Por Luis Brito

     TIJUANA, México, 14 ene (Xinhua) — En el albergue «El Barretal», instalado de manera temporal en la fronteriza ciudad de Tijuana, en el noroeste de México, aún permanecen alrededor de 600 integrantes de la caravana migrante, tras hospedar a casi 3.000 centroamericanos.

     «El Barretal» abrió sus puertas en diciembre pasado en el área de un centro de espectáculos y para reemplazar a un primer refugio, cuya capacidad fue rebasada por la gran cantidad de migrantes que llegaba a la ciudad mexicana vecina del estado de California, Estados Unidos.

     La población del albergue ha ido disminuyendo a un ritmo de 50 a 100 personas en sólo un día, luego de que el último fin de semana de diciembre anterior dormían y comían allí unos 1.400 migrantes, cifra que bajó a 650 para el pasado 9 de enero y luego a menos.

     Entre los migrantes que aún se encuentran en «El Barretal» está Nusly Antúnez, quien compartió su historia.

     A unos 4.700 kilómetros de su hogar en el oriente de Honduras, Antúnez contó que la única pertenencia que conserva de su vida allá es una mochila verde que ya considera un amuleto de la suerte.  

     Nusly empacó su ropa en esa mochila y se la colgó al hombro cuando en octubre pasado se unió junto con su esposo, Adidson Moya, a la caravana que salió del país centroamericano rumbo a la frontera de México con Estados Unidos.

     Tres meses después, la estilista de 23 años ya no tiene la ropa que cargaba desde su natal Catacama (este), porque se la robaron durante el largo recorrido por México, pero preserva la mochila y la esperanza de conseguir asilo en Estados Unidos.

     «Me da cólera cuando me dicen que la bote. No, yo no la boto porque la traigo desde allá, es muy especial para mi», expresó Nusly mientras levantaba su amuleto para mostrarlo.

     Afuera de la tienda de campaña donde duerme, Nusly comentó que ella y su esposo buscarán trabajo en Tijuana mientras esperan su turno para pedir asilo a Estados Unidos.

     Recitó de memoria su número en la larga lista de espera, el 1.746, y compartió que en la entrevista inicial expondrá la verdad sobre la causa que la motivó a salir de Honduras y recorrer miles de kilómetros.

     «Fue huyendo de los narcos. A mí y a mi familia nos andan buscando para matarnos. Mi papá es narcotraficante allá y me han amenazado por él. Es la verdad», afirmó la joven.

     «A mí me andan buscando para matarme y por eso huimos. Yo no quería salir de mi país», agregó la migrante.

     A su vez, el coordinador Nacional de Protección Civil, David León, dijo a Xinhua que «El Barretal» se está despoblando por tres factores principales.

     El primero de ellos es porque hay migrantes que se han insertado en la vida de Tijuana, que ya trabajan tras obtener permiso en México.

     Otro factor es porque varios ya han regresado a sus países de origen, mientras que el tercero es porque algunos intentaron cruzar hacia Estados Unidos de forma irregular.

     Esta dispersión de los migrantes lleva a considerar que la caravana a la que se unieron miles está en una fase de término, aunque el funcionario precisó que continúa el flujo de centroamericanos que desde hace años entra a México a pequeña escala, lo que debe atenderse de forma adecuada.

     Las autoridades contabilizaron hasta 6.000 migrantes en Tijuana durante la tercera semana de noviembre anterior y desde entonces la caravana comenzó a diluirse, al notar muchos de sus integrantes que no sería sencillo ni rápido entrar a Estados Unidos.

     «El fenómeno migrante en el país tiene flujos mucho muy altos, de 250.000, 300.000 personas al año», expresó León, quien es el responsable de coordinar las tareas gubernamentales en el albergue.

     A la par de la asistencia humanitaria que brinda «El Barretal», el gobierno mexicano ha desplegado un proceso para regularizar la situación migratoria de los centroamericanos que lo pidieron y que puedan emplearse.

     Unos 2.100 migrantes tienen en sus manos visas expedidas por el Instituto Nacional de Migración (INM) de México, mientras que otros 800 están en proceso de recibirla.

     «He ido cada semana a Tijuana y cada semana me he encontrado casos de muchachos que se regularizan, encuentran un empleo y comienzan a trabajar en alguna industria o algún centro de servicios», abundó el coordinador de Protección Civil.

     León adelantó que «El Barretal» eventualmente cerrará sus puertas, porque fue proyectado como refugio temporal.

     Dijo que llegará el momento en que el refugio se quede sin ocupantes, aunque aclaró que no existe una fecha precisa para que concluya su funcionamiento.

     «Seremos muy sensibles y tolerantes al fenómeno migrante, porque la política migratoria de esta administración es respetar, ayudar, tener cara amable a estos hermanos centroamericanos que migran por cuestiones de pobreza, cuestiones de violencia», agregó el funcionario.

     Otro migrante, el salvadoreño David Juárez, también compartió su historia mientras tendía la ropa recién lavada.

     Comentó que ya está ocupado como trabajador de la construcción y que se quedará en Tijuana, en tanto que la hondureña Karina Vázquez platicó que se emplea en labores de limpieza, pero que mantiene la idea de cruzar la frontera.

     En el sitio se observaba a migrantes desmontar tiendas de campaña usadas por semanas, llamar por teléfono a su familia o vender cigarros para ganar algo de dinero, como Jonatan Martínez, un salvadoreño que aún no decidía si persistir en la búsqueda del «sueño americano» o regresar a su país de origen.

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