¿Es Morena el malogrado hijo de López Obrador? Autora: Ivonne Acuña Murillo

Foto: Rubén Espinosa, Cuartoscuro.

El partido político Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), nació después de más de un cuarto de siglo de movilización del mayor líder opositor de México, el actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Su incompleta transición de movimiento social a instituto político se ha visto empañada por enfrentamientos entre sus liderazgos más fuertes por obtener mayores recursos y cuotas de poder. La elección intermedia de 2021 supone un escollo más, de manera que cabe preguntarse si ¿es Morena el malogrado hijo de López Obrador?

Malogrado por los conflictos internos que impiden que cumpla cabalmente con sus funciones como partido en el poder: defender la ideología y los intereses que le dieron origen; apoyar al presidente con quien llegó a la silla presidencial en su encomienda por hacer realidad sus promesas de campaña y la transformación ofrecida; operar como maquinaria electoral y consolidar, mediante nuevas gubernaturas y curules en el congreso federal y los congresos locales, su posición como primera fuerza política. Y malogrado porque sus liderazgos internos parecen más preocupados por posicionarse frente a las elecciones de 2024 que por representar a quienes les votaron y cumplir con sus promesas de campaña.

En este sentido, pareciera que el presidente rema a contracorriente no sólo por la fuerte oposición de ciertos grupos políticos y económicos que se resisten a ver disminuidos sus privilegios ante el embate de la Cuarta Transformación (4T) sino porque, desde dentro de Morena, se mueven fuerzas que bien podrían lograr lo que la oposición política por sí sola no podría, debilitar al partido y arrebatarle su recién estrenado primer lugar.

¿Cómo puede López Obrador ser al mismo tiempo presidente de la República y presidente de partido? ¿Cómo puede encargarse a la vez de resolver los enormes problemas que el país enfrenta -inseguridad, desigualdad social, desempleo, paro económico, pandemia-, y las guerras internas de su partido? ¿Cómo puede impedir que la dirigencia de Morena tome malas decisiones al momento de elegir a quienes han de ser sus candidatos y candidatas en este año electoral? ¿Cómo puede evitar que Morena se convierta en un partido desprestigiado más?

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El dilema no es menor. Por décadas, AMLO se fijó como proyecto de vida la atención a los sectores menos favorecidos, primero en el ámbito local como delegado del Instituto Estatal Indigenista en Tabasco, después como jefe del Distrito Federal y finalmente, como primer mandatario. Poco a poco, fue perfilando la imagen de un líder honesto preocupado por lo que el llama “el pueblo” y por hacer desaparecer la enorme corrupción que obstaculiza el bienestar no sólo de los pobres sino de las clases medias. Al lado de esta imagen, fue también configurando lo que finalmente se conoce como la 4T, proyecto que condensa décadas de observación y recorridos por todo el país.

Pero, esta lucha no puede completarse en un solo sexenio, se requiere por tanto una estructura partidaria fuerte que permita a otros liderazgos comprometidos con la 4T ocupar la silla presidencial. Sin embargo, la guerra intestina, las ambiciones personales y de grupo y las malas decisiones pueden llevar a Morena a abortar la 4T.

Este es el sentido de la pregunta: ¿Es Morena el malogrado hijo de López Obrador? El joven instituto político parece llevar en su origen la raíz de su destrucción.

Es una paradoja. Era necesario el liderazgo de un fuerte dirigente político para constituir un movimiento formado por millones de personas y para convertirlo después en partido político, pero es ese mismo liderazgo el que impidió el crecimiento de perfiles que puedan operar al interior del partido sin requerir de la voz del líder para caminar derechos.

Peor aún, esos liderazgos pretenden, sin haber logrado la calidad moral de AMLO, gobernar la casa. Y, como todos se sienten con el mismo derecho, el canibalismo hace su aparición dejando a la democracia partidista en condición de quimera.

Para empeorar las cosas, esos líderes hacen compromisos con los grupos que poco a poco se fueron uniendo a la familia para conformar un enorme movimiento social. El problema es que quienes llegaron de fuera responden a otras lógicas, intereses, necesidades y a cambio de su apoyo pretenden grandes tajadas del pastel sin importar si contribuyen al proyecto de la 4T o, por el contrario, abonan a aumentar el desdoro que se avecina.

No conforme con el espectáculo montado, en 2019 y 2020, en torno a la renovación de su dirigencia nacional, cuando Morena hizo visibles los enfrentamientos internos entre los bloques encabezados por Yeidckol Polevnsky, Bertha Luján, Mario Delgado y Alejandro Rojas, estos últimos con Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal tras bambalinas; ahora se preparan a elegir candidatos y candidatas para la renovación de 15 gubernaturas, la Cámara de Diputados a nivel federal y otros puestos del ámbito local.

Era posible anticipar que, para Mario Delgado, el recientemente nombrado presidente de Morena, y para Citlalli Hernández, secretaria general del partido, no sería fácil encauzar la selección de quienes competirán en los comicios que se aproximan. Sin embargo, se esperaba que el perfil conciliador de ambos llevara a buen puerto dicha selección, limando las asperezas que pudieran surgir en el camino, no sólo en términos de aminorar los conflictos ante la presión de grupos nacionales y locales por imponer a sus protegidos, sino en la selección de los mejores perfiles.

Pero, unas semanas han sido suficientes para que los desacuerdos internos salten a la esfera pública y pongan en entredicho la actuación y buen juicio de la nueva dirigencia.

Primero, la inconformidad ante un supuesto desequilibrio entre bandos por la selección de un número desigual de candidaturas. Es el caso de Gabriel García, coordinador de Programas Integrales de Desarrollo del Gobierno Federal y el grupo de Ricardo Monreal, coordinador parlamentario en el Senado.

Segundo, la inconformidad de quienes no tuvieron la suerte de ser elegidos o elegidas y que acusan la realización de un proceso oscuro de supuestas encuestas, para imponer candidaturas. Como ocurrió en el estado de Guerrero, donde Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, hermano de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, exige se esclarezca la metodología de las encuestas que favorecieron al senador Félix Salgado Macedonio.

En Colima, la diputada federal Claudia Yáñez, renunció a su militancia en Morena luego de perder contra la exdelegada federal de Programas de Bienestar en la entidad, Indira Vizcaíno Silva, aduciendo supuestos acuerdos cupulares, de los que parecen dar cuenta los huevos lanzados por militantes de Morena a Delgado y Vizcaíno Silva, entre gritos de “Mario Delgado, traidor” y vivas al presidente López Obrador.

En Chihuahua, el senador morenista Cruz Pérez Cuéllar anunció que impugnaría el proceso ante el Tribunal Electoral y solicitaría que se repitiera la encuesta que favoreció al ex súper delegado Juan Carlos Loera. El senador acusó a Gabriel García Fernández, coordinador de los delegados federales del gobierno de López Obrador, de “ser responsable directo de la manipulación del proceso de selección de candidatos”, incluso, de “cucharear” las encuestas.

En Michoacán, Cristóbal Arias, quien está considerando aceptar la invitación de “Va por México”, acusó la intervención de AMLO en la designación del candidato Raúl Morón, ex dirigente de la Confederación Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

En Nuevo León, la elección de Clara Luz Flores, expresidenta municipal de General Escobedo, no fue del agrado de los morenistas por su escasísima militancia partidista al haber renunciado apenas en febrero de 2019 a 20 años de vida priista.

En Zacatecas, José Narro se inconformó con el supuesto triunfo de David Monreal, hermano del líder de Morena en el Senado de la República, amenazando con impugnar los resultados de la encuesta al encontrar numerosas irregularidades.

Todo parece indicar una de dos cosas: o las reglas de selección de candidaturas no son claras o quienes no resultaron favorecidos no están dispuestos a aceptarlas. Elija usted.

Tercero, la evidencia que apunta a afirmar que “los elegidos” no son los mejores. El caso que mejor ilustra esta afirmación es la del senador Félix Salgado Macedonio, expresidente municipal de Acapulco (2006-2008), elegido para competir por el estado de Guerrero y que cuenta con un expediente abierto por violación sexual agravada y despido injustificado en contra de J.D.G. (iniciales bajo las que se resguarda la identidad de la víctima) colaboradora de la Jornada Guerrero, cuando este se desempeñaba como director de la publicación, en diciembre de 2016.  

La denuncia no procedió, pues a decir del exfiscal general del estado, Xavier Olea Peláez, por instrucción del actual gobernador por el PRI, Héctor Astudillo Flores, la investigación (con número 12030270100002020117) se mandó a la congeladora.

Pero no es sólo un agente externo a Morena quien denuncia al senador Salgado, la secretaria de las Mujeres del partido, Carol Arriaga, se manifestó en contra de la designación de “un personaje con un historial documentado de violencia hacia las mujeres”, pues esto contraviene los principios del partido de la transformación.

En contraparte, tanto Mario Delgado como el presidente López Obrador, ofrecen el privilegio de la duda al senador pues, afirman, en todo proceso electoral son comunes las “campañas negras” que pretenden descarrilar ciertas candidaturas, por lo que se analizará si estas acusaciones son ciertas.

Más allá de la postura de ambos políticos cabe recordar algo del historial previo de Salgado Macedonio, ante el hecho innegable de la corta memoria ciudadana.

En abril de 2000, amenazó con golpear al presidente de la Cámara de Senadores, Dionisio Pérez Jácome, por negarle el uso de la palabra.

En septiembre del mismo año, denunció haber sido golpeado y secuestrado por miembros de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, cuando en realidad forcejeó con ellos cuando trataban de evitar que siguiera escandalizando con su motocicleta en la vía pública, en claro estado de ebriedad.

En noviembre de 2020, una supuesta segunda víctima de violación presentó su denuncia ante la Fiscalía General de la República (FGR). Según su testimonio, en 1998, cuando tenía 17 años, acudió a Salgado por ayuda económica para volver a su lugar de origen, después que su novio no apareciera. En respuesta, Salgado la violó y arrojó 100 pesos a la cara antes de echarla.

Como alcalde de Acapulco se le asocia con el inicio del brote de narcoviolencia que azota a Acapulco desde su mandato. En el artículo de El Universal “Salgado Macedonio y el día en que se jodió Acapulco”, Héctor de Mauleón sostiene que: “Se le hizo responsable de haber abierto las puertas de Acapulco a (…) los Zetas y (…) La Barbie”.

En el mismo sentido, la periodista Anabel Hernández sugiere, en mesa de análisis con Carmen Aristegui, que si se puede entrevistar a Salgado Macedonio se le pregunte: “¿Cómo es posible que la policía municipal, cuando él era el alcalde de Acapulco, estaba al servicio de los Beltrán Leyva y de Edgar Valdez Villareal, alías La Barbie?”.

En torno a sus excesos como alcalde de Acapulco, el mismo de Mauleón transcribe las palabras con las que Salgado Macedonio se muestra tal cual es:

Yo tengo más negativos que positivos. Yo sé que no estoy compitiendo para cardenal, ni tampoco para santo. Cuando me dicen: oye, hay que fortalecer aquí porque andas muy bajo, la fama es mala, muy mala, mujeriego, parrandero, jugador, borracho; todos los vicios de Gabino Barreda y de Simón Blanco me los juntaron. Yo así soy, soy incorregible, soy impredecible, soy incalumniable, todo lo que dicen de mí es cierto.

Basten estos ejemplos para preguntarse de nuevo ¿es Morena el malogrado hijo de López Obrador? y para afirmar que: demasiado se exige a la calidad moral de López Obrador, para esperar que alcance para cubrir a todos aquellos que no la tienen y pretenden gobernar bajo el manto de Morena.

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