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¿El INE aguanta para el 2024, ante la embestida de la 4T y el apapacho del PRIAN? Autor: José Reyes Doria

FOTO: INE/CUARTOSCURO.COM

José Reyes Doria

@jos_redo

El presidente López Obrador y la llamada Cuarta Transformación quieren desaparecer el INE. Quieren que las elecciones del 2024 las organice el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas que proponen.

EL CAMBIO DE RÉGIMEN

El Presidente inscribe esta reforma en el marco de su intención de cambiar el régimen político. Sin embargo, entrado el cuarto año del sexenio, predominan los arreglos sustanciales del régimen político instaurado de la mano del modelo neoliberal. Los cambios más notables del gobierno de AMLO se ubican en el terreno social, como son el apoyo masivo a los más pobres a través de programas sociales universales, y el impulso a la recuperación del salario mínimo. Pero no parecen ser suficientes para incidir en el régimen político, ni cambian los aspectos estructurales de la desigualdad social si observamos que se sigue ensanchando la brecha en materia de acceso a los servicios de salud, a la seguridad social, a la educación o a la alimentación. En lo político, el régimen se ha centralizado más, y en lo económico, los empresarios siguen gozando de condiciones propicias (no se ha amentado ni se aumentarán los impuestos a los grandes grupos económicos).

EL CAMBIO ELECTORAL

La referencia al proyecto obradorista de cambio de régimen es necesaria para ubicar la pretensión de la reforma político-electoral del Presidente, que incluye como uno de sus elementos centrales la desaparición del INE y el cambio del sistema electoral. Los principales argumentos de la 4T son: que el INE es muy caro, se derrocha mucho dinero; que existe una élite enquistada en el INE, en especial los consejeros, que ganan sueldos estratosféricos, y están política e ideológicamente aliados o sometidos al antiguo régimen neoliberal del PRI y el PAN. Por lo mismo, el INE no es confiable para organizar elecciones, porque tiende casi por naturaleza a manipular las elecciones y hacer fraude contra los candidatos y los intereses del pueblo, como ya lo hizo en 2006 y otros momentos. En ese sentido, es, para AMLO, imperativa la desaparición del INE y crear una nueva institución que realmente defienda los intereses del pueblo.

EL INE, CON RESPALDO SOCIAL

No todos los sectores sociales comparten esta visión negativa del INE. De hecho, en los sondeos de opinión sobre la confianza ciudadana en las instituciones, el INE permanece como una de las más confiables y apreciadas por la sociedad, en un nivel donde coexisten las Fuerzas Armadas, las iglesias, las universidades. En muchas encuestas, se muestra que el INE tiene más aprobación que el presidente López Obrador. El nivel de organización y especialización del INE, sin duda, es altamente satisfactorio y funcional para organizar las elecciones. La participación ciudadana en la organización electoral le proporciona grandes dosis de confiabilidad y legitimidad. Por ello, la gran mayoría de la sociedad confía en el INE.

ELEMENTOS A FAVOR DEL INE

El INE, antes IFE, expresó en su momento un consenso político y social en torno a la necesidad de desmontar las estructuras autoritarias del régimen priista. El descarado fraude contra Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, catalizó el reclamo democrático que aglutinaba a actores políticos de todas las ideologías, desde la izquierda radical hasta la derecha más conservadora. El INE se consolidó como un órgano autónomo, que cristalizó la participación ciudadana en la organización de las elecciones y logró desarrollar, con el tiempo, sólidas estructuras, mecanismos y recursos humanos especializados que, hoy por hoy, tienen la capacidad técnica, logística y organizacional para realizar elecciones más o menos creíbles, con eficaces dispositivos de prevención y desactivación de prácticas destinadas a defraudar o falsificar el voto de los electores.

El INE tiene muchos aspectos que requieren ajustes y correcciones, como veremos más adelante, pero plantear su desaparición parece excesivo a primera vista, porque su estructura, organización, integración de sus órganos de dirección, la participación de los ciudadanos, etcétera, han demostrado ser funcionales. El episodio de las elecciones presidenciales de 2006 aún se discute, sin embargo, habría que recordar siempre que en ese año lo que ocurrió fue una elección de Estado en contra de AMLO; se fraguó una alianza descarada entre el gobierno de Vicente Fox, los medios de comunicación, la élite empresarial, los grandes sindicatos, para impedir la llegada de López Obrador a la presidencia de la República.

Pero muchas de las acciones de esa elección de Estado contra AMLO en ese año no estaban tipificadas como delitos electorales; a partir de ese hecho, se prohibieron esas acciones de injerencia del gobierno, los medios, los empresarios en las elecciones (paradójicamente, hoy muchos actores en el gobierno rechazan esas reglas, acusando al INE de reprimir y legitimar sus derechos político electorales).

ELEMENTOS EN CONTRA DEL INE

El INE generó pronto una casta dorada, una élite que se autoproclamó no solo dueña del Instituto, sino faro orientador de la transición democrática mexicana. Asumieron su autonomía como patente de corso para diseñar a su antojo el sistema electoral, el sistema de partidos y, si se podía, el propio sistema político. Este grupo convenció a la clase política de que el INE requería grandes y crecientes recursos, estructuras federales, estatales y municipales, miles y miles de empleados, recursos ilimitados, porque, de otro modo, la democracia estaría en riesgo de naufragar. El INE es en la actualidad un verdadero monumento al derroche de recursos y al gigantismo institucional.

Otro aspecto negativo del INE, es el empoderamiento de los intereses político-burocráticos de la casta que se lo ha apropiado. Es cierto que en repetidas ocasiones se han destituido de un plumazo a todos los integrantes del Consejo General y se han puesto en práctica descaradas fórmulas de reparto de cuotas entre los partidos políticos donde el partido mayoritario lleva mano. “Tú, PAN, pones un consejero, tú, PRD, pones otro y yo PRI pongo tres”. La captura ha existido siempre y, acaso, tal realidad nos debe hacer reflexionar sobre la viabilidad institucional de largo plazo del modelo de los “organismos constitucionalmente autónomos.”

Sin embargo, la casta del INE ha logrado desarrollar un instinto para que el grupo gobernante en turno no se apropie del todo del Instituto y, a la vez, conservar los privilegios de esa casta electoral dorada. Como dirían Marx o Weber, la burocracia aristocrática del INE desarrolló un espíritu de cuerpo que generó intereses propios, intereses que ya no necesariamente coinciden con los grupos, clases o personajes que los pusieron en el control del Instituto, y que les permite preservar niveles efectivos de autonomía para el Instituto.

A partir de esa visión elitista y patrimonialista del INE, la burocracia dorada contribuyó enormemente a despolitizar la lucha por el poder en México. De forma indirecta, y en muchas ocasiones de forma muy directa, impulsó una visión “light” de la política. Los parámetros de la discusión político-ideológica que promueve el INE no abundan en las profundas desigualdades sociales y económicas del país, otorgan escasa importancia al debate sobre las distintos modelos económicos, políticos y sociales que impulsan los diversos actores políticos y sociales. La burocracia privilegiada del INE ha contribuido a la despolitización del debate político-electoral, porque entroniza la reflexión sobre “las reglas del juego”, y deja en segundo plano el cuestionamiento de las estructuras de dominación política y económica que propician la inaceptable concentración del poder político y económico en unas cuantas manos.

Sin proponérselo expresamente, el INE históricamente ha propiciado la legitimación de una visión de la política carente de conflicto. Un pensamiento donde el único cambio aceptable es el cambio en las reglas del juego electoral y ya, nada más. Por eso, entre otros factores, la llegada de un grupo gobernante como el encabezado por AMLO, que se siente agraviado por el tema del 2006 y propone un nuevo régimen político y un cambio social profundo, ha derivado en la intención de desaparecer de tajo al INE. Y, como ya dije, en el escenario donde el pretendido cambio de régimen no ha avanzado, la intensidad y el resentimiento contra el INE seguramente crecerán, pues la 4T querrá cosechar todas las victorias que aún pueda lograr.

EPÍLOGO

Ya no alcanzan los tiempos para desaparecer al INE y crear el nuevo Instituto con consejeros electos por el pueblo. A menos que se quiere insistir en la vía de los decretos o las reformas de leyes secundarias aunque la Constitución diga otra cosa. Pero el INE no puede seguir como actualmente está: hay que acabar con el derroche, reconstruir sus valores y principios. Aceptando que es imposible encontrar consejeros y directivos impolutos; y, también que nadie, absolutamente nadie, ni AMLO, ni el Congreso, ni el voto popular, tienen la “mano bendita” que avale la honestidad de los consejeros. Por eso, lo mejor es una reforma que corrija lo malo del INE y reglamentaciones más efectivas para adecuarlo a los nuevos tiempos. Abandonar la pretensión de desaparecerlo, pero también la tentación de mantenerlo como fuente de vicios y privilegios.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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