María Elena Martínez Murillo. Consultora en desarrollo sostenible, Strategink. Maestra en Economía para el Desarrollo. Exbecaria Fulbright-García Robles. Twitter @mariaemmc

[2] El estudio espera que el 87% de incremento en la producción vendrá de la mejora en los rendimientos.

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