Elecciones municipales en Hidalgo y caciquismo político. Autor: Mario Hernández Arriaga

FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

Dentro de unos días, el 18 de octubre de 2020, se llevarán a cabo elecciones para las 84 alcaldías en el estado de Hidalgo. Nada extraordinario podría parecer ese evento, más allá de desarrollarse en medio de una pandemia que obliga a los mexicanos a permanecer en casa; sin embargo, merece escribir unas páginas para ese ejercicio democrático, pues se presentan a ellas personajes identificados por el caciquismo político, sobre todo en la región huasteca de Atlapexco.

El caciquismo político ha sido tema de muchos textos debido al sometimiento brutal –de esclavitud, me atrevo a afirmar– del que fueron objeto los indígenas del país en el siglo pasado. Los estudiosos del tema coinciden que el caciquismo político tiene, y siempre desea, tener un control político (más poder) y económico (más dinero) sobre un espacio territorial y sus habitantes, ya sea por medio de la violencia física u ocupando diferentes puestos en la administración pública local. Ese es el caciquismo político que identifica a la familia Nochebuena en la región huasteca.   

El apellido Nochebuena ocupó notas periodísticas después de la publicación del libro La Estafa Maestra, en 2018, por los periodistas Nayeli Roldán, Miriam Castillo y Manuel Ureste. Las páginas de los diarios de circulación nacional dedicaron renglones escritos a Juan de Dios Nochebuena, entonces rector de la Universidad Politécnica de Francisco I. Madero, no por sus logros extraordinarios en materia de educación sino por actos de corrupción que le valieron la destitución como máxima autoridad de esa casa de estudios: la Auditoría Superior de la Federación señaló un desvío de recursos públicos por más de 185 millones de pesos (La Jornada, 4 de octubre de 2019) que dicho sea de paso servirían para una política pública plausible: erradicar el hambre y la pobreza en la que se encuentran millones de mexicanos.

Pero el apellido tiene una larga trayectoria marcada por la misma particularidad. Reygadas, Mendoza, Rodríguez e Ivel (2014); Navarrete y Dolores (2014), por tomar dos fuentes bibliográficas, analizan el caciquismo regional de la familia Nochebuena en el municipio de Atlapexco, Hidalgo. En sus argumentos señalan lo que muchos habitantes indígenas de edad avanzada saben, porque lo vivieron: se constituyeron en una familia que gobernó el municipio con base en alianzas con líderes regionales y estatales del entonces poderoso Partido Revolucionario Institucional (PRI). También, a través de otorgar migajas y muchas promesas incumplidas a los habitantes indígenas; cuando esta maña no funcionó recurrieron, según los mismos autores citados, a la violencia física y verbal: “echar bala”, encarcelar a los opositores y espantar a los pobladores de quitar los beneficios gubernamentales que el Estado, por obligación, debe proveer a los mexicanos para su desarrollo armónico y ordenado.

El caciquismo inició cuando Antero Nochebuena Vera, padre, ocupó la presidencia municipal durante el periodo 1955–1957; años crueles en materia de derechos humanos, pues los indígenas analfabetos y sin tierras eran obligados a trabajar de manera gratuita en los ranchos de los caciques, bajo pena de sufrir maltrato físico o muerte por parte de los pistoleros si se oponían; “los caciques eran la ley”, documentan Reygadas y colaboradores.

Ya no con actos violentos, como en el pasado, pero sí para perpetuar el caciquismo político en la región, decenios más tarde Joel Nochebuena ocuparía el mismo cargo que su padre. Fue presidente municipal durante los años 2006–2009; luego diputado local por el Distrito 13 en la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Hidalgo (2011–2013); ambos cargos por el PRI, por supuesto.

Motivado por la tradición familiar de llegar a ser presidente municipal, y que no se debe quebrantar, Antero Nochebuena, hermano de Joel, también se postuló para la alcaldía municipal bajo una fórmula encabezada por el PRI; el sueño hecho realidad no tardó en llegar: ocupó el puesto durante el trienio 2012–2016.

Ambos hermanos expresidentes podrán argumentar que es un derecho, como ciudadanos mexicanos, participar a los puestos de elección popular. Ese derecho no está a discusión. También podrán manifestar que realizaron su trabajo de manera adecuada y emprendieron obras en beneficio de los pueblos y sus habitantes. Esas tareas tampoco están en disputa, pues la administración pública municipal y en particular las políticas públicas tienen como objetivo dar solución a los problemas de la sociedad, cambiar el modo de vida de sus habitantes en aspectos específicos. Para esos fines se contratan, para esas metas reciben votos y para esas políticas son los dineros que les hacen llegar; no para ser aplaudidos, recibir porras o vivas de la población que todavía cree que las obras son favores de los “buenos presidentes”.

Lo que sorprende, y dejan claras las intenciones de perpetuar el caciquismo, es que pasen de un partido político a otro, sin importar que tengan ideologías diferentes, para ser electos alcaldes o a otros puestos. Por ejemplo, a finales del año 2017, Joel Nochebuena, aún delegado de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) en Coahuila, anunció su deseo de competir por una diputación federal bajo las siglas del PRI (Vanguardia, 6 de febrero de 2018). Como su partido no le favoreció, renunció al cargo en el estado del norte en enero de 2018 manifestando que no era por cuestiones políticas sino porque deseaba retirarse del servicio público “y regresar al estado de Hidalgo, de donde es originario, por motivos personales” (Capital Coahuila, 2 de febrero de 2018).

Sin embargo, siempre hay que tener presente que a los políticos no se les debe creer por lo que dicen sino por lo que hacen. Ese mismo año, 2018, renunció al PRI y se sumó a las filas del partido político que se perfilaba como el más importante del país, asimismo garantizaba triunfos a todos sus candidatos: Movimiento Regeneración Nacional (MORENA).

Joel Nochebuena manifestó que llegó a MORENA “no buscando cargos ni candidatura, simplemente la oportunidad de seguir trabajando para la gente” (Zunoticia, 3 de agosto de 2018). Pero sus palabras son, y serán, una ofensa a la inteligencia de los huastecos: se afilió al partido de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) porque la candidatura a la diputación federal le fue negada; además MORENA se posicionaba como el mejor partido para ganar todo y a todos.

El tiempo, como siempre, ha sido el mejor juez de la falsedad de sus palabras: ahora que las elecciones están por llegar, él no es candidato de MORENA sino del Partido Encuentro Social (PES). Lejos quedó el trabajo para la gente que cacareó realizaría a través del partido de AMLO.  

Para garantizar que el caciquismo político tenga más posibilidades de continuar, el otro hermano, Antero, es también candidato, aunque no por el PRI sino por el partido que no termina de ahogarse: Nueva Alianza (PANAL). Pero no es todo: si los simpatizantes de MORENA lo hubieran permitido, un tercer hermano, Julián Nochebuena, estaría encabezando una planilla más; pero por fortuna no fueron suficientes sus millones de pesos puestos a la candidatura para convencer a los afiliados de sus planes de perpetuidad. Ahora sólo le quedó ser suplente de la fórmula encabezada por el primer hermano.  

El 18 de octubre los huastecos, una región con muchas desigualdades y una educación de baja calidad, elegirán a su próximo presidente. Sólo quiero recordarles: cuando se trata de perpetuar el caciquismo, los políticos ponen en práctica la frase atribuida al político italiano Nicolás Maquiavelo: el fin justifica los medios. En otras palabras, no importa cambiar de partido político una y otra vez, prometer más y mejores condiciones cuando el fin es ganar, aun a costa de todo.

Referencias

Navarrete Ulloa, C. y Dolores Bautista, J. (2014). Caciquismo en Atlapexco, municipio de la huasteca hidalguense, Revista de El Colegio de San Luis, 4(8), 12–37. Reygadas, R., Mendoza, S., Rodríguez e Ivel (coord.) (2014). Memoria de la Lucha por la Tierra y Otros Derechos. Relatos de la vida de la Huasteca Hidalguense. Tomo I. México: Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco

Mario Hernández Arriaga
Mario Hernández Arriaga

Licenciado en Educación Primaria en la desaparecida Escuela Normal Rural “Luis Villarreal”, El Mexe, Francisco I. Madero, Hidalgo, maestro en Ciencias con especialidad en Administración y Desarrollo de la Educación en el Instituto Politécnico Nacional, doctor con especialidad en Ciencias Administrativas en el Instituto Politécnico Nacional, investigación doctoral en la Universidad Autónoma de Madrid, España, bajo la tutoría del doctor Francisco Javier Murillo Torrecilla (gracias a una beca otorgada por el IPN).

Deja un comentario