El poder económico y el naufragio de la izquierda. Autor: Alejandro Marengo Pérez Duarte

Foto: Xinhua/Quetzalli Blanco.

 

Las promesas rotas de la globalización. (Parte I)

Ante el realismo que impone el mercado en países con economías robustas y precarias a los que no tienen dinero, títulos, inversiones y prestigio; ante el realismo impuesto de renunciar al trabajo bien remunerado porque solo es accesible para los que resuelven problemas que hacen ganar abundante dinero a algún propietario, ante la precarización del trabajo formal que paga impuestos y adquiere derechos laborales, ante la intención común y corriente de cualquier acaudalado de evadir pagar dinero a Estados colapsados que, según muchos no hacen nada o hacen poco por sus ciudadanos, intento interpretar algunos datos.

El censo del INEGI en México en 2020 indica que 25.6 millones de mexicanos están en la economía informal, la tasa de informalidad laboral se situó en 53%. Es un callejón sin salida, si un Estado le exige al mercado el pago justo del trabajo, los capitales siempre encuentran mano de obra más barata en otro país como respuesta, los humanos tienen fronteras, el dinero no las tiene. El Estado está acorralado o cobra pocos impuestos y deja de intervenir en las decisiones del mercado como <<el valor del trabajo>> u obtiene más comercio informal a cambio. Es irónico que una fuerte corriente ideológica del capitalismo suponga que privatizar todo es la solución; desaparecer el Estado lo proponen como solución; la oferta y la demanda suponen resolverán los problemas sociales que ocasionan la desigualdad económica y de oportunidades, aquí viene la ironía histórica:

Los llamados Estados del bienestar, nacidos después de la II Guerra Mundial, adquirieron el aspecto de un capitalismo embridado por la fuerza económica y política de los Estados, al tiempo que regulaban el trasiego capitalista internacional bajo “férreas” leyes políticas. El comunismo soviético amparaba y legitimaba políticas estatales de amplio calado socialista que actuaban promocionando sistemáticamente a la sociedad en una especie de flujo ascendente. Al tener bien mantenidos los sistemas de promoción social públicos e igualitarios (lo que se ha llamado “el ascensor social”), los Estados seguían alimentando la mejora de la sociedad. (Es recomendable, en este sentido, la lectura de la impresionante novela de Anatoli Ribakov, Arena pesada, donde se describe este sistema de promoción a través de la escuela en la URSS.) La rebelión de las masas, tal como predijo Ortega, dio como resultado estos modelos políticos en donde se afirmaban figuras como la del funcionario público, empresas públicas, bienes públicos.

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El Estado de bienestar fue la respuesta del capitalismo al comunismo de aquellos tiempos. Y ahora que existe una nueva fiebre populista, una reciente: << rebelión de las masas >>. Ahora que millones queremos la comodidad de las mercancías y los servicios, ahora que el capitalismo se popularizó, ahora que el ambiente y la naturaleza vomitan a la humanidad ultra consumista y entretenida, ahora que “lo realista y adecuado” para muchos no es buscar sustentabilidad sino seguir promoviendo los intereses de algunos sobre los demás para generar inversión, movilidad social. Para conseguir no resolver los conflictos con una nueva guerra, para apelar al progreso y no volver a la barbarie incivilizada: la violencia. La humanidad debe dejar de recurrir a las guerras para resolver sus diferencias rezan los que ocasionan las guerras y venden armas para acumular más poder y dinero, la humanidad no progresará si no se entiende al hombre, a cualquier hombre como centro del desarrollo. Todo ser humano vale o ninguno tiene importancia. La violencia repetitiva y recurrente en la historia adviene cuando las “insatisfacciones sociales” son desatendidas por un tiempo prolongado por políticos y economistas durante el siglo XX.

El poder económico determina al poder político forzosamente después de 1989. Cuando un Estado se hunde, colapsa, seargumenta desde la economía que es por intentar establecer leyes adversas a los intereses, a las inversiones, al comercio, al dinero. Si se implementan leyes que espanten los intereses de los grandes capitales que siempre buscan el rendimiento máximo a su dinero, las economías de los países en desarrollo comienzan a sangrar, nadie puede ir en contra del escaso dinero y el interés de sus poseedores por hacerlo rendir al máximo. Quizás el único límite a los intereses del hombre sea la naturaleza que cada día se arrepiente en mayor grado de su creación: el hombre, subiendo unos pocos grados al ambiente como protesta por crear un bípedo tan desleal y necio; de una soberbia tan infinita que supone es el centro del universo y Dios es antropomorfo y semejante a él.

No conozco una sola teoría del Estado, después de 1989, que pueda suponerse ajena a los intereses de los inversionistas y las grandes corporaciones y ser capaz de mitigar la desigualdad para crear el dichoso << Estado de bienestar>>. El Estado quedó imposibilitado hasta para nacionalizar, expropiar, cambiar el modo de producción. La sentencia por la necedad de intentar cambiar al capitalismo es dejar de comerciar con los amigos del comercio. El comunismo quedó enterrado en el siglo XX heredando una izquierda post capitalista sin teoría del Estado.

El nacionalismo populista de diverso espectro ideológico es simular, hacerle frente al corporativo y globalizado mundo, pero dependiendo en su totalidad del dinero extranjero y del comercio. El populismo pretende escuchar a los resentidos en febril aumento ante las << promesas rotas de la globalización >> , delira con poderes absolutos; no los tiene y encuentro en esto su peculiar aberración: << saben los populistas que no pueden resolver nada rebelándose ante los designios de los intereses del comercio, y sin embargo lo hacen, se rebelan; y esta fórmula de Sloterdijk del cinismo , sé lo que hago pero aún así lo hago >>, considero define a los populistas de izquierda o derecha en tiempos totalmente globalizados. No importa tanto el espectro político al que pertenezca el populista nacionalista en cuestión, aquí lo que subrayo es su tendencia al cinismo. Saben que rebelarse ante los amigos del comercio trae hambrunas, pero lo hacen; se declaran enemigos del comercio y de las élites y pretenden ser nacionalistas cuando saben que ni siquiera pueden expropiar como en los viejos tiempos sin meter a su economía en shock. Los que pretenden hacer esto por eso les defino como: << hambrientos de poder no de justicia social >>.

No existe potencia, teoría o pensamiento que permita a este confuso concepto – al Estado-, funcionar sin estar determinado por el poder económico. El Estado está al servicio de los intereses de los que logren acumular cantidades convulsas de dinero como Marx dejó advertido, en muchas de sus invectivas si acertó. El Estado está al servicio de los acaudalados que tienen la capacidad de hacer como en aquel 2008 que el poderoso Estado norteamericano rescate a sus poderosos bancos con dinero de los contribuyentes de su quiebra por prestar dinero a individuos que no lo podían pagar, sus cálculos económicos sobre la disparidad de ingresos estaban tan equivocados que prestaron dinero a gente sin dinero.

El Estado está al servicio de los que invierten, de los que pagan las campañas políticas. Si aplicáramos el principio socialista por excelencia: <<a cada uno según sus necesidades y de cada uno según sus capacidades>>, entenderíamos cuan alejado quedó del socialismo la sociedad mexicana con todo y sus procesos violentos y revolucionarios en el siglo XX. Y no por tratarse de México deja de importar la urgente definición de conceptos tan subjetivos como ser de izquierdas o de derechas. Nuestros políticos actúan sin el menor conocimiento de su propia ideología política.

Por lo tanto, el Estado, como entramado institucional, comenzará a regular las condiciones para que esas diferencias objetivas se maticen sistemáticamente. Esa será la lucha y también el horizonte de incertidumbre e indeterminación para cualquier acción política de izquierdas.

La ideología de izquierdas está hundida en la indeterminación, no tiene un proyecto de políticas eficientes para que el Estado deje de depender de inversionistas, préstamos con intereses impagables, no sabe cómo convertir a la mano de obra barata en mano de obra ultra calificada y costosa, no tiene idea alguna de como detener el irremediable proceso de automatización industrial que terminará agravando la inmensa crisis de desempleo y estimulando el aumento de la economía informal en febril ascenso. No hay un proyecto nacional ni internacional para sacar al tercer mundo de su estancamiento, de su tragedia cotidiana. Pero, ¿considerarse de izquierdas entonces es algo racional? ¿Suponer que los hombres deben tener oportunidades iguales y más herramientas para combatir la inmensa adversidad que significa estar vivo es un dogma irracional?

Según G. Bueno, este tipo de racionalización se puso en marcha ya desde los inicios de la izquierda política: la Revolución Francesa; porque en ella se estableció precisamente la Declaración de los Derechos del Hombre. El racionalismo de la izquierda, que es lo que hace a la política de izquierdas siempre revolucionaria, supondría, según esto, llevar a la sociedad a un punto tal de análisis que en ella no queden más que sus partes átomas, es decir los componentes últimos de la sociedad política, independientemente de cualquier determinación positiva: los seres humanos, al margen de raza, sexo, condición social, etc. “La izquierda, como actitud metodológica, no sólo no implica, por tanto, la hipótesis de una igualdad de origen, sino que tampoco requiere la conquista de una igualdad de término o final (lo que obligaría a definir la Izquierda en función de ese estado final igualitario de la Humanidad). La “disposición izquierdista” no tiene por qué entenderse siquiera como comprometida en el proyecto de una “Humanidad total” (que tampoco tiene por qué negar); puede explicarse simplemente como resultante de la dinámica de la “energía expansiva” de intereses canalizados por un racionalismo socializado cuyo desarrollo, a partir de un cierto nivel histórico, se encuentra con los obstáculos constantes del elitismo de los grupos privilegiados, con las aristocracias de sangre o con las oligarquías, y procede en el sentido de tratar de borrar esas diferencias sin necesidad, para ello, de forjar planes universales de signo milenarista. La imposibilidad de construir una máquina que sea perpetuum mobile no es motivo para desistir del intento de construir máquinas de movimientos no perpetuos pero con el mayor rendimiento posible. De la misma manera, la derecha se presentará como determinada por el particularismo elitista, mesiánico, racista, pero sobre todo “por la tendencia “metodológica” a mantenerlo de algún modo como procedimiento prudente para lograr una selección social.

No puede considerarse racional suponer que individuos que tienen mejor posición social inicial por heredar dinero o títulos nobiliarios, merecen el derecho de mandar y no padecer los bochornos de ser la servidumbre, el progreso respecto a las ideas sobre que el que nace hijo de un rey merece un destino distinto al hijo de cualquier plebeyo es ridículo; vivimos en un tiempo con inmensas semejanzas al feudalismo en la organización del poder, vivimos en la inmovilidad social, la movilidad social padece catatonia: lo que determina tu destino es nacer hijo de una familia que te hereda algo, no tus méritos ni tú audacia, el poder lo detenta quien sabe acumular y hacer crecer su dinero, acumulación de dinero es acumulación de poder. Todos ejercemos poder, pero el que acumula más dinero ejerce más poder.

El problema es infinitamente más agudo que la supuesta pereza del que no tiene dinero, el problema es tan complejo como que existe suficiente comida en el mundo, pero en pleno 2021 aún existen humanos que mueren de hambre. El desarrollo científico solo está al alcance de los que pueden pagarlo, la comida también, y el mercado y la globalización rompieron su promesa al tercer mundo de sacarlo de la miseria con celeridad. Tener más mercancías no significa necesariamente progresar, tener una heladera no significa salir de la pobreza, de la pobreza se sale teniendo ingresos constantes arriba de dos miserables dólares diarios. Resulta que los habitantes de los países tercermundistas están así por su culpa, según los liberales radicales que suponen la economía por medio de la oferta y la demanda resuelven todo. En Latinoamérica diversos Estados colapsan por múltiples motivos. Un problema de la ideología de izquierda de políticos de diversos países es que no tienen la más remota idea de cómo reducir la inmensa brecha de ingresos económicos entre los ciudadanos con iguales derechos pero que existen en una población económicamente desigual.

 

¿Cómo debería actuar un movimiento de izquierda en México ante la crisis del Estado?

Parte II

En México es inmensamente probable que el gobierno en turno (2018 – 2024) que se auto nomina de izquierdas -un gobierno que antes de comenzar a gobernar consideraba ya había transformado la historia-, consideró el sector energético de México puede funcionar ajeno a los intereses del mercado. Se supone el Estado puede competir con sus instituciones, sus monstruos burocráticos; con corporaciones que extraen energía mediante capitales privados que buscan crecer su rendimiento. El Estado pretende tener empresas productivas, pero el resultado de estas es la depredación ambiental y el sindicalismo que chantajea y controla a los poderes políticos. El supuesto sería que si el Estado puede dar energía a bajo costo mediante la autosuficiencia energética, las desigualdades entre clases van a mitigarse. Es una quimera, la paradoja es que la desigualdad solo se extingue creando empleos que otorguen mejores y constantes fuentes de ingreso a los trabajadores, las corporaciones estatales son excesivamente caras para el propio Estado, es utópico pretender transformar una empresa que gasta más de lo que produce en una empresa productiva por arte de magia. El Estado, al estar lleno de sindicatos, está lleno de obligaciones y deudas. Y la sociedad que mantiene a ese inmenso Estado burocrático está cansada de trabajar, pagar impuestos y cada día recibir menos beneficios del Estado. Ni siquiera la seguridad es una garantía para el mexicano.

Si aceleramos el consumo dañamos el ambiente, pero no existe otra fórmula para mitigar la enorme desigualdad económica. El indicador entonces por excelencia para medir cualquier movimiento de izquierda mexicana debe ser la generación de empleos bien remunerados y con prestaciones sociales. Es tiempo de pensar y proponer en lugar de solo criticar.

Cabe también entender estos movimientos como esencialmente metafísicos, como los entiende Gustavo Bueno cuando afirma, por ejemplo, que se están proponiendo modelos o prototipos retrospectivos, incluyendo entre estos modelos, tanto la socialdemocracia, el Estado del bienestar, la Segunda República española, o el modelo comunista, entendidos de un modo ideal. Cualquier alternativa que busca inspirarse en el pasado incurriría en una reinterpretación metafísica, a partir de modelos ideales que nunca existieron, porque los correlatos reales resultaron ser, a la postre, un fracaso. Nadie debería pretender actualmente instaurar modelos pasados avant la lettre. Pero es legítimo, necesario, e inevitable, mirar hacia atrás para tomar referencias acerca de lo que cabe hacer con nuestro país en el presente. La defensa del llamado Estado del bienestar, la mirada hacia el comunismo soviético –que todo el mundo sabe que fracasó, por lo que fuera, ahora no nos importa esto, sino el hecho de que se trata de un modelo político que acaeció en unas circunstancias históricas diferentes- no se hace para restaurar ninguna de esas situaciones, sino para tomar parámetros con los que construir un nuevo Estado.

Los amantes de la servidumbre y la imposibilidad de una rebelión de las masas al no existir ninguna propuesta para un mundo mejor.

<< Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo. >>

John Milton, El paraíso perdido.

Esta frase de Milton pienso es un excelente resumen de la relación entre la izquierda y el poder en Latinoamérica. Desde sus antiguos inicios en el que existieron las primeras rebeliones a los sometimientos realistas e imperiales, desde las primeras rebeliones a la esclavitud impuesta por los conquistadores de diversos países europeos. En el continente americano la dominación ejercida por países europeos comienza a colapsar cuando los colonizados descubren que están sedientos de libertad y que pueden financiar sus guerras mediante los recursos de élites nacionales resentidas con el dominio europeo. Las trece colonias, luego Los Estados Unidos de América; los norteamericanos, fueron el primer país en intentar salir del yugo. Irónicamente, los Estados Unidos de América fue la única República que logro salir de un dominio para crear un nuevo imperio, todos los demás intentos de independencia de las demás Repúblicas terminaron en el sometimiento al imperio continental en ascenso años después: los Estados Unidos de América. El mundo entero terminó sometido por ellos, no solo Latinoamérica. Le quitan a México la mitad del territorio durante el siglo XIX, invaden Cuba en 1907, participan en la primera guerra mundial, participan en la segunda siendo la potencia vencedora irónicamente aliada con su peor enemigo de años después, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El mundo lo dividen en dos imperios, en dos antagonismos fundamentalesdespués de la segunda guerra mundial.

De esto infiero que desde la década de los sesentas durante el siglo XX, la dichosa guerra fría fuera el génesis del miedo obsesivo al comunismo soviético que para muchos ese es el único posible significado del marxismo. La izquierda comienza a tener sus ideólogos como Fidel Castro, en Cuba, y Ernesto Guevara. Irónicamente dos latinoamericanos imitando las ideas de un europeo de apellido Marx. Mientras la URSS existió, esta izquierda marxista comenzaba a contagiar a varios países para pesadilla de los Estados Unidos de América.

En México en 1968 se ejecuta a estudiantes desarmados bajo el pretexto de ser comunistas; en Chile en 1973 se cometen asesinatos contra todo comunista y se derroca al gobierno marxista de Salvador Allende, irónicamente el único presidente marxista elegido democráticamente; el Che Guevara, amigo de Castro, muere ejecutado en Bolivia en 1968 por movimientos contra guerrilleros financiados por los opositores al comunismo. La idea de que las revoluciones pueden transformar la historia se convierte en la pesadilla geopolítica del régimen continental.

El problema es que, según ideólogos liberales hayekianos, la desigualdad es necesaria, los pobres deben existir y los países del tercer mundo están como están por intentar alguna vez instaurar nacionalismos comunistoides y atreverse a declararse enemigos del comercio; claro que los Estados Unidos de América deciden quienes son los amigos y los enemigos del comercio desde aquellos tiempos. El bloqueo económico a Cuba es un ejemplo de ello y el estilo Kissinger: si quieres quitar a un dictador marxista bloquea sus formas de comerciar hasta que se hundan solos.

El consolidado imperio apaleaba a todas las: “Repúblicas que intentaban ser comunistas y salir de su influencia”. Su mensaje, como el de Milton, era claro para sus opositores de izquierda comunista, la única izquierda ideológica de aquel tiempo, ya que el Estado de Bienestar en la Europa capitalista no sucedió en el continente americano. El mensaje de la nación dominante del continente era muy claro para los países que quisieran ser cercanos a ella: <<no sean como el Satanás de Milton y pretendan reinar en el infierno antes que servir en el cielo del mercado y los amigos del comercio. >>

Cualquier ideología marxista en Latinoamérica fracasó ante la renuncia al diálogo con los países que profesaran aquella ideología. No se trataba de discutir el sistema económico ni la necesidad prudente de un buen funcionamiento continental, se trataba de estar con un bando o con el otro. Hasta que sucedió Chernóbil en 1986 y el muro de Berlín se cae en 1989 junto a la URRS. Mijaíl Gorbachov, ex líder soviético, hacía comerciales de marcas norteamericanas, Rusia misma era capitalista. Los comunistas latinoamericanos ya no tenían un imperio europeo afín con el cual alinearse y ser serviles. Castro que amaba más al poder que a la justicia que siempre juró defender no supo entender que ahora no tenía protector alguno.

La impotencia e indefinición de la izquierda en Latinoamérica surge en este frágil momento. El mundo se transforma a un solo modo posible de producción, la sentencia inversa de Fidel Castro fue la que ganó: << capitalismo globalizado o muerte >>. Los nacionalistas se hundieron en todo el continente. Quienes pretendan salir de las reglas establecidas por el mundo ya saben las consecuencias: morirse en el aislamiento económico. Por esto es impensable que cualquiera en adelante pretenda nacionalizar, expropiar. Ningún Estado puede ser más poderoso que el mercado porque las instituciones que mandan: Fondo Monetario Internacional, Organización mundial de Comercio, la Reserva Federal Norteamericana, te pueden expulsar de su lista de amistades, puedes afectar dinero extranjero e intereses en tu propio país. La libertad tiene límites y estos los establecen las instituciones que regulan el comercio.

¿Por qué es tan estable el sistema neoliberal de dominación? ¿Por qué hay tan poca resistencia? ¿Por qué la resistencia que ocurre tan rápidamente queda en nada? ¿Por qué, a pesar de la división cada vez mayor entre ricos y pobres, la revolución ya no es posible? Para explicar este estado de cosas, necesitamos una comprensión precisa de cómo funcionan hoy el poder y la dominación. Cualquiera que desee instalar un nuevo sistema de reglas debe eliminar la resistencia. Lo mismo vale para el orden neoliberal. Implementar un nuevo sistema de dominio requiere una instancia de poder que postula; a menudo, esto implica el uso de la fuerza. Sin embargo, la potencia que plantea un sistema no es idéntica a la potencia que estabiliza un sistema internamente. Como es bien sabido, Margaret Thatcher, la abanderada del neoliberalismo, trató a los sindicatos como “enemigos internos” y los combatió violentamente. Por todo eso, usar la fuerza para establecer la agenda neoliberal no equivale a un poder para preservar el sistema. El poder de preservación del sistema no es represivo, sino seductor.

Me resulta inconcebible que la izquierda académica anti eurocéntrica y continental no soporte críticas como la del filósofo citado Chul Han. Parece no saben que amamos la tardo moderna servidumbre y que las ideologías de izquierda no tienen la más remota idea de qué proponer como alternativa al consumo desenfrenado y la desigualdad creciente. Por el contrario, paradójicamente la única posible izquierda triunfante en Latinoamérica sería aquella que consiguiera su sociedad venda mano de obra cara, calificada, desarrolle una economía robusta, que sea una potencia del comercio internacional. La esperanza de cambiar por medio de la violencia tiene al siglo XX como advertencia sobre las consecuencias de la violencia. La violencia conduce al desastre, pero la sumisión nos tiene donde nos tiene: amamos servir a nuestros pequeños placeres, a nuestra ilusoria libertad.

Ya no habrá compromiso ideológico para revoluciones, los datos confirman cada día las ciudades en México tienen más habitantes, los datos aseguran como la migración aumenta año con año buscando el sueño americano. El sueño como lo venden los medios masivos de información desde luego es, en resumen, tener más ingresos por entregar tu escaso tiempo de vida al trabajo que te digan debes hacer de la manera más agradecida posible. La gente del tercer mundo conoce la miseria económica, lo que busca es el paraíso terrenal del poder adquisitivo. Ya no habrá inconformidad reza la creencia en el sueño del dinero, ya no hay lucha de clases: todos quieren auto explotarse , obtener la mayor ganancia monetaria posible y mandar, ¿cuál es la separación ideal entre una clase y otra cuando la inmensa mayoría de los que no tienen poder ni dinero a lo único que aspiran es a obtener poder y dinero? ¿Qué antagonismo entre clases pudiera existir ante ideologías idénticas: tener más dinero?

Las balsas van del tercer al primer mundo no porque existan dos mundos distintos, sino porque en algunas regiones geográficas el pago por realizar los mismos trabajos manuales es muy superior. Difícilmente alguien disfrutará abandonar a su familia en otro país pero es un fenómeno cada día más frecuente. ¿Qué hacer? ¿Cómo lograr que el trabajo sea en el nominado tercer mundo repleto de economías en desarrollo mejor pagado para detener el fenómeno más dramático del siglo XXI, la migración de miles de personas de países con economías en desarrollo a países con economías desarrolladas?

Claro que es inmensamente ridículo que nos estemos extinguiendo y algún prestigioso científico despotrique que la única salida de la humanidad estará en otro planeta. ¿Qué clase de científico galardonado que supone sabe todo puede decir algo así? Desde luego un cosmólogo que tuvo fama mundial, y lo que afirma este pensamiento obscuro que seguramente causó aplausos en conferencias, academias y galardones es que importa más la creencia en la técnica científica que en el propio hombre, el hombre, según Hawking, solo puede sobrevivir huyendo de lo que destruyó: el planeta donde vive.

Hawking hizo estas declaraciones en su intervención en el festival Starmus, que reúne en Trondheim (Noruega) a científicos y visionarios de ámbitos diversos preocupados por el futuro de la Tierra y de la humanidad. Tres astronautas de la NASA que viajaron a la Luna –Buzz Aldrin, Charlie Duke y Harrison Schmitt– coincidieron con Hawking en que ha llegado la hora de llegar más allá de la órbita terrestre, aunque sin compartir su visión catastrofista.

Un síntoma de la época y la apoteosis del mercado es este tipo de pensamientos, el hombre puede resolver todo excepto morir o matar y destruir todo lo que le rodea. Esta clase de catastrofismos nos tienen hundidos en la indiferencia y abulia social. El hombre condenado a preferir su comodidad antes que salvarse a sí mismo. Se ha encumbrado la razón instrumental, la técnica, como si los mejores científicos no estuvieran advirtiendo constantemente que el ritmo de consumo de la especie y su forma de alterar el medio ambiente ha llegado a un punto de inflexión y, a pesar de esto, ¿cuántos hombres creen la tecnología nos salvará , es el único remedio ante la decadencia social del humano? Es imposible educar al humano, entonces es mejor creer que una técnica científica lo redimirá, lo hará recapacitar para que no se destruya por completo a sí mismo. Es un tanto infantil está resignación, ¿las sociedades están condenadas a deteriorar y destruirse? Pareciera que la fuerza bruta y la barbarie son el destino irremediable del hombre, aunque se supone el destino se construye con acciones y decisiones momentáneas, en este caso para muchos científicos como Hawking no es así: hay que invertir y apostar todo a una nave que nos saque de aquí antes que el hombre masa y vulgar destruya todo. Como si con despreciar lo masivo el problema de todos estuviera resuelto, como si por creer en transbordadores que serían usados por unos cuantos educados elegidos existiera algún consuelo ante la tragedia llamada el masivo siglo XXI habitado por billones de humanos.

Los individuos digitales se configuran a veces como colectivos, por ejemplo, las multitudes inteligentes. Pero sus modelos colectivos de movimiento son muy fugaces e inestables, como en los rebaños constituidos por los animales. Los caracteriza la volatilidad. Además, con frecuencia actúan de manera carnavalesca, lúdica y no vinculante. En esto el enjambre digital se distingue de la masa clásica, que como la masa de trabajadores, por ejemplo, no es volátil, sino voluntaria, y no constituye masas fugaces, sino formaciones firmes. Con un alma, unida por una ideología, la masa marcha en una dirección. Por causa de la resolución y firmeza voluntaria, es susceptible de un nosotros, de la acción común, que es capaz de atacar las relaciones existentes de dominación. Por primera vez, una masa decidida a la acción común engendra poder. Masa es poder. A los enjambres digitales les falta esta decisión. Ellos no marchan. Se disuelven tan deprisa como han surgido. En virtud de esta fugacidad no desarrollan energías políticas. Las tormentas de mierda tampoco son capaces de cuestionar las dominantes relaciones de poder. Se precipitan solo sobre personas particulares, por cuanto las comprometen o las convierten en motivo de escándalo.

La sociedad no tiene una fuerza masiva y poderosa. El espíritu de la sociedad, su esencia, está inmersa en un enjambre digital en el cual en lugar de fusionarse las exigencias sociales, estas se dispersan en un mar de opiniones, en un circo repleto de linchamientos y burlas, en lugar de que las redes sociales -el enjambre digital- sirva como un instrumento de cohesión social, pareciera el efecto que causan es el contrario, las sociedades se dispersan, se segregan, se entretienen en un mundo digital que pareciera sustituir al mundo real.

Lo digital dispersa al hombre de la era del consumo: el mercado, el comercio, todo lo absorbió el enjambre digital; y en el instante en que los humanos supusieron que ese enjambre escuchaba su opinión, que otras mentes insignificantes y aisladas participan en el mismo enjambre, en el momento en el que se materializó la posibilidad de tener un espacio invisible que nos recuerda la información que insertamos en ese espacio invisible de lenguaje, en ese enjambre digital, la cohesión social se trastocó.

¿Acaso no es un fenómeno común y corriente que un sujeto grabe un accidente en lugar de apoyar a los heridos? ¿Acaso no es común observar sujetos grabando peleas en lugar de prevenirlas? ¿Acaso no es común desinformar a la sociedad por medio de estos enjambres digitales? El enjambre digital es análogo a lo que conceptualizaba George Orwell en su literatura futurista como el gran hermano, el gran ojo que observa todo. Cada vez incrementa el absolutismo digital.

Los individuos que se unen en un enjambre digital no desarrollan ningún nosotros. Este no se distingue por ninguna concordancia que consolide la multitud en una masa que sea sujeto de acción. El enjambre digital, por contraposición a la masa, no es coherente en sí. No se manifiesta en una voz. Por eso es percibido como ruido.

Para McLuhan el homo electronicus es un hombre de masas:

“El hombre de masas es el morador electrónico del orbe terrestre y a la vez está unido con todos los demás hombres, como si fuera un espectador en un estadio global de deporte. Así como el espectador en un estadio deportivo es un nadie, de igual manera el ciudadano electrónico es un hombre cuya identidad privada está extinguida psíquicamente por una exigencia excesiva.”

La libertad ahora es digerida como una feliz servidumbre, el ser humano ama el consumismo, las mercancías, la comodidad. Por esto la imposibilidad para la masa de rebelarse, de ser una sola voz y un poder; la masividad ama la servidumbre soñando con mandar, el triunfo del capitalismo de da cuando los demás seres humanos son percibidos como mercancías, instrumentos que sirven al fin de la acumulación convulsa de dinero que otorga poder inmediato. Siempre es prudente elaborar una crítica proponiendo. Es tiempo de pensar antes que de actuar, de proponer una teoría del Estado diferente, dejar de repetir ideologías desgastadas.

@ampd31

Las posiciones neoliberales de Banxico y la SHCP acentúan la crisis. Autor: Arturo Huerta González

 

 

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