El suicidio. Autor: Víctor Manuel Rodríguez Molina

Imagen ilustrativa.

La pérdida de una vida es sin duda una catástrofe, no obstante, cobra otro significado cuando la propia persona decide tomar su vida. Las mediciones internacionales muestran que de la población total que comete suicidio, el grupo comprendido entre los 24 y 44 años, ya representa el segundo lugar de las muertes totales. Por lo que el suicidio de personas de esta edad es una afección directa al sector joven y productivo. Según la Organización Mundial de la Salud cada año ocurren alrededor de ochocientos mil suicidios, las causas son numerosas, sin embargo, los expertos han identificado que existen diferencias dependiendo del nivel económico de cada país. En los países con ingresos medianos y bajos, los suicidios representan cerca del 78% del total de casos mundiales. Considerando lo anterior, es claro que corresponde a un problema de salud pública que requiere de atención urgente.

            Independientemente de las estadísticas, el problema de fondo corresponde a las causas que lo originan, donde la primera pregunta es: ¿Qué puede llevar a alguien a quitarse la vida? No es una pregunta simple de responder. Una de las causas más frecuentes son factores relacionados con la depresión y determinadas adicciones como alcoholismo y drogadicción. Empero, también son frecuentes otros tipos de alteraciones como problemas de impulsividad, personalidad, demencias, esquizofrenias, enfermedades degenerativas, enfermedades generadoras de dolor crónico, crisis psico-emocionales, abuso, violencia y desigualdad, entre otros. En este sentido, lo más urgente es identificar los factores de riesgo que pueden llevar a alguien al suicidio. La única forma de intervenir a tiempo es mediante la prevención identificando todos los factores que adviertan de un potencial riesgo. Algunos datos que los investigadores en esta materia han identificado es que la gran mayoría de los suicidios ocurren entre las 10 y las 14 hs y solo el 10% de los casos ocurren durante la noche. Este dato, no es solo estadística, nos puede dar una idea de en qué momento es más importante el acompañamiento para quien se encuentra en riesgo. Incidir a tiempo y modificar las conductas o los factores de riesgo, es una de las prioridades en la prevención del suicidio. Una vez que se ha identificado que alguien se encuentra en riesgo es urgente la atención que involucra a familiares, amigos o personas cercanas, así como equipos de atención multidisciplinares encabezados por médicos psiquiatras.

Indudablemente, también puede darse el caso de que existan enfermedades concomitantes, es decir que el paciente tenga otro tipo de enfermedad que de no ser tratadas pueden representar un riesgo de suicidio. Sin embargo, en todos los casos lo importante es reducir el riesgo de cometer suicidio. Recientemente, un grupo de expertos determinó que factores “aparentemente simples” como los trastornos del dormir, puede ser considerados un factor de riesgo importante. Se ha sugerido que mantenerse despierto durante la noche es en sí mismo, un riesgo para el suicidio, ya que la función del lóbulo frontal del cerebro se ve disminuida (hipofrontalidad), lo que afecta las habilidades para resolver problemas y aumenta las conductas impulsivas.

Por otro lado, mantenerse despierto durante la noche, aumenta la sensación de desesperanza, aislamiento y genera estrés por no poder dormir. Las personas con insomnio tienden, con mayor facilidad, al consumo de alcohol y otras sustancias. Otro problema importante en quien sufre de insomnio, pesadillas u otro trastorno del sueño, es que, durante esas horas, se encuentran fuera del cuidado de familiares o amigos, y se puede tener una mayor facilidad para el acceso de sustancias o elementos letales. Las alteraciones del sueño corresponden uno de los factores de importancia que se han identificado como de alto riesgo.

Con la finalidad de prevenir el suicidio la Organización Mundial de la Salud recomienda: restringir el acceso a instrumentos que puedan servir para un acto suicida. Los medios de comunicación deben de informar responsablemente y con veracidad sobre este tema. Es necesaria la introducción de políticas orientadas a reducir el consumo nocivo de alcohol. Identificar de manera temprana los riesgos para establecer un tratamiento o atención oportunos, principalmente en personas con problemas de salud mental, abuso de sustancias, dolores crónicos y trastornos emocionales agudos. Capacitar al personal sanitario no especializado en la evaluación y gestión de conductas suicidas. Y realizar un seguimiento estrecho, con apoyo comunitario, de las personas que han intentado suicidarse. No olvidemos que, en términos de suicidio, todos tenemos una responsabilidad.

Deja un comentario