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Empresario de Acapulco en quiebra por fondo Lion Mexico Consolidated

“Nos quitaron todo”. Así es como Salvador Río de la Loza resume más de 10 años de conflicto legal con Lion Mexico Consolidated (LCM). Para el empresario mexicano, la relación entre el Grupo Mexicano de Inversionistas del Desarrollo Punta Mar, en Acapulco, y el fondo canadiense se describe en tres palabras: desfalco, trampa y corrupción.

“Pero no fue solo eso, también nos rompieron nuevos negocios. Todos nuestros flujos fueron congelados por problemas con bancos y clientes (…) Se quedaron con nuestro patrimonio”, asegura el empresario perteneciente al grupo desarrollador que, por años, se ha encargado de edificar proyectos habitacionales de lujo, en las principales zonas de México.

La historia de los tres empresarios de Acapulco -Salvador Río de la Loza, Miguel Ángel Leyva y Ernesto Karam García- con el fondo canadiense no es diferente a la de otros desarrolladores inmobiliarios de Nayarit, Jalisco y Quintana Roo. En todos los casos destaca la misma forma de operar de Lion Mexico Consolidated: falsificación de documentos, alteración de testimonios y tráfico de influencias, lo que ha provocado que cada uno de los mexicanos involucrados pierdan su patrimonio.

Cabe mencionar que LCM es un fondo de inversión que pertenece a Franklin Templeton, compañía que en México actualmente es dirigida por Hugo Petricioli, hijo del político y economista Gustavo Petricioli, quien estuvo al frente de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SCHP) en la última parte del gobierno de Miguel de la Madrid. Además, es el mismo al que el gobierno de México podría pagar más de 47 millones de dólares por violar el TLCAN, según un laudo emitido en septiembre de 2012 y que, hasta este momento, todavía está en espera de resolución.

Un “socio” tormentoso

La necesidad de capital fue lo que, en octubre de 2007, llevó a los empresarios de Punta Mar, en Acapulco, a cruzar caminos con el fondo canadiense. De acuerdo con Eduardo Sánchez Vivar, abogado del grupo mexicano de inversionistas, después de obtener créditos hipotecarios con Inbursa y BBVA, surgió la búsqueda de un capitalista para recaudar 30 millones de dólares, con quien se buscaba compartir el proyecto de ocho edificios.

“, El grupo estaba en busca de financiamiento y lo encontramos con ING que, después de muchas conversaciones, nos pidieron que la asociación saliera con el fondo Lion Mexico. Aquí, ellos disfrazaron la inversión como si fuera un préstamo, con la promesa de que en un año saldrían los papeles como socios (…)”, detalla Eduardo Sánchez Vivar.

Al principio todo fluía muy bien, pero el encanto solo duró dos meses. En diciembre de 2007 iniciaron los problemas, el abogado del Grupo Mexicano de Inversionistas del Desarrollo Punta Mar detalla que el primer conflicto se tuvo por la cantidad de impuestos que pagaría la nueva sociedad, “ahí empezó el drama”. Por eso se decidió hacer una venta ficticia de todos los activos de una compañía hecha por el fondo en Estados Unidos, llamada Punta Mar LLC.

En 2008, el negoció iba bien hasta que las ventas cayeron por dos situaciones: la empresa formada no tenía activos para vender, ya que estaban en Estados Unidos; y por la crisis inmobiliaria que también afectó a México. Esto provocó que a mediados de año se buscara una inyección más de capital. “El fondo Lion Mexico aprovechó el momento para proponer un arreglo ventajoso, y no quedó de otra más que firmar”, menciona Sánchez Vivar. Así, la participación de los empresarios mexicanos bajó al 32% a cambio de 10 millones de dólares más.

Un año más tarde, Lion Mexico tomó el control de todo: obras, cuentas, revisiones, entregas. Los empresarios mexicanos fueron desplazados poco a poco, por lo que decidieron llevar a cabo juntas del comité técnico, donde la representación todavía era equitativa. Pero el fondo decidió no asistir a ninguna de las dos reuniones solicitadas. “Entonces decidimos demandarlos”, refiere Eduardo Sánchez, Vivar.

Denuncias y persecución, el resultado

El Grupo Mexicano de Inversionistas del Desarrollo Punta Mar, en Acapulco, demandó a Lion México Consolidated, a los bancos y a ING por no cumplir como socios y fungir únicamente como prestamistas. Cabe mencionar que esta demanda, aún vigente, inició en los tribunales en julio de 2010.

El fondo no se quedó con los brazos cruzados, a mediados de ese mismo año demandaron los préstamos a los empresarios mexicanos, como si hubieran sido un banco; pidieron las garantías del fideicomiso con la intención de quedarse con todo… y lo lograron, pero jugando suciamente. El abogado de los inversionistas nacionales refiere que, a partir del rompimiento, se inició una persecución contra ellos y sus familias, en la que intervino el exprocurador General de la República Jesús Murillo Karam, quien había adquirido un departamento en el desarrollo Punta Mar de Acapulco, que a la postre y sin que existan registros contables que lo hubiere liquidado, logró que Lion Mexico lo escriturara a su nombre. Así fue como inició una persecución contra los empresarios, pues fue él, quién firmó la orden internacional de búsqueda.

“A los tres inversionistas mexicanos los mandan a la cárcel a base de mentiras y, por si eso no fuera poco, se inicia una persecución contra sus familias. Las esposas de cada uno de ellos tuvieron grilletes en el tobillo, según para monitorear si tenían encuentros con sus esposos; los abuelos de los empresarios, los hijos, los nietos, todos fueron acosados”, asegura Sánchez Vivar.

“Litigar es caro”, refiere el abogado. “Y más cuando estás en la cárcel”. Por eso, los empresarios mexicanos tuvieron impedimentos para continuar con su proceso legal contra Lion Mexico, sobre todo por todas las trampas y corrupción de las que ya habían echado mano para salirse con la suya. Pese a todo, el grupo contrató abogados en Estados Unidos, pero todo fue en vano.

Derivado de esta situación, ninguno de los tres empresarios ha podido concretar negocios. Los problemas que quedaron con los bancos les impiden acceder a nuevos créditos, mucho menos pensar en socios o inversionistas externos: “nos quitaron todo, y ahora pueden quitarle a México más de 47 millones de dólares. Lion Mexico se dedica a destruir la inversión de empresarios mexicanos, y nosotros lo estamos permitiendo”, concluye Salvador Río de la Loza.

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