El fugitivo Anaya y la liberación del PAN. Autor: Felipe León López

Ricardo Anaya Cortés está gozando de una atención que no imaginaba al arrancar su campaña presidencial anticipada. Más que la carpeta de investigación que le abrió la FGR, las “mañaneras” de Andrés Manuel López Obrador y la ofensiva que tienen encima de ellos todos los moneros y articulistas oficiales, le han dado los reflectores que esperaba para hacerse la víctima, decirse perseguido político, tener dos o tres columnistas en su causa y hasta ser momentáneamente respaldado por los dos ex presidentes de la República emanados de su partido.

Este momento mediático de Anaya le ayuda a su causa, a ser coyunturalmente la antítesis del régimen de la 4T y hasta figurar como el único aspirante opositor con la atención presidencial en firme y presumir que “no le tiene miedo”. Pero, al que más ayuda en este momento es a López Obrador, quien tiene enfrente su tercer informe de gobierno y el arranque de una LXV Legislatura que no será tan dócil como la anterior porque, aunque lo negaba, ya no tiene los escenarios de la “teoría del juego” político a su favor.

Es decir, Anaya es un gran distractor para que no se hable de los magros resultados en la política económica que, afectada o no por la pandemia, el que hayan pasado tres titulares de Hacienda habla mucho de la falta de coordinación, y más, porque la gran oferta de AMLO fue “primero los pobres” y es un desastre la política social con 3.8 millones de nuevos pobres, con 15 millones de mexicanos sin acceso a la salud, con una agenda de demandas sin resolver (medicamentos, plan de vacunación, atención a niños con cáncer, madres solas, entre tantos otros). Ni qué decir de las obras emblemáticas de la 4T sobre las que tienen todas apuestas para trascender a la historia: Dos Bocas, Aeropuerto Felipe Ángeles y Tren Maya, las cuales absorben gran parte de los recursos federales y aunque tienen el acelerador a fondo, hay poca transparencia en sus costos, nula claridad si estarían a tiempo y en condiciones de operar para antes de concluir el sexenio.

Mientras todos hablen para bien, para mal, para elucubrar sobre el futuro de Ricardo Anaya y no sobre la evaluación de tres años de gobierno federal y que ya a este sexenio le queda menos de la mitad de vida, para los residentes de Palacio Nacional los debe tener contentos.

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Pero, cuidado, si Ricardo Anaya y su gente leen esto como impulso gratuito a su proyecto del 2024, podrían llevarse un fiasco. Por una parte, su condición jurídica no es nada fácil, pues no sólo está acusado de haber recibido seis millones 800 mil pesos por parte de Emilio Lozoya para apoyar la reforma energética, sino de haber recibido ingresos económicos sin explicación, mismos que han sido evidentemente gastados en su anticipada campaña presidencial. Si no comparece, su condición de fugitivo o prófugo de la justicia no es una actitud de valentía como la que quiere decantar.

Por la otra, se equivocan los anayistas si creen que porque Felipe Calderón y Vicente Fox se hayan pronunciado contra la “persecución” ya tengan el apoyo de todos los grupos de poder en el PAN.

Nada más allá de esta situación, porque si algo está generando conflicto en Acción Nacional es precisamente el protagonismo de Ricardo Anaya y que con su anticipada y no barata campaña quiera imponerse por encima de los nuevos liderazgos de su partido y sus aliados que buscan la candidatura presidencial. En este sentido, pareciera que en lugar de afectar al PAN la reapertura del expediente a Anaya tendría un efecto positivo, pues lo libran de él y quizá hasta del actual dirigente de este instituto político.

Para nadie es ajeno que Marko Cortés es una necedad de Anaya para que se reelija en la dirigencia nacional y prolongar la crisis del panismo de todo el país. Hay molestia porque, sin guardar las formas ni dar señales de inclusión a los gobernadores, Marko impuso al próximo coordinador de los diputados federales, Jorge Romero Herrera, ex alcalde de Benito Juárez

El peso político del PAN en este momento está principalmente en sus gobernadores quienes, quieran o no, están siempre entre los mejores evaluados por sus ciudadanos. En las pasadas elecciones los votos de los del norte del Estado de México, y de los del Bajío, del norte y de Yucatán, fueron los únicos que dieron aire a su partido, en donde Marko Cortés operó, los resultados fueron malos.

Para el 2022 y 2023 vienen elecciones clave para este partido donde han tenido mucha fuerza y tendrían posibilidades de pelearlas frente a MORENA, por ejemplo, Hidalgo, Durango, Tamaulipas. Aguascalientes, Coahuila, Quintana Roo y Estado de México, y es por ello que les urge un dirigente capaz de unificar y darle aire fresco al PAN si quieren ganar más de una gubernatura y estar en condiciones de pelear por la presidencia en el 2024.

Entre los nombres que han surgido para conducir a este partido destacan los ex gobernadores de Guanajuato Miguel Márquez y Juan Carlos Romero Hicks, y el ex dirigente de Tabasco Gerardo Priego. Los gobernadores Francisco García Cabeza de Vaca, Mauricio Vila y Francisco Domínguez, sin tanta promoción, también aparecen y han pincelado las ideas políticas para relanzar al panismo.

Por lo anterior, en el PAN más que querer hacer cuerpo o cerrar filas con Ricardo Anaya, saben que las acusaciones que enfrenta son producto de su propia forma de conducirse y consecuencia de la forma en que operó como coordinador parlamentario, dirigente y candidato presidencial; y más aún, como autopromovido candidato presidencial del 2024 sin el aval de las bases de su partido. Por ello, quizá, más de uno considera que es mejor que se rasque con sus propias uñas a que siga embarrando al panismo en más escándalos de los que ya quieren salir y al que lo estarían liberando de su persona.

Contacto: feleon_2000@andresrc19

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