Inicio Opinión El más caro olvido de la humanidad: La educación. Autora: Emma Rubio

El más caro olvido de la humanidad: La educación. Autora: Emma Rubio

Vengo después de hace muchos meses a compartir con ustedes mis pensamientos. Después de haber estado inmersa en una dinámica de sutil y casi imperceptible violencia por varios años y más este último ciclo escolar. Llevo 25 años dedicada al ámbito de la educación, como docente, como coordinadora y finalmente como directora. Cada año yo misma intentaba convencerme que realmente vale la pena trabajar en ello ¿pues qué otra esfera social nos ofrece una transformación real y un futuro mejor? La educación es justo eso, el camino de transformación, los docentes transformamos las mentes de los seres que transformarán el mundo. Sin embargo, cada año me decepciono más. Y sí, confieso, llevo meses sumida en una depresión con ataques de pánico diariamente, dependiente de la duloxetina y el clonazepam. Durante seis meses no hubo día que no llegara llorando a mi casa después de mi jornada laboral, lloraba de impotencia, de haberme tragado todas las palabras e insultos que me daban ganas de responder ante los que recibía, lloraba por los pésimos comentarios tan desatinados e ignorantes que hacía mi jefe y su hermana la administradora sobre mi trabajo. Fue suficiente un mensaje por whatsapp fuera de horario laboral incluso en periodo de receso laboral, para darme cuenta de que estaba trabajando con uno de los peores personajes que había conocido, un mensaje en el que me culpaba a mí por la poca matrícula basándose en comentarios malos de mi persona sin fundamentos sino que solo le trasmitió su hermana, personaje que más que ser administradora es una ignorante que quiere poder sin tener idea de lo que es la educación. Me di cuenta de que trabajaba para un negociante, un mercader y que para él la educación era lo menos importante. Saqué un ciclo escolar adelante junto con 6 personas solamente, entre todos dábamos las materias de currículo oficial y no oficial de secundaria y preparatoria, entre los 7 preparábamos los mentados festivales y eventos que la vida escolar demanda y hablamos de casi 200 familias (las cuales para el tipo eran pocas) en serio, solo 7 personas en total haciéndonos cargo de todo. Y esta es la realidad de algunas escuelas privadas de este país, en donde la educación es un producto y los docentes somos los empleados de todo aquel que se siente con poder, desde el alumnado malcriado, las familias prepotentes y dueños ignorantes a quienes lo único que les importa es el dinero. ¿Si esto no es violencia entonces explíquenme qué es? Condiciones laborales de lo más deplorables, me pagaban en efectivo, no me daban recibo, sin seguro social. ¿Y quién tuvo la culpa? Pues yo por aceptar con tal de tener un sueldo bajo pero fijo.

Si en verdad la sociedad tuviera conciencia de la importancia que tiene la educación dentro de toda sociedad, no buscaría la escuela más barata o la más costosa según sus intereses o prioridades. Ya ni hablar de la educación pública. Entiendan de una vez por todas que la educación no es llenar de contenidos las mentes de los estudiantes, de hacerlos los más destacados en aritmética o en literatura, no se trata de que solo aprendan a ser bilingües o trilingües. La educación va más allá de todas esas ambiciones que no las rechazo ni considero malas, pero no son prioridades y eso ya lo tenemos más que comprobado. Hay genios que terminan usando su genialidad para ser narcotraficantes.

Si no empezamos a ver a la educación incluso sin la necesidad de una institución y la vemos como aquello que debemos cultivar para que el objetivo principal sea formar seres críticos capaces de transformar el mundo en vistas al bien común, les aseguro que no será necesario ni tener un uniforme, ni unas normas absurdas que tanto les encantan como la de decir cómo se vistan y cómo traer el cabello. Absurdo pensar que eso es disciplina. ¿De qué sirve tener un uniforme elegante y una imagen pulcra y corte de cabello “aceptable” si será quien va a grabar la violación de una de sus compañeras? Sí, eso ha pasado en los más distinguidos y mejores colegios de este país. Déjense de estupideces y dejen también de ser tan ignorantes pensando que eso es lo correcto. En este mundo tan complejo ya lo único que podemos decir que es correcto es el hecho de pensar en colectivo, pensar que si lo que estoy a punto de hacer dañará a otros. ¿Saben por qué fui la peor directora de este ciclo que terminó en ese colegio del cual renuncié? Porque respeté a los jóvenes, les dejé ser libres en cuanto a su imagen, pues es una edad en la que se están encontrando a sí mismos y mismas, porque les escuchaba y trataba de hacer los proyectos que ellos mismos proponían. Porque jamás hubo prioridad al asistir a una clase por encima de su estado emocional, pues muchos de ellos acudían a mi oficina a calmarse del ataque de pánico que tenían en ese momento, porque eran escuchadas y escuchados en sus ganas de querer suicidarse. Si mi gran error fue darles su lugar y respetarles y ayudar en la medida de mis posibilidades o canalizarlos con especialistas; y principalmente, amarlos. El respetar sus identidades y preferencias sexuales y dejarlos manifestarlas con libertad y recibiendo el respeto y aceptación de sus compañeros y compañeras. Obviamente para una escuela que era tradicional esto asustó y ahora prefieren tener a sus hijos deprimidos, pero bien peinados y sin cabellos de colores, uniformados de nuevo. Solo espero que esos jóvenes sepan encontrar el verdadero sentido de la educación. Porque ha sido de verdad uno de los más atroces errores que hemos cometido como sociedad. Reducir la educación en un proceso de grados, en un conjunto de conocimientos y peor aún, en un producto que se compra en algo que hace llamar Institución Educativa. Hoy mi destino sigue siendo la educación y será siempre mi prioridad, pero ya nunca más en una institución las cuales deseo desaparezcan que lo único que ya hacen es dañar a la juventud. El único futuro que veo para la educación son las comunidades alternativas que están existiendo, fuera de toda idea absurda de normas banales y fomentando una formación para que los niños y niñas aprendan a ser buenos, independientes, libres y autosustentables. Porque les juro que así como viene el mundo, de nada les servirá su primer lugar en matemáticas, le será más útil saber distinguir qué planta se puede comer y cuál no, le será más útil saber la historia de la humanidad que tener una buena imagen. ¿Ante un terremoto o huracán no buscas dar buena impresión no? Pues más vale dignificar a la educación y comenzar a darle su verdadero lugar y dejarse de banalidades y pensamientos egoístas y ambiciosos como los que abundan en la mente de mi ex jefe. El futuro está en la intersubjetividad, así que piénsalo, ¿qué tipo de persona quieres que sea tu hija o hijo?

Emma Laura Rubio Ballesteros
Emma Laura Rubio Ballesteros

Licenciada en filosofía, maestra en educación y especialista en Teoría Crítica y hermenéutica, certificada en educación socioemocional. Autora de diversos artículos en revistas académicas

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