El presidente, gobernadores y alcaldes frente al Covid-19: ¿más o menos democracia? Por Ivonne Acuña Murillo

Imagen ilustrativa.

Por: Ivonne Acuña Murillo

La pandemia provocada por el coronavirus y las diversas formas de enfrentar el problema se ha convertido en una excelente oportunidad para observar los comportamientos de algunos miembros de la clase política y las opiniones de la población al respecto. Por supuesto, en el caso de México, la figura más observada es la del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), después de él algunos gobernadores de los estados y alcaldes de la CDMX.

De manera significativa, las estrategias, acciones y dichos de ciertos gobernantes han permitido a la gente posicionarse, bien de manera positiva o negativa, en función de una cierta cultura política desde la cual la población interpreta las apuestas de los políticos frente a la emergencia sanitaria.

Los resultados de algunas casas encuestadoras permiten afirmar que, una parte importante de la ciudadanía en México interpreta las posiciones democráticas de algunos gobernantes como poco acertadas de cara a lo que suponen se debería hacer para cuidar de su salud y bienestar en el contexto actual.

En primer lugar, resalta la postura del primer mandatario que desde el inicio de su administración se ha presentado como un gobernante democrático que pone la opinión del pueblo en primer lugar, de ahí la insistencia en la aplicación de consultas ciudadanas en torno a temas relevantes, para él, como el Nuevo Aeropuerto y el Tren Maya, incluso en asuntos tan trascendentes como la revocación de su mandato.

Pero, una cosa es mostrarse democrático en tiempos de cierta normalidad cotidiana, que en momentos extraordinarios en los que la seguridad inmediata de la población está en peligro, como en el caso de la pandemia de Covid-19, que no sólo ha alterado la continuidad en términos de salud sino en materia de economía y empleo.

En este punto, podría incluso cuestionarse el supuesto pragmatismo que ha caracterizado a López Obrador cuando, en el contexto de la emergencia sanitaria, se ha resistido a cambiar no sólo su proyecto original de gobierno, sino su postura política e ideológica frente al hacer de un gobernante y con esto el modelo de comunicación política con el que pretende romper la dependencia de gobernantes anteriores respecto de los grandes medios.

Visto teóricamente, se podría afirmar que la postura democrática del presidente durante la pandemia en torno a no imponer medidas obligatorias, ni estados de excepción, ni restricción de la movilidad o las libertades ciudadanas es la apuesta correcta. Su llamado a poner en práctica, de manera voluntaria, las recomendaciones sanitarias de cara a la confianza que le supone una ciudadanía más consciente y avanzada, el pueblo bueno en que siempre ha confiado es una actitud digna de aplauso.

En días recientes, en la antesala de la entrada a lo que se ha dado en llamar “la nueva normalidad”, el presidente ofreció una muestra más de su visión democrática. En la Conferencia mañanera del 13 de mayo, en que se planteó la estrategia para la “nueva normalidad”, afirmó:

Es importante que mantengamos la postura de no imponer nada, que no haya medidas coercitivas como se decidió desde el principio. La apuesta es a la responsabilidad de nuestro pueblo y ha quedado de manifiesto que la gente, que el pueblo de México es un pueblo mayor de edad, es un pueblo responsable, muy consciente y participativo. Estamos en un momento estelar de la democracia en México, por eso no vamos en esta etapa a variar, es decir, no van a aplicarse medidas coercitivas, “Nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho”. Este plan es de aplicación voluntaria. Primero, confiando en la responsabilidad de la gente y también garantizando las libertades. La libertad para todo, en lo más amplio posible. Si hay una autoridad municipal, estatal que, de acuerdo a las características propias de cada región, de cada estado, decide que no va a acatar este plan no habrá controversia. No vamos a pelearnos, no vamos a dividirnos, no vamos a apostar a la separación. Por eso es muy importante que se sepa que el plan, aunque ha sido consensado en lo general, también admite la discrepancia, el derecho a disentir.

Dicho lo anterior, las preguntas obligadas son ¿Por qué entonces la popularidad del presidente de la República ha disminuido de cara a la pandemia? ¿Qué es lo que la gente espera que AMLO haga durante la contingencia? ¿Desde dónde está leyendo la gente las acciones de López Obrador?

La respuesta a estas preguntas debe buscarse en la opinión pública, de manera especial en los sondeos de opinión que, de una forma u otra, informan sobre lo que la gente está pensando. Es importante aclarar que, dada la emergencia sanitaria, las encuestas realizadas desde el momento en que se declaró el confinamiento en casa, no son recogidas en los hogares ni cara a cara, sino a través de llamadas telefónicas, encuestas vía Internet o redes sociales, como Twitter y Facebook, por lo que bien puede cuestionarse su representatividad.

De acuerdo con la casa encuestadora Enkoll, el pico de aprobación más alto de AMLO se dio en febrero de 2019, a los 100 días de su gobierno, en que alcanzó 85% de aprobación (para De Las Heras su aprobación era del 80%), en contraste con el mes de mayo de 2020 (primeros días) en que, por primera vez, la desaprobación del presidente es superior a la aprobación, siendo la primera del 55% y la segunda del 44%. Esto supone una caída de 23% con respecto al trimestre anterior (febrero 2020), en que tenía una aprobación de 67%.

Claramente se observa que los meses en que bajó la aprobación presidencial, de acuerdo con Enkoll, son aquellos relacionados directamente con la pandemia. En otras encuestas también se registra esta caída.

De diciembre de 2019 al 1 de marzo de 2020, la aprobación del mandatario cayó de 68% a 59%, de acuerdo con la encuesta del periódico Reforma, mientras que la desaprobación creció en el mismo periodo para pasar de 31% a 33%. Según datos de Buendía & Laredo, la aprobación presidencial pasó de 67% en noviembre de 2019 a 62% en febrero de 2020; mientras que, la desaprobación mostró un aumento de 5 puntos en el mismo periodo, pues pasó de 23% a 28%. En el mismo sentido, los números de De Las Heras, registraron una caída de 6 puntos, pues al cumplir su primer año de gobierno López Obrador tenía una aprobación de 68% y tres meses después de 62%. 

De acuerdo con Consulta Mitofsky, en estudio presentado el 1 de mayo, la desaprobación de AMLO se ubicó en 52%, a inicios de abril, mientras la aprobación promedio cayó al 47.8%, siendo en marzo de 51%.

Sin embargo, de acuerdo con Roy Campos y a diferencia de lo reportado por Enkoll, a partir del 11 de abril a los primeros días de mayo, López Obrador terminó su racha negativa y empezó a crecer, ha subido 3 puntos y, a decir del mismo Campos, va en su cuarta semana consecutiva subiendo y por primera vez en mucho tiempo con números superiores a la desaprobación: 49.8% de aprobación, contra 49.7% de desaprobación (Entrevista con Ricardo Rocha, en Radio Fórmula, 8 de mayo).

Para el 15 de mayo la aprobación de AMLO subió al 50.9%, de acuerdo con los datos de Roy Campos. (Entrevista con Azucena Uresti, en Milenio Televisión).

Algo está haciendo bien AMLO o algo cambió en su comunicación, especula Roy, como estar alejado del coronavirus, del darse abrazos, del no pasa nada, de salgan a la calle, y desviar la atención del problema del coronavirus al hablar de otras cosas. “Él sigue en un discurso más ideológico, alejándonos del problema concreto y dejándole a López-Gatell atender los problemas concretos, pero le ha funcionado esta polarización, siendo que la semana anterior estaba en 48.9%.”

Pero no todos los encuestadores ven este avance, para Francisco Abundis de Parametría entre enero y febrero de 2020 perdió casi 15 puntos porcentuales, pasando de 77% en diciembre, a 68% y 63% en enero y febrero, respectivamente. El 8 de mayo Abundis presentó encuesta sobre lo que la ciudadanía de diversos países opina sobre si su gobierno está haciendo un buen trabajo al contener al Covid-19. En esta medición, México y su liderazgo político, evidentemente el presidente de la República, aparecen con 58% de aprobación y 40% de desaprobación.

Pero, más allá del desacuerdo sobre si la aprobación de AMLO sube o baja, interesa apuntar la conclusión a la que llegan tanto Heidi Osuna, socia-directora de Enkoll y Roy Campos de Consulta Mitofsky, ambos en entrevista con Ricardo Rocha, sobre que la aprobación de algunos gobernadores y alcaldes va hacia arriba en función de un discurso “más duro” que el del presidente de la República.

En torno a los gobernadores, Roy afirmó que el coronavirus ha provocado cambios y que hay un gobernador que sube mucho, Enrique Alfaro, por su posición radical, peleándose con la Federación. “Todos los radicales suben porque (la gente) dicen me está cuidando”. También los gobernadores del noreste como El Bronco y Cabeza de Vaca.

En el mes de marzo Roy Campos encontró que 5 gobernadores aumentaron su nivel de aprobación, estos son: Miguel Riquelme, de Tamaulipas, avanzó 10 puntos, pasando de 43% a 53%; Jaime Rodríguez Calderón, de Nuevo León, con 7 puntos, pasó de 23% a 30%; Enrique Alfaro de Jalisco, con un incremento de 6.8, de 28.6% a 35.4%; Francisco García Cabeza de Vaca, que subió 5.9, de 32.7% a 38.6%; y Claudia Pavlovich de Sonora, que aumentó 5.3 puntos, y pasó de 33.6% a 38.9%.

Mitofsky reportó en abril, que los gobernadores mejor evaluados eran: Quirino Ordaz de Sinaloa, con 63.4%; Mauricio Vila de Yucatán, con 62.5%, Francisco Domínguez de Querétaro, con 57.0%; Rutilio Escandón de Chiapas, con 56.5%; y Carlos Mendoza de Baja California, con 54.9%.

En otra encuesta, publicada por El Heraldo, el 13 abril, 5 gobernadores han actuado mejor que el presidente frente a Covid-19. Estos son: Mauricio Vila de Yucatán, con un 45.6% de aprobación; Francisco Domínguez de Querétaro, con un 45.1%; Claudia Sheinbaum de la Ciudad de México, con 44.4%; Carlos Mendoza David de Baja California Sur, con 44.2%; y José Rosas Aispuro de Durango, con 43.6%.

Por su parte, Heidi Osuna, afirmó que (en la misma entrevista con Rocha) entre más duro el mandatario, como los alcaldes de Benito Juárez, Santiago Taboada (PAN) y de Cuajimalpa, Adrián Rubalcava (PRI), mejor evaluado. En la medición de Enkoll, realizada del 17 al 20 de abril, Taboada alcanzó un 69% de aprobación y Ruvalcaba un 63%.

Para Osuna, “El presidente está en otro tono, el presidente no está midiendo lo que la gente está sintiendo y ha sido muy lejano a esta pandemia”. En las mañaneras habla de todo menos de la pandemia, no ha practicado con el ejemplo, debería estar en casa, pues ya está queriendo reanudar su actividad. No ha estado visiblemente al frente de los esfuerzos en contra de la pandemia en términos de salud y economía. No encabeza la comunicación al respecto.

Hasta aquí, este acercamiento no da para responder de manera contundente las preguntas planteadas al inicio de este escrito, sin embargo, permite apuntar algunas hipótesis:

Primera, AMLO trata de imponer un nuevo paradigma de comunicación política que no va con aquello a lo que la gente está acostumbrada, después de 89 años de presidencialismo de corte autoritario o semi autoritario, en que los mensajes a la Nación en cadena nacional eran la regla, la falta de estos mensajes y un protagonismo menor del presidente de la República en torno a la pandemia lo muestran como un gobernante alejado de la población, en este rubro.

Segunda, una parte importante de la ciudadanía espera se tomen medidas más agresivas, como multas y castigos a quien desatienda las reglas de la Sana Distancia y el “Quédate en casa”, toques de queda o limitaciones a la libre circulación, en lugar de dejar a la gente la decisión sobre si acata o no. En este punto, se podría especular que la población aprecia más su seguridad, en temas de salud, que la democracia.

Tercera, independientemente de sí la gestión del presidente de la República, frente a la pandemia de Covid-19, es acertada o no, tiene mayor impacto una comunicación política clara, contundente y agresiva (como en el caso de los gobernadores y alcaldes mencionados), que las medidas aplicadas, por lo que, la aprobación gubernamental se juega más en el terreno de las percepciones que de los hechos.

En conclusión, deberá profundizarse en el estudio de los cambios sufridos por la cultura política mexicana y las afirmaciones del propio López Obrador en torno a una ciudadanía más politizada, informada y crítica.

IVONNE ACUÑA MURILLO

ARTICULISTA

Prensa Ibero y Revista Zócalo

ARTÍCULOS PUBLICADOS

25 académicos y más de 250 periodísticos

COLUMNISTA INVITADA 

El Economista, El Universal, Milenio Diario, Excélsior, The Huffington Post México y La Silla Rota.

Twitter: @ivonneam

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