Por: Ivonne Acuña Murillo
Por varios meses el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ha expresado su postura en torno a las causas de las mujeres, especialmente en lo que tiene que ver con los diversos tipos de violencia ejercidos en su contra. De alguna manera, el movimiento de mujeres y sus demandas quedaron atrapados en medio del proyecto de Nación del primer mandatario y de los grupos políticos y económicos que pretenden desacreditar a su administración con intenciones golpistas.
La disputa, entre López Obrador y sus malquerientes, ha provocado que el presidente se resista a las demandas legítimas de las mujeres, pues decir que está con ellas, que está atendiendo el asunto, en particular por una cuestión de principios, no basta, pues en los hechos, las medidas tomadas en contra de la violencia y la inseguridad no son suficientes para terminar con la violencia feminicida.
La razón primera, es la férrea defensa que ha emprendido en contra de los ataques de que, ciertamente, él, sus colabores y plan de gobierno son blanco, y en contra de los intentos de la derecha política por usar al movimiento feminista como ariete en contra suya.
La razón segunda, tiene que ver con su falta de asesoría y un conocimiento más amplio en torno a los factores culturales, sociales, políticos y económicos que explican la condición de subordinación de las mujeres, en el mundo, y su situación de violencia, en México.
La combinación de ambos factores convierte las demandas de las mujeres y las respuestas presidenciales en un diálogo de sord@s.
Algo de teoría de género
Por principio, la categoría “género” brinda las herramientas necesarias para explicar fenómenos sociales como: la subordinación de las mujeres y su supuesta inferioridad; la violencia de todo tipo, sea verbal, física, sexual, económica o emocional, ejercida en su contra; la discriminación laboral, los bajos niveles de participación política femenina, los salarios más bajos pagados a las mujeres por trabajo igual, y por supuesto la violencia doméstica, categoría más general que incluye también la violencia ejercida en contra de niñas, niños, personas de la tercera edad y/o discapacitadas, etc.
A decir de Joan Scott “el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y el género, es una forma primaria de relaciones significantes de poder”.
Por “condición” se entiende la “creación histórica cuyo contenido es el conjunto de circunstancias, cualidades y características esenciales que definen a la mujer como ser social y cultural genérico”, o en palabras de Jean Paul Sartre, “el conjunto de los límites a priori que bosquejan su situación fundamental en el universo”.
Estos límites a priori “condicionan” una forma de ser mujer o ser hombre, a partir de determinados valores, normas, conductas, tareas, sentimientos, pensamientos, privilegios, ventajas o desventajas, etc. Sin embargo, ese “deber ser” de lo femenino y lo masculino es matizado por la “situación” de cada mujer y cada hombre en concreto; es decir, “la edad, clase social, religión, ocupación, nivel educativo”, etc.
De la teoría a los hechos
No más teoría por ahora. Con lo expuesto, basta para decir que la manera en que se comportan las mujeres y los hombres en México y el mundo, y el tipo de relación entre amb@s, depende de un conjunto complejo de factores que no puede reducirse sólo a la economía y el modelo neoliberal, a la política y las tensiones entre grupos, a lo social y el resquebrajamiento del tejido comunitario o la pérdida de valores.
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1 Acuña, I., “La desigualdad entre los sexos: una construcción sociocultural, Periódico Humanidades de la UNAM: Nos. 265, 18 de febrero, y 266, 3 de marzo, 2004. Ambas partes pueden ser consultas en la Red.
2 “El género una categoría útil para el análisis histórico”, en James S. Amelang y Mary Nash, Historia y género: las mujeres en la Europa moderna y contemporánea, Valencia, Edicions Alfons El Magnanim/Institució Valenciana D’estudis I Investigació, 1990: 29.
3 Marcela Lagarde, “Enemistad y sororidad: Hacia una cultura feminista”, Memoria, Vol. IV, No. 28, sept.-oct. 1989, Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista. Perspectivas, p. 27.
4 El existencialismo es un humanismo, México, Ediciones Quinto Sol, 1990, p. 55.
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El contexto histórico-cultural sobre el que se determina la posición de ambos sexos en el mundo cuenta ya siglos de existencia y va más allá de un periodo histórico, de coyunturas concretas o de modelos económicos y políticos específicos.
Lo anterior supone que, toda política pública que pretenda favorecer a las mujeres deberá considerar ese contexto histórico-cultural, patriarcal-bigenérico-machista, si se quiere tener algún grado de efectividad.
Es aquí donde la postura del presidente López Obrador, que no su voluntad, resulta insuficiente, pues cuando se le pregunta sobre la violencia en contra de las mujeres y lo que su gobierno está haciendo al respecto, siempre responde con afirmaciones que no es posible traducir en políticas públicas más específicas.
Es el caso del miércoles 20 de mayo, cuando en la conferencia de prensa el reportero Luis Méndez Pérez de Notimex, en su turno al habla, comentó: “Respecto a los datos que presentaron hoy en términos de feminicidios el secretario de Seguridad Durazo nos explica que se redujo en abril de 2020, 30% respecto a diciembre 2018 y 10.25% a marzo 2020. Sin embargo, presidente pues, al interior también de su gobierno hay quien ha señalado, como es la ministra Sánchez Cordero, que se necesita combatir todavía aún más la violencia hacia las mujeres. Ella ha reconocido que durante la emergencia sanitaria si se evidenció que hay una violencia generalizada que se mantiene presidente. Y yo le quisiera preguntar (…) ¿cuáles serían las otras acciones que se tendrían que apuntalar en su gobierno, si la ministra también nos podría explicar esto, este digamos debate que se dio sobre las declaraciones que usted dio sobre las llamadas de emergencia en el 911, durante la crisis sanitaria a las mujeres y ya que está el secretario responsable sobre esos datos que nos expliquen qué pasó durante esas llamadas?”
El comentario y preguntas de Méndez Pérez son complejos en cuanto que no sólo se referían a los números que se acababan de presentar, sino que hicieron alusión a lo que parecen dos posturas encontradas dentro de la misma administración, la del presidente y la de la secretaria de Gobernación, además de pedir una explicación sobre un supuesto aumento de llamadas por violencia doméstica al 911, en contraste con lo informado por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo.
La compleja pregunta del reportero de Notimex mereció, por parte del presidente, la siguiente respuesta:
(…) dejar de nuevo en claro que estamos a favor de la protección a las mujeres, en contra del feminicidio. Que lo hacemos por convicción. Que lo hemos hecho durante toda nuestra vida pública. Porque los conservadores también nos quieren presentar como contrarios al feminicidio, perdón al feminismo, ehhh contrario a la lucha de las mujeres ehhh. Nada de eso este, ¿por qué no podemos nosotros actuar así? Porque a diferencia de los conservadores tenemos convicciones, tenemos principios y somos humanistas. Pero hay la insistencia de queremos confrontar (…) y también vamos a respetar siempre a quienes nos cuestionan, el derecho a disentir se va a seguir respetando. Pero (…) las descalificaciones con este tema y otros y qué puedo decir, pues que vamos a seguir, como todos los días, garantizando la paz y la tranquilidad y protegiendo a los mexicanos, a los hombres y mujeres, y que no podemos permitir crímenes de odio y que ehhh, está en nuestra agenda reducir todos los delitos que se comenten. Ahora en este informe (…) la única esté ehhh preocupación y ocupación es lo que tiene que ver con homicidios, todo lo demás ha ido a la baja, hemos avanzado…
Se puede decir es que en todos los delitos hay cifra negra, y si, en todos los demás delitos hay cifras negras, menos en robo de vehículo (…) aquí no hay cifra negra (…) Pero miren esto 44% menos desde que llegamos y vean delitos federales, del fuero federal o robos que lastima tanto, el robo a casa habitación, el robo, miren, esto sí es Covid. Entonces, vamos avanzando, el caso de los feminicidios pos lo mismo, tenemos que disminuir estas ehhh lamentables muertes, estos fallecimientos, estos delitos, pero no solo porque este, nos cuestionen, sino es una convicción nuestra, llegamos para cambiar las cosas, para garantizar la paz, la tranquilidad y ahí vamos y yo quiero agradecer al equipo, al gabinete, la forma que se está trabajando, de manera coordinada…. Fíjense cómo están las cosas. El cuestionamiento de feminicidio es uno más de tantos cuestionamientos.
Y de ahí pasó a hablar del decreto sobre la participación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública y los cuestionamientos desatados en casi todos los medios, para luego preguntar de manera retórica a reporteros y reporteras:
Entonces ¿a quién le voy a hacer caso? ¿qué es lo que está pasando? Bueno, por qué esa actuación de los columnistas, bueno en la mayoría de los casos es nada más la animadversión al gobierno, se ofuscan, ya pierden capacidad para el análisis, para la reflexión sensata, objetiva. Entonces, en este caso, es lo mismo. Decirle, a todas las mujeres de México que están protegidas, representadas, que estamos haciendo todo para garantizar la paz y la tranquilidad. Y que yo entiendo que pus que nuestros adversarios siempre estén buscando cómo confrontarnos.
Y después de afirmar que incluso de “ahí mismo”, esto es la conferencia de prensa, sale al día siguiente todo aquello que pueda significar un cuestionamiento o generar una polémica en función de “una orquestada operación conservadora en contra nuestra” con mensajes en redes sociales y bots, aprovechó el presidente para anunciar que vendrá la segunda parte de ¿Cómo funcionan los bots? con Jenaro Villamil.
Si se lee con cuidado el discurso presidencial se puede observar que:
Primero, la violencia en contra de las mujeres queda subsumida en un discurso muy general relacionado con la atención a una serie de delitos de todo orden y a la búsqueda ideal de la paz y la tranquilidad. Desde aquí, el presidente claramente asume, como lo ha dicho en otras ocasiones, que atacando ciertas condiciones económicas y de inseguridad en general, los diversos tipos de violencia ejercidos contra las mujeres se resolverán en automático.
Segundo, no se hace mención alguna al contexto cultural machista y misógino sobre el que se gesta y ocurre dicha violencia, pues nuevamente se asume que el rescate de ciertos valores del pueblo de México bastará para bajar los índices de violencia en contra de las mujeres. Destaca aquí, una visión ideológica del presidente en relación con las familias mexicanas que deja de lado que, en muchos casos, algunas actitudes machistas son vistas como valores a ser conservados por ciertos núcleos de población.
El presidente parece asumir que la supuesta fraternidad familiar corregiría las acciones machistas, como sostuvo en la mañanera del 6 de mayo:
En México tenemos una cultura de mucha fraternidad en la familia (pero también machismo dijo la reportera a quién respondía el presidente y cuyo nombre no se escuchó) si, si existe machismo, pero también existe mucha fraternidad familiar. La familia, en México, es excepcional, es el núcleo humano más fraterno. Esto no se da en otras partes, lo digo con todo respeto, o sea, son de las cosas buenas que tenemos. Entonces, si queremos medir la violencia familiar en México con los mismos parámetros de otras partes del mundo, no aplica del todo.
En este punto, López Obrador no da cuenta de que los reportes sobre el aumento de la violencia en contra de las mujeres, durante la cuarentena, son internas y no toman como parámetro a ningún otro país. Por otra parte, pareciera asumir que el machismo es contrarrestado por la fraternidad familiar que él ve, más allá de cualquier investigación o dato concreto hecho con perspectiva de género.
Tercero, pocos son los minutos dedicados al tema de la violencia en contra de las mujeres pues como ocurrió en la mañanera del 20 de mayo, el presidente mezcla el tema con otras cuestiones como los otros tipos de delitos, por ejemplo, el robo de autos, los ataques a su administración, su respuesta a dichos ataques, la postura de ciertos columnistas, el derecho a disentir, el decreto en torno al papel del Ejército y la Marina en cuestiones de seguridad pública, etc.
Cuarto, el primer mandatario subsume el problema de los feminicidios en una “bolsa de muchos otros cuestionamientos” y le resta importancia al asunto al afirmar que “El cuestionamiento de feminicidio es uno más de tantos cuestionamientos”, de sus “malquerientes”, se agregaría aquí. Visto así, no hay para que prestarle tanta atención.
Quinto, en función de lo anterior, la afirmación del presidente en torno a que “todas las mujeres de México están protegidas y representadas” se vuelve retórica vacía que no ayuda en nada a la condición real de violencia vivida por un importante porcentaje de mujeres en el país, no en función de un determinado modelo económico, como el neoliberal, sino por las condiciones estructurales que permiten, motivan y justifican la violencia en su contra.
Ante la digresión presidencial, el reportero insistió: ¿Cuál sería la reflexión, por ejemplo, que nos podría compartir la exministra ahora secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero, más en el sentido que usted propone de reflexión ¿Cuál sería el trabajo a apuntalar en México, en materia de apoyo a las mujeres?”
El presidente cedió la palabra a la secretaria de Gobernación, quien al inicio de su alocución sostuvo que: “Ha sido para mí un compromiso de vida, y lo subrayo, la lucha en contra de la violencia en contra de las mujeres”, para luego afirmar enfáticamente que “Tenemos un sistema patriarcal y por supuesto que existe el machismo y en ese sentido tenemos que reconocer que hay violencia en muchas ocasiones en contra de las mujeres”, parecía que, por primera vez, Sánchez Cordero se iba a mostrar abiertamente su desacuerdo con el primer mandatario. Sin embargo, su intervención continuó por la misma línea discursiva de López Obrador y se perdió en el listado de instituciones que atienden asuntos de las mujeres y que colaboran con la secretaría a su cargo y la importancia del 911 sin mencionar, por supuesto, ninguna cifra que contradijera lo ya expresado por el presidente, para rematar también, como lo hiciera AMLO, con un aviso de una rueda de prensa en la Secretaría de Gobernación el 26 de este mes.
Una valiosa oportunidad desperdiciada para dejar sin argumentos a quienes se han atrevido a opinar que, como secretaria de Estado, Sánchez Cordero, es poco menos que un “florero”.
Y qué decir del secretario Durazo, quien con dos gráficas acotó el problema de los feminicidios, al mostrar que el feminicidio ha disminuido un 30% respecto de diciembre de 2018 y 10.25% respecto de marzo de 2020 (datos que no mencionó, pero que se podían leer en la primera gráfica), en que pasó de 78 a 70 casos (lo que sí dijo con marcada prisa) y la tasa, cuyo número no dijo, por cada 100 mil habitantes. El secretario prefirió hacer referencia a los estados con menor incidencia, pues dijo, “le gusta centrarse en los estados donde los resultados son más satisfactorios”. Eso fue todo.
Para ir cerrando, se puede sostener que las mujeres violentadas de todas las formas posibles han quedado atrapadas en medio de un discurso golpista de derecha y los argumentos del presidente de la República. Que no se puede ignorar la violencia que sufren mujeres, niñas y niños dentro de sus casas, a partir de una idea romántica de familia fraterna, que no necesariamente concuerda con la realidad, pues los seres humanos que forman dichas familias son imperfectos y han sido socializados en una cultura machista, misógina y violenta. Que no se debe reducir la cuestión de violencia en contra de las mujeres a un tema de paz y seguridad, pues no se trata de un concurso de Miss Universo, o Señorita México, en que las concursantes, todas sin excepción, se encuentran preocupadas por la paz mundial.
En conclusión, el presidente encuentra difícil reconocer la especificidad de la violencia de género y sus respuestas son tan generales que el asunto de las mujeres queda sumergido en una retórica que vacía de sentido el origen de la violencia contra ellas. Como resultado no sólo se da un mal tratamiento al problema, sino que, el propio presidente es mal visto por una sociedad que reclama mejores políticas públicas.
IVONNE ACUÑA MURILLO
ARTICULISTA
Prensa Ibero y Revista Zócalo
ARTÍCULOS PUBLICADOS
25 académicos y más de 250 periodísticos
COLUMNISTA INVITADA
El Economista, El Universal, Milenio Diario, Excélsior, The Huffington Post México y La Silla Rota.
Twitter: @ivonneam







