EU, Canadá y México no “somos iguales”. Autor: Arturo Huerta González

En la reunión celebrada entre los mandatarios de EU, Canadá y México, el de EU le dijo al mexicano que “somos iguales” y que defiende una relación “en pie de igualdad”. El problema es que esa igualdad nunca ha existido, sino al contrario, en las relaciones económicas existentes entre los tres países se han impuesto las reglas que han favorecido sobre todo a EU, lo que ha ampliado las desigualdades de ingreso. El PIB de EU en el 2020 fue de 20 billones 936,600 millones de dólares, que es 19.5 veces mayor al PIB de México, que fue de 1 billón 076,163 millones de dólares y el PIB de Canadá fue de 1 billón 644,037 millones de dólares, que es 52.8% mayor al de México.

Se dijo que “es una relación diferente que nace del respeto mutuo” y que “se respetan mutuamente las soberanías”. El problema es que México desde hace décadas perdió el manejo soberano de su política económica, donde el gran capital internacional (hegemonizado por EU), impuso, con la aceptación de los gobiernos y los congresos de la época en el país, la autonomía del banco central, el libre comercio y la libre movilidad de capitales, como la desregulación del sector bancario-financiero. Ello ha obligado a establecer políticas de austeridad fiscal, alta tasa de interés y estabilidad del tipo de cambio, a favor del gran capital, actuado en detrimento del sector productivo y económico nacional y sobre todo de los trabajadores y de los que no encuentran trabajo.

El Presidente de México asume las preocupaciones del gobierno de EU al decir que “la integración económica, con respeto a nuestras soberanías, es el mejor instrumento para hacer frente a la competencia derivada del crecimiento de otras regiones del mundo, en particular, la expansión productiva y comercial de China”. Apuesta a la mayor integración subordinada con EU, y con ello descarta cualquier acuerdo económico con China que ha venido desplazando a EU en la economía mundial. Con la mayor integración con EU, México solo aporta mano de obra barata y recursos naturales y ellos el capital y la tecnología, lo que se ha traducido en beneficio de ellos, aumentando la extranjerización y pérdida de soberanía y seguridad nacional, lo que no nos ha llevado a superar nuestros problemas.

El Presidente López Obrador planteó impulsar un programa de inversión productiva en América del Norte para la sustitución de importaciones. Eso lo debe impulsar en el país. Antes de la pandemia, México importaba alrededor de 450 mil millones de dólares, que implica un gran potencial de crecimiento hacia adentro, a través de la sustitución de importaciones, en vez de seguir apostando al crecimiento hacia fuera, donde solo han ganado las empresas transnacionales. Si México creció desde 1947 hasta 1981 al 6.4% promedio anual, fue gracias a la política proteccionista que permitió la sustitución de importaciones, aunado a política de gasto público y de subsidios, como a la política crediticia de bajas tasas de interés a favor del sector productivo, y nada de eso existe hoy con las políticas neoliberales de libre comercio, austeridad fiscal, alta tasa de interés y desregulación del sector bancario. Dijo el Presidente que “el problema de fondo es que no estamos produciendo lo suficiente y estamos obligados a importar mercancías de otros países”, pero hay que señalar que ello es por los tratados de libre comercio que el gobierno mantiene y defiende, pues dijo que desde la firma de nuestro primer acuerdo comercial trilateral en 1994, el comercio entre las tres partes ha crecido más de 250%. Somos más que socios comerciales, hacemos bienes juntos, tenemos plataformas de servicio integradas y dependemos unos de los otros para añadir valor a nuestras cadenas productivas”. El problema es que el valor que agrega México es mínimo en esas cadenas de valor, lo que ha configurado un crecimiento del PIB en México de solo 2.2% promedio anual en este período y se ha incrementado el desempleo, el subempleo y la miseria.

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En su intervención el Presidente propuso que se abra ordenadamente el flujo migratorio en EU y Canadá. Ello solo refleja la debilidad del gobierno mexicano para satisfacer las demandas de empleo de los que se incorporan al mercado laboral anualmente. Evidencia la incapacidad de la política económica predominante de generar empleo para todos aquellos que lo buscan y no lo encuentran. De ahí que pide que se abran las fronteras a la movilidad de mano de obra, para así disminuir el desempleo y subempleo en el país e incrementar el monto de remesas, las cuales benefician a las familias y al sector externo. El gobierno debe poner en el centro de sus políticas macroeconómicas el pleno empleo, para evitar la emigración y el rompimiento de familias y no seguir instrumentando políticas a favor del sector financiero.

Reuniones trilaterales y del G-20 van y vienen y continúan las desigualdades entre los países y la creciente dependencia del país a las decisiones y vaivenes de la economía estadunidense, como reflejo de la falta de manejo soberano de la política económica para encarar los problemas que enfrentamos.

Arturo Huerta González
Arturo Huerta González

Economista heterodoxo. Autor de diversos libros, el más reciente titulado Austeridad Fiscal: Causas y Consecuencias, Editorial UNAM.
Profesor de Economía, UNAM. Miembro del SNI Nivel III.

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