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El pueblo a la calle por las capacidades básicas. Autor: Ricardo Bravo

octubre 16, 2026
El pueblo a la calle por las capacidades básicas. Autor: Ricardo Bravo

Autor: Ricardo Bravo

En España, el tema político del momento, y quizás del año, es la vivienda. Un símbolo público, el del desahucio de una señora de la tercera edad que, a la postre, terminaría perdiendo la vida, dio aire a una llama que ya estaba prendida por la cada vez más complicada situación económica, que pega duro en todos los ámbitos de la vida, pero que se vuelve todavía más notoria en los bolsillos de los españoles al hacer el pago más significativo del mes: el de la renta. La acampada por la vivienda que impulsaron colectivos como el del Sindicato de Inquilinas, ya tiene dos semanas de establecido en la plaza del sol. La presión de la gente ha sido tal, aunada al momento político preciso, que el gobierno ha convocado elecciones para el próximo 29 de noviembre. El tema de la vivienda será decisivo.


En Francia, jóvenes estudiantes y profesores de escuelas secundarias públicas en la periferia de París salieron a inicios de octubre a exigir mejores condiciones en las aulas, más profesores y un cambio en el sistema de ingreso a la universidad. Las noticias han documentado el inicio de las movilizaciones, la tracción que estas han tenido en toda la República Francesa, la expansión masiva del movimiento y los enfrentamientos con las fuerzas del (des)orden. Hasta el momento, los detenidos por los disturbios superan los siete mil y los enfrentamientos continúan. Los medios ya hablan de esta como una movilización sin precedentes, lo cual es decir mucho para una sociedad que no necesita tanto para aventarse a las calles a protestar. Las elecciones francesas serán en abril del próximo año. Es muy pronto para determinar la importancia del tema educativo en las próximas elecciones. Sin embargo, la movilización continúa y sigue creciendo.


El domingo pasado, una inusual cantidad de personas tomó las calles de Guadalajara para exigir un acceso continuo al agua limpia. El problema del agua se ha venido arrastrando desde hace varios años, según reporta gente de Jalisco, pero finalmente ha llegado a límites insoportables. En muchas zonas de Guadalajara, el agua huele muy mal y se ve peor. Ni para trapear sirve. La convocatoria de la marcha para exigir este derecho tan básico fue increíble, inspiradora. Familias, jóvenes, colectivos, participaron en la movilización. Sin embargo, a diferencia de lo que aseguró el gobernador del Estado, la manifestación fue reprimida. Para el imaginario colectivo queda la irónica imagen de las fuerzas del (des)orden atacando a manifestantes con chorros de agua (¡que siempre sí había!). Repartieron golpes también. El saldo fue de 39 detenidos. Dice el gobernador que todos han sido liberados, pero de una semana laboral en la cárcel y de una buena aporreada no se libraron.


Esta semana ha sido la del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Fue difícil no toparte con colectivos de trabajadores del Estado en casi toda la República, que exigían un aumento de sus salarios, más insumos y más personal.

Razonable, ¿no? El IMSS es una de esas contadas instituciones mexicanas de las que debemos sentirnos orgullosos. La pandemia de hace algunos años fue un buen recordatorio de lo agradecidos que debemos estar por su existencia. Pero también conocemos sus falencias históricas, las cosas que han mejorado y las que han empeorado con el tiempo y con el paso de los gobiernos. Los datos son claros desde el pasado sexenio, el sector salud es el área más flaca de este y del pasado gobierno. Lamentablemente, también es uno de los más básicos de la población.


Aunque con enormes diferencias, veo un hilo conductor en todas estas movilizaciones que inundan las calles de diversos países. Las demandas tienen que ver con el ideal del Estado de bienestar, ese Estado que prometía dar a los ciudadanos un suelo básico que, primero, los protegería de la escasez más urgente, pero también, y quizás más importante, permitiría que la gente partiera desde el mismo lugar en la “carrera de la vida”. Por lo menos, nos acercaría a la igualdad de oportunidades. Ese ideal nunca se cumplió, pero avanzó de manera diferenciada en distintos países.


El momento actual parece estar marcado por el hartazgo ante la brecha entre el ideal y lo que los gobiernos entregan a los ciudadanos. Uno de los enfoques que más resuenan con el momento actual y con las carencias que se reclaman es el llamado “enfoque de capacidades” del economista y filósofo indio Amartya Sen. Sen criticaba las teorías políticas centradas únicamente en la redistribución igualitaria de la riqueza, que no consideraban las distintas necesidades de los ciudadanos. Para él, independientemente de la distribución que se necesite para lograrlo, los gobiernos necesitan garantizar a la gente una serie de capacidades básicas para el libre desarrollo de su persona.
Este enfoque tuvo un impacto importante en nuestro país, pues desde 2009 los organismos encargados de medir la pobreza han adoptado las ideas de Sen para concebirla como un problema multidimensional. Este método considera, para medir la pobreza de las personas, el nivel de ingresos, el rezago educativo, el acceso a servicios de salud, el acceso a la seguridad social, el acceso a la alimentación, la calidad y los espacios de vivienda, y el acceso a servicios básicos de vivienda (agua, luz, gas, etc.).


El pueblo está en la calle y lo está porque los gobiernos nos están fallando en lo que debería “darse por sentado”; en lo que debería “ser de cajón”. Lo mínimo que esperamos de nuestros gobiernos es que se nos garantice, a todas y a todos, las capacidades más básicas para vivir una vida digna. Las personas que están en la calle no son libertarias que desean un Estado pequeño, mínimo, que no se meta en sus vidas. ¡No marcharían si fuese el caso! No, son personas que creen que el Estado tiene el deber de satisfacer las demandas de los ciudadanos.


Por supuesto, hay grandes diferencias entre los gobiernos a los que se les reclama en los diferentes casos que enumeré, y no dudo que más de uno de los lectores haya pensado en objetar que omito una distinción entre los gobiernos que activamente buscan la destrucción del Estado de bienestar y aquellos que no han hecho lo suficiente para alcanzar este ideal. Acepto con gusto la distinción. No todos estos gobiernos son iguales. Sin embargo, como alguien de izquierdas, me rehúso a limitar la crítica cuando se está tan lejos del ideal. Mientras haya personas sin ingresos suficientes, sin educación de calidad, sin servicios de salud y seguridad social, sin acceso a alimentación suficiente, y sin calidad de vivienda y servicios básicos, habrá espacio para la crítica. Se aplauden los avances, donde los haya, pero no son suficientes.

Ricardo Bravo

Internacionalista por el Colegio de San Luis, maestro en filosofía política por la Univeridad Pompeu Fabra en Barcelona. Candidato a doctor en teoría política por la Universidad Centroeuropea en Viena. Instagram y Threads: Parteaguas.mex

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la postura editorial de julioastillero.com.

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